astronomía, la Luna, Theia
Un nuevo estudio internacional resuelve una de las grandes incógnitas sobre el origen de nuestro satélite: el planeta que colisionó contra la Tierra no era un extraño lejano, sino un "hermano" del sistema solar interior.
26 noviembre 2025.- Durante décadas, la teoría más aceptada sobre el origen de la Luna ha sido la del Gran Impacto. Hace unos 4.500 millones de años, un protoplaneta del tamaño de Marte, bautizado como Theia, se estrelló contra una joven Tierra. De los escombros resultantes de esa catástrofe cósmica nació la Luna.
Sin embargo, quedaba una pieza del rompecabezas sin encajar: ¿De dónde venía Theia?
Ahora, un equipo de científicos de Francia, Alemania y Estados Unidos ha arrojado luz sobre este misterio, analizando la "huella dactilar" química de rocas lunares y terrestres. Su conclusión reescribe la historia de nuestros orígenes: Theia se formó en el sistema solar interior, muy cerca de la Tierra, y no en los confines del sistema como sugerían algunas teorías anteriores.
El misterio de la semejanza química
Para entender la importancia de este hallazgo, hay que comprender el problema que atormentaba a los astrónomos.
Generalmente, cada cuerpo del sistema solar tiene una firma isotópica única (una proporción específica de elementos químicos). Marte, la Tierra y los asteroides lejanos son químicamente distintos entre sí.
Si Theia hubiera venido de lejos (del sistema solar exterior), la Luna debería tener una composición química muy diferente a la de la Tierra.
Sin embargo, las muestras traídas por las misiones Apolo muestran que la Tierra y la Luna son casi gemelas químicas. La similitud extrema entre las rocas de la Tierra y la Luna ha sido, durante años, el mayor obstáculo para confirmar las teorías sobre la formación lunar.
Rastreando el origen a través de las rocas
Para resolver esta paradoja, el equipo de investigación analizó con una precisión sin precedentes las concentraciones de isótopos (variantes de elementos químicos) en muestras antiguas. Al comparar las rocas del manto terrestre con las rocas lunares, descubrieron que la composición de Theia debía ser esencialmente la misma que la de la Tierra primitiva.
Los hallazgos clave del estudio incluyen:
Origen local: La composición sugiere que Theia se formó en la misma región del disco protoplanetario que la Tierra.
Materiales idénticos: Ambos cuerpos se formaron a partir de los mismos materiales básicos que abundaban en el sistema solar interior.
Fusión total: El impacto fue tan violento que mezcló profundamente los materiales de ambos cuerpos, homogeneizando aún más su química.
Un sistema solar primitivo y caótico
Este descubrimiento no solo nos habla de la Luna, sino que nos ofrece una ventana al pasado de nuestro vecindario galáctico. Nos indica que el sistema solar interior estaba poblado por múltiples protoplanetas que competían por el espacio.
Theia no fue un intruso que cruzó el sistema solar para golpearnos; fue un vecino que creció junto a nosotros hasta que la gravedad y el caos orbital provocaron su colisión fatal, un sacrificio que finalmente nos regaló nuestra Luna, esencial para la vida en la Tierra tal como la conocemos.
Confirmar que Theia era nativa del sistema interior ayuda a los científicos a refinar los modelos informáticos sobre cómo se forman los planetas habitables. Entender la "receta" exacta de la Tierra y la Luna nos acerca un paso más a comprender qué hace a nuestro planeta tan especial en el universo.
Fuente:
Título: The Moon-forming impactor Theia originated from the inner Solar System
Autores:
Timo Hopp (Universidad de Chicago, EE. UU. / Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, Alemania)
Nicolas Dauphas (Universidad de Chicago, EE. UU.)
Maud Boyet (Universidad Clermont Auvergne / CNRS, Francia)
Seth A. Jacobson (Universidad Estatal de Michigan, EE. UU.)
Thorsten Kleine (Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, Alemania)
Publicación: Revista Science, Vol. 390, Número 6775, páginas 819-823. Fecha: 20 de noviembre de 2025. DOI:
10.1126/science.ado0623

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