Foto de archivo: Nicolás Maduro, su vicepresidenta Delcy Rodríguez a la izquierda y su esposa, Cilia Flores, a la derecha. Esta foto data de...

Foto de archivo: Nicolás Maduro, su vicepresidenta Delcy Rodríguez a la izquierda y su esposa, Cilia Flores, a la derecha. Esta foto data de mayo de 2018. Fotografía: Ariana Cubillos/AP
Una sociedad que celebra el cambio de un régimen autoritario por una tutela extranjera directa, sin exigir la soberanía del voto, es un síntoma de un fenómeno sociopolítico y psicológico muy profundo.
03 enero 2026.- Para entender por qué el pueblo parece "desnortado" o dispuesto a aceptar a EE. UU. como un "maná", hay que mirar la psicología de masas bajo trauma prolongado.
Lo que estamos observando no es simplemente "borreguismo"; es el resultado de la indefensión aprendida a escala nacional y el colapso de la confianza en las instituciones globales.
La jerarquía de necesidades (Maslow): Cuando una población lleva años luchando por necesidades básicas (comida, seguridad física, medicina), los conceptos abstractos como "soberanía nacional", "autodeterminación" o "procesos electorales de la ONU" pierden valor inmediato. La gente no busca democracia en primera instancia; busca orden y alivio. Si el alivio viene de un marine estadounidense o de un funcionario de la ONU, al ciudadano hambriento le es indiferente en el corto plazo.
Fatiga democrática y el "Salvador Externo": Tras años de elecciones que la población percibe como fraudulentas o inútiles, el mecanismo del voto se ha devaluado completamente. La sociedad deja de creer en su propia capacidad para cambiar el destino (agencia interna) y deposita toda su esperanza en un Deus ex machina (agencia externa). Celebran la intervención no por amor a EE. UU., sino por desesperación ante su propia impotencia.
La inoperancia percibida de la ONU: Para muchos venezolanos, la ONU representa burocracia, informes lentos y "preocupación profunda" sin acción real. En contraste, una potencia militar ofrece resultados tangibles inmediatos (aunque sean peligrosos a largo plazo). Han perdido la fe en la "comunidad internacional" diplomática y prefieren la fuerza bruta porque es lo único que el régimen anterior respetaba.
El juego de los bloques de poder
La situación actual es el resultado de un ajedrez geopolítico donde Venezuela es el tablero, no el jugador.
Estados Unidos: La Doctrina Monroe 2.0
Interés Real: EE.UU. no suele intervenir puramente por altruismo democrático. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Controlar (o "estabilizar") Venezuela es una cuestión de seguridad energética y de eliminar la influencia de rivales (Rusia/China) en su "patio trasero".
La Estrategia: Al permitir o fomentar una administración directa, EE. UU. evita el riesgo de que un nuevo gobierno venezolano democrático sea inestable o vuelva a girar a la izquierda. Prefieren un "protectorado" de facto que garantice el flujo de recursos y la alineación política.
Rusia y China: pragmatismo cínico
China (El acreedor silencioso): China no busca exportar ideología, sino asegurar recursos y cobrar deudas. Si Maduro cae, China no necesariamente enviará tropas para salvarlo; su prioridad será negociar con el nuevo "dueño" (incluso si es EE. UU.) para garantizar que sus contratos petroleros se respeten. Su silencio o inacción ante una intervención americana suele significar que han calculado que el régimen anterior ya era un pasivo tóxico (demasiado inestable para hacer negocios).
Rusia (El disruptor): Para Rusia, Venezuela es una herramienta para molestar a EE. UU. Sin embargo, con sus propios frentes abiertos (como en Ucrania/Europa del Este), Rusia tiene límites logísticos. Si ven la caída inminente, es probable que se retiren para no perder prestigio militar en una batalla perdida, dejando al "pueblo" venezolano a su suerte tras años de haber sostenido al gobierno anterior.
La trampa de la "libertad" regalada
Lo que observamos en el mundo como reacción a la incursión armada de EEUU en Venezuela y el secuestro del presidente Maduro, es peligroso porque la democracia no se puede exportar ni imponer; se debe construir.
Si el pueblo acepta pasivamente que EE. UU. "gobierne" sin exigir elecciones monitoreadas por la ONU, están cambiando un amo por otro. El riesgo es pasar de una autocracia local a una neocolonia. La falta de reflexión que criticas es el éxito final de los sistemas autoritarios: logran que el ciudadano deje de verse como un actor político y se vea como un súbdito que solo espera que el nuevo rey sea más benévolo que el anterior.