fertilizantes, guerra de Irán, agricultura, seguridad alimentaria
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| Fertilizantes esperando ser cargados en barcos esta semana en la provincia de Shandong, China. Fotógrafo: CFOTO/Future Publishing/Getty Images |
Los fertilizantes, el arma
silenciosa de la guerra de Irán
El conflicto en Oriente Medio no solo dispara el precio del petróleo: amenaza el suministro mundial de los nutrientes que hacen crecer los alimentos. Y llega en el peor momento posible.
Crisis en curso: Desde el inicio de la Operación Furia Épica el 28 de febrero, el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ha caído un 95 %. Por ese corredor transita una parte crucial del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados y potásicos, con consecuencias directas sobre los costes agrícolas globales.
¿Por qué los fertilizantes son indispensables?
Los fertilizantes modernos son, en gran medida, los responsables de que la Tierra pueda alimentar a más de 8.000 millones de personas. Sin ellos, los rendimientos agrícolas caerían entre un 40 y un 60 % según estimaciones de la FAO. Los tres macronutrientes que aportan —nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K)— son insustituibles: el nitrógeno impulsa el crecimiento foliar; el fósforo, el desarrollo radicular y la floración; el potasio, la resistencia al estrés hídrico y la calidad del fruto.
La síntesis de fertilizantes nitrogenados —urea, nitrato amónico, sulfato amónico— depende directamente del proceso de Haber-Bosch, que a su vez consume enormes cantidades de gas natural. Esta dependencia energética convierte a los fertilizantes en un vector de transmisión directo de cualquier shock en los mercados de energía hacia los campos de cultivo.
El cuello de botella que nadie previó
Cuando los analistas señalaban el estrecho de Ormuz como riesgo sistémico, el debate solía girar en torno al petróleo. Pero el conflicto actual ha revelado una vulnerabilidad mucho menos visible: la dependencia de la agricultura global respecto a ese corredor de apenas 33 kilómetros de anchura.
Principales exportadores de fertilizantes con dependencia del estrecho de Ormuz
- Irán — urea, nitrato amónico (actualmente sin exportar)
- Qatar — urea, amoniaco (producción reducida)
- EAU — urea y mezclas NPK (rutas alternativas limitadas)
- Omán — urea (ruta habitual: Golfo de Omán / Ormuz)
- Arabia Saudí — fosfatos, urea (SABIC, SAFCO)
- Kuwait — amoniaco, urea
Irán era, antes del conflicto, el octavo mayor exportador mundial de urea. El bloqueo práctico del estrecho desde finales de febrero ha retirado bruscamente del mercado un volumen significativo de oferta justo cuando los agricultores del hemisferio norte —Europa, Norteamérica, China septentrional— inician su temporada de siembra primaveral. El momento no podía ser más crítico.
Impacto en precios y cadena alimentaria
Los precios de la urea en el mercado spot europeo (FOB Báltico) ya acumulaban un alza del 28 % desde enero de 2026, cuando la escalada de tensiones en Oriente Medio empezaba a descontar riesgos. Desde el inicio oficial del conflicto, la cotización ha superado máximos no vistos desde 2022. Los precios del gas natural —materia prima de los fertilizantes nitrogenados— casi se duplicaron en el mes de marzo, según datos del mercado TTF europeo.
| Fertilizante | Precio ene. 2026 | Precio mar. 2026 | Variación | Exposición a Ormuz |
|---|---|---|---|---|
| Urea (granulada, FOB Golfo) | 340 $/t | 480–530 $/t | +41–56 % | Alta |
| Nitrato amónico (AN) | 295 $/t | 390 $/t | +32 % | Media |
| DAP (fosfato diamónico) | 620 $/t | 740 $/t | +19 % | Media–alta |
| Cloruro potásico (MOP) | 285 $/t | 320 $/t | +12 % | Baja |
| Amoniaco anhidro | 430 $/t | 620 $/t | +44 % | Muy alta |
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de mercado (marzo 2026). Precios orientativos.
El encarecimiento de los fertilizantes se traslada con un retardo de 4–8 meses a los precios al consumidor de los alimentos: primero suben los costes del agricultor, después bajan los márgenes y se reducen las siembras, y finalmente el consumidor paga más por cereales, aceite y proteínas de origen animal. Los países de renta baja, que dedican entre el 40 y el 60 % de su gasto familiar a la alimentación, son los más expuestos.
La carrera por asegurar suministros
Ante la escalada de precios, varios gobiernos han actuado con urgencia para aislar a sus agricultores del impacto o diversificar los proveedores:
Estados Unidos
Levantó sanciones a los fertilizantes venezolanos para aumentar la oferta disponible para sus agricultores en plena temporada de siembra. La medida es temporal y de alcance limitado.
Francia
Activó una línea de crédito garantizado para que cooperativas agrícolas puedan acumular existencias a precios actuales. El Gobierno también habilitó reservas estratégicas de amoniaco.
Ghana
Anunció un programa de subsidio de emergencia para cubrir parte del encarecimiento de la urea importada, especialmente para pequeños productores de maíz y arroz.
China
Reforzó restricciones a la exportación de urea para garantizar el autoabastecimiento, lo que presiona aún más la oferta global disponible para el resto del mundo.
India
El mayor importador mundial de fertilizantes acelera negociaciones con Rusia y Canadá para diversificar fuentes de suministro de urea y fosfato diamónico (DAP).
Unión Europea
La Comisión Europea activó el mecanismo de seguimiento del mercado de fertilizantes y estudia una compra conjunta coordinada, similar al modelo empleado con el gas natural en 2022.
Más grave que el shock de Ucrania en 2022
La invasión rusa de Ucrania en 2022 generó la peor crisis de fertilizantes desde la pandemia: Rusia y Bielorrusia concentraban entonces el 38 % de las exportaciones mundiales de potasio y cerca del 15 % de las de nitrógeno. Los precios de la urea llegaron a superar los 900 dólares por tonelada.
El conflicto actual presenta diferencias estructurales que lo hacen potencialmente más grave. En primer lugar, afecta simultáneamente a múltiples tipos de fertilizantes —nitrogenados, fosfatados y, en menor medida, potásicos—, no solo a uno. En segundo lugar, el bloqueo del estrecho de Ormuz no es una interrupción de la producción sino de las rutas de tránsito: incluso los países que mantienen capacidad productiva no pueden exportar, lo que genera acumulación de inventarios en origen y escasez en destino. En tercer lugar, la disrupción ocurre en plena temporada de siembra del hemisferio norte, cuando la demanda de urea alcanza su pico anual.
Además, desde 2022, muchos agricultores de países en desarrollo redujeron sus existencias por la falta de financiación, lo que los deja con prácticamente cero margen de absorción ante una nueva subida de precios.
Lo que está en juego
Si el conflicto se prolonga más allá de la campaña de siembra de primavera —que en Europa y Norteamérica se extiende hasta mayo—, los efectos sobre la producción agrícola de 2026 podrían trasladarse a los mercados alimentarios mundiales en el otoño. La FAO y el Programa Mundial de Alimentos ya han elevado sus alertas para África subsahariana y Asia meridional, regiones con alta dependencia de importaciones de cereales y baja capacidad de ahorro alimentario. La guerra en Irán no es solo un conflicto energético: es, silenciosamente, una amenaza a la mesa de millones de personas que no tienen ningún vínculo con el estrecho de Ormuz.
