Arqueología, Historia Humana, Protoescritura, civilización sumeria, Alemania, PNAS
25 febrero 2026.- La historia de la comunicación humana se enfrenta a un cambio de paradigma sin precedentes. Hasta ahora, el consenso científico situaba el nacimiento de la lengua escrita en Mesopotamia hace aproximadamente 5.500 años, de la mano de la civilización sumeria y su sistema cuneiforme. Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha revelado que grupos de cazadores-recolectores europeos ya utilizaban un sistema de protoescritura hace entre 34.000 y 43.000 años.
El hallazgo, basado en el análisis de antiguos grabados hallados en cuevas del suroeste de Alemania, sugiere que la capacidad cognitiva para codificar información compleja en soportes físicos es decenas de milenios más antigua de lo que la ciencia estimaba.
Durante décadas, la evolución de la escritura se ha trazado en una línea temporal relativamente corta si se compara con la existencia del Homo sapiens. El cuneiforme sumerio, considerado el primer sistema de escritura formal, no surgió de la nada; evolucionó a partir de un sistema simbólico más rudimentario conocido como protocuneiforme. Este sistema previo era utilizado principalmente con fines contables y de administración agrícola en las incipientes sociedades urbanas de Mesopotamia, aunque carecía de la estructura gramatical y sintáctica de un lenguaje formalizado.
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| La figurilla de Adorant, de 35.000 años, de una cueva en los Alpes Suabos, contiene símbolos que pueden codificar cantidades similares de información a las formas más antiguas de lenguaje escrito. Hendrik Zwietasch/Landesmuseum Württemberg | CC BY 4.0 |
El nuevo estudio desafía la exclusividad temporal de este salto evolutivo. La investigación se centra en una serie de artefactos recuperados en yacimientos del suroeste de Alemania: piezas talladas en marfil de mamut, así como en huesos de leones de cavernas, osos cavernícoles y otras especies de la fauna del Paleolítico Superior.
En estos antiguos soportes, los investigadores han documentado una gran variedad de grabados que incluyen secuencias de puntos, patrones geométricos y símbolos figurativos. Lo verdaderamente revolucionario del hallazgo no es la mera existencia de las marcas —el arte mobiliar paleolítico está bien documentado—, sino los resultados arrojados por el análisis estadístico aplicado a estos símbolos.
Al estudiar la estructura subyacente de las incisiones, los científicos descubrieron que la diversidad de los símbolos y sus tasas de repetición guardan una sorprendente similitud estadística con el protocuneiforme mesopotámico. Esta correspondencia estructural indica que los grabados no son decoraciones aleatorias ni simples marcas de conteo, sino un sistema cohesivo diseñado para almacenar y transmitir datos.
Este nivel de sofisticación simbólica revela que los cazadores-recolectores europeos de la Edad de Hielo poseían unas capacidades cognitivas idénticas a las de las sociedades agrícolas de Mesopotamia. Eran plenamente capaces de abstraer conceptos, codificar cantidades similares de información en objetos físicos y utilizar un sistema estandarizado para la comunicación asíncrona.
El hecho de que esta protoescritura no evolucionara hacia un lenguaje escrito con gramática compleja —como sí ocurrió milenios después con el cuneiforme o los jeroglíficos— se explica a través de las dinámicas socioeconómicas. Las sociedades nómadas o seminómadas del Paleolítico no gestionaban excedentes de grano, ni recaudaban impuestos, ni necesitaban administrar grandes núcleos urbanos. El sistema simbólico que desarrollaron estaba perfectamente calibrado para su contexto ecológico y social, probablemente para registrar ciclos estacionales, rutas migratorias de animales o información mítica y territorial.
Declaraciones públicas
Sobre los motivos por los cuales este temprano sistema de protoescritura no desembocó en un lenguaje formal, el equipo de investigación ofrece una perspectiva basada en la adaptación evolutiva y social.
Ben Marwick (Arqueólogo): "Estos cazadores-recolectores tenían un sistema que funcionaba perfectamente para sus necesidades y no sentían presión por cambiarlo".

