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Los gliomas y las metástasis cerebrales se asocian con un mal pronóstico, lo que requiere una comprensión más profunda de la biología de los tumores cerebrales y el desarrollo de estrategias terapéuticas efectivas.
25 noviembre 2025.- Durante décadas, la medicina ha operado bajo una premisa fundamental: el cerebro es un santuario estéril, protegido celosamente por la barrera hematoencefálica de los patógenos que habitan el resto del cuerpo.
Pero cuando los investigadores examinaron exhaustivamente más de 200 muestras de tejido cerebral recogidas durante las cirugías, detectaron grasas bacterianas y ARN ribosómico (ARNr) dentro y cerca de gliomas y cánceres que habían metastatizado al cerebro. Se sabe que estos tumores son especialmente perniciosos, lo que plantea la pregunta: ¿Están las bacterias entrando en el cerebro y desencadenando o empeorando los cánceres?
Los datos sugieren que es posible. Aunque los investigadores no pudieron cultivar bacterias a partir de las muestras, algunas secuencias genéticas sugerían que podrían haber células intactas presentes. Y el ARNr bacteriano no solo se encontró en células tumorales, sino que también se detectó en células inmunitarias del microambiente tumoral. El análisis de estas secuencias reveló que los microbios no eran ajenos al cuerpo humano: el equipo identificó ARNr tanto de microbios orales como intestinales.
También detectaron ARNr bacteriano en tejidos cerebrales sanos, aunque la señal era mucho más débil y detectable en menos de una cuarta parte de ellos (no es la primera vez que los científicos detectan indicios de bacterias en tejido cerebral sano). Quizá el hallazgo más preocupante fue que los tumores que contenían signos bacterianos presentaban diferencias notables en la expresión génica, incluyendo alteraciones en las vías de señalización inmunitaria y un aumento en las vías antimicrobianas.
"Estos hallazgos ponen de manifiesto a un actor hasta entonces desconocido en el microambiente de tumores cerebrales, una nueva pieza del rompecabezas que podría ayudar a explicar el comportamiento de los tumores cerebrales", afirmó la líder del estudio, Golnaz Morad, en un comunicado. "Los elementos bacterianos parecen interactuar con las células inmunitarias dentro del tumor de formas que podrían influir en cómo se desarrollan y responden al tratamiento."
¿Marcan la diferencia? El impacto clínico
Aquí es donde el estudio responde a la interrogante crítica. La presencia de estas bacterias no es un simple accidente biológico sin consecuencias; los investigadores descubrieron que estas señales microbianas están funcionalmente activas e influyen en la biología del tumor:
Interacción Inmunitaria: Se observó que las trazas bacterianas interactúan con las células del sistema inmune dentro del tumor. Dependiendo del tipo de señal, pueden "educar" al sistema inmune para que sea menos agresivo contra el cáncer, favoreciendo un entorno inmunosupresor.
Vías Oncógenas: Las señales bacterianas se asociaron con la activación de vías metabólicas e inmunológicas específicas que promueven el crecimiento tumoral.
Resistencia al Tratamiento: Aunque el estudio es un paso inicial, la evidencia sugiere que estas bacterias podrían influir en cómo los tumores responden a la quimioterapia y la inmunoterapia, similar a lo que ya se sabe que ocurre en tumores de colon o páncreas.
Un nuevo horizonte terapéutico
Este descubrimiento abre una "caja negra" en la neurooncología. Si las bacterias (o sus componentes) son cómplices en la progresión del tumor, podrían convertirse también en objetivos terapéuticos.
En el futuro, el tratamiento de un glioblastoma o una metástasis cerebral podría no limitarse a la cirugía y la radiación, sino incluir también antibióticos dirigidos, probióticos o modulación del microbioma para eliminar estas "malas influencias" bacterianas y potenciar la respuesta del sistema inmune del paciente.
Fuente: Morad, G., Damania, A.V., Melendez, B. et al. Microbial signals in primary and metastatic brain tumors. Nat Med 31, 3675–3688 (2025). https://doi.org/10.1038/s41591-025-03957-4

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