ARQUEOLOGÍA. Nemrud Dag, la octava maravilla de la antigüedad

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Varias cabezas de las estatuas colosales que en su día se levantaban en el mausoleo de Antíoco I de Comagene yacen ante sus cuerpos en la terraza oriental del monumento, en el monte Nemrud. Yasin Akgul / Getty Images

El imponente túmulo del rey Antíoco I de Comagene está encaramado en un monte de Anatolia, donde lo custodia una serie de extraordinarias estatuas colosales de divinidades grecorromanas y persas

05 agosto 2023.- Situada en una región montañosa del sureste de la actual Turquía, Comagene fue una provincia del reino helenístico de Siria, fundado por el general Seleuco a la muerte del conquistador macedonio Alejandro Magno en 323 a.C. Sesenta años más tarde, Samos, gobernador de la provincia, se autoproclamó rey de Comagene con el nombre de Ptolomeo, fundando así una nueva dinastía de soberanos helenísticos.

Durante el siglo I a.C., Comagene se vio envuelta en la pugna entre la República romana y el Imperio parto por el control de Asia Menor (Anatolia). Antíoco I, que ocupó el trono de Comagene aproximadamente entre 70 y 36 a.C., trató de mantener la neutralidad entre ambas potencias, pero sus sucesores no tendrían tanta fortuna y unas décadas más tarde el Imperio romano se anexionaría la provincia.

Comagene alcanzó su apogeo en el siglo I a. C. bajo Antíoco I. Durante su largo reinado, los romanos hicieron la guerra contra los partos, y Antíoco se alió con los romanos, antes de formar alianzas con los partos al arreglar el matrimonio de su hija Laodice con Orodes. II de Partia (57-37 a. C.). Comagene mantuvo su independencia hasta su anexión por el Imperio Romano en 17 CE. Resurgió como reino independiente a partir del 38 d. C., pero fue absorbido de forma permanente por la provincia romana de Siria en el 72 d. C. cuando el emperador Vespasiano (r. 69-79 d. C.) depuso a Antíoco IV (38-72 d. C.) por su supuesta conspiración con los partos contra los romanos.

Detrás de las terrazas con estatuas se alza un gran montículo de 50 metros de alto, muy posiblemente la tumba del rey.  Anadolu Agency / Getty Images

En la actualidad, Comagene es recordado por el extraordinario monumento que este rey mandó construir en lo alto del Nemrud Dag. Se trata de un monte de 2.150 metros de altura cuyo nombre turco significa «montaña de Nemrud», en referencia al mítico rey que edificó la torre de Babel y que, según una leyenda local, iba a cazar allí. En la cima, Antíoco construyó un túmulo artificial, a cuyos pies levantó un impresionante conjunto de diez estatuas de gran tamaño, de entre tres y nueve metros de altura, compuestas por bloques de piedra ensamblados. 

Con el tiempo, los terremotos que regularmente azotan Anatolia dañaron gravemente las estatuas. Tenemos también constancia de que algunas fueron vandalizadas y mutiladas en algún momento de la historia. En 1881, el ingeniero alemán Karl Sester subió al monte Nemrud y quedó fascinado por los imponentes restos de las esculturas; al año siguiente, arqueólogos turcos y alemanes visitaron el lugar. Desde entonces, Nemrud Dag es uno de los yacimientos más impactantes y enigmáticos del antiguo Próximo Oriente.

Mapa del Mediterráneo oriental en tiempos del Imperio romano con la ubicación de Nemrud Dag. Cartografía: Eosgis.com

Mapa de Asia Menor a principios del siglo I d. C. con el Reino de Comagene como estado cliente romano .

La construcción de Nemrud Dag exigió una enorme inversión de medios y habilidades artísticas. Primero, Antíoco hizo terraplenar la cumbre del monte para erigir sobre él una mole de forma cónica de 150 metros de diámetro y una altura de 70 metros, aunque hoy no llega a 50. En torno a ese túmulo se crearon tres grandes terrazas en los costados norte, este y oeste, en las que se alojaron las estatuas, mientras que la vertiente sur se reservó para la vía sacra que daba acceso al recinto.

Hoy solo se conservan las estatuas de las terrazas este y oeste, que forman dos grupos prácticamente idénticos. La terraza oriental está presidida por cinco grandes estatuas sedentes, cuyas identidades se indican en la larga inscripción grabada en el dorso de los colosos. Por esta razón sabemos que una estatua representa al propio Antíoco I y que otra es la personificación de la tierra de Comagene como una diosa nutricia, mientras que las otras tres representan diversas divinidades grecorromanas e iranias. Una es una combinación de Zeus y Oromasdes [Ahura Mazda], los dioses supremos de la mitología griega y persa, respectivamente; la siguiente estatua amalgama rasgos de Apolo, Mitra, Helios y Hermes, y la última aúna las figuras de Heracles, Ares (el dios griego de la guerra) y Artagnes (su equivalente persa, considerado protector de todos los reyes). 

En 2002, arqueólogos turcos y holandeses colocaron las cabezas de los colosos sobre basamentos de piedra, a fin de aislarlas de la humedad y las frecuentes heladas en invierno. Stéphane Lemaire / Gtres

Estas cinco estatuas principales estaban flanqueadas por dos parejas de águila y león, símbolos del poder celeste y terreno, en referencia a los ámbitos sobre los que dioses y humanos ejercían su dominio. Frente a las figuras se alzaba un gran altar piramidal, de trece metros de lado en la base. En la terraza oeste aparecen las mismas figuras, aunque más deterioradas. En cambio, aquí están mejor conservadas varias estelas en relieve en las que se representa a Antíoco I estrechando las manos de sus ancestros (un acto llamado dexiosis), tanto persas como macedonios, así como a otros personajes ataviados a la moda oriental y que efectúan libaciones, es decir, vierten ofrendas líquidas. 

Los conjuntos escultóricos limitaban por tres de sus lados con el túmulo que se construyó sobre la cumbre del monte Nemrud. Cabe pensar que el rey fue inhumado con su ajuar en el interior del túmulo, en una cámara funeraria acondicionada para ello, sobre la que se vertieron miles de toneladas de esquirlas de piedra que formaron la montaña artificial. Esta acumulación de materiales ha impedido a los arqueólogos penetrar en el túmulo y llegar hasta la cámara funeraria, por lo que el cadáver de Antíoco I, de hallarse en su interior, debe de continuar en el sitio donde fue enterrado hace más de dos mil años.

Sobre estas líneas, reverso de una moneda de Antíoco IV de Comagene, del siglo I d.C., con el símbolo de la ciudad, un escorpión.  Album

El monumento de Antíoco I es una obra sin equivalentes en la historia de Comagene. El padre del rey, Mitrídates I, fue enterrado en Arsameia, una ciudad a los pies del monte Nemrud, aunque no bajo un túmulo, sino en una red de túneles tallados en la roca. Otros túmulos reales de Comagene (en Karakus, Sofraz Koy y Sesönk) tienen dimensiones mucho menores. 

Externamente, la construcción de Antíoco guarda más semejanzas con los grandes sepulcros construidos en siglos anteriores por otros monarcas de Anatolia, como los que la tradición atribuye al rey frigio Midas, en Gordion, y al rey lidio Aliates, en Sardes.

Fechados entre los siglos VIII y VI a.C., ambos mausoleos consisten en un inmenso túmulo de tierra que cubre una cámara funeraria a la que se accede por medio de un largo corredor. Para su propia tumba, pues, Antíoco I quiso partir de un modelo de clara raigambre anatólica, pero buscó superar a sus antecesores por la riqueza de la decoración escultórica de su sepultura y la vistosidad de su emplazamiento, en lo alto de un monte que ofrecía una escenografía insuperable.

Reconstrucción hipotética del interior del túmulo funerario del monte Nemrud, donde se cree que se oculta la tumba de Antíoco I. Anadolu Agency / Getty Images

No hay duda de que Nemrud Dag fue construido a la mayor gloria del rey de Comagene. En la larga inscripción de más de doscientas líneas grabada en la espalda de las estatuas colosales, Antíoco I proclamaba: «He erigido estas estatuas, propias de dioses, de Zeus, Oromasdes, de Apolo, Mitra, Helios, Hermes, de Artagnes, Heracles, Ares y de Comagene, mi patria nutricia. Y de una misma piedra dediqué, compartiendo trono con los espíritus que escuchan, una impronta de mi propia figura». Además, su nombre iba acompañado de rimbombantes epítetos como Theos Epífanes, «dios aparecido». Todo ello es característico de las monarquías de tipo teocrático que se desarrollaron en Oriente en la época helenística, entre la muerte de Alejandro Magno y la conquista romana. 

Cabeza de la diosa Comagene en Nemrud Dag. Esta representación del territorio de Comagene divinizado era una de las esculturas colosales que se alzaban en la terraza oeste del monumento. Alamy / ACI

Nemrud Dag era más que un mausoleo. Tal vez resulte más apropiado referirse al conjunto como un santuario. En la citada inscripción, el monumento recibe el nombre de hierothesion, palabra que en griego antiguo designa una construcción de carácter a la vez religioso y funerario. En efecto, la configuración del lugar indica que en él se desarrollaron ceremonias religiosas. Los tres caminos que conducían hasta la base del túmulo eran las vías procesionales empleadas por los dignatarios y el pueblo durante las ceremonias que se celebraban en ese lugar, y que también se detallan en la inscripción.

El encargado de oficiar estos ritos era un sacerdote que, ataviado según la costumbre persa, primeramente tocaba a las estatuas con una corona de oro y, habiendo recibido los tributos del pueblo, les hacía ofrendas de perfume e incienso en los altares antes de realizar cruentos sacrificios de animales.

La carne de estos se disponía en mesas para su consumo comunal en un banquete amenizado por músicos y regado con vino conservado en cráteras y servido en grandes jarras. 

De este modo, Nemrud Dag evoca un momento en la historia de la Antigüedad en el que Oriente y Occidente se dieron la mano para crear un monumento único. Su localización recóndita hizo que el lugar escapara a la atención de los autores griegos y latinos, pero desde su redescubrimiento en el siglo XIX fue reconocido como un icono del arte helenístico e incluso como la octava maravilla oculta de la Antigüedad, según ha sostenido el arqueólogo y novelista italiano Valerio Massimo Manfredi. 

Vista de la terraza oeste de Nemrud, con los restos de las estatuas colosales al fondo y, en primer término, tres de sus cabezas: la de un águila, la del rey Antíoco I y, junto a él, la de la diosa Comagene. Getty Images

En la corte de Comagene convivían los linajes persas, que habían servido a los conquistadores aqueménidas en el siglo VI a.C., y los griegos que llegaron con Alejandro Magno y sus herederos en Asia Menor, los reyes seléucidas. El programa escultórico de Nemrud Dag estaba pensado para ambos grupos. Así, aunque la mayoría de los dioses representados eran griegos, llevaban un atuendo oriental. 

Las inscripciones están redactadas en griego, pero los ritos que describen están muy relacionados con la tradición religiosa persa. Por ejemplo, en estos textos se dice que el alma del difunto se presentará ante el trono de Zeus-Oromasdes [Ahura Mazda], una concepción irania que aparecerá en el Avesta, la escritura sagrada del zoroastrismo, la religión de Ahura Mazda.

Este relieve de la terraza oeste de Nemrud Dag representa a Jerjes I vestido con un traje talar iranio y tocado con un gorro frigio. Este último era un atributo que daban los artistas griegos a los personajes orientales. Suzuki Kaku / AGE Fotostock


Aunque la población nativa siempre supo de la existencia de las ruinas de Nemrud, no fue hasta 1881 cuando se dieron a conocer entre el público occidental. El primer europeo que visitó el lugar fue el ingeniero alemán Karl Sester, que creyó que se trataba de unas ruinas asirias.

Al año siguiente los turcos Osman Hamdi Bey y Osfan Efendi exploraron el lugar, seguidos por el arqueólogo Otto Puchstein y el excavador del altar de Pérgamo, Karl Humann.

Hubo que esperar a 1953 para que se emprendiera una excavación sistemática del yacimiento. Sus responsables fueron la arqueóloga norteamericana Theresa Goell y el epigrafista Friedrich Karl Dörner. Ambos pusieron todo su empeño en localizar la cámara funeraria de Antíoco I, sin éxito.

Hoy en día, el Reino de Comagene se recuerda principalmente a través del sitio monumental de Nemrud Dag en el Monte Nemrud (redescubierto en 1881 d. C. y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1987 d. C.), y los diversos otros proyectos de construcción, relieves y estatuas del reinado de Antíoco I Theos y sus sucesores. Las ruinas de Antiochia ad Cragum y Aytap también siguen siendo atracciones turísticas populares, así como áreas de recreación comunitaria, junto al agua, para la población local. Nemrud Dag, sin embargo, es el monumento central a Comagene y sus reyes, atrae a millones de visitantes cada año de todo el mundo y cumple el deseo de Antíoco I Theos de que su nombre viviera para siempre.

Fuente: Ángel Carlos Aguayo Pérez. Arqueólogo (para National Geographic)


Para saber más:

Valerio Massimo Manfredi. Las maravillas del mundo antiguo. Grijalbo, Barcelona, 2016.

VV. AA.. Anatolia, cuna de culturas II. Time Life Folio, Barcelona, 1996.

Internet. International Nemrud Foundation. nemrud.nl

Blomer, Michael & Winter, Engelbert. Commagene. Ege Yayinlari, 2011.

Miszczak, Izabela & Ates, Alper K. The Secrets of Mount Nemrut. ASLAN Publishing House, 2018.

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