La Tribuna, conciliación familiar, INE,
El módulo de conciliación de la Encuesta de Población Activa de 2025, publicado por el INE, retrata un país con más de doce millones de personas al cuidado de alguien, un marco legal de permisos cada vez más amplio y, al mismo tiempo, una realidad tozuda: la mayoría no modifica su trabajo para cuidar y, cuando alguien lo hace, casi siempre es una mujer.
19 junio 2026.- La conciliación de la vida laboral, familiar y personal designa el conjunto de condiciones y medidas —legales, empresariales y sociales— que permiten compatibilizar el empleo con el cuidado de hijos y de familiares dependientes sin renunciar a la carrera profesional ni a los ingresos. Es, sobre el papel, un derecho reconocido a toda la población trabajadora. En la práctica, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), sigue siendo un privilegio desigualmente repartido.
España cuenta con más de doce millones de personas con responsabilidades de cuidado. De los algo más de ocho millones que, además, tienen empleo, casi tres de cada cuatro (en torno al 75%) afirman no haber introducido ningún cambio en su trabajo para poder cuidar. Y entre quienes han criado a un menor de quince años, el 36,4% no utilizó ningún permiso por nacimiento ni excedencia para su cuidado, según el módulo de conciliación de la EPA.
Esa aparente "normalidad" esconde dos lecturas: por un lado, una parte de la población no necesita o no puede permitirse alterar su jornada; por otro, el peso de los cuidados que sí obligan a hacerlo recae de forma muy concentrada sobre las mujeres.
La gran brecha: cómo concilian ellas y ellos
La diferencia por sexo es el hallazgo central de la estadística. El 82% de los hombres con responsabilidades de cuidado dice no haber cambiado nada en su trabajo, frente al 67% de las mujeres. Cuando el cambio se produce, las vías son radicalmente distintas:
- Reducción de jornada. La utilizan el 8,9% de las trabajadoras frente al 0,4% de los trabajadores. En cifras absolutas, de las más de 361.000 personas que reducen su horario para cuidar, alrededor del 91% son mujeres (unas 328.000, frente a 33.400 hombres).
- Excedencias. De las cerca de 530.000 personas que se han acogido a una excedencia para criar —sola o junto al permiso de nacimiento—, el 87% son mujeres. La piden el 9,2% de las mujeres que han criado a un menor, frente al 1,3% de los hombres.
- Adaptación de jornada. Es la única medida en la que los hombres se acercan a las mujeres (en torno al 9% en ambos casos), y no es casual: permite reorganizar el horario sin perder horas ni salario.
El patrón es nítido: ellas recurren a las fórmulas que restan tiempo de trabajo e ingresos —reducciones y excedencias—, mientras que ellos optan por las que mantienen intacta la nómina. Además, los permisos y excedencias de las mujeres tienden a ser más largos.
Las facilidades disponibles: lo público y lo privado
El marco público se ha reforzado de forma notable en los últimos años, al hilo de la transposición de la Directiva europea 2019/1158 de conciliación. El permiso por nacimiento y cuidado de menor —antes maternidad y paternidad— se equiparó entre ambos progenitores en 16 semanas en 2021 y se amplió a 19 semanas a finales de 2025 mediante el Real Decreto-ley 9/2025, llegando hasta 32 semanas en familias monoparentales. A ello se suman el permiso parental de ocho semanas hasta que el menor cumple ocho años —todavía sin remunerar, lo que limita su uso—, las excedencias por cuidado, los permisos retribuidos y el derecho a solicitar adaptaciones de jornada.
El terreno privado depende de la voluntad de cada empresa y de la negociación colectiva: teletrabajo, flexibilidad horaria, jornada continua, bolsas de horas o bancos de tiempo. Es aquí donde se juega buena parte de la conciliación real, porque la adaptación de jornada —la medida estrella, sobre todo entre los hombres— requiere el acuerdo del empleador. La desigual implantación de estas políticas explica que conciliar sea muy distinto según el sector, el tamaño de la empresa y el tipo de contrato.
El uso real y sus consecuencias
El problema no es solo que se concilie poco, sino que el coste de hacerlo es asimétrico. Las reducciones de jornada protagonizadas por mujeres explican una parte sustancial de la brecha salarial media entre hombres y mujeres, y arrastran consecuencias acumulativas: menor salario, menor cotización y, a la larga, pensiones más bajas y carreras más frágiles.
Se cierra así un círculo difícil de romper: como ellas ganan menos, "compensa" que sean ellas quienes ajusten su carrera, lo que a su vez perpetúa la desigualdad de partida. Por eso sindicatos y expertas reclaman permisos retribuidos e intransferibles que no penalicen económicamente a quien cuida.
Preguntados por los obstáculos, el 67,5% de los ocupados afirma no encontrar dificultades especiales para conciliar. Entre quienes sí las perciben, los problemas más citados son los horarios impredecibles o difíciles de cambiar y las jornadas demasiado largas o agotadoras. La intensidad de esas barreras varía de forma apreciable según el sector económico, más acusadas en actividades con turnos, atención al público o estacionalidad, lo que confirma que la conciliación no es un asunto puramente individual, sino que está condicionada por la organización del trabajo en cada rama.
La fotografía estadística del INE se complementa con los datos de gestión de la Seguridad Social, que apuntan en la misma dirección. En 2025 se tramitaron 524.714 prestaciones por nacimiento y cuidado de menor, un 11,1% más que el año anterior, con un gasto de 3.880,8 millones de euros; 241.903 correspondieron al primer progenitor (habitualmente la madre) y 282.811 al segundo (normalmente el padre). En paralelo, las excedencias por cuidado familiar sumaron 54.639, de las que el 83,1% fueron solicitadas por mujeres. La equiparación legal de los permisos ha disparado su uso por parte de los padres; la excedencia, en cambio, sigue siendo abrumadoramente femenina.
Conclusión
La radiografía de 2025 deja tres conclusiones. Primera: España ha construido uno de los marcos de permisos por nacimiento más avanzados de Europa, y su uso —sobre todo el del permiso equiparado— crece con fuerza. Segunda: pese a ello, la mayoría de quienes cuidan no altera su empleo, y una parte importante no usa permiso alguno. Tercera, y principal: cuando conciliar exige renunciar a tiempo y dinero —reducir jornada o pedir una excedencia—, lo hacen casi en exclusiva las mujeres, con un impacto directo en su salario presente y futuro.
El derecho es universal; su coste, no. Cerrar esa brecha —retribuyendo los permisos de cuidado y extendiendo la flexibilidad sin penalización— es el debate de fondo que estos datos vuelven a poner sobre la mesa.
Fuentes y nota metodológica
- Instituto Nacional de Estadística (INE): Encuesta de Población Activa, módulo "Conciliación entre la vida laboral y la familiar", datos de 2025 (publicado el 19 de junio de 2026).
- Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones: estadísticas de prestaciones por nacimiento y cuidado de menor y de excedencias por cuidado familiar (2025).
- Marco normativo: Real Decreto-ley 9/2025, de 29 de julio; Directiva (UE) 2019/1158 de conciliación; Estatuto de los Trabajadores y Estatuto Básico del Empleado Público.
- Análisis de prensa especializada sobre el módulo (elDiario.es, Mundiario) y del sindicato CCOO sobre el efecto de las reducciones de jornada en la brecha salarial.
Los datos del módulo de la EPA son de carácter estructural y media anual. Las cifras de la EPA (declaradas por las personas encuestadas) y las de la Seguridad Social (registros de gestión) proceden de fuentes distintas y no son directamente comparables. Porcentajes referidos a las categorías de población indicadas en cada caso.
