El Webb ve puntos rojos por todas partes. La teoría que gana: agujeros negros envueltos en una estrella más ancha que el sistema solar.
Alcalá de Henares, 19 de septiembre de 2026
El telescopio James Webb lleva cuatro años fotografiando unos puntos rojos diminutos que brillan como galaxias enteras y caben en un píxel. La explicación que gana terreno es incómoda: serían agujeros negros envueltos en una bola de hidrógeno más ancha que el sistema solar. No todos lo aceptan.
Las claves
- Un objeto astronómico nuevo. La hipótesis de la "estrella con agujero negro" propone algo que no existía en ningún catálogo: un motor de agujero negro con una superficie estelar de unos 5.000 grados por fuera.
- Resolvería el mayor problema que Webb creó. Si es cierta, las masas que se atribuían a estos objetos estaban sobreestimadas en varios órdenes de magnitud y el universo primitivo deja de contradecir a la cosmología.
- El debate está abierto y es áspero. Un grupo de Cambridge sostiene que son agujeros negros corrientes vistos de canto y ha publicado datos que contradicen uno de los pilares de la teoría rival.
El Telescopio Espacial James Webb empezó a observar en 2022 y casi de inmediato encontró algo que nadie había pedido: unas manchas rojas, compactísimas y muy abundantes, que aparecen en prácticamente cualquier campo profundo que apunte. Desde 2023 se las conoce con un nombre tan descriptivo como poco épico: "pequeños puntos rojos" (little red dots, LRD en la literatura científica).
Cuatro años después siguen sin explicación acordada. La discusión ha subido de tono este año, y una revisión reciente de Quanta Magazine —firmada por Charlie Wood el 14 de septiembre— ha vuelto a ponerla sobre la mesa. Conviene ordenar qué se sabe, qué se discute y qué ha pasado en los últimos meses, porque ha pasado bastante.
Qué es exactamente un punto rojo
Un punto rojo es, literalmente, un píxel de luz. Apenas se resuelve. Emite sobre todo en longitudes de onda largas —de ahí el color— y brilla tanto como una galaxia completa. Los primeros se detectaron en objetos que existían unos 600 millones de años después del Big Bang.
La combinación de "diminuto" y "brillantísimo" fue el problema desde el principio. Si eran galaxias, tenían que ser enormes, y nadie sabía cómo podían haber crecido tanto tan pronto. Los astrónomos llegaron a llamarlas universe breakers, rompedoras del universo, porque desbarataban el calendario cósmico estándar.
El rasgo que los define en los espectros es una forma de "V": el continuo cae en el ultravioleta y remonta bruscamente en el óptico, con el giro situado cerca del límite de Balmer. Y muchos muestran líneas de hidrógeno anchas, la firma clásica de gas girando a toda velocidad alrededor de un agujero negro. Eso llevó a la primera interpretación mayoritaria: agujeros negros supermasivos enrojecidos por el polvo.
Dos cosas no encajaban. Casi ninguno emite rayos X, y casi ninguno parpadea. Los agujeros negros que devoran gas hacen las dos cosas.
Tres palabras para entender el resto
- Salto de Balmer. Un escalón en el espectro, al pasar de los tonos azules a los rojos, que produce el hidrógeno caliente en la superficie de una estrella. Nota de traducción: en castellano se dice salto o discontinuidad de Balmer, no "ruptura".
- Línea ancha. Cuando el hidrógeno se mueve muy deprisa, su color no es uno sino un abanico. Cuanto más ancho, más rápido gira el gas y más masivo se supone el agujero negro que lo agita.
- Dispersión por electrones. Los electrones libres desvían la luz y también ensanchan las líneas, sin que nada gire deprisa. Distinguir un efecto del otro es, hoy, el centro de la pelea.
El 20 de marzo de 2025: tres artículos y un nombre nuevo
Ese día se publicaron tres trabajos que cambiaron la conversación. Algunos investigadores lo llaman, medio en broma, el día de la estrella con agujero negro.
El equipo del sondeo RUBIES, dirigido por Anna de Graaff, investigadora del Instituto Max Planck de Astronomía de Heidelberg (Alemania), presentó un objeto bautizado The Cliff, "el acantilado", situado a un desplazamiento al rojo de 3,5. Su salto de Balmer es de unos 2,8: más del doble que el de cualquier otro punto rojo publicado hasta entonces y más fuerte que el de cualquier galaxia masiva apagada conocida a alto desplazamiento al rojo.
El mismo día, Rohan Naidu, astrónomo de la Universidad de Hawái, y su equipo del programa Mirage or Miracle presentaron MoM-BH*-1, el objeto más rojo de un campo de unos 250 minutos de arco cuadrados, a desplazamiento al rojo 7,76. Su espectro es casi idéntico al de The Cliff pese a estar mucho más lejos en el tiempo.
Y un tercer grupo, con Vadim Rusakov, de la Universidad de Manchester y el Cosmic Dawn Center de Copenhague, aportó la pieza que faltaba: las líneas anchas de muchos puntos rojos tienen los flancos demasiado suaves para proceder de gas en rotación. Encajan mejor con dispersión por electrones en un medio denso. Si se descuenta ese efecto, las líneas se estrechan y las masas de los agujeros negros se desploman.
Cómo sería una estrella con agujero negro
La propuesta de De Graaff y Naidu es que estos objetos no son ni una galaxia ni un agujero negro desnudo, sino un híbrido: un agujero negro en crecimiento envuelto en un capullo de hidrógeno tan denso y tan grande que se comporta, por fuera, como la atmósfera de una estrella.
Si se sustituyera el Sol por uno de estos objetos, su superficie llegaría doce veces más allá de la órbita de Plutón. Hacia el borde hervería de forma inestable, expulsando y recuperando materia. En el interior, el agujero negro haría de motor —el papel que en el Sol desempeña la fusión nuclear—, calentando el gas que cae y empujando hacia fuera la energía que impide que la envoltura colapse.
El modelo cuadra con casi todo lo que estorbaba: la envoltura bloquea los rayos X, amortigua el parpadeo y produce el salto de Balmer y la joroba roja propios de una superficie a unos 5.000 kelvin. Y explica el enigma original: si el brillo procede de una envoltura y no de un disco, las masas calculadas estaban infladas y las "rompedoras del universo" dejan de romper nada.
La objeción de Cambridge
No hay consenso, y el desacuerdo es de fondo. Roberto Maiolino, astrónomo de la Universidad de Cambridge, sostiene que los modelos clásicos bastan. ¿La ausencia de parpadeo? En el universo primitivo los agujeros negros podían tener un suministro de gas más regular. ¿La ausencia de rayos X? Una capa gruesa de gas y polvo los absorbe sin necesidad de inventar nada.
Su explicación del color es geométrica. Junto con Piero Madau, de la Universidad de California en Santa Cruz, ha propuesto un modelo de unificación super-Eddington: los puntos rojos serían los mismos objetos que los "pequeños puntos azules", pero vistos de canto, a través del borde de un flujo de acreción grueso que enrojece la luz. Vistos desde arriba, se verían azules. En el sondeo JADES, los objetos con aspecto de punto rojo son alrededor del 20 % de los núcleos activos con líneas anchas.
Y hay un golpe más directo. Un equipo del Instituto Kavli de Cosmología de Cambridge, con Matilde Brazzini y Francesco D'Eugenio entre los firmantes, analizó tres líneas de hidrógeno distintas —H-alfa, H-beta y Pa-beta— en la Piedra de Rosetta, el punto rojo más brillante conocido. Si la dispersión por electrones dominara el ensanchamiento, las tres deberían tener el mismo perfil. No lo tienen. Es la refutación más concreta publicada contra uno de los pilares de la hipótesis rival.
Una idea de 2006 que ha vuelto
Mientras unos y otros discuten, una teoría antigua ha resucitado. En 2006, Mitchell Begelman, de la Universidad de Colorado en Boulder, junto con Marta Volonteri y Martin Rees, propuso las cuasiestrellas para explicar agujeros negros de masa aparentemente imposible: el núcleo de una nube de gas enorme colapsa directamente en un agujero negro y arrastra consigo el resto de la nube.
Es, en esencia, una receta para fabricar exactamente lo que ahora se llama estrella con agujero negro. Begelman y Jason Dexter aplicaron el modelo a los puntos rojos y lo publicaron en 2026 en The Astrophysical Journal bajo un título que no deja dudas: los puntos rojos serían cuasiestrellas en fase tardía. Calculan que podrían formarse en unos pocos millones de años y mantenerse decenas de millones, tiempo de sobra para que Webb las pille.
Mauro Giavalisco, astrónomo de la Universidad de Massachusetts en Amherst, desarrolló en 2026 el modelo de cuasiestrella como origen de estos objetos y encontró que ajusta los espectros de The Cliff y MoM-BH*-1 incluso mejor que las versiones iniciales. Su postura sobre el debate es la más sobria de todas: por ahora, dice, no hay motivo de peso para preferir una teoría a la otra.
Lo que ha pasado este verano (y que conviene añadir)
La revisión de Quanta deja fuera dos episodios recientes que inclinan el terreno.
El 10 de junio de 2026, la NASA y la ESA anunciaron lo que presentaron como la evidencia más sólida hasta la fecha a favor de las estrellas con agujero negro. Un equipo dirigido por Vasily Kokorev, de la Universidad de Texas en Austin, obtuvo el espectro más profundo jamás logrado de un punto rojo: el objeto GLIMPSE-17775, que se observó por casualidad, situado detrás del cúmulo de galaxias Abell S1063, cuya gravedad actuó de lente de aumento. El espectro contiene más de 40 líneas, y muchas de ellas apuntan por separado en la misma dirección: un agujero negro en crecimiento rápido dentro de un capullo de gas denso y parcialmente ionizado. El trabajo se publicó en The Astrophysical Journal.
El 8 de septiembre de 2026, un equipo encabezado por Wendy Q. Sun y Naidu, con De Graaff y Anna-Christina Eilers (Instituto Tecnológico de Massachusetts) entre los firmantes, publicó el cálculo que da sentido a todo lo anterior. Midieron la masa del agujero negro "semilla" escondido dentro de estos objetos y les salió mucho menor de lo que se suponía: del orden de cien mil a un millón de masas solares. Ese es, precisamente, el tope teórico de una estrella supermasiva antes de que la relatividad general la desestabilice. Y el corte brusco en el brillo máximo de los puntos rojos coincide con ese mismo límite.
Dicho de otro modo: si el cálculo se sostiene, Webb no estaría mirando agujeros negros ya crecidos, sino el momento en que nacen las semillas pesadas de las que después salen los agujeros negros supermasivos que hoy ocupan el centro de casi todas las galaxias. El título del artículo lo resume con sorna: ya no son demasiado masivos.
Cómo se va a resolver esto
Hay una predicción que se puede comprobar. Si los puntos rojos son una fase juvenil, deberían desaparecer con el tiempo a medida que cada agujero negro se desprende de su envoltura.
Dale Kocevski, astrofísico del Colby College, y sus colaboradores hicieron en agosto de 2026 un censo de puntos rojos y azules repartidos por épocas cósmicas. Encontraron el patrón: cuando el universo se acerca a los 2.000 o 3.000 millones de años, los puntos rojos se esfuman. Es evidencia preliminar, no concluyente, de que se trata de una etapa y no de un tipo de objeto.
El siguiente paso ya está aprobado: un programa de observación de Webb, con Naidu como investigador principal y De Graaff como codirectora, dedicará observaciones ultraprofundas a MoM-BH*-1 y The Cliff para intentar ver, entre otras cosas, las galaxias anfitrionas casi invisibles que los rodean.
Conviene además no olvidar que hay más de dos bandos. Un grupo con Fabio Pacucci, Andrea Ferrara y el propio Kocevski defiende que los puntos rojos son agujeros negros de colapso directo; otros equipos han propuesto envolturas magnetizadas, cúmulos estelares densos e incluso estrellas oscuras supermasivas. El campo está produciendo modelos más deprisa de lo que produce datos para descartarlos.
Las tres hipótesis, en corto
| Hipótesis | Qué dice | Su punto débil |
|---|---|---|
| Agujero negro clásico Maiolino, Madau | Núcleo activo enrojecido por polvo y visto de canto; los puntos azules son los mismos vistos de frente | Cuesta explicar el salto de Balmer extremo de The Cliff |
| Estrella con agujero negro De Graaff, Naidu, Kokorev | Agujero negro en crecimiento dentro de un capullo de hidrógeno con superficie a 5.000 K | Es un objeto nuevo, sin precedente observacional ni teoría cerrada |
| Cuasiestrella Begelman, Dexter, Giavalisco | La misma idea, pero con una receta de formación propuesta en 2006: colapso directo del núcleo de una nube | Exige condiciones muy concretas en el gas primitivo |
Qué viene ahora
Tres hitos comprobables a corto plazo: los resultados de las observaciones ultraprofundas de The Cliff y MoM-BH*-1; la confirmación o refutación del censo de Kocevski con muestras mayores; y, sobre todo, la detección —o la ausencia definitiva— de rayos X y de variabilidad en una muestra grande de puntos rojos, que es lo que separa limpiamente un agujero negro desnudo de uno envuelto.
Kokorev calcula que en un año o dos podría haber respuesta sobre qué alimenta a estos objetos. Kocevski es menos optimista y más salomónico: sospecha que el universo es lo bastante caótico como para que unos puntos rojos sean estrellas con agujero negro y otros, agujeros negros corrientes. "Sospecho firmemente que ambos tenemos razón", resume.
Puede que ese sea el final menos elegante y el más probable.
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Fuentes consultadas
- Quanta Magazine: "Black Holes or Black Hole Stars? Astronomers Spar Over Webb Telescope's 'Little Red Dots'", por Charlie Wood, 14 de septiembre de 2026 (artículo de partida).
- A. de Graaff, H.-W. Rix, R. P. Naidu y otros: "A remarkable ruby: Absorption in dense gas, rather than evolved stars, drives the extreme Balmer break of a little red dot at z = 3.5", Astronomy & Astrophysics, 2025 (arXiv 2503.16600).
- R. P. Naidu, J. Matthee, H. Katz y otros: "A 'Black Hole Star' Reveals the Remarkable Gas-Enshrouded Hearts of the Little Red Dots", 2025 (arXiv 2503.16596).
- V. Rusakov, D. Watson y otros: "Little red dots as young supermassive black holes in dense ionized cocoons", 2025 (arXiv 2503.16595).
- W. Q. Sun, R. P. Naidu y otros: "Overmassive No More: The Case for Little Red Dots Hosting Black Hole Seeds as Massive as Single Supermassive Stars", 8 de septiembre de 2026 (arXiv 2609.09274).
- V. Kokorev y otros: "The Deepest GLIMPSE of a Dense Gas Cocoon Enshrouding a Little Red Dot", The Astrophysical Journal, 2026.
- ESA/Webb, NASA y STScI: nota de prensa "Webb finds strongest evidence yet for 'black hole stars'", 10 de junio de 2026.
- M. C. Begelman, M. Volonteri y M. J. Rees: artículo fundacional sobre cuasiestrellas, 2006. M. C. Begelman y J. Dexter: "Little Red Dots as Late-stage Quasi-stars", The Astrophysical Journal, 2026.
- P. Madau y R. Maiolino: "Little red dots as obscured little blue dots: a super-Eddington unification model", 2026 (arXiv 2602.22386).
- M. Brazzini, F. D'Eugenio, R. Maiolino y otros: "Ruling out dominant electron scattering in Little Red Dots' Rosetta Stone using multiple hydrogen lines" (arXiv 2507.08929).
- F. Pacucci, A. Ferrara y D. D. Kocevski: "The Little Red Dots Are Direct Collapse Black Holes", 2026 (arXiv 2601.14368).
- Instituto Max Planck de Astronomía: nota divulgativa sobre las estrellas con agujero negro y The Cliff.
- Space Telescope Science Institute: ficha del programa de observación 12396 de Webb, "What Lies at the Hearts of the Little Red Dots?".

