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| Una pequeña cresta en el Mare Imbrium Noreste, captada por la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar. Crédito: NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona |
Los científicos han cartografiado miles de crestas tectónicas jóvenes en la Luna, lo que demuestra que sigue encogiéndose lentamente. Estas crestas podrían indicar fuentes de terremotos lunares previamente desconocidas.
23 febrero 2026.- Durante décadas, la humanidad ha contemplado la Luna como un mundo inerte, un fósil geológico congelado en el tiempo donde la única alteración superficial provenía del impacto esporádico de meteoritos y la implacable radiación cósmica. Sin embargo, esta visión estática ha quedado definitivamente obsoleta.
Un reciente y exhaustivo estudio ha desvelado que nuestro satélite sigue vivo, geológicamente hablando.
La confirmación de que las extensas llanuras lunares albergan fallas tectónicas jóvenes es una información crítica que condicionará de manera absoluta el diseño de infraestructuras, la selección de lugares de alunizaje y los planes de las agencias espaciales para la inminente colonización humana de nuestro satélite.
Análisis de la información
El estudio, titulado "A New Global Perspective on Recent Tectonism in the Lunar Maria", publicado en The Planetary Science Journal (DOI: 10.3847/PSJ/ae226a) por los investigadores C. A. Nypaver, T. R.
Hasta hace poco, la comunidad científica conocía bien las fallas lobuladas (lobate scarps) presentes en las tierras altas lunares, identificadas como señales de contracción global.
Mediante el análisis de imágenes topográficas de alta resolución, los investigadores han identificado 1.114 segmentos de fallas previamente desconocidos, elevando el total de SMR documentadas a 2.634.
El motor del movimiento: la contracción lunar
¿Por qué se deforma la superficie de la Luna si carece de placas tectónicas fragmentadas como la Tierra? La respuesta reside en su núcleo. Desde su formación hace unos 4.500 millones de años, el interior de la Luna, que en su día albergó un océano de magma, ha estado perdiendo calor progresivamente hacia el espacio.
A medida que el interior se enfría, se contrae.
Estas "arrugas" se manifiestan geológicamente como fallas inversas o de cabalgamiento, donde una sección de la corteza es empujada por encima de otra, creando las crestas y escarpes que el equipo de Nypaver ha cartografiado en los mares lunares. A este proceso de contracción térmica global se suman las fuerzas de marea gravitacional que ejerce la Tierra sobre la Luna, las cuales añaden tensión adicional a la corteza y determinan, en parte, la distribución geométrica de estas fallas.
Lunamotos: el riesgo sísmico en el vacío
La presencia de fallas tectónicas jóvenes es el indicador de superficie de un fenómeno mucho más violento en el subsuelo: los lunamotos. Durante las misiones Apolo, los sismógrafos instalados por los astronautas registraron miles de eventos sísmicos. Mientras que muchos eran profundos y causados por la gravedad terrestre, o extremadamente superficiales debidos al impacto de meteoritos, hubo un grupo particular que centró la atención científica por su peligrosidad: los lunamotos superficiales.
Estos eventos, originados a unos 20 o 30 kilómetros de profundidad, resultaron ser los más potentes, registrando magnitudes equivalentes a 5 en la escala de Richter. El nuevo mapa elaborado por el Smithsonian correlaciona directamente la existencia de las SMR en los mares lunares con estas fallas de cabalgamiento poco profundas, señalándolas como fuentes latentes y generalizadas de actividad sísmica de alta intensidad.
El peligro de un lunamoto no radica únicamente en su fuerza inicial, sino en la naturaleza estructural de la Luna. En la Tierra, la presencia de agua líquida en la corteza y la estructura disgregada de los minerales actúan como amortiguadores, disipando la energía de un terremoto en cuestión de segundos o pocos minutos. La Luna, por el contrario, es un mundo extremadamente seco, frío y solidificado.
Trascendencia para la colonización lunar
El programa Artemis de la NASA, así como las iniciativas internacionales concurrentes, tienen como objetivo establecer una presencia humana permanente en la Luna a finales de esta década. En este escenario operativo inminente, los descubrimientos detallados en The Planetary Science Journal abandonan el plano estrictamente teórico para transformarse en inteligencia de misión indispensable. El conocimiento cartográfico de estas fallas altera radicalmente el paradigma de la colonización en varias dimensiones:
Redefinición de zonas seguras de asentamiento: Históricamente, los vastos mares lunares se consideraban las zonas óptimas para el alunizaje y el establecimiento de infraestructuras debido a su planicie.
El descubrimiento de que estas llanuras están surcadas por una extensa red de fallas tectónicas vivas obliga a redibujar los mapas de riesgo. La planificación urbanística lunar dependerá ahora de microzonificaciones sísmicas, evitando colocar hábitats, reactores nucleares de fisión o plataformas de lanzamiento cerca de áreas de alta densidad de SMR. Ingeniería de hábitats frente a fatiga de materiales: La construcción en la Luna ya enfrenta obstáculos formidables, a los que ahora debe sumarse la ingeniería sismorresistente en condiciones de microgravedad.
Un hábitat lunar debe mantener una presurización vital frente al vacío del espacio. Si los sellos o las paredes de un módulo sufren microfracturas por estrés mecánico, las consecuencias serían fatales. El hecho de que los temblores puedan prolongarse durante horas introduce el factor de la "fatiga de materiales" a un nivel inédito en la Tierra. Se requerirán cimientos con aislamiento sísmico avanzado y conductos de fluidos altamente maleables. Operaciones mineras y de extracción de recursos (ISRU): La supervivencia a largo plazo requerirá el uso de maquinaria pesada para extraer oxígeno, agua y metales del regolito lunar. Una falla joven cerca de una zona de excavación aumenta críticamente el riesgo de deslizamientos en las paredes de las trincheras y el colapso de las infraestructuras de procesamiento. El mapa de Nypaver servirá de guía para proteger estos activos de alto valor.
Aprovechamiento geofísico: Paradójicamente, esta amenaza sísmica supone el mayor incentivo para la ciencia lunar. Desplegar una nueva red de sensores de alta sensibilidad alrededor de estas dorsales permitirá utilizar los temblores como una resonancia magnética planetaria. Analizando cómo viajan las ondas sísmicas de las SMR a través de la Luna, los geólogos podrán cartografiar con precisión el tamaño del núcleo y la estratificación térmica del manto.
La Luna nos advierte de que todavía se está adaptando a su propio enfriamiento.
Fuente: Reference: “A New Global Perspective on Recent Tectonism in the Lunar Maria” by C. A. Nypaver, T. R. Watters, M. E. Banks, J. D. Clark and T. Frueh, 24 December 2025, The Planetary Science Journal. DOI: 10.3847/PSJ/ae226a

