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12 febrero 2026.- El Día de San Valentín es tradicionalmente una época de globos con forma de corazón, rosas carísimas y restaurantes abarrotados. Las parejas se besan y se toman de la mano, y los selfies sonrientes celebran un día de muestras públicas de devoción.
¿Por qué tantos sentimos tanta presión para ofrecer grandes gestos, comprar regalos caros y realizar elaboradas demostraciones de afecto? Presumiblemente, para demostrar nuestro amor. El Día de San Valentín es una celebración ostentosa, una vez al año, que promete precisamente eso.
Sin embargo, para el filósofo griego Aristóteles (384-322 a. C.), este enfoque malinterpreta la naturaleza del amor. Para él, la verdadera forma de amor no era la pasión intensa ni los grandes gestos un día del año. Es, en cambio, un compromiso constante para ayudar a la persona amada a convertirse en su mejor versión mediante prácticas cotidianas de cuidado.
Aristóteles escribió extensamente sobre el amor, la amistad y su papel en una vida plena. Su principal libro sobre ética, la Ética a Nicómaco (350 a. C.), llamada cariñosamente en honor a su hijo, es una obra clásica sobre la virtud y la felicidad.
La filosofía de Aristóteles se basaba en una comprensión profunda de los seres humanos: nuestras emociones, necesidades, hábitos y la forma en que convivimos. Los humanos somos animales sociales, argumentaba, por lo que debemos vivir en sociedad y trabajar por el bien común. Más aún, somos criaturas que se "emparejan". Emparejarse y compartir la vida es de suma importancia.
Los cinco pasos para amar
Aristóteles dijo que deberíamos amarnos a nosotros mismos al máximo. Esto podría sonar a celebración del narcisismo, a un evangelio para la era del selfie. Pero Aristóteles quería decir que amar de verdad a alguien significa amarlo como otro yo, extendiendo nuestro amor propio a otro: un proceso de cinco pasos.
Primero, amarte a ti mismo significa desear y promover tu propio bien. Haz lo mismo por tu ser querido. Desea y promueve lo que sea de su interés. Segundo, trabaja por su propia seguridad como lo harías por la tuya. Tercero, amarse a uno mismo significa disfrutar de la propia compañía, disfrutar recordando el pasado y anhelando los buenos tiempos venideros. Desea y disfruta también de su compañía, en una vida compartida de intereses, compromisos y esperanzas.
Psique de Berthe Morisot (1876). Aristóteles creía que uno debe amar a su pareja como a sí mismo. Museo Thyssen-BornemiszaEn cuarto lugar, asegúrate de que tus deseos sean racionales y solo desees lo que forma parte de una vida noble y plena: una vida virtuosa, racional y llena de relaciones significativas. En quinto lugar, expresa y experimenta abiertamente tus penas y placeres. Busca constantemente lo que te brinda placer y evita lo que te causa dolor. Por tu ser querido, reconoce y comparte sus penas y placeres como si fueran tuyos.
El amor, dice Aristóteles, proviene de la sensación de que el amante es "mío". Si esto suena desagradable para un oído moderno, la cuestión no es la propiedad. Cuando digo "mi amado es mío", quiero decir "pertenecemos juntos en una vida compartida". No soy dueño de mi dedo, pertenece a mi mano, que es parte de mí. Del mismo modo, no soy dueño de mi amado, pero él pertenece a nuestra relación amorosa, de la que yo también formo parte.
Amor, amistad y habilidad
Aristóteles también describió a los amantes como amigos; no como viejos amigos cualquiera, sino como la otra mitad del otro. Como amigos, los amantes pasan tiempo juntos, se apoyan mutuamente. Como amantes, se tratan como parte de sí mismos. Aristóteles cree que es una gran señal de alerta si a tu pareja no le importan tanto tus sentimientos y necesidades como los suyos propios, por muy grandes que sean sus gestos y regalos.
Para Aristóteles, el amor no era un sentimiento pasivo, sino una práctica que requería habilidad. Un amante, argumenta, se mejora a sí mismo para su amado, a diferencia de un carpintero que se construye una mesa. Amar es una práctica de superación personal constante por el bien de la otra persona. Ser un buen amante significa esforzarse por ser mejor persona, para que tú y tu amado puedan sacar lo mejor de cada uno.
Para Aristóteles, el amor no se trata de cómo te hace sentir tu pareja en una sola noche del año. Los regalos y los gestos son bonitos, pero la verdadera prueba de amor no se puede comprar. Amar a otro tanto y tan bien como te amas a ti mismo es la verdadera prueba, una que requiere tiempo y práctica. Como decía Aristóteles: «Una golondrina no hace la primavera», ni una noche mágica demuestra realmente nuestro amor.

