antropología, bipedismo, Sahelanthropus, paleontología, evolución, Toumai
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| Cráneos, cúbitos y fémures de (de izquierda a derecha): un chimpancé, un Sahelanthropus y un Australopithecus. Crédito: Scott Williams/NYU y Jason Heaton/Universidad de Alabama, Birmingham. |
Un nuevo análisis de los fósiles hallados en el desierto del Djurab resuelve una de las controversias más encendidas de la paleoantropología: nuestra forma de caminar es mucho más antigua de lo que creíamos y sitúa al Sahelanthropus tchadensis firmemente en la base de nuestro árbol genealógico.
05 enero 2026.- Durante más de dos décadas, la comunidad científica ha debatido acaloradamente sobre la identidad de Toumaï (Sahelanthropus tchadensis), un conjunto de fósiles hallados en el Chad que datan de hace 7 millones de años. ¿Era el primer antepasado de la humanidad tras separarse de los chimpancés, o simplemente un antiguo simio extinto? La respuesta dependía de una cuestión biomecánica fundamental: ¿Caminaba sobre dos patas?
Un estudio publicado en Science Advances (2026) parece haber cerrado el debate definitivamente. Un equipo de antropólogos ha identificado una característica anatómica exclusiva en los restos postcraneales (fémur y cúbito) que certifica que esta especie practicaba la marcha erguida habitual, anclando el origen del bipedismo humano mucho más atrás en el tiempo, en el Mioceno tardío.
El Sahelanthropus tchadensis era esencialmente un simio bípedo que poseía un cerebro del tamaño de un chimpancé y probablemente pasaba una parte significativa de su tiempo en los árboles, buscando comida y seguridad.
La prueba definitiva en el hueso
Hasta ahora, la evidencia del bipedismo de Toumaï se basaba principalmente en la posición del foramen magnum (el orificio en la base del cráneo donde se conecta la columna). Sin embargo, los críticos argumentaban que el cráneo no era suficiente sin analizar las extremidades.
El nuevo estudio (DOI: 10.1126/sciadv.adv0130) se centra en un reanálisis de alta resolución de la estructura interna del fémur hallado junto al cráneo. Los investigadores han descubierto un patrón de distribución ósea y una morfología en el cuello del fémur que es funcionalmente incompatible con la marcha cuadrúpeda (sobre los nudillos) de los grandes simios actuales.
"Hemos hallado una 'firma' mecánica que solo se desarrolla cuando el hueso soporta la carga del cuerpo en posición vertical constante", explican los autores. Esta característica estructural es exclusiva de los homínidos bípedos y no se encuentra en chimpancés ni gorilas.
Reescribiendo el momento de la separación
Desde un punto de vista antropológico, las implicaciones son masivas. Confirmar que Sahelanthropus era bípedo hace 7 millones de años sitúa el origen de nuestra locomoción justo en el momento en que los estudios genéticos sugieren que el linaje humano se separó del de los chimpancés.
El análisis de estos fósiles ofrece evidencia directa de que Sahelanthropus tchadensis podía caminar sobre dos piernas, lo que demuestra que el bipedalismo evolucionó temprano en nuestro linaje y a partir de un ancestro que se parecía más a los chimpancés y bonobos actuales.
Esto sugiere que el bipedismo no fue una adaptación tardía que evolucionó gradualmente millones de años después de la separación, sino que podría haber sido el rasgo fundacional que definió a nuestro linaje desde el principio.
Bipedismo en el bosque, no en la sabana
Este hallazgo también clava el último clavo en el ataúd de la vieja teoría de la "sabana", que postulaba que nos pusimos de pie para mirar por encima de la hierba alta.
Hace 7 millones de años, la región del actual Chad no era un desierto, sino un mosaico de bosques, lagos y zonas arboladas. Si Sahelanthropus caminaba erguido en ese entorno, significa que el bipedismo evolucionó en un contexto arbóreo, quizás para moverse entre parches de bosque o alimentarse de ramas bajas, y no como respuesta a espacios abiertos.
Con esta confirmación, Sahelanthropus tchadensis deja de ser un candidato ambiguo para convertirse, con casi total seguridad, en el miembro más antiguo conocido de la familia humana.
"Este descubrimiento nos obliga a mirar a los ojos a Toumaï no como a un primo lejano extinto, sino como a un abuelo directo", concluye el estudio. La marcha humana, esa característica que nos permitió conquistar el planeta, comenzó su primer paso vacilante hace 7 millones de años en el corazón de África.
Referencia del estudio:
Publicado en Science Advances (2026): "Definitive evidence of habitual bipedalism in Sahelanthropus tchadensis"
DOI:

