PERSONAJES. Cabeza de Vaca y la epopeya de su increíble travesía

  Álvar Núñez Cabeza de Vaca. El explorador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca naufraga en una isla baja de arena frente a la costa de  Texa...

 

Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

El explorador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca naufraga en una isla baja de arena frente a la costa de TexasHambriento, deshidratado y desesperado, es el primer europeo en pisar el suelo del futuro estado de la Estrella Solitaria.

29 octubre 2022.- El 17 de junio de 1527, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, natural de Jerez de la Frontera, partió de Sanlúcar de Barrameda, rumbo a América, como tesorero y alguacil mayor en la expedición de Pánfilo de Narváez, viejo rival de Hernán Cortés, que se había propuesto explorar a fondo La Florida. 

Los Cabeza de Vaca estaban ligados con los linajes nobiliarios de Jerez de la Frontera, y fue a través de una tía como Álvar Núñez entró al servicio de los duques de Medinasidonia.

La historia de Álvar Núñez Cabeza de Vaca es una de las más apasionantes del Nuevo Mundo. Su extraordinaria odisea, a lo largo de ocho años, por las inhóspitas tierras del sur del actual Estados Unidos es una suma casi increíble de peripecias, con el explorador convertido a ratos en esclavo de los indios, en mercader ambulante o en curandero adorado por los nativos como si de un dios se tratara.

En su juventud siguió la carrera de la milicia y participó como soldado en las guerras de Italia y en las guerras de las Comunidades de Castilla. Estuvo también al servicio de los duques de Medina-sidonia. Pasada la treintena, sintió el deseo de la aventura, del honor y de la fama que a principios del siglo XVI se asociaba con la colonización de América y decidió enrolarse en una expedición de conquista capitaneada por Pánfilo de Narváez, el que fuera rival de Hernán Cortés en la conquista de México.  Cabeza de Vaca iba en ella con el cargo de tesorero y alguacil mayor, el segundo en importancia. La flota partió de Sanlúcar de Barrameda el 17 de julio de 1527.

Narváez tomó una decisión que marcaría el desarrollo de la empresa: mientras los navíos, con un centenar de hombres a bordo, seguirían la navegación en busca de un puerto seguro, el resto de hombres, cerca de 300, se internarían por las tierras de Florida en busca de las riquezas prometidas. Cabeza de Vaca manifestó su desacuerdo, pues le parecía un error partir sin saber dónde quedaba la flota. Narváez le ordenó entonces que se quedara a cargo de las naves, pero el jerezano se negó, diciendo que «yo quería más aventurarme al peligro que él y los otros se aventuraban que no encargarme de los navíos y dar ocasión a que se dijese que me quedaba por temor y mi honra anduviese en disputa».

Cabeza de Vaca y sus compañeros tras naufragar en la isla del Malhado, la actual isla de Galveston. Foto: Granger / Album

El viaje involuntario de Cabeza de Vaca a Texas fue un desastre desde el principio. Una serie de accidentes terribles y ataques de nativos americanos plagaron a los 300 hombres de su expedición mientras exploraban el norte de Florida

El 12 de abril de 1528 llegaron a la bahía de Tampa. Según contó Cabeza de Vaca en la crónica de su viaje, al fondear en la bahía «vimos ciertas casas y habitaciones de indios». Los españoles exploraron la zona y contactaron con algunos indígenas, que por señas les indicaron que más al norte había una rica región llamada Apalache donde encontrarían alimentos y oro.

En 1512, se alistó en la armada para participar en la batalla de Rávena, y fue nombrado alférez cerca de Nápoles. Tras su regreso a España, se convirtió en camarero mayor del duque de Medina Sidonia, hizo frente a la revuelta de los comuneros en 1520, y dos años después combatió contra los franceses en Puente la Reina, Navarra

Cabeza de Vaca en la barca con la que navegó por la costa norte del golfo de México en 1528. Grabado. Siglo XIX. Foto: Heritage / Aurimages

Luego, los sobrevivientes improvisaron cinco botes endebles y se dirigieron al mar, donde soportaron violentas tormentas, una grave escasez de alimentos y agua y los ataques de los nativos americanos dondequiera que arribasen a la costa. Con su grupo de exploración reducido a solo 80 o 90 hombres, la abigarrada flotilla de Cabeza de Vaca finalmente naufragó en lo que probablemente era la isla de Galveston, cerca de la costa de Texas.

Desafortunadamente, el desembarco en tierra no terminó con las pruebas de Cabeza de Vaca. Durante los siguientes cuatro años, el grupo apenas logró sobrevivir a duras penas mediante el comercio con los nativos americanos ubicados en el este de la actual Texas. La tripulación fue muriendo constantemente por enfermedades, accidentes y ataques hasta que solo quedaron Cabeza de Vaca y otras tres personas. 

Cataratas del Iguazú, avistadas por Cabeza de Vaca en 1542. Fuente: Wikimedia Commons/Enaldo Valadares.

En 1532, los cuatro supervivientes emprendieron un arduo viaje por los actuales estados de Texas, Nuevo México y Arizona. Los cuatro decidieron huir tomando una ruta que se dirigía al oeste, en busca del virreinato de Nueva España. La unión del grupo y su capacidad de resistencia les facilitó la fuerza suficiente para alcanzar su meta, y al frente de ese empeño estaba Álvar Núñez. Cruzaron los ríos Brazos y Colorado y se adentraron en Texas y Nuevo México, en donde avistaron las Montañas Rocosas.

En la travesía en barca por el golfo de México, Narváez, que iba en la mejor embarcación, se negó a ayudar al resto, diciendo que «ya no era tiempo de mandar unos a otros». Días después el adelantado desapareció en el mar.

Capturados por los nativos de Karankawa, vivieron en una esclavitud virtual durante casi dos años. Durante este periplo, Cabeza de Vaca y sus compañeros encontraron otra manera de ganarse el favor de los indígenas. La primera noche de su estancia entre los amables y hospitalarios indios avavares, que les ofrecieron sus casas para alojarse, algunos nativos se quejaron de dolores de cabeza y se lo comentaron a Alonso del Castillo. Éste, «después que los hubo santiguado y encomendado a Dios», curó a los enfermos. Otro caso ocurrió con un supuesto fallecido presentado por una familia ante Álvar Núñez. «Yo le quité una estera […], supliqué a nuestro Señor y después de santiguado y soplado muchas veces me trajeron un arco; y a la noche dijeron que aquel que estaba muerto, se había levantado bueno y se había paseado y comido y hablado con ellos». En otra ocasión el mismo explorador extrajo con éxito la flecha que un indio tenía alojada cerca del corazón.

De este modo, tanto Alonso como Cabeza de Vaca se convirtieron en curanderos o chamanes que recibían la admiración de las tribus indias de las regiones por las que pasaban. Eran honrados como dioses y a ellos pedían socorro los indios. Siguiendo el rumbo de la puesta de sol, los españoles se movían junto a una marea de peregrinos indígenas formada en torno a ellos que los guiaba. 

Cabeza de Vaca y sus compañeros españoles comercian con los indígenas. Grabado. Siglo XIX. Foto: Ullstein Bild / Getty Images

Según Cabeza de Vaca, una vez curados, los pacientes «no sólo le dan todo lo que poseen [al médico], mas entre sus parientes buscan cosas para darle». Así, los curanderos españoles recibían variados regalos por donde iban, que los indios que los acompañaban hurtaban muchas veces, creándose una espiral de ofrendas y robos.

En 1536, los hombres se encontraron con un grupo de exploradores españoles en lo que ahora es el estado mexicano de SinaloaLos siguieron de regreso a la Ciudad de México, donde la historia de su asombrosa odisea se hizo famosa en toda la colonia y en Europa. A pesar de las muchas dificultades experimentadas por Cabeza de Vaca y sus hombres durante sus viajes por el norte, sus historias inspiraron a otros a intensificar la exploración de la región que algún día se convertiría en Texas.

Mapa de la expedición de Álvar Núñez Cabeza de Vaca de 1528-1536 d.C., también conocida como Expedición Narváez.

Corría el año 1536; habían pasado, por tanto, ocho años desde que la expedición de Narváez llegase a Tampa. Los cuatro exploradores fueron escoltados desde Sonora hasta la capital de Nueva España. «Llegamos a México, donde del virrey [Antonio de Mendoza] y del marqués del Valle [Hernán Cortés] fuimos muy bien tratados y con mucho placer recibidos», explicaría Álvar Núñez. 

Melchor Díaz, alcalde mayor de Culiacán, les agasajó a su llegada, lloró con ellos y, una vez estuvieron recuperados del largo viaje, los envió a la ciudad de México para que el virrey Mendoza conociera su historia. Desde allí se trasladaron a Compostela, capital de Nueva Galicia, durante un viaje de casi 500 kilómetros, tan plagado de penurias e indios hostiles como los recorridos en Texas.

El virrey quedó fascinado por la experiencia vivida por aquellos cuatro supervivientes. Los interrogó de forma insistente sobre los relatos escuchados a los indios sobre ciudades ricas de casas altas. Como la búsqueda de El Dorado en Sudamérica, también el norte tuvo su propia fábula de una tierra maravillosa designada como las Siete Ciudades de Cíbola.

En 1540, Francisco Vázquez de Coronado creyó haber llegado a este lugar maravilloso, al confundir el Gran Cañón del Colorado con los techos de oro de las Ciudades de Cíbola

A su regreso a España, Cabeza de Vaca escribió y publicó, en 1542, el relato de su aventura en «Naufragios», un texto dirigido a Su Sacra, Cesárea y Católica Majestad Carlos, donde detallaba la vida de los indios sureños, el uso que hacían algunos de un «humo que emborracha», las creencias religiosas y todo lo que vio durante su convivencia con ellos. Las costumbres de algunos de los indios norteamericanos asombraron y desconcertaron a los europeos, a partes iguales.

En 1542, Cabeza de Vaca llegó a Paraguay como adelantado del Río de la Plata. Anunció que había sido enviado por el rey «para favorecer a los indios», que «serían mejor tratados que hasta allí lo habían sido». Pero los colonos españoles conspiraron contra él y lo hicieron prisionero.

Los años finales de la vida de Álvar Núñez Cabeza de Vaca están envueltos en la imprecisión. Se estableció en Sevilla y ejerció como juez. En 1555, publicó en Valladolid «Relación y comentarios», su segundo libro, donde narra lo ocurrido en su aventura en Río de la Plata. Algunos le sitúan después como comerciante en Venecia o convertido en prior de un convento sevillano. Sin olvidar que, en 1522, había contraído matrimonio con una mujer bien situada entre la nobleza andaluza —su particular Penélope— aunque el largo peregrinaje en el Nuevo Mundo hace imposible rastrear qué fue de este matrimonio. En cualquier caso, murió rondando los setenta años en Sevilla y no regresó por tercera vez a América, territorio del que después de dos fracasos y tantos años debía conservar un sabor agridulce y cuentas pendientes.

El Consejo de Indias inició en febrero de 1546 un proceso contra él y perdió todos sus cargos y privilegios. Además, estuvo en arresto domiciliario hasta 1552, fecha en la que concluyó el juicio

De sus compañeros se sabe que Estebanico murió asesinado por los indios en su regreso a Texas; mientras que Castillo y Dorantes se establecieron en México y allí pasaron el resto de sus vidas. Los tres demostraron la misma fortaleza física y mental, casi inhumana, que Cabeza de Vaca y tiraron de igual audacia para salir con vida, desarmados, esclavizados, hambrientos, enfermos y desnudos, de donde el resto de sus compañeros perecieron. 

Durante sus aventuras, recorrió Mississippi, Florida, Luisiana, Arizona, Texas, el golfo de California y Nuevo México, territorios que se anexionaron al Virreinato de Nueva España, ampliando así el Imperio. Pero Cabeza de Vaca no ocupa un lugar junto a grandes conquistadores como Hernán Cortés o Francisco Pizarro, y cuando pereció, ya era un personaje olvidado.

La historia de la conquista y colonización de América posee gran cantidad de sucesos sorprendentes y personajes únicos, entre los cuales debería aparecer el nombre de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Sin embargo, representa el paradigma de aquellos que arriesgan todo siguiendo un sueño, y al final de sus días, solo pueden contar las decepciones y desengaños de la vida.

Para saber más:

  • Bishop, M. (1971): The Odyssey of Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Connecticut: The Century Co.
  • Díaz de Guzmán Irala, R. (1986): La Argentina, edición de Enrique de Gandía. Madrid: Historia 16.
  • Garcilaso de la Vega, I. (1986): La Florida del Inca, edición de Silvia Hilton. Madrid: Historia 16.
  • Moreiro Prieto, J. (2008): Españoles Excesivos. Cabeza de Vaca, El I duque de Lerma, Balmis, Sor Patrocinio, El XII duque de Osuna, Aurora Rodríguez y Millán Astray. Madrid: Editorial Edaf S.L.
  • Núñez Cabeza de Vaca, A. (2009): Naufragios y comentarios, edición de Roberto Ferrando Pérez. Madrid: Dastin S.L.
  • Núñez Cabeza de Vaca, A. (2012): Naufragios, edición de Trinidad Barrera. Madrid: Alianza Editorial.
  • Rodríguez Carrión, J. (1985): Apuntes para una Biografía del jerezano Álvar Núñez Cabeza de Vaca, primer hombre blanco en Norteamérica. Jerez de la Frontera: CSIC – CECEL.
  • Sancho De Sopranis, H. (1947): “Datos para el estudio de Álvar Núñez Cabeza de Vaca”, en AA.: Revista de Indias, núm. 27. Madrid: CSIC.
  • Paul Schneider. Viaje brutal. Ed. Península, Barcelona, 2009
  • Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios. Edición de E. Gómez-Lucena y R. Caba. Cátedra, Madrid, 2018

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