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A pesar de la sólida evidencia de los beneficios de la fibra dietética para la salud y su papel en la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, no se considera un nutriente esencial. Reconocer su esencialidad y confirmar los valores de referencia es fundamental para impulsar recomendaciones, políticas e intervenciones clínicas y de salud pública.
26 enero 2026.- Cuatro investigadores internacionales sostienen que la falta de fibra provoca una "deficiencia" medible: un microbioma intestinal disfuncional que desencadena enfermedades crónicas. La reclasificación obligaría a modificar el etiquetado de alimentos y las políticas de salud pública, elevando la fibra al mismo estatus vital que las vitaminas o las proteínas.
A pesar de décadas de evidencia sobre sus beneficios, la fibra dietética sigue siendo el "nutriente olvidado" en las políticas de salud pública. Ahora, un grupo de cuatro destacados investigadores en nutrición y salud ha publicado un artículo de opinión en la prestigiosa revista Nature Food en el que exigen un cambio de paradigma histórico: que la fibra sea clasificada oficialmente como un "nutriente esencial".
El artículo, firmado por los profesores Andrew Reynolds y Jim Mann (Universidad de Otago, Nueva Zelanda), junto con Gerald Tannock (Universidad de Otago) y John Cummings (Universidad de Dundee, Reino Unido), argumenta que la visión actual de la fibra es obsoleta y peligrosa para la salud pública.
El "síndrome de deficiencia" de fibra: un microbioma roto
Históricamente, la fibra no se ha considerado esencial porque se creía que su ausencia no provocaba una enfermedad deficitaria inmediata, a diferencia de lo que ocurre con la falta de vitamina C (escorbuto) o vitamina D (raquitismo). Sin embargo, los autores desmontan esta teoría presentando una nueva definición clínica de la deficiencia de fibra: un microbioma intestinal disfuncional.
Según el análisis publicado, la ausencia de fibra provoca que las bacterias intestinales, privadas de su alimento principal, comiencen a degradar la capa de mucina protectora del intestino o recurran a la fermentación de proteínas. Esto genera metabolitos tóxicos que causan inflamación sistémica, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cáncer colorrectal.
"La fibra cumple con todos los criterios para ser esencial: proporciona un beneficio para la salud, el cuerpo no puede producirla por sí mismo y su ausencia conduce a un estado de deficiencia medible y perjudicial", explican los investigadores en la publicación.
Conclusiones y recomendaciones urgentes
Los científicos advierten que tratar la fibra como un mero "extra" opcional ha contribuido a que la ingesta mundial promedio sea peligrosamente baja, muy por debajo de los 25 gramos diarios recomendados por la OMS. Para revertir esta situación, el equipo propone una serie de medidas urgentes derivadas de esta reclasificación:
Cambio en el etiquetado global: Los alimentos deberían indicar el contenido de fibra con la misma relevancia que las grasas, azúcares o proteínas, alertando sobre productos deficientes.
Redefinición de guías alimentarias: Los gobiernos deben priorizar la fibra no solo para "mejorar la digestión", sino como un componente vital para la supervivencia metabólica.
Reformulación de la industria: Al ser un nutriente esencial, la industria alimentaria se vería presionada a enriquecer productos procesados y aumentar la disponibilidad de alimentos integrales, legumbres y vegetales.
Esta publicación marca un punto de inflexión en la ciencia de la nutrición, sugiriendo que la "deficiencia de fibra" podría ser una de las causas raíz más subestimadas de la carga mundial de enfermedades no transmisibles.
Referencia del artículo: Reynolds, A.N., Cummings, J., Tannock, G. & Mann, J. (2026). Dietary fibre as an essential nutrient. Nature Food. DOI: 10.1038/s43016-025-01282-0.

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