El proyecto Photo Ark de National Geographic cumple 20 años. Joel Sartore ya ha retratado más de 17.000 especies camino de su arca de Noé fotográfica.
Photo Ark cumple 20 años: el arca de Noé fotográfica que quiere retratar toda la vida animal
El proyecto del fotógrafo Joel Sartore, nacido casi por casualidad en un pequeño zoo de Nebraska, celebra dos décadas convertido en el mayor catálogo de retratos de especies del planeta. Ya ha fotografiado más de 17.000 y no piensa parar hasta llegar a 25.000.
02 agosto 2026.- Un fondo negro o blanco, sin paisaje ni contexto, y un animal que mira fijamente al objetivo. Puede ser un elefante o un ratón, un tigre o un insecto minúsculo: en las fotografías de Joel Sartore todos ocupan el mismo espacio y reclaman la misma atención. Esa idea aparentemente sencilla —dar a cada criatura la dignidad de un retrato de estudio— es la que sostiene Photo Ark, el proyecto de National Geographic que este 2026 cumple veinte años y se ha propuesto una meta desmesurada: documentar a todas las especies animales que viven bajo cuidado humano antes de que muchas de ellas desaparezcan para siempre.
De una enfermedad a un arca
El origen de Photo Ark no fue un plan meditado, sino una respuesta a una crisis personal. A mediados de la década de 2000, a Kathy, la mujer de Sartore, le diagnosticaron un cáncer de mama. El fotógrafo, que hasta entonces recorría el mundo encadenando reportajes para la revista, tuvo que frenar en seco y quedarse en casa, en Lincoln (Nebraska), para cuidar de ella y de sus tres hijos pequeños. Aterrorizado ante la posibilidad de perderla y con la carrera en pausa, empezó a preguntarse qué podía hacer con la segunda mitad de su vida que dejara una huella real.
La respuesta estaba a apenas kilómetro y medio de su puerta. En los días en que Kathy se encontraba mejor entre ciclos de quimioterapia, Sartore se acercaba al zoo infantil de Lincoln y pedía fotografiar a los animales sobre fondos neutros, algo que nunca había hecho. El primer retrato fue el de una rata topo desnuda, un roedor lampiño y de dientes prominentes colocado sobre una tabla de cortar prestada de la cocina del zoo. De aquella imagen improvisada nació, sin que nadie lo supiera entonces, uno de los proyectos de conservación más ambiciosos de las últimas décadas. Kathy se recuperó; el arca echó a andar.
Un método que iguala a todas las criaturas
Lo que distingue a Photo Ark de un simple archivo científico es su lenguaje visual. Sartore fotografía a cada especie como si fuera el protagonista de un retrato humano: iluminación cuidada, fondo liso y, siempre que es posible, la mirada del animal dirigida a la cámara. Al eliminar el entorno y la escala, un anfibio diminuto adquiere la misma presencia que un rinoceronte. Es una decisión estética, pero también profundamente política: obliga al espectador a mirar a los ojos a criaturas que normalmente ignoraría y a reconocerles un valor propio.
Esa es, de hecho, la apuesta central del proyecto. Sartore está convencido de que una buena fotografía puede dar voz a las especies más pequeñas y menos "carismáticas", esas que ningún otro fotógrafo se molestaría en retratar y que, sin embargo, son igual de esenciales para el equilibrio de los ecosistemas. Su objetivo, lo resume él mismo, es que la gente "se interese, se enamore y actúe".
Las cifras de una misión de 25 años
Dos décadas después de aquella rata topo, los números del proyecto son abrumadores. Sartore ha retratado ya más de 17.000 especies —según los últimos datos de National Geographic— y ha viajado a más de sesenta países en busca de la fauna alojada en zoos, acuarios, centros de recuperación y santuarios de todo el mundo. Se calcula que el catálogo completo podría superar las 25.000 especies, la meta que se ha fijado para lo que concibe como un proyecto documental de unos 25 años. En otras palabras: ha rebasado el ecuador de su arca.
Entre esos miles de retratos hay imágenes que se han convertido en documentos históricos irremplazables, porque algunos de los animales fotografiados ya se han extinguido o solo sobreviven bajo cuidado humano. Cada una de esas fotos funciona como un testimonio: la constancia de que esa criatura existió y de que estuvo, en algún momento, ante la cámara.
España y Portugal también forman parte del arca. En su recorrido por la península, Sartore ha retratado a especies emblemáticas de la fauna ibérica como el lince ibérico y el águila imperial ibérica, dos ejemplos citados a menudo como muestra de que la cooperación entre administraciones, oenegés e investigadores —y la inversión sostenida— puede sacar a un animal del borde de la desaparición.
Por qué importa
El valor de Photo Ark va más allá de lo artístico. El proyecto se ha convertido en una herramienta de concienciación y de recaudación: National Geographic lo utiliza para financiar iniciativas de conservación sobre el terreno, dando fondos y visibilidad a especies amenazadas —mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces— que no cuentan con programas de protección consolidados. La lógica es que la emoción que despierta un retrato se traduzca en apoyo concreto a quienes trabajan por salvar a esos animales.
A ello se suma su enorme alcance divulgativo. El trabajo de Sartore ha dado lugar a varios libros superventas —uno de ellos reeditado ahora en una edición especial por el vigésimo aniversario, con textos de la escritora Sy Montgomery—, al documental RARE: Creatures of the Photo Ark y a exposiciones itinerantes que han recorrido medio mundo. En España, sin ir más lejos, la muestra se ha podido visitar de forma gratuita en Madrid, acercando a un público de todas las edades la fragilidad de la biodiversidad global.
La proyección: un retrato para el futuro
Con más de la mitad del camino recorrido, Photo Ark encara su recta final con un doble propósito. El primero, seguir sumando especies hasta completar el arca, consciente de que se trata de una carrera contra el tiempo: cada año que pasa, algunas de las criaturas que aún no han sido fotografiadas pueden desaparecer. El segundo, y quizá el más duradero, es dejar un legado: una instantánea de la vida animal tal como existe en este preciso momento de la historia, un inventario visual que las generaciones futuras podrán consultar para saber qué había —y qué se perdió, o se salvó— en el planeta a comienzos del siglo XXI.
Veinte años después de aquel primer retrato improvisado en un zoo de Nebraska, el mensaje de Sartore sigue siendo el mismo, y cada vez más urgente: no se puede proteger lo que no se conoce ni se ama. Su arca fotográfica existe, precisamente, para que nadie pueda decir que no lo sabía.
Fuentes: National Geographic España y National Geographic Society; perfil de Explorer de Joel Sartore (National Geographic Education); Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC); entrevistas del autor recogidas por National Geographic y Mongabay.



