geopolítica, Pedro Sánchez, Venezuela, EEUU
06 enero 2026.- El Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha elevado el tono diplomático este martes desde París, calificando sin ambages la reciente operación militar ordenada por la administración Trump en Venezuela como un "precedente muy peligroso" para la estabilidad global.
En una comparecencia que marca una clara distancia con Washington, Sánchez ha condenado la acción por considerarla "a todas luces ilegal" y ha advertido que legitimar este tipo de intervenciones —bajo la premisa de la fuerza— empuja a la comunidad internacional hacia la "ley de la selva".
A continuación, se analizan los puntos clave y el trasfondo de este posicionamiento:
El equilibrio diplomático: ilegalidad vs. legitimidad
El núcleo del discurso de Sánchez descansa en una distinción crucial: rechazar a Maduro no implica aceptar a Trump.
El matiz: Sánchez ha recordado que España "nunca reconoció" al gobierno de Nicolás Maduro por considerar su reelección ilegítima y fraudulenta.
La línea roja: Sin embargo, el presidente argumenta que la ilegitimidad de un líder extranjero no otorga "carta blanca" a Estados Unidos para ejecutar operaciones militares unilaterales ni detenciones en territorio soberano. Para Sánchez, violar el derecho internacional para "restaurar el orden" es una contradicción que dinamita el sistema de normas que rige la convivencia entre naciones.
La sombra de los recursos naturales
En un giro que alinea a España con las tesis de otros líderes latinoamericanos (como Petro en Colombia o Sheinbaum en México), Sánchez ha sugerido que detrás de la retórica de libertad de la Casa Blanca existen intereses materiales.
Ha señalado explícitamente el temor de que el objetivo final de la operación sea "apropiarse de los recursos naturales" de Venezuela.
Esta afirmación es especialmente grave viniendo de un socio OTAN, pues cuestiona la moralidad de la intervención de un aliado histórico, sugiriendo motivaciones económicas (petróleo) por encima de las humanitarias.
El riesgo del "Efecto Contagio"
Sánchez utiliza el término "precedente" para alertar sobre las consecuencias a futuro. Si la comunidad internacional acepta —o mira hacia otro lado— ante una intervención directa de EE.UU. en Caracas para deponer a un líder rival, se valida una doctrina donde la soberanía nacional queda supeditada a la fuerza militar de la superpotencia de turno.
El presidente español advierte que esto nos devuelve a escenarios de "incertidumbre e inseguridad" similares a los vividos tras otras invasiones en décadas pasadas (una velada referencia a Irak o Afganistán), donde las soluciones impuestas desde fuera generaron caos a largo plazo.
La apuesta por la vía europea y el diálogo
Frente al unilateralismo de Trump, Sánchez reivindica el papel de Europa y la diplomacia.
A pesar de la operación consumada, España insiste en mantener la interlocución abierta con todas las partes, incluyendo a la nueva figura institucional en Caracas (Delcy Rodríguez) y a la oposición (Edmundo González).
El mensaje es claro: la solución debe ser política y entre venezolanos, no militar y diseñada en Washington.
Sánchez intenta así evitar que España y la UE sean arrastradas a validar una política de hechos consumados.
La declaración de Sánchez es un movimiento arriesgado pero calculado. Busca liderar la voz europea de la "sensatez legalista" frente al retorno del "Big Stick" (Gran Garrote) de la doctrina Trump. Al calificar la operación de "inaceptable", España no defiende al chavismo, sino que intenta defender un orden internacional donde las fronteras no puedan ser redibujadas ni los gobiernos cambiados por una orden ejecutiva desde el Despacho Oval.

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