laboral, SMI, economía, empresas, pymes, autónomos
La Vicepresidenta Segunda y Ministra de Trabajo firma el acuerdo con CCOO y UGT, sin el respaldo de la CEOE, consolidando una década de incrementos ininterrumpidos. Díaz aprovecha la firma para reclamar a las empresas un esfuerzo generalizado en las retribuciones más allá del mínimo legal.
16 febrero 2026. – La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ha protagonizado hoy una nueva foto de acuerdo social, aunque incompleta. Acompañada por los líderes de CCOO y UGT, ha formalizado la revalorización del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para el ejercicio 2026.
El acuerdo, que busca proteger el poder adquisitivo de los trabajadores ante la inflación acumulada, llega con un mensaje añadido: el Gobierno considera que no basta con subir el suelo salarial, sino que es imperativo que el tejido empresarial español traslade estas mejoras al conjunto de los convenios colectivos.
Una década de transformación: La evolución del SMI (2016-2026)
La firma de hoy no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena de subidas que ha transformado la estructura salarial española en los últimos diez años. Si echamos la vista atrás, la diferencia es drástica.
En 2016, el SMI se situaba en unos modestos 655,20 euros mensuales (en 14 pagas). Desde entonces, la curva ha sido ascendente, destacando el salto histórico de 2019 (impulsado por el primer gobierno de coalición) que lo elevó a 900 euros.
La trayectoria aproximada de esta evolución ilustra el cambio de paradigma:
2016: 655,20 €
2017: 707,60 € (+8%)
2019: 900 € (+22,3%, el mayor incremento reciente)
2020: 950 €
2021: 965 €
2022: 1.000 €
2023: 1.080 €
2024: 1.134 €
2026: 1.221 €
El objetivo declarado por el Ministerio ha sido siempre alinear el SMI con el 60% del salario medio español, cumpliendo así con las recomendaciones de la Carta Social Europea.
El reverso de la moneda: impacto en PyMEs y Autónomos
Mientras los sindicatos celebran la medida como una victoria necesaria para la justicia social y el sostenimiento del consumo interno, la patronal (CEOE-CEPYME) se ha desmarcado del acuerdo, alertando sobre la presión que esta medida ejerce sobre las pequeñas empresas.
El impacto de esta nueva subida en 2026 presenta desafíos específicos para el tejido productivo más vulnerable:
Aumento de Costes Laborales: Para una PyME o un autónomo con empleados, la subida del SMI no viene sola; arrastra consigo un incremento proporcional en las cotizaciones a la Seguridad Social. Esto eleva el coste real por trabajador significativamente por encima de la cifra nominal del salario.
Compresión de Márgenes: A diferencia de las grandes corporaciones, las pequeñas empresas tienen menos capacidad para trasladar estos costes al precio final de sus productos o servicios sin perder competitividad. En sectores intensivos en mano de obra (hostelería, comercio, limpieza), los márgenes de beneficio se estrechan aún más.
El "Efecto Arrastre" en Convenios: La petición de Yolanda Díaz de subir todos los sueldos preocupa a los pequeños empresarios. Si el salario mínimo sube mucho, las categorías profesionales inmediatamente superiores reclaman aumentos para mantener la diferenciación por responsabilidad o antigüedad, generando una presión de costes en cadena que muchas microempresas tienen dificultades para asumir.
En conclusión, la jornada de hoy marca un nuevo hito en la política laboral del Gobierno, que prioriza la recuperación del poder adquisitivo de las rentas bajas. Sin embargo, deja abierta la incógnita de cómo absorberá este nuevo coste un tejido empresarial formado mayoritariamente por pequeñas unidades de negocio, que se enfrentan a un 2026 de exigentes retos financieros.

COMENTARIOS