ENIGMAS. Atapuerca, la cuna de los primeros europeos

  Gran Dolina es el yacimiento más conocido de la Trinchera. Sus 18 metros de sedimentos componen once niveles geológicos distintos. Excavac...

 

Gran Dolina es el yacimiento más conocido de la Trinchera. Sus 18 metros de sedimentos componen once niveles geológicos distintos. Excavaciones en la Gran Dolina en 2012. En el yacimiento de Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca, han aparecido los restos de una especie humana que vivió hace casi un millón de años: 'Homo antecessor'. Foto: Fundación Atapuerca

A inicios del siglo XX, la trinchera de un ferrocarril minero partió en dos la sierra de Atapuerca, en Burgos, y cortó las cavidades que albergaba, dejando expuesto su interior, cuya excavación sistemática empezó en 1978. En ellos han aparecido restos fósiles de varios homininos: H. antecessor (en Gran Dolina; quizá los restos de Sima del Elefante pertenezcan a un antecessor arcaico), preneandertales (antes considerados H. heidelbergensis, en la Sima de los Huesos), neandertales y sapiens.

Una de las joyas de Atapuerca es la Gran Dolina, uno de los tres yacimientos hasta ahora revelados y en exploración. Comprende veinte metros de rellenos sedimentarios del Pleistoceno (etapa geológica que acabó en el 10.000 a.C.) con las claves paleontológicas esenciales para comprender la evolución humana. Su excavación comenzó en 1981, pero el día grabado con letras de oro en la Gran Dolina es el 8 de julio de 1994. En esa fecha vieron la luz restos humanos con 800.000 años de antigüedad en el bautizado como "estrato Aurora". Tres años después, tras una exhaustiva revisión de los restos extraídos del "estrato Aurora", la especie humana contaba con un nuevo miembro en su árbol genealógico: el Homo antececessor. Aquellos huesos enterrados en la arena son hoy en día uno de los mayores reclamos de Atapuerca por lo que representan: el homínido europeo más antiguo que se conoce.

Distribución de los yacimientos a lo largo de la Trinchera según los techos que los protegen. (1) Entrada a la trinchera; (2) Sima del Elefante; (3) Galería; (4) Gran Dolina.


En el límite entre dos épocas geológicas, el Plioceno y el Pleistoceno, hace casi dos millones y medio de años, nuestros antepasados homininos se movían libremente por el Magreb cargados con herramientas de piedra muy elementales. Con ellas, y utilizando sus habilidades, cercenaban la carne de animales del tamaño de cebras y antílopes actuales, y machacaban sus huesos para alimentarse. Aún no sabemos si habían llegado hasta el extremo noroccidental del continente atravesando un Sahara entonces algo más verde o siguiendo los territorios costeros, siempre más abundantes en presas animales, vegetales comestibles y agua. Lo que sí sabemos es que habían alcanzado un limes, una tierra fronteriza delimitada por un muro natural infranqueable, el actual mar Mediterráneo.

Pese a que los homininos se habían extendido por todo el continente africano en esta época, hay que esperar un millón de años más para la salida del continente primordial -el llamado Out of Africa- y para hallar pruebas de su salto hacia Europa. Tan sólo hay una excepción a esta regla. El extremo oriental del subcontinente europeo, en un cruce de caminos entre Asia, Europa y África, el promontorio de Dmanisi, en pleno Cáucaso, guarda un secreto en forma de fósiles. Los homininos arcaicos de la especie Homo georgicus salieron de África antes de lo esperado. Cómo llegaron tan lejos, tan pronto, es un misterio. Por qué se detuvieron allí, uno mayor. Frente a las costas de África, Iberia es un lugar privilegiado para entender esta travesía humana, y la sierra de Atapuerca constituye un yacimiento clave para entender quiénes eran y cómo vivían los primeros europeos.

Los investigadores han ido precisando la evolución del género humano (Homo),  aunque quedan incógnitas por resolver. Así, investigadores como el paleoantropólogo Chris Stringer –autor de este esquema filogenético– no creen que antecessor sea antepasado común de neandertales y sapiens, algo que sí piensan otros autores. Fuente: Santi Pérez, basada en Chris Stringer, “What makes a modern human”, Nature 485 (7396), 2012.

Sabemos que África es la cuna de la humanidad. Allí es donde entre hace seis y siete millones de años surgieron los primeros homininos, un nuevo grupo de primates en los que la evolución había favorecido una postura erguida y una locomoción bípeda. Tras su emergencia, el registro fósil nos indica una gran diversificación. El árbol filogenético humano (que muestra las relaciones evolutivas entre nuestros ancestros) fue un arbusto con multitud de ramas entrelazadas. Sahelanthropus, Orrorin, Ardipithecus, Australopithecus y Paranthropus son géneros de homininos bípedos que se hallan mayoritariamente dispersos entre el este y sur de África.

Homo, nuestra rama evolutiva, se extendió por todo el continente hace más de dos millones de años y fue el único género que logró ensanchar sus horizontes. Las excavaciones arqueológicas indican que la salida de África se produjo hace aproximadamente 1,8 millones de años. Los investigadores han encontrado restos fósiles humanos y herramientas de piedra arcaicas dispersos por Eurasia, en lugares tan distantes como Java y Turquía. Se piensa que el puente de tierra entre África y Asia formado por el Próximo Oriente debió de ser un área de especial relevancia para esta primera salida, pero las pruebas al respecto son escasas y fragmentarias. En el otro extremo, la península ibérica es un lugar privilegiado para el estudio de los primeros europeos por la cantidad y calidad de los yacimientos de esta época, especialmente los de la sierra de Atapuerca.

EL CURSO DE LAS MIGRACIONES

Migraciones humanas. Cartografía: Eogis.com Fuente: Antonio Rodríguez-Hidalgo, Atlasofhumanevolution.com

Tras varios millones de años de evolución en África, los humanos salieron de este continente para ocupar nuevos territorios, fenómeno conocido como Out of Africa. La edad de los yacimientos indica la cronología de esa expansión y marca las vías que siguió. Primero los humanos se dirigieron al este, colonizando Asia Central y el Extremo Oriente. Más tarde hubo una nueva expansión, ahora hacia el oeste, y ocuparon toda Europa; no queda claro si esta expansión arrancó de África o bien del Próximo Oriente. La causa de la salida de África es objeto de debate, aunque el desarrollo tecnológico de los homininos y su transformación en depredadores debieron de ser determinantes en su expansión. También se discuten las rutas que siguieron, en especial si cruzaron el estrecho de Gibraltar y cómo alcanzaron algunas islas del Sureste Asiático.

Para la mayoría de investigadores, la primera dispersión humana fuera de África se produjo a través de la península del Sinaí y la península arábiga. La mezcla de fauna de origen africano y euroasiático en esta zona y la ausencia de barreras geográficas la convierten en la ruta más probable. No obstante, la cercanía de África y Europa en el estrecho de Gibraltar (apenas 15 km) hace sugestiva la idea del paso temprano del Estrecho, que parecen abonar la presencia en Iberia de animales africanos como el primate Theropithecus oswaldi, y de otros europeos en el Magreb, como el oso, junto con la gran antigüedad de los yacimientos españoles. Pero la profundidad y las fuertes corrientes hacen el paso del Estrecho muy complicado incluso navegando con balsas, una tecnología inventada sólo al final de la Prehistoria.

UNA NUEVA ESPECIE HUMANA
Los más de 170 restos esqueléticos pertenecientes a Homo antecessor procedentes del estrato Aurora, en el nivel TD6 de Gran Dolina, son los únicos con que contamos para saber cuál era el aspecto físico de esta especie humana. Pese a que en Europa hay varios yacimientos de la edad de este singular estrato, en la mayoría no se han encontrado fósiles humanos, y en los pocos casos en que han aparecido son demasiado fragmentarios como para establecer claramente su pertenencia a una u otra especie. Por suerte, los fósiles humanos de Gran Dolina de Atapuerca son suficientes para hacer un retrato robot muy detallado del aspecto de los primeros europeos.

Esta especie comparte con nosotros elementos que reconocemos al mirarnos al espejo, entre los que destaca una cara relativamente plana, poco proyectada hacia delante y por tanto poco «simiesca», con nuestros característicos pómulos marcados y una mandíbula estilizada. Son rasgos que indican que antecessor tenía la más antigua de las caras modernas.

Esta ilustración recrea el aspecto de un joven antecessor; se aprecia la cara plana, similar a la nuestra, aunque con el reborde óseo sobre los ojos y la frente inclinada hacia atrás. Nos recordarían a los neandertales y a otros homínidos europeos del Pleistoceno medio.



Su altura se situaría entre 1,65 y 1,85 centímetros, con un peso de entre 60 y 90 kilos, y sus cuerpos parecen haber sido robustos, con tórax anchos, pero con las proporciones de brazos y piernas completamente modernas. La diferencia de tamaño entre hombres y mujeres era muy baja, lo que indica sociabilidad y que su patrón de crecimiento era similar al nuestro, con períodos de niñez y de aprendizaje y formación muy prolongados.

Nuestros protagonistas se moverían permanentemente por el territorio en pequeñas bandas, formadas aproximadamente por una decena de miembros que debían de estar emparentados. En su deambular como nómadas, buscaron refugios donde plantar sus campamentos al ritmo de las estaciones. También serían lugares donde repartir con otros miembros del grupo los recursos obtenidos. Los restos del campamento más antiguo de la Prehistoria europea se conservan justamente en Gran Dolina.

Útiles de piedra fabricados hace unos 800.000 años por antecessor y hallados en el nivel TD6 de Gran Dolina. Foto: Javier Trueba / AGE Fotostock


Aunque también vivieron al aire libre junto a ríos y lagos, es en cuevas y abrigos donde se han preservado con más frecuencia sus fósiles y los testimonios de su actividad. Los primeros europeos llegaron al continente con una cultura que los arqueólogos conocen como Modo 1, caracterizada por herramientas de piedra muy sencillas, básicamente fragmentos obtenidos golpeando cantos rodados con otros cantos. Los primeros europeos no conocían el fuego y no eran capaces de producir herramientas líticas con una forma concreta previamente pensada. No obstante, en el nivel TD6 de Gran Dolina se ha observado que dejaban las rocas de mejor calidad, como el sílex, para producir las herramientas más elaboradas, lo que representa un pequeño salto tecnológico con respecto a las primeras culturas africanas de hace más de 1,8 millones de años.

Las señales de carnicería sobre los huesos de sus presas nos indican que fueron eficientes cazadores de ciervos gigantes, ciervos rojos, gamos, bisontes y caballos salvajes. Ocasionalmente también descuartizaron cadáveres de otros animales, desde pequeños macacos y castores hasta grandes osos de la especie que lleva el nombre del yacimiento, Ursus dolinensis. Sabemos que cooperaron para llevar la carne de estos animales desde el lugar de matanza hasta el campamento ubicado en Gran Dolina. En el caso de animales pesados como bisontes o caballos debieron de organizarse en grupo para transportarlos. Lo que hace único este nivel arqueológico TD6, es que en ese basurero también se acumuló una gran cantidad de restos humanos pertenecientes a antecessor.

LA PALEODIETA DE ATAPUERCA
La dieta de los primeros pobladores de Atapuerca se basaba en la carne de grandes ungulados como ciervos, caballos y bisontes, aunque no dudaban en comer la de grandes animales como rinocerontes, o de pequeñas presas como tortugas y aves. Entre las evidencias indirectas destacan los restos de comida atrapados en el sarro dental, que indican el consumo de algunos vegetales. Las estrías microscópicas en los dientes hablan de alimentos duros y quebradizos, y del uso de palillos para la higiene dental desde hace casi un millón de años. Bellotas, nueces, hongos y raíces debieron de enriquecer sus dietas, pero no ha quedado registro directo de ello en Atapuerca.

Antecessor descarnando un bisonte ante la presencia de predadores. Foto: SCIENCE PHOTO LIBRARY / AGE FOTOSTOCK. Recreación artística. 


En el estrato TD6 se han hallado 176 fósiles de al menos nueve individuos de diferentes edades, en su mayoría niños de 3 a 10 años, o muy jóvenes, de menos de 17. Son huesos de todas las partes del esqueleto y se hallaron rotos, dispersos y mezclados con restos de otros animales. Presentan patologías como fracturas por sobrecarga en los huesos de los pies debido a las largas caminatas, los saltos y el sobreesfuerzo que formaban parte de su día a día, y traumatismos de origen desconocido en las rodillas. Las mandíbulas encontradas denotan problemas dentales fruto de una dieta abrasiva, basada en vegetales duros, una mordida anómala, encías inflamadas y sarro, lo que le generó una serie de problemas derivados, como crecimientos anómalos en las raíces de los dientes.

Pero los restos presentan en sus superficies las pruebas de la verdadera causa de muerte. Los huesos están plagados de marcas de corte hechas con herramientas de piedra, que indican que fueron despellejados y descuartizados. Sus carnes fueron fileteadas, y sus huesos, repelados. Sobre los huesos encontramos señales de los dientes de otros humanos, prueba irrefutable de que fueron víctimas del caso de canibalismo más antiguo de la historia de la humanidad que se ha documentado.


Localización de los casos de canibalismo prehistórico que se han documentado en Europa. Destaca la concentración de yacimientos neolíticos en el sur de la península ibérica. Asociada hoy en día a un comportamiento criminal o a situaciones extremas, la antropofagia fue un fenómeno recurrente en la Prehistoria europea. En Atapuerca se ha documentado el caso más antiguo conocido. Cartografía: Eogis.com Fuente: Antonio Rodríguez-Hidalgo


Desde el año 2000, Atapuerca es Patrimonio de la Humanidad. Sin duda, es la cuna de la prehistoria europea, todo un "parque temático" de la ciencia prehistórica sin parangón al otro lado de los Pirineos.
El conjunto de los yacimientos está declarado como «Lugar de interés geológico español de relevancia internacional» (Geosite) por el Instituto Geológico y Minero de España, con la denominación «VP006: Atapuerca», dentro de la categoría «yacimientos de vertebrados del Plioceno-Pleistoceno español»


Para saber más:
- Atapuerca, perdidos en la colina. E. Carbonell. Destino, Barcelona, 2004.
- Atapuerca y la evolución humana. J. L. Arsuaga e I. Martínez. Madrid, Scientific Films, 2009.
- Atapuerca. 40 años inmersos en el pasado. Eudald Carbonell, Rosa María Tristán. National Geographic, 2017
- Exploradores. La historia del yacimiento de Atapuerca. José María Bermúdez de Castro. Debate, 2012
- Los yacimientos de la sierra de Atapuerca. https://www.atapuerca.org/es/atapuerca/Yacimientos-de-Atapuerca
- Sitio arqueológico de Atapuerca. Wikipedia.
Human origins: Out of Africa. PNAS. September 22, 2009 106 (38) 16018-16021; https://doi.org/10.1073/pnas.0903207106
- “Revisiting the out of Africa event with a deep-learning approach” by Francesco Montinaro, Vasili Pankratov, Burak Yelmen, Luca Pagani and Mayukh Mondal, 8 October 2021, American Journal of Human Genetics. DOI: 10.1016/j.ajhg.2021.09.006

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