Un análisis de herramientas de piedra en el desierto del Nefud sitúa a los neandertales en Arabia hace 55.000 años, más al sur de lo conocido.
Neandertales en el desierto: unas lascas de piedra los sitúan en Arabia hace 55.000 años
Alcalá de Henares, 20 de agosto de 2026
Nadie ha encontrado todavía un solo hueso de neandertal en la península arábiga. Un estudio publicado en la revista Quaternary Science Reviews sostiene que las herramientas de un yacimiento saudí junto a un lago desaparecido son suyas, y las fecha en unos 55.000 años.
- El yacimiento es Jebel Katefeh-1 (JKF-1), a orillas de un paleolago en la cuenca de Jubbah, en pleno desierto del Nefud, al norte de Arabia Saudí.
- Sin fósiles ni ADN, los autores identifican al fabricante por la forma de las lascas de piedra, comparadas estadísticamente con conjuntos de autoría conocida del Levante mediterráneo y el noreste de África.
- La nueva datación estrecha una horquilla previa de 90.000 a 50.000 años hasta unos 55.000, justo cuando el desierto empezaba a reverdecer. Un arqueólogo ajeno al trabajo lo resume sin rodeos: cree que hubo neandertales allí, pero no considera que la prueba esté cerrada.
Un lago en mitad del Nefud
El Nefud es hoy un mar de dunas rojizas del tamaño aproximado de Andalucía. Hace 55.000 años había allí lagos. Junto a uno de ellos, en la cuenca de Jubbah —provincia de Hail, en el norte de Arabia Saudí—, alguien se sentó a tallar piedra y dejó cientos de lascas sobre la orilla.
Ese lugar, catalogado como Jebel Katefeh-1 (JKF-1), se excava desde hace más de una década dentro del proyecto Palaeodeserts. La pregunta que nunca se había podido responder es la más básica: ¿quién talló esas piedras? En el Nefud no ha aparecido ni un fragmento óseo de homínido, de modo que la identidad del autor quedaba abierta entre Homo sapiens y neandertal.
El trabajo que ahora se publica, firmado por James Blinkhorn (Universidad de Liverpool y Instituto Max Planck de Geoantropología, en Jena, Alemania) y Huw S. Groucutt (arqueólogo de la Universidad de Malta) como autores principales, junto a Michael D. Petraglia (Universidad Griffith, Australia), Eleanor Scerri (Instituto Max Planck de Geoantropología) e investigadores saudíes, se moja: fueron neandertales.
Firmas en la piedra: cómo se identifica a un autor sin huesos
La técnica de partida es la talla Levallois, un método de fabricación que consiste en preparar un núcleo de piedra con esmero para desprender de él una lasca de forma predeterminada. La usaron tanto los neandertales como los primeros Homo sapiens, así que su mera presencia no identifica a nadie.
Lo que hicieron los autores fue medir cientos de lascas de JKF-1 y de otros yacimientos de Arabia, el Levante mediterráneo y el noreste de África, y comparar su geometría con métodos estadísticos. Con los conjuntos cuya autoría sí está establecida —porque aparecieron asociados a fósiles— construyeron un modelo capaz de separar la "firma" neandertal de la de nuestra especie.
Al aplicar ese modelo a JKF-1 y a un yacimiento menor cercano, ALM-3, el resultado fue claro en términos de probabilidad: las piezas se parecen más a las neandertales que a las de Homo sapiens. El título del artículo lo dice sin adornos: la historia de las poblaciones explica mejor que ningún otro factor la desconcertante variedad técnica del Paleolítico medio arábigo.
La fecha, la pieza que faltaba
Un parecido morfológico, por sí solo, no basta. La aportación decisiva llegó de una nueva zanja excavada en el yacimiento y de la datación de los granos de arena mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), un método que mide cuánto tiempo hace que un grano de cuarzo recibió luz solar por última vez.
Trabajos anteriores situaban las herramientas en algún punto entre hace 90.000 y 50.000 años, una horquilla demasiado ancha para concluir nada. La nueva datación la reduce a unos 55.000 años, y además coloca las piezas en un punto muy concreto de la secuencia: la capa donde la arena eólica del desierto da paso al sedimento lacustre, es decir, el momento exacto en que el lago volvía a llenarse.
Ese detalle es el que sostiene la atribución. Hace 55.000 años, el único grupo humano documentado en el suroeste de Asia era el neandertal. Si alguien tallaba piedra junto a aquel lago en esa fecha, la candidatura más razonable es la suya.
El clima abrió la puerta
La segunda derivada del estudio es climática. Arabia no ha sido siempre un desierto: un trabajo publicado en Nature en 2025 documentó fases húmedas recurrentes en la península a lo largo de los últimos ocho millones de años, ventanas verdes en las que los monzones empujaban hacia el norte y llenaban de lagos y ríos lo que hoy son dunas.
En una de esas ventanas encaja JKF-1. Con el lago recuperándose y la vegetación avanzando, los herbívoros entraron en el interior del desierto y los cazadores fueron detrás. Es la misma lógica que explica el resto del poblamiento antiguo de Arabia: no hay ocupación permanente, sino incursiones breves aprovechando los periodos húmedos. Un estudio en Nature de 2021, con participación de varios de los mismos investigadores, identificó al menos cinco expansiones humanas hacia el interior arábigo coincidentes con esos episodios, hace aproximadamente 400.000, 300.000, 200.000, 130.000-75.000 y 55.000 años.
Knut Bretzke, arqueólogo de la Universidad de Tubinga (Alemania) y ajeno a la investigación, considera plausible esa lectura a partir de su propio trabajo de campo en el sur de la península: el episodio húmedo habría atraído a los animales de pasto y los neandertales los habrían seguido.
Lo que el estudio no demuestra
Conviene marcar la línea con claridad. No hay huesos. No hay ADN. La prueba es circunstancial.
El propio Bretzke, que ve convincentes los indicios de presencia neandertal en el norte de Arabia, separa la creencia de la demostración: sí cree que hubo neandertales en el norte de Arabia Saudí; no cree que exista aún prueba sólida de ello. Y añade una objeción técnica de peso: varios de los yacimientos usados como referencia en el modelo son conjuntos de superficie, donde los artefactos pueden haberse acumulado a lo largo de milenios en lugar de corresponder a una única ocupación breve. Comparar una fotografía con un fotomontaje de siglos tiene sus riesgos.
Groucutt admite que un fósil zanjaría el debate, pero recuerda un obstáculo difícil de sortear: el calor de Arabia degrada muy deprisa el hueso y el ADN antiguo, de modo que la piedra tallada sigue siendo, por ahora, casi la única ventana disponible al pasado remoto de la región.
Por qué importa
Durante décadas, el neandertal se enseñó como una especie adaptada al frío, europea, de glaciares y cuevas. Esa imagen lleva años cayéndose: se los ha documentado en el Levante mediterráneo y a miles de kilómetros al este, en las montañas de Altái, en Siberia. Este trabajo añade un extremo distinto, el de los ambientes áridos y abiertos, y desplaza su área conocida más al sur de lo que se aceptaba.
La segunda implicación es demográfica. Arabia fue el corredor obligado entre África y Asia. Allí ya se había encontrado, en el yacimiento de Al Wusta, en el mismo Nefud, una falange de Homo sapiens de unos 85.000-88.000 años, el fósil de nuestra especie más antiguo hallado fuera de África y del Levante. Si los neandertales bajaron después hasta ese mismo desierto, la península no fue solo un pasillo, sino un escenario compartido, con oleadas alternas de unos y otros según abriera o cerrara el clima. El lugar donde dos linajes humanos pudieron cruzarse.
La comprobación definitiva pasa por encontrar un fósil, o extraer ADN antiguo del propio sedimento, una técnica que ya ha funcionado en cuevas de Europa y Siberia y que aquí choca con la temperatura. Mientras tanto, el Nefud conserva cientos de cuencas de lagos desaparecidos sin excavar, y los equipos saudíes e internacionales siguen prospectándolas. La discusión sobre quién talló las piedras de Jubbah continuará en las revistas antes de resolverse en la arena.
Ficha del estudio
- Título: Neanderthals in the desert? Population history best explains Middle Palaeolithic technological heterogeneity in Arabia
- Autores: J. Blinkhorn, H. S. Groucutt, W. C. Carleton, E. Andrieux, S. J. Armitage, C. Shipton, P. S. Breeze, N. Drake, A. Al-Omari, F. Al-Jibreen, A. M. Alsharekh, E. M. L. Scerri, S. Blockley y M. D. Petraglia
- Revista: Quaternary Science Reviews, vol. 390, art. 110196 (2026). Publicado en línea el 12 de agosto de 2026
- DOI: 10.1016/j.quascirev.2026.110196
- Yacimiento: Jebel Katefeh-1 (JKF-1), cuenca de Jubbah, desierto del Nefud, provincia de Hail (Arabia Saudí)
- Método de datación: luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) sobre granos de arena
- Cobertura consultada: Live Science, 18 de agosto de 2026

