Acuerdo BBNJ, Tratado de Alta Mar, medio ambiente
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| Un barco pesquero de arrastre en el Océano Antártico. Shutterstock |
El Acuerdo BBNJ se convierte en ley internacional, dotando al mundo del primer marco jurídico para proteger los dos tercios del océano que no pertenecen a ningún país.
Expertos califican el pacto como "uno de los acuerdos medioambientales más importantes de la historia", clave para frenar la pérdida de biodiversidad.
El siguiente reto será la implementación efectiva de Áreas Marinas Protegidas para cumplir con los objetivos globales de conservación.
20 enero 2026.- Una nueva era para la gobernanza global de los océanos ha comenzado. Desde este pasado sábado, el Tratado de Alta Mar —oficialmente denominado Acuerdo sobre la Conservación y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina de las Zonas Situadas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés)— es oficialmente derecho internacional vinculante.
Este acontecimiento marca el final de años de negociaciones y el inicio de una fase crucial de acción. Matt Frost, reconocido experto en políticas marinas, no ha dudado en calificar este momento como la consolidación de "uno de los acuerdos medioambientales más importantes de la historia".
El fin del "Lejano Oeste" en los océanos
Hasta la fecha, la Alta Mar —que constituye aproximadamente dos tercios de la superficie oceánica del planeta— carecía de una protección integral. Al encontrarse fuera de la jurisdicción nacional de cualquier Estado, estas aguas eran vulnerables a la explotación desmedida, la contaminación y la pérdida acelerada de biodiversidad sin un marco legal robusto que las amparase.
El nuevo Tratado introduce, por primera vez, un mecanismo legal claro para salvaguardar estas vastas extensiones de agua. Su entrada en vigor permite a la comunidad internacional pasar de la voluntad política a la protección legal tangible.
Lo que cambia: Áreas Marinas Protegidas y Control
La herramienta más potente que habilita este tratado es la capacidad de crear Áreas Marinas Protegidas (AMP) en aguas internacionales. Estas zonas funcionarán como santuarios donde actividades industriales como la pesca intensiva o la minería submarina podrán ser estrictamente reguladas o prohibidas para permitir la recuperación de los ecosistemas.
Además de las AMP, el tratado establece normas para:
Realizar evaluaciones de impacto ambiental rigurosas para cualquier actividad comercial propuesta en alta mar.
Compartir de manera justa y equitativa los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos (descubrimientos científicos y médicos obtenidos de especies de aguas profundas).
El desafío del cumplimiento
Con el tratado ya en vigor, la atención se centra ahora en su aplicación y cumplimiento. Se espera la creación inmediata de una Conferencia de las Partes (COP) que actuará como órgano de gobierno para recibir propuestas de nuevas áreas protegidas.
Para que el tratado no sea "papel mojado", será necesaria una cooperación internacional sin precedentes. Los expertos advierten que el éxito dependerá de la financiación para que los países en desarrollo puedan implementar las medidas y del uso de tecnología satelital para monitorear el cumplimiento en zonas remotas del océano.
Este marco legal es la pieza fundamental que faltaba para que el mundo pueda aspirar a cumplir la meta "30x30": proteger el 30% del océano para el año 2030, un objetivo que, hasta el sábado pasado, era legalmente imposible de alcanzar en aguas internacionales.

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