Del dron con explosivos de Leipzig a las maniobras bielorrusas: por qué llamar híbrido a todo lo que hace Rusia debilita la respuesta europea.
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| Un dron con explosivos en Leipzig, bengalas rusas en el Báltico y un dron ruso desviado sobre Lituania: tres amenazas distintas que Europa llama igual, híbridas. | Infografía: La Crónica del Henares. |
Ni guerra ni híbrido: Europa necesita nombrar cada ataque ruso por lo que es
Alcalá de Henares, 23 de septiembre de 2026
Un dron cargado de explosivos junto a un avión de carga en el aeropuerto de Leipzig no es desinformación ni una zona gris. Es un intento de atentado que Alemania ya atribuye oficialmente a Rusia. Seguir metiéndolo en el mismo cajón que un bulo en redes o un dron extraviado tiene un coste: diluye la respuesta y le regala a Moscú el margen que busca.
- En una sola semana de septiembre coincidieron maniobras bielorrusas junto al corredor de Suwałki, un dron ruso con explosivos derribado sobre Lituania y bengalas de una fragata rusa contra un helicóptero danés.
- Berlín atribuyó el 1 de septiembre a Rusia el dron con explosivos del aeropuerto de Leipzig/Halle y respondió cerrando un consulado y un centro cultural.
- La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, habla ya de ataques híbridos «cada vez más cinéticos», una fórmula que admite el problema sin resolverlo.
- La etiqueta sigue siendo válida para describir la estrategia rusa, pero no sirve para graduar la respuesta a cada acto.
Una semana en el flanco oriental
Del 15 al 18 de septiembre, Bielorrusia desplegó batallones mecanizados y de carros en los campos de maniobras de Gozha, pegado a la frontera lituana, y de Brest y Ruzhany, a 15 y 60 kilómetros de Polonia. Parte del ejercicio se desarrolló junto al corredor de Suwałki, los 104 kilómetros de frontera polaco-lituana que son el único enlace terrestre de los países bálticos con el resto de la OTAN.
El jefe del Estado Mayor bielorruso, Pavel Muraveiko, las calificó de defensivas y negó cualquier plan ofensivo. Su ministerio añadió que las tropas y el material quedaban por debajo de los umbrales del Documento de Viena de 2011, que obligan a notificar las maniobras a los vecinos. La víspera, el lunes 14, el Servicio de Guardia de Fronteras de Ucrania había denunciado que Rusia usa estaciones de retransmisión en Bielorrusia para guiar drones contra objetivos del oeste ucraniano.
En la madrugada del martes 15, un Eurofighter italiano de la misión de policía aérea del Báltico derribó un dron que había entrado en Lituania desde Bielorrusia. Cayó cerca de Pratkūnai, en el centro del país, a unos kilómetros de la central hidroeléctrica de bombeo de Kruonis, y llevaba explosivos. Un día antes, una fragata rusa había disparado dos bengalas hacia un helicóptero danés que la fotografiaba frente a Gedser, en aguas internacionales del Báltico. Copenhague convocó al embajador ruso, Vladímir Barbin, y la primera ministra, Mette Frederiksen, enmarcó el incidente en una campaña híbrida para sembrar miedo y división.
Detrás de todo esto queda Leipzig. En la noche del 4 de agosto, un empleado del aeropuerto de Leipzig/Halle encontró un dron con explosivos junto a un avión de la aerolínea ucraniana Antonov. Leipzig/Halle es base de esa compañía desde que Rusia destruyó su aeródromo de Hostomel en 2022, y sede del puente aéreo de la OTAN que abastece a sus tropas del flanco este. El 1 de septiembre, el ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, atribuyó el intento de ataque a Rusia, con pruebas forenses y de inteligencia. El ministro de Exteriores, Johann Wadephul, cerró el consulado ruso en Bonn y la Casa de Rusia en Berlín.
Qué quiere decir híbrido
El término nació para describir a un adversario que combina medios militares y no militares, mantiene la duda sobre su autoría y actúa por debajo del umbral que desencadenaría una respuesta armada. Desinformación, ciberataques, instrumentalización de migrantes, sabotajes encargados a intermediarios y violaciones calculadas del espacio aéreo encajan en esa definición. Las cifras dan idea de la escala: la agencia AP ha contabilizado unos 200 incidentes de sabotaje y actividad hostil atribuidos a Rusia por responsables occidentales desde la invasión de Ucrania, y el centro de estudios Globsec, con sede en Bratislava (capital de Eslovaquia), identificó 151 entre febrero de 2022 y febrero de 2026.
Como descripción de la estrategia rusa, la palabra sigue siendo exacta. Moscú no ha renunciado a la ambigüedad: niega Leipzig, y el presidente Vladímir Putin insinuó desde Biskek (capital de Kirguistán) que las pruebas se habían fabricado para uso interno alemán. Sigue usando a Bielorrusia como plataforma que no es formalmente parte en la guerra. Y dosifica cada paso para que ninguno, por sí solo, obligue a la OTAN a invocar su cláusula de defensa mutua.
El problema aparece cuando la misma palabra se aplica a cada episodio. Ahí el adjetivo deja de describir y empieza a amortiguar.
Tres cosas distintas en el mismo cajón
Los hechos de este mes no son equivalentes, y confundirlos debilita a Europa en las dos direcciones.
El primero es el desbordamiento de la guerra de Ucrania. El presidente lituano, Gitanas Nausėda, identificó el dron de Pratkūnai como un Gerbera ruso, un aparato barato de contrachapado que Rusia usa como señuelo y a veces con carga explosiva. Pero dijo que lo más probable es que se dirigiera a Ucrania y que la guerra electrónica ucraniana lo desviara, y que probablemente no fue un ataque deliberado contra Lituania. En la primavera de 2026 también cayeron en los países bálticos drones ucranianos extraviados. Llamar a esto ataque híbrido es inexacto, y el dirigente del país afectado ha sido el primero en evitarlo. Lo que exige es defensa antiaérea capaz de derribar drones sin gastar un caza en cada uno, algo que el propio Nausėda reclamó.
El segundo es la intimidación calculada. Las bengalas en el Báltico y unas maniobras que se quedan justo por debajo de los límites de notificación pertenecen al repertorio clásico de la presión militar: demostrar que se puede, medir la reacción, no cruzar la línea. Aquí el término híbrido tiene todo su sentido.
El tercero es un ataque encubierto en suelo de la UE. Un explosivo colocado junto a un avión en un aeropuerto civil, con capacidad de causar víctimas, es un intento de atentado por parte de un Estado. En cuanto Berlín lo atribuye oficialmente, la ambigüedad que definía lo híbrido desaparece.
El riesgo de la palabra cómoda
La fórmula de la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, refleja la incomodidad europea. Hablar de ataques híbridos cada vez más cinéticos, es decir, de fuerza física, reconoce que la naturaleza del fenómeno ha cambiado mientras conserva la etiqueta que permite no sacar consecuencias. El analista Keir Giles, investigador asociado del programa Rusia y Eurasia de Chatham House, lo ha dicho con crudeza: la palabra libera a los gobiernos de la responsabilidad de actuar, porque presenta el problema como algo demasiado complejo para responderle.
La respuesta a Leipzig le da parte de razón. Contra un intento de volar un avión, Alemania cerró un consulado y un centro cultural, citó al embajador y pidió más sanciones a la UE. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, habló de una nueva escalada atribuible directamente a Rusia. La desproporción entre el hecho y la medida es el mensaje que llega al Kremlin: el coste de cruzar la línea es asumible.
El canciller Friedrich Merz ha tratado de sostener las dos cosas a la vez: Alemania no está en guerra con Rusia, pero Moscú actúa con creciente falta de escrúpulos y acepta causar daños, heridos e incluso muertos. Es la posición honesta, pero le falta el paso siguiente, que es ajustar la respuesta a cada escalón.
Tampoco es la guerra
La tentación contraria, declarar que Europa ya está en guerra con Rusia, es igual de engañosa. Ningún gobierno de la OTAN ha invocado el artículo 5, y un responsable de la Alianza aseguró a Reuters a finales de agosto que no detecta una amenaza inminente de ataque contra ningún aliado. Hablar de guerra sin actuar como en una guerra gasta la palabra más grave del vocabulario político, alimenta el relato del Kremlin sobre una Europa militarizada y deja sin sitio al escalón de verdad cuando llegue.
El experto alemán en seguridad Ferdinand Gehringer lo resumía en Euronews: no todo ciberataque, sabotaje o bulo forma parte automáticamente de una campaña híbrida. Lo que cuenta es el vínculo demostrable entre ellos. Esa disciplina de la prueba es lo que distingue una atribución de una sospecha y lo que hace creíble la respuesta.
Qué le falta a Europa
La cuestión de fondo no es el adjetivo, sino la ausencia de una escala compartida. La UE dispone desde 2024 de un régimen de sanciones específico contra la actividad desestabilizadora rusa, y la OTAN aprobó el 15 de septiembre nuevos requisitos de resiliencia frente al sabotaje de infraestructuras críticas. Son instrumentos útiles, pero ninguno fija qué respuesta corresponde a qué tipo de hecho.
Una clasificación mínima separaría los incidentes derivados de la guerra en Ucrania, que se resuelven con defensa y protocolos; la coerción y la intimidación, que se contestan con presencia y firmeza diplomática; y los ataques con capacidad de matar en suelo europeo. Estos últimos deberían recibir el nombre penal que les corresponde, con respuesta coordinada de los Veintisiete, expulsiones concertadas como las que siguieron al envenenamiento de Serguéi Skripal en Salisbury en 2018 y persecución judicial de toda la cadena de intermediarios.
Desde España, a 3.000 kilómetros de Suwałki, esto puede parecer lejano. No lo es. Leipzig/Halle es la base del puente aéreo que abastece a los grupos de combate aliados del flanco este, entre ellos el de Letonia, donde hay militares españoles desplegados. Y los sabotajes con paquetes incendiarios de 2024 demostraron que la red logística europea es una sola.
Rusia ha entendido mejor que Europa el valor de las palabras: le basta con que cada ataque parezca menos de lo que es. Llamar a cada cosa por su nombre es la primera condición para responderle.
Von der Leyen ha anunciado un nuevo paquete de sanciones contra Rusia tras el caso de Leipzig, y, según la prensa alemana, Berlín prevé llevar el asunto al Consejo del Atlántico Norte. Lituania analiza todavía la electrónica del dron de Pratkūnai para determinar su objetivo. Ambas cosas dirán si Europa empieza a graduar su respuesta o si el próximo explosivo volverá a llamarse, simplemente, híbrido.
Autor: José I. Ibarra
Fuentes consultadas
- Euronews, Belarus launches drills near Suwalki Gap on Polish and Lithuanian borders, 16 de septiembre de 2026, y Kyiv Independent y Militarnyi, 15 de septiembre de 2026 (maniobras bielorrusas y denuncia ucraniana sobre las estaciones de retransmisión).
- NPR, CBC/Reuters y Al Jazeera, 15 de septiembre de 2026 (derribo del dron en Lituania); LRT y The Moscow Times, 16 de septiembre de 2026 (declaraciones del presidente Nausėda sobre el Gerbera).
- The Moscow Times y The Copenhagen Post, 15 de septiembre de 2026; The European Times, 16 de septiembre de 2026 (incidente de la fragata frente a Gedser).
- CNN, Al Jazeera, NPR, Defense News y Euronews, 1 y 2 de septiembre de 2026 (atribución alemana del caso Leipzig/Halle y medidas adoptadas).
- Euronews, Between peace and war: Germany's battle against hybrid threats, 9 de septiembre de 2026 (declaraciones de Merz y de Ferdinand Gehringer).
- Bloomberg, reproducido por Insurance Journal, 17 de septiembre de 2026 (cita de Kaja Kallas).
- The European Correspondent, Are we at war? Are we not at war? We're at hybrid war!, 14 de septiembre de 2026 (cita de Keir Giles, consultada a través del extracto del buscador; la web bloquea el acceso automatizado).
- El Debate, 3 de septiembre de 2026 (declaraciones de Ursula von der Leyen).
- Yahoo Noticias/AFP, 10 de septiembre de 2026 (recuento de Globsec) y Mendoza Today, 21 de septiembre de 2026 (fuente de la OTAN citada por Reuters y requisitos de resiliencia del 15 de septiembre).
- Wikipedia, 2026 Ukrainian drone incursions into the Baltic states (drones ucranianos extraviados en los países bálticos).
- Los enlaces de Euractiv del texto de partida no han podido consultarse: la web bloquea el acceso automatizado. Los hechos que recogen se han contrastado en las fuentes anteriores.
