historia, sirgueras de Bilbao
Fueron la fuerza motriz de la Ría del Nervión antes del vapor. Mujeres que, uncidas como bueyes, arrastraban gabarras contracorriente para alimentar la Revolución Industrial vasca. Esta es la crónica de un oficio extenuante, a menudo románticamente distorsionado, que sostuvo la economía de Bilbao en el siglo XIX.
16 diciembre 2025.- La imagen actual de la Ría de Bilbao, flanqueada por museos de vanguardia y paseos ajardinados, dista mucho del escenario gris, fangoso e industrial del siglo XIX. Antes de que los remolcadores de vapor dominaran las aguas, el comercio dependía de una fuerza mucho más primitiva. Cuando el viento fallaba o la marea no era suficiente para superar la peligrosa barra de arena de Portugalete y remontar el cauce hasta el Arenal, entraban en acción las sirgueras.
Estas mujeres, atadas con cuerdas (sirgas) desde la orilla, sustituyeron a los animales de tiro en una de las labores más penosas de la historia laboral vasca. Su historia no es solo un relato de explotación, sino una pieza clave para entender el desarrollo económico de Bizkaia y las consecuencias sociales de las Guerras Carlistas.
El origen: ¿Por qué mujeres y no bueyes?
La técnica de la "sirga" (remolcar embarcaciones desde la orilla tirando de una cuerda) es milenaria y no exclusiva de Bilbao; se practicó en el Volga, el Nilo y el Ebro. Tradicionalmente, este trabajo lo realizaban bueyes o caballos. Sin embargo, en el Bilbao del siglo XIX se dio una tormenta perfecta que feminizó esta labor.
Las Guerras Carlistas (especialmente la segunda, 1846-1849, y la tercera, 1872-1876) diezmaron la cabaña ganadera. El ejército requisaba los bueyes para el transporte de artillería y suministros. Los pocos animales que quedaban alcanzaron precios prohibitivos para los patrones de las gabarras.
Ante la falta de tracción animal, los comerciantes miraron hacia el eslabón más vulnerable y económico de la cadena social: la mujer. Tal y como recogen diversas investigaciones históricas, las sirgueras eran mayoritariamente viudas de guerra, solteras con cargas familiares o mujeres de los estratos más bajos que aceptaban un trabajo que los hombres rechazaban por indigno o mal pagado. Cobraban la mitad que un jornalero varón y mucho menos que el alquiler de una yunta de bueyes.
La mecánica del sufrimiento: El oficio de sirgar
El trabajo de la sirguera era físicamente devastador. Se organizaban en grupos, generalmente de cuatro, aunque podían ser más dependiendo de la carga de la gabarra (que transportaba desde mineral de hierro y carbón hasta bacalao y lanas).
Se colocaban una correajera de cuero o cáñamo cruzando el pecho, atada a la larga maroma que las conectaba con la embarcación. Caminaban por la ribera, muchas veces sobre el fango si la marea estaba baja, luchando contra la corriente del Nervión. El trayecto habitual cubría los kilómetros que separaban la desembocadura en el mar (cerca de Portugalete o Santurtzi) hasta los muelles del interior de la villa, como el de Ripa o el Arenal.
El esfuerzo requería una postura antinatural, con el cuerpo inclinado hacia adelante casi en paralelo al suelo, clavando los pies en el barro para ganar tracción. A la dureza física se sumaba la climatología implacable del norte: lluvia constante, frío y humedad que calaba los huesos.
Estigma social y la "moralidad" burguesa
A pesar de ser el motor literal del comercio, las sirgueras sufrían un fuerte estigma social. La prensa de la época y las crónicas costumbristas a menudo las describían como seres toscos, de lenguaje soez y aspecto "hombruno". Sin embargo, esta visión ocultaba una realidad de supervivencia extrema.
Hacia finales del siglo XIX, la visión burguesa de la ciudad comenzó a chocar con la realidad de estas trabajadoras. No tanto por preocupación hacia su salud laboral, sino por cuestiones de "moral y decencia". Ver a mujeres realizando esfuerzos titánicos, sudorosas y mezcladas con marineros y estibadores en los muelles, incomodaba a las clases acomodadas que paseaban por el Arenal.
El fin de la sirga y la llegada del vapor
La desaparición de las sirgueras no fue inmediata, sino un proceso gradual impulsado por dos factores: el avance tecnológico y la regulación administrativa.
La propulsión a vapor: La llegada de los remolcadores a vapor a finales del XIX hizo que la tracción humana fuera cada vez menos eficiente. Las máquinas no se cansaban y podían arrastrar tonelajes mayores más rápido.
La prohibición legal: Finalmente, las ordenanzas municipales y las regulaciones portuarias prohibieron el trabajo de sirga humana, alegando motivos humanitarios que coincidían convenientemente con la modernización tecnológica.
Controversia histórica: entre el mito y el rigor
En años recientes, Bilbao ha intentado recuperar la memoria de estas mujeres. El ejemplo más claro es el grupo escultórico de Dora Salazar inaugurado en 2021 en el Paseo de Uribitarte, titulado Las Sirgueras. Sin embargo, la recuperación de la memoria histórica a veces choca con la precisión documental, un punto que señalan historiadores y críticos (como se menciona en los análisis publicados en Naiz y otros medios especializados).
Existe una confusión frecuente en el imaginario popular —y a veces en las representaciones artísticas— entre dos oficios distintos:
Las Sirgueras: Arrastraban barcos con cuerdas desde la orilla.
Las Cargueras: Transportaban mercancías (mineral, ladrillos, pescado) sobre sus cabezas o en cestas desde los barcos a los almacenes.
Algunas representaciones modernas mezclan estos conceptos, mostrando a mujeres tirando de una cuerda mientras llevan cargas en la cabeza, algo físicamente inverosímil (el equilibrio necesario para cargar peso en la cabeza es incompatible con la postura inclinada de tracción de la sirga).
El historiador y la crítica especializada advierten sobre el riesgo de crear una "falsedad histórica" o un "pastiche" visual que, en el intento de homenajear, termine desvirtuando la realidad técnica del trabajo. Las sirgueras no cargaban mineral mientras tiraban; su carga era la inercia del propio barco.
Conclusión
Las sirgueras de Bilbao representan un capítulo crudo de la industrialización. No fueron heroínas por elección, sino víctimas de una necesidad económica atroz y un sistema que aprovechó su vulnerabilidad. Recordarlas hoy exige ir más allá de la estatua o la postal romántica; requiere entender el peso real, en kilos y en sufrimiento, de la cuerda que sostuvieron sobre sus hombros para que Bilbao pudiera navegar hacia la modernidad.
Fuentes consultadas para la elaboración de este artículo:
The Conversation: "Cuando ellas tiraban de los barcos: la historia olvidada de las sirgueras de Bilbao".
Yorokobu: "Las sirgueras: las mujeres que arrastraban barcos por la ría de Bilbao".
Euskonews: Contexto histórico sobre la Ría y la mujer en el trabajo.
Naiz: Artículos de opinión y crítica sobre el monumento a las sirgueras y la precisión histórica.
Wikipedia: Definición y etimología de "Sirguera".
Bibliografía de referencia: "Sirgueras de Bilbao" (Colección Bizkaiko Gaiak).



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