PERSONAJES. Allan Pinkerton, el primer detective

  Retrato de Allan Pinkerton. Grabado de la década de 1860. Allan Pinkerton (1819-1884) nunca tuvo la intención de ser un espía. Entonces, ¿...

 

Retrato de Allan Pinkerton. Grabado de la década de 1860.

Allan Pinkerton (1819-1884) nunca tuvo la intención de ser un espía. Entonces, ¿cómo se convirtió en el fundador de una de las agencias de detectives más respetadas de Estados Unidos? 

22 octubre 2022.- Nacido en Escocia el 25 de agosto de 1819, Allan Pinkerton era tonelero o tonelero.
Entre los miles de inmigrantes que a mediados del siglo XIX partieron de Gran Bretaña a Estados Unidos en busca de fortuna se hallaba un escocés llamado Allan Pinkerton. Nacido en un suburbio de Glasgow famoso por sus burdeles, a los ocho años dejó el colegio y aprendió el oficio de tonelero. Pronto se implicó en el cartismo, el primer movimiento obrero organizado del siglo XIX. Cuando la policía británica puso precio a su cabeza decidió emigrar con su esposa a Estados Unidos.

Era un hombre trabajador y rápidamente se dio cuenta de que trabajar para sí mismo sería una propuesta mucho mejor para él y su familia. Después de buscar un poco, se mudó a un pueblo llamado Dundee que necesitaba un tonelero y rápidamente ganó el control del mercado debido a sus barriles de calidad superior y precios bajos. Su deseo de mejorar continuamente su negocio en realidad lo llevó por el camino de convertirse en detective.

Gracias a su talento y a su poder de convicción, Kate Warne se convirtió en la primera mujer detective de la historia

Pinkerton se estableció en Dundee, cerca de Chicago, donde abrió un taller de tonelería para abastecer a las granjas de la zona. Pero en 1847 un incidente cambió el curso de su vida. Mientras recogía madera en el río Fox descubrió a unos bandoleros a los que ayudó a detener. Poco después, sus paisanos acudieron a él para que atrapara a un estafador que pasaba billetes falsos. Pinkerton montó una trampa y lo pilló con las manos en la masa.

Archivo Bettmann / Getty Images


Allan Pinkerton se dio cuenta de que las materias primas de buena calidad para sus barriles se obtenían fácilmente en una pequeña isla desierta cerca de la ciudad. Decidió que en lugar de pagarle a otros para que le proporcionaran los materiales, viajaría a la isla y lo conseguiría él mismo. Sin embargo, una vez que llegó a la isla, vio signos de habitación. Sabiendo que había algunos falsificadores en el área, supuso que este podría ser el escondite que había eludido a los funcionarios durante mucho tiempo. Se asoció con el sheriff local para vigilar el campamento. Su trabajo de detective condujo al arresto de la banda. Luego, la gente del pueblo local se dirigió a él en busca de ayuda para arrestar al cabecilla de la banda. Sus habilidades naturales finalmente le permitieron rastrear al culpable y llevar a los falsificadores ante la justicia.

A la vista de sus aptitudes, en 1848 el sheriff del condado contrató a Pinkerton. Tras un año en que siguió trabajando a la vez de tonelero, Pinkerton se incorporó a la policía de Chicago como su único detective. No tardó en adquirir buena fama por su inteligencia y por sus buenos puños. También por su honradez, lo que lo llevó a enfrentarse a las autoridades locales en un período marcado por la corrupción. Harto de presiones políticas, Pinkerton acabó dimitiendo de su puesto en la policía.

Allan Pinkerton (izquierda) con el presidente Abraham Lincoln y el mayor general de la Unión, John McClernand.

Fundando su propia agencia de detectives

El administrador de Correos de Chicago lo contrató entonces para que investigara un caso en sus oficinas: la desaparición de cartas con cheques bancarios por valor de miles de dólares. Ocultando su identidad, Pinkerton empezó a trabajar como auxiliar en la oficina principal, y no tardó en descubrir que quien robaba los cheques era uno de sus compañeros. El asunto se envenenó porque el culpable era sobrino del administrador que lo había contratado, y éste hizo todo lo posible por tapar el caso. El íntegro Pinkerton lo denunció ante la dirección de la compañía.

Con la nueva fama que le deparó este caso, Pinkerton decidió establecerse por su cuenta como detective privado. Este oficio, creado en Francia a principios de siglo, estaba en plena expansión en Estados Unidos. En la década de 1840 se fundaron al menos tres agencias en Nueva York y San Luis. Los detectives trabajaban para la burguesía, resolviendo discretamente problemas familiares, así como para compañías aseguradoras, bancos y empresas comerciales en casos de fraude, de empleados infieles y de competencia desleal.

Para iniciar su aventura, Pinkerton necesitaba capital y contactos en empresas y bufetes, que serían sus principales clientes. Por eso se asoció con un abogado bien relacionado, Edward Ruckel, para fundar la agencia North-Western Police Agency, aunque para aprovechar la fama del detective se anunciaba como Pinkerton & Co. La sociedad duró un año. Hacia 1852, Allan se unió a su hermano Robert para crear la Agencia Nacional de Detectives de Pinkerton.

Emblema de la agencia de detectives Pinkerton. Foto: AKG / Album


Allan Pinkerton fundó su agencia de detectives basada en sus propios principios incorruptibles. Sus valores se convirtieron en la piedra angular de una agencia respetada que aún existe hoy. Su reputación le precedió durante la Guerra Civil. Dirigió la organización responsable de espiar a la Confederación. 

Pinkerton animaba a estar siempre alerta, de ahí el emblema de la agencia: un ojo abierto

La agencia suscribió un contrato con las seis compañías de ferrocarril más importantes del Medio Oeste para vigilar sus vagones y estaciones. Además, Correos mantuvo el contrato con Allan y lo amplió para que investigara robos y sustracciones en vehículos postales y estafetas. Pinkerton se señaló por introducir técnicas científicas tanto en los escenarios del crimen como en el laboratorio. Y creó, además, el primer archivo de identificación de delincuentes –la «galería de pícaros»– con sus fotografías y su descripción física.

Para llevar a cabo sus múltiples investigaciones, los hermanos Pinkerton formaron un equipo de agentes. En contra de lo que era habitual en otras agencias, no contrataron a antiguos delincuentes para el trabajo de calle, sino a agentes honrados, con capacidad analítica y dotes para interpretar cualquier papel en distintos ambientes. Uno de sus agentes más destacados fue una mujer, Kate Warne, una joven viuda de Nueva York que en 1856 se presentó en el despacho de Pinkerton respondiendo a un anuncio de empleo. «Le dije que no se contrataba a mujeres para aquel trabajo –escribió el detective–, pero fue muy convincente. Me dijo que las mujeres son excelentes observadoras, pueden ganarse la confianza de las esposas de los delincuentes y los hombres sueltan la lengua cuando una muchacha los anima». Kate Warne se convirtió así en la primera mujer detective de la historia. En poco tiempo se la consideró la mejor especialista del país en delitos de cuello blanco y pasó a dirigir la nueva unidad femenina de la agencia, conocida como «las Pinks».


William Pinkerton en un despacho de la agencia Pinkerton, con un retrato de su padre colgado en la pared, a la derecha. 1904. Foto: Alamy / ACI


EL SALVADOR DE LINCOLN
El caso que cimentó la fama de la agencia Pinkerton fue el complot para asesinar a Abraham Lincoln en Baltimore, en febrero de 1861, justo antes de que tomara posesión como presidente electo y de que estallara la guerra de Secesión. Todo partió de una investigación sobre sabotajes en la línea ferroviaria Filadelfia-Baltimore. Allan Pinkerton viajó a esta última ciudad para infiltrarse entre los partidarios de la secesión del Sur. Entre los agentes que lo acompañaron estaba Kate Warne, que sedujo a varios políticos usando dos identidades: la coqueta Mrs. Cherry y la modosa Mrs. Barley. Al final averiguaron que un grupo pretendía asesinar al presidente en el tren. Pinkerton consiguió que Lincoln se disfrazase y se ocultase entre el pasaje, sin sufrir mayores contratiempos.

Comentando aquel incidente, los agentes destacaron la importancia de estar siempre alerta; de ahí surgió el logo de la compañía, un ojo abierto con el lema We never sleep («Nunca dormimos»), del que proviene el sobrenombre de la profesión en Estados Unidos: private eye, ojo privado.

Allan Pinkerton fue un abolicionista militante. Su casa en Chicago era una de las paradas del «ferrocarril subterráneo» por el que miles de esclavos huyeron del Sur hacia la libertad. Cuando estalló la guerra civil, en abril de 1861, Pinkerton se alistó en el ejército de la Unión como jefe de una división de inteligencia, responsable de la captura de espías confederados y de la infiltración de agentes propios tras las líneas enemigas; se le asignó el nombre en clave de «comandante E. J. Allen». De forma exagerada se atribuye a Pinkerton la fundación del Servicio Secreto de Estados Unidos, que fue creado cuando él ya no se hallaba en activo. En todo caso, es probable que Lincoln no hubiera muerto asesinado el 15 de abril de 1865 si Pinkerton se hubiera ocupado de la seguridad presidencial.

Mediante artimañas más que por la violencia, James Dunlap robó a los bancos estadounidenses más de tres millones de dólares, una fortuna para la época. Tras un atraco, la agencia Pinkerton lo detuvo en 1875. Foto: Alamy / ACI


Los Pinkerton pelearon con Jesse James y su pandilla
Durante la era de la expansión de la frontera, las compañías exprés y los ferrocarriles a menudo empleaban a los Pinkerton como cazarrecompensas del Salvaje Oeste. La agencia se infiltró en la famosa banda de Reno, perpetradores del primer robo de trenes de la nación, y luego persiguió a Butch Cassidy y su Wild Bunch. Los Pinkerton solían conseguir a su hombre, pero en la década de 1870 pasaron meses dedicados a una búsqueda infructuosa de los ladrones de bancos Jesse y Frank James. Uno de sus agentes fue asesinado mientras intentaba infiltrarse en la pandilla de los hermanos con sede en Missouri, y dos más murieron en un tiroteo.

La caza llegó a un final sangriento en 1875, cuando los Pinkerton lanzaron una redada en la casa de la madre de los hermanos James en Clay County, Missouri. Frank y Jesse no se encontraban por ninguna parte (habían sido informados), pero los Pinkerton tuvieron una discusión con su madre, Zerelda Samuel. Durante el enfrentamiento, un miembro de la pandilla de detectives arrojó un dispositivo incendiario a través de la ventana de Samuel, voló parte de su brazo y mató al medio hermano de 8 años de los hermanos James. La redada fallida puso a la opinión pública en contra de los Pinkerton. Después de ver a sus detectives denunciados como asesinos en los periódicos, Allan Pinkerton canceló a regañadientes su guerra contra la banda de James. Jesse eludió a las autoridades durante otros siete años antes de ser asesinado por la bala de un asesino en 1882.

Jesse y Frank James, c. 1872.


LA LEYENDA NEGRA
En la posguerra se multiplicaron las bandas de forajidos, muchos de ellos veteranos del derrotado ejército confederado, que asaltaban bancos, trenes y furgones blindados. Para hacerles frente, las asociaciones de banca, ferrocarriles y transporte de valores contrataron a la agencia Pinkerton, que respondió con éxitos notables. Sus agentes eran tan implacables en la persecución de los delincuentes que la opinión pública empezó a cuestionar sus métodos. Surgió así la leyenda negra de la agencia.

La tensión acumulada durante la guerra, la intensa actividad de la posguerra, las muertes de su hija Isabella y de colaboradores y amigos íntimos pasaron factura a la salud de Allan Pinkerton. En 1869 sufrió un derrame cerebral y empezó a ceder el control de la compañía a sus hijos William y Robert, mientras él se dedicaba a escribir libros sobre su vida como detective. 

Al final de la guerra civil norteamericana, volvió a dirigir la Agencia de Detectives Pinkerton hasta su muerte el 1 de julio de 1884. Cuando murió, en 1884, se había convertido en una leyenda.

Espiaron para el Ejército de la Unión durante la Guerra Civil. Allan Pinkerton y sus agentes en Antietam, Maryland, en octubre de 1862. (Fuente: PhotoQuest/Getty Images)



EL TRABAJO SUCIO
En la década de 1890, la agencia de detectives Pinkerton llegó a contar con más de 2.000 agentes uniformados y 30.000 reservistas, número que superaba el de miembros del mismísimo ejército de Estados Unidos. A su muerte, la agencia continuó operando y pronto se convertiría en una fuerza importante contra el movimiento laboral joven que se desarrollaba en los Estados Unidos de América. 

De hecho, este esfuerzo contra el trabajo empaña la imagen de los Pinkerton durante años. La agencia fue acusada de participar en la guerra sucia contra los sindicatos en varias huelgas mineras, en especial bajo la dirección de los hermanos Robert y William Pinkerton. En 1893, el Congreso de Estados Unidos intentó frenar su creciente poder aprobando la llamada Ley Anti-Pinkerton, por la que se prohibió al Gobierno contratar a empleados de la agencia Pinkerton u otras similares.

Los guardias de Pinkerton disolvieron una huelga en Buchtel, Ohio, en 1884. Grupo de mineros que vuelven de su trabajo escoltados por agentes de Pinkerton. Grabado. Foto: Alamy / ACI


Siempre mantuvieron los altos estándares establecidos por su fundador, pero muchas personas comenzaron a verlos como un brazo de las grandes empresas. Estuvieron involucrados en numerosas actividades contra el trabajo y durante finales del siglo XIX y principios del XX.

- Huelga de Pullman (1894)
- La banda del grupo salvaje (1896)
- Masacre de Ludlow (1914)

Muchos simpatizantes laborales acusaron a los Pinkerton de incitar disturbios como medio para mantener el empleo o para otros fines nefastos. Su reputación se vio perjudicada por la protección de los esquiroles y la propiedad comercial de los principales industriales, incluido Andrew Carnegie . 

A principios del siglo XX, las funciones de lucha contra el crimen de los Pinkerton habían sido absorbidas en gran medida por las fuerzas policiales locales y agencias como el FBI. Sin embargo, la compañía sobrevivió como una empresa de seguridad privada y un servicio de vigilancia, lograron sobrevivir a toda la controversia y aún prosperan hoy.

Detectives de la Agencia Pinkerton custodian el ataúd de Marilyn Monroe en su funeral en Westwood Memorial Park, en agosto de 1962. (Fuente: Keystone/Getty Images)


Para saber más:
- José Luis Ibáñez. "Todo lo oye, todo lo ve y todo lo sabe". Espasa, Madrid, 2020

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