265.457 hectáreas quemadas, el 90% del Parque Natural de la Sierra Norte calcinado y un país en la verbena. Alegato por el monte que nos sostiene.
España concentra la mitad del monte quemado en la UE y el 15 de agosto nadie habla del fuego
Página de opinión — Crónica del Henares
16 de agosto de 2026.- En lo que va de 2026 han ardido en España 265.457 hectáreas, más de la mitad de toda la superficie calcinada en la Unión Europea. En la Sierra Norte de Guadalajara ardió el 90 % de un parque natural. Y a mediados de agosto, el país está en la caseta. Este texto es un alegato: no contra la fiesta, sino contra los otros 358 días.
- 265.457 hectáreas quemadas entre el 1 de enero y el 12 de agosto, según el sistema europeo EFFIS: el 52,2 % de todo lo ardido en la UE.
- El fuego de La Mierla arrasó 32.000 hectáreas y más del 90 % del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, a una hora del Corredor del Henares.
- España destina alrededor del 78 % de sus recursos contra incendios a apagar y en torno al 12 % a prevenir. La prevención se hace en invierno, cuando nadie mira.
Hay una cifra de este verano que resume el país: 265.457 hectáreas. Es la superficie quemada en España entre el 1 de enero y el 12 de agosto de 2026 según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), el servicio de la Comisión Europea que estima la superficie quemada por satélite. Esa cifra equivale al 52,2 % de todo lo que ha ardido en la Unión Europea este año. La mitad del fuego europeo, en un país que ocupa el 12 % del territorio comunitario.
Y hay otra cifra que la acompaña: en una sola semana, entre el 5 y el 12 de agosto, lo quemado pasó de 3.835 a 42.225 hectáreas. Once veces más en siete días. El Ministerio para la Transición Ecológica, que cuenta sobre el terreno y no por satélite, da una cifra más baja —226.391 hectáreas forestales hasta el 11 de agosto— pero un dato peor: 43 grandes incendios frente a los 24 del mismo periodo de 2025, el año que cerró con 393.079 hectáreas, el peor desde 1994.
Nada de esto es abstracto ni lejano. Ardió Ávila, ardió el sur de Madrid, ardió Huelva, ardió Zaragoza y ardió Almería, donde murieron trece personas. Y ardió, aquí al lado, La Mierla.
Lo que se quemó en La Mierla no era "monte"
El 16 de julio empezó en La Mierla, un pueblo de 38 vecinos, el mayor incendio del año en España. Cuando se estabilizó había consumido unas 32.000 hectáreas, había 40 municipios dentro de su perímetro, se habían evacuado 28 poblaciones y en torno a 1.200 personas, y más del 90 % del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara era ceniza. Umbralejo, Almiruete, Semillas, Arroyo de las Fraguas, Las Navas de Jadraque: los pueblos negros y sus robledales, el valle del Sorbe, el agua que bebe media provincia.
Está a hora y media en coche desde Alcalá de Henares. No es un telediario: es la sierra de la que baja el agua del grifo.
Digámoslo sin eufemismos: eso no se recupera en una legislatura. Un rebollar maduro tarda entre sesenta y ochenta años en volver a parecerse a lo que era. Un pinar de producción, cuarenta. Un alcornoque descorchado por primera vez necesita veinticinco años antes de dar corcho de calidad; después, una saca cada nueve años, y solo si el árbol sigue vivo. El fuego se apaga en una semana y el reloj se pone a cero durante tres generaciones.
El monte no es paisaje: es nómina
Aquí está el fondo del asunto, y es un asunto económico antes que sentimental. Existe la idea de que el monte es un adorno, un lugar bonito al que se va el domingo. El monte es un sector productivo y sostiene a mucha más gente de la que la ciudad imagina: el pasto de la ganadería extensiva, las colmenas que dan la miel de espliego y de romero, el corcho de las dehesas, el níscalo y el boletus de los pinares, la resina, la castaña, el piñón, la madera, la caza, el turismo rural que llena esas casas en octubre.
Póngale precio. El Inventario Nacional Forestal calcula el valor de una hectárea de monte sumando lo que produce —alimentos, madera, leña, piñones, corcho, pastos— más su valor recreativo y su capacidad de capturar CO₂. En la provincia de Guadalajara ese valor es de 21.704 euros por hectárea. Multiplíquelo por las 32.000 hectáreas de La Mierla: alrededor de 690 millones de euros convertidos en humo en seis días. Solo un fuego. Solo una provincia.
Y súmele la factura de apagarlo: entre 10.000 y 19.000 euros por hectárea cuando intervienen medios aéreos, según las estimaciones que manejan los propios profesionales de la extinción.
Setecientos millones de euros y tres generaciones de espera. Eso es lo que no ocupó ni un minuto de conversación en la mayoría de las casetas de este 15 de agosto.
La fiesta no es el problema. El 16 de agosto sí
Y aquí conviene ser justo, porque el reproche fácil es también el más falso. La culpa no la tiene la Virgen de Agosto. Las peñas, la charanga, la vaquilla y el baile de la plaza son exactamente lo que queda de la cultura rural que el fuego se está comiendo. Muchos de esos pueblos que celebran son los mismos que estuvieron desalojados en julio; en varios de ellos, los vecinos volvieron de las fiestas a limpiar el pueblo de ceniza.
Quien va a las fiestas de su pueblo está haciendo, sin saberlo, la única forma de ARRAIGO que le queda.
El problema es otro, y es más incómodo: el 15 de agosto el pueblo está lleno y el 16 vuelve a estar vacío. Volvemos al pueblo una semana al año, a la casa de los abuelos, y el resto del tiempo el monte que rodea esa casa no tiene quien lo pastoree, quien lo desbroce, quien lo aproveche.
Hoy España tiene más superficie forestal que nunca —unos 19 millones de hectáreas, frente a 12 en los años setenta— y muchas menos manos para cuidarla. No es que haya menos bosque: es que hay más bosque abandonado, más matorral continuo, más combustible acumulado. Los mosaicos de cultivos, pastos y leñas que durante siglos hicieron de cortafuegos gratuitos los mantenía gente que ya no vive allí.
El resultado está medido: el 99,6 % de los municipios más despoblados de España ha sufrido algún incendio en los últimos treinta años.
Lo que sí es exigible
Que la sociedad tenga poca memoria es un hecho antropológico; que la administración la tenga es una decisión presupuestaria. En torno al 78 % de los recursos que España dedica a los incendios va a extinción y alrededor del 12 % a prevención. Nos hemos dotado de una de las mejores máquinas de apagar fuegos del mundo y de una de las peores maneras de evitarlos.
Y conviene recordar de dónde salen las llamas: cerca del 95 % de los incendios forestales tienen origen humano —negligencias, quemas agrícolas fuera de norma, chispas de maquinaria, incendiarios— y solo un 5 % lo provoca el rayo. El fuego no cae del cielo casi nunca. Lo encendemos nosotros y luego lo lamentamos en agosto.
Por eso el reproche de esta página no va dirigido a quien se toma una limonada en la verbena. Va dirigido a lo que se pregunta y a lo que no se pregunta. Cuando en octubre se aprueben los presupuestos municipales, autonómicos y estatales, casi nadie preguntará cuánto se destina a desbroces, a pastoreo preventivo, a cuadrillas forestales con contrato de doce meses en vez de tres, a recuperar los usos del monte. Se preguntará por el cartel de las fiestas del año que viene. Y se aprobará lo primero por unanimidad y en dos minutos, porque no da votos, no sale en foto y no se nota hasta el julio siguiente.
Los incendios se apagan en invierno. Es la frase que repiten todos los profesionales del sector y la que más cuesta que salga de una tertulia. Se apagan con un ganadero que sube el rebaño al puerto, con una cuadrilla que abre una faja auxiliar en enero, con un ayuntamiento que ejecuta la limpieza de la interfaz urbano-forestal antes de mayo, con una política que haga rentable vivir en el pueblo el 16 de agosto y no solo el 15.
Este otoño llegarán las declaraciones de zona catastrófica, las ayudas a agricultores y ganaderos, las fotos de reforestación con planta que en muchos casos no sobrevivirá al primer verano. Y llegarán, sobre todo, los borradores de presupuestos para 2027. Ahí es donde se verá si hemos aprendido algo o si volveremos a llorar en julio lo que no quisimos pagar en enero.
Quien escribe sabe que esta página interesará a poca gente. Se publica igualmente, para que quede constancia. Porque dentro de un año habrá otra cifra, y alguien tendrá que poder decir que ya estaba escrito.
Fuentes de los datos citados: Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS/Copernicus), datos provisionales a 12 de agosto de 2026; Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), balance a 11 de agosto de 2026; Inventario Nacional Forestal (valor por hectárea de monte, provincia de Guadalajara); informes de WWF y del sector forestal sobre reparto del gasto entre prevención y extinción y sobre causalidad de los incendios; cronologías del incendio de La Mierla publicadas por CMM y agencias.
Nota de método: la valoración de 690 millones de euros es una estimación de orden de magnitud, resultado de multiplicar las 32.000 hectáreas afectadas por el valor medio de la hectárea de monte en Guadalajara según el Inventario Nacional Forestal. No sustituye a una tasación de daños, que corresponde a la administración competente.
La Crónica del Henares
