geopolítica, Irán, sequía, protestas
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| Manifestantes iraníes antigubernamentales se manifiestan el 8 de enero de 2026 en Teherán. Getty Images |
28 enero 2026.- La actual ola de protestas en Irán se interpreta a menudo como provocada por la inflación, el colapso de la moneda, la corrupción y la represión. Estas explicaciones no son erróneas, pero son incompletas
Debajo de la crisis política y económica del país se esconde una fuerza más desestabilizadora que todavía está en gran medida ausente del análisis internacional: el colapso ambiental.
Irán no experimenta una sola crisis ambiental, sino la convergencia de varias: escasez de agua , hundimiento del terreno , contaminación atmosférica y fallos energéticos . En conjunto, la vida es una lucha por la supervivencia.
Así que, cuando los ciudadanos protestan hoy, no solo se resisten a un gobierno autoritario. Responden a un Estado que ya no puede proporcionar de forma fiable las formas más básicas de seguridad: agua para beber, aire para respirar, tierra para pisar y electricidad para continuar su vida diaria.
Entre 2003 y 2019, Irán perdió aproximadamente 211 kilómetros cúbicos de agua subterránea , el doble de su consumo anual, lo que dejó al país al borde de la bancarrota hídrica. El bombeo excesivo, impulsado por la expansión agrícola, los subsidios energéticos y la escasa regulación, ha provocado tasas de hundimiento del terreno de hasta 30 cm al año, afectando zonas donde viven alrededor de 14 millones de personas, más de una quinta parte de la población.
Provincias como Kermán, Alborz, Jorasán Razavi, Isfahán y la capital, Teherán, tienen actualmente a más de una cuarta parte de su población en riesgo de hundimiento del suelo. En total, amplias zonas del país, especialmente alrededor de la capital, Teherán, el centro agrícola de Rafsanjan y la ciudad de Mashhad, se están hundiendo a un ritmo alarmante de cerca de 10 cm al año.
Los hundimientos han agrietado casas, dañado vías férreas, desestabilizado carreteras y amenazado aeropuertos, así como lugares declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco .
La falta de agua en Irán se ha vuelto políticamente explosiva. Cuando los embalses alcanzan niveles extremadamente bajos , cuando los grifos se secan por la noche en las grandes ciudades o cuando los agricultores ven desaparecer ríos y lagos, las quejas se transforman en protestas.
A medida que los humedales , lagos y lechos de ríos se secan, sus superficies expuestas generan tormentas de polvo y sal que pueden cubrir ciudades a cientos de kilómetros de distancia.
Las consecuencias de las recientes protestas en Teherán.Al mismo tiempo, la escasez crónica de electricidad, causada por la falta de inversión, la ineficiencia y la deficiente infraestructura, ha obligado a las centrales eléctricas y a las industrias a quemar combustibles pesados . El resultado son concentraciones extremas de dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas finas.
Ignorando los problemas ambientales
La Organización Mundial de la Salud señala que Irán se enfrenta a graves problemas en cuanto a la calidad del aire. Alrededor del 11 % de las muertes y el 52 % de la carga de enfermedades en todo el país son atribuibles a factores de riesgo ambientales
En los últimos meses, las principales ciudades han cerrado repetidamente escuelas y oficinas debido a la peligrosa calidad del aire, mientras que los hospitales informan de aumentos repentinos de emergencias respiratorias y cardiovasculares.
Estas fallas ambientales no son un fenómeno aislado. Son el resultado previsible de décadas de prioridades nacionales distorsionadas .
Desde la década de 1980, Irán ha canalizado enormes recursos financieros, institucionales y políticos hacia la expansión ideológica y las disputas regionales (apoyando a grupos en el Líbano, Siria, Irak y Yemen), mientras que sistemáticamente subinvierte en la gobernanza ambiental interna, la renovación de la infraestructura y la creación de empleo.
Mientras tanto, la economía política iraní se ha estructurado en torno a subsidios energéticos y megaproyectos que priorizan la extracción a corto plazo sobre la sostenibilidad a largo plazo. El combustible barato ha fomentado una agricultura que consume mucha agua y una industria ineficiente.
Las agencias ambientales se han mantenido fragmentadas y políticamente débiles, incapaces de contener a ministerios más poderosos o a actores económicos vinculados al gobierno. El aislamiento internacional ha agravado estas deficiencias.
Las sanciones profundizaron la crisis ambiental al restringir el acceso a tecnologías de monitoreo modernas, sistemas de energía limpia, riego eficiente y financiamiento externo.
Mientras gran parte del mundo invertía en tecnología y regulación para frenar la contaminación y estabilizar los sistemas hídricos, Irán redobló sus esfuerzos en soluciones de emergencia que agravaron el daño ecológico en lugar de contenerlo. Las sanciones y el estrés climático agravaron los problemas, pero la causa principal residía en las prioridades estatales que han ignorado sistemáticamente la seguridad ambiental.
Las consecuencias políticas son ahora inconfundibles. El estrés ambiental redefine no solo el motivo de las protestas, sino también el lugar y el modo de protestar. Los mapas de disturbios en 92 ciudades iraníes revelan un patrón claro. Las protestas estallan cada vez más en zonas con colapso de aguas subterráneas , hundimiento del terreno y racionamiento de agua .
Escasez de agua y protestas
En provincias como Teherán, Juzestán en el suroeste e Isfahán en el centro de Irán –todas ellas zonas con altos niveles de protesta– hay una grave escasez de agua, hundimientos que causan daños a carreteras y tuberías, y disputas por el acceso al agua .
En otras ciudades como Kermanshah e Ilam, la intensificación de los disturbios refleja la interacción de importantes problemas ambientales (sequía, disminución de las precipitaciones y agotamiento de las aguas subterráneas) con graves problemas económicos y pobreza.
Pero Irán no es el único país en este sentido. Conflictos similares por el agua y cuestiones económicas han desestabilizado a la vecina Siria. La sequía prolongada , los conflictos por el agua y el acceso a ella, y la escasez de lluvias han afectado el rendimiento de los cultivos y la ganadería. Cientos de miles de personas que viven en comunidades agrícolas se han visto obligadas a trasladarse a ciudades y campamentos cercanos en un intento desesperado por sobrevivir.
La mala gestión del agua y el acceso a agua potable de calidad también han alimentado los disturbios en Basora, en el sur de Irak.
Irán no se enfrenta a un problema cíclico de protestas que pueda estabilizarse mediante la represión, los subsidios o las concesiones tácticas. Se enfrenta a un colapso estructural de los sistemas que posibilitan la gobernanza y son la base de la supervivencia humana.
Cuando falta agua y el aire se vuelve irrespirable, el contrato social se fractura. Los ciudadanos ya no debaten ideologías ni plazos de reforma; cuestionan incluso el derecho del Estado a gobernar.
Lo que Irán experimenta hoy no es simplemente estrés ambiental, sino fallos simultáneos e irreversibles en el agua, la tierra, el aire y la energía. No se trata de impactos que se atenúen con las lluvias ni con inyecciones presupuestarias. Reducen permanentemente la capacidad del Estado para brindar seguridad y oportunidades económicas.
La coerción puede dispersar multitudes, pero no puede revertir el hundimiento, restaurar acuíferos colapsados ni neutralizar toxinas atmosféricas. Un Estado no puede gobernar indefinidamente donde los cimientos ecológicos de la vida, la agricultura y la salud pública están fallando a la vez.
Fuente: Nima Shokri. Profesor de Ingeniería Aplicada, Universidad de las Naciones Unidas

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