cultura, Miradas Flamenkas, Lole Montoya, "Nuevo día"
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| Lole Montoya anoche durante su actuación en el Centro Cultural Pilar Miró. |
La artista andaluza repasó algunos de los temas más importantes de su debut discográfico con Manuel Molina hace cincuenta años y al que ha homenajeado la sexta edición de la Muestra Flamenco de Vallecas
15 diciembre 2025.- La Muestra Flamenco de Vallecas Miradas Flamenkas de la Comunidad de Madrid se clausuró anoche en el Centro Cultural Pilar Miró con un emotivo concierto de Lole Montoya, una de las voces más puras y singulares del flamenco contemporáneo, que evocó durante una hora de recital algunas de las canciones de su primer álbum Nuevo día junto a Manuel Molina, con motivo del cincuentenario de su publicación.
A esta efemérides ha estado dedicada la sexta edición de la Muestra Flamenco de Vallecas por la que han pasado desde el 15 de noviembre Lucas Bun, Aitana Rosseau, Luna La Hara, Víctor Iniesta, Alba Molina, José Manuel Álvarez y Blanca La Almendrita. Todos ellos han homenajeado al dúo que formaron Lole y Manuel y a este álbum fundacional y punta de lanza de la modernización del sonido del flamenco.
Anoche, en Vallecas, el reloj marcó una hora imposible: el amanecer llegó a las 20:00 de la tarde. Fuera, el frío de diciembre mordía las aceras del Bulevar; dentro, en el Centro Cultural Pilar Miró, la temperatura era la de un mediodía de primavera en Triana. La culpa (o el milagro) la tuvo Lole Montoya, encargada de poner el broche de oro a la VI edición del festival Miradas Flamenkas.
No fue un concierto al uso, fue una liturgia. Cuando Lole apareció en el escenario, el silencio en el patio de butacas se hizo denso, respetuoso, casi reverencial. A sus espaldas no solo traía a sus músicos, sino medio siglo de historia. Se cumplían 50 años exactos de 'Nuevo día', aquel disco que en 1975, junto al eterno Manuel Molina, enseñó al flamenco que podía vestirse de colores hippies sin perder su raíz jonda.
Una hora de oro molido
El recital duró apenas sesenta minutos, pero el tiempo en el flamenco se mide por pellizcos, no por manecillas. Desde el primer quejío, Lole demostró que su voz sigue siendo un instrumento de la naturaleza: menos impetuosa quizás que en los 70, pero bañada en una pátina de sabiduría y terciopelo que eriza la piel.
Desgranó el repertorio como quien pasa las cuentas de un rosario profano. Sonaron los versos que todos los presentes —desde los abuelos de Vallecas hasta los jóvenes aficionados— llevaban tatuados en la memoria. Cuando entonó aquello de "El sol, joven y fuerte, ha vencido a la luna...", el auditorio contuvo la respiración. No estaba Manuel con su guitarra puesta en vertical, pero su espíritu sobrevoló el Pilar Miró en cada acorde.
Lágrimas y 'Jaleos'
Hubo momentos en los que la emoción desbordó el escenario. Lole, sentada, matriarca y diosa, cantó a la mariposa, al romero y a la libertad. Fue un viaje a la nostalgia, sí, pero también una reivindicación de vigencia.
El cierre fue el esperado apoteosis. Con el público en pie, rompiendo el protocolo para fundirse en un solo compás, Vallecas se despidió de su festival. Miradas Flamenkas bajó el telón, pero al salir a la calle, nadie sentía ya el frío. Lole nos había dejado el sol dentro.
Lo más destacado de la noche:
El Hito: La celebración del 50º aniversario del álbum Nuevo día (1975-2025).
El Ambiente: Un lleno absoluto con un público entregado a la nostalgia y la maestría.
La Frase: "Cantar esto 50 años después no es recordar, es mantenerlo vivo", se escuchó entre los asistentes.




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