arqueología, neandertales, evolución, paleoantropología
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| La cueva de Pešturina, en Serbia, donde se encontró un diente de neandertal que fue analizado genéticamente en el nuevo estudio. (Crédito de la imagen: Luc Doyon y Dušan Mihailović). |
Los últimos neandertales que sobrevivieron en Europa procedían de un único linaje que sobrevivió al peor período de la era glacial, según revela el ADN antiguo.
Un nuevo estudio revela que, antes de su extinción, los neandertales experimentaron una importante convulsión que provocó que solo uno de sus linajes genéticos sobreviviera en Europa y se expandiera posteriormente por todo el continente.
La gran convulsión
de los neandertales
Hace 65.000 años, todos los neandertales de Europa desaparecieron salvo una sola línea genealógica que sobrevivió refugiada en el suroeste de Francia. Un estudio publicado en PNAS reescribe el capítulo final de nuestros parientes más cercanos.
Durante cientos de miles de años, los neandertales habitaron Europa y Asia en grupos genéticamente diversos y geográficamente dispersos. Luego, en algún momento anterior a los 65.000 años, algo salió terriblemente mal: casi toda esa diversidad desapareció en un instante geológico, y el continente fue recolonizado por los descendientes de un único y pequeño grupo que había resistido el peor frío de la glaciación en un rincón del actual suroeste de Francia. Así lo revela el estudio de ADN más completo sobre neandertales tardíos publicado hasta la fecha.
El estudio: ADN de dientes y huesos de cuatro países
El trabajo, publicado el 23 de marzo de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), fue liderado por la investigadora Charoula M. Fotiadou y el profesor Cosimo Posth, del Centro Senckenberg de Evolución Humana y Paleoambiente de la Universidad de Tubinga (Alemania). El equipo secuenció el ADN mitocondrial de diez nuevos individuos neandertales procedentes de seis yacimientos arqueológicos en Bélgica, Francia, Alemania y Serbia, y comparó esas secuencias con 49 muestras mitocondriales publicadas anteriormente, construyendo así el conjunto de datos genéticos más amplio disponible sobre neandertales tardíos.
La elección del ADN mitocondrial no fue arbitraria. A diferencia del ADN nuclear, que contiene la mayor parte de la información genética de un organismo, el ADN mitocondrial se hereda exclusivamente de la madre, se conserva mejor en los restos fósiles y se puede recuperar con mayor facilidad en materiales de decenas de miles de años de antigüedad. Sus mutaciones acumuladas actúan como un reloj molecular que permite datar cuándo se separaron distintos linajes.
Para situar los hallazgos genéticos en su contexto espacial y temporal, el equipo integró los datos de ADN con información arqueológica procedente de ROAD, la base de datos del proyecto ROCEEH (The Role of Culture in Early Expansions of Humans), desarrollada en colaboración entre la Academia de Ciencias de Heidelberg, el Instituto Senckenberg y la Universidad de Tubinga. Esta base de datos contiene información georreferenciada sobre más de 131 yacimientos neandertales de toda Europa occidental. La combinación de ambas fuentes, genómica y arqueológica, permitió reconstruir simultáneamente los patrones de distribución geográfica y la historia demográfica de los neandertales tardíos.
El hallazgo central: una sola línea materna para toda Europa
El resultado más llamativo del estudio es también el más difícil de asimilar en toda su magnitud. Prácticamente todos los neandertales tardíos de Europa —los que vivieron entre hace 60.000 y 40.000 años— pertenecen a un único linaje mitocondrial. Desde la Península Ibérica hasta el Cáucaso, pasando por los Alpes, los Balcanes y las llanuras del norte, la diversidad genética materna colapsó hasta concentrarse en una sola rama del árbol genealógico de la especie.
«Nuestros datos nos permitieron reconstruir geográficamente que los neandertales se retiraron hacia lo que hoy es el suroeste de Francia. Allí, hace aproximadamente 65.000 años, surgió una nueva población que posteriormente se expandió por toda Europa. Esto explica por qué casi todos los neandertales tardíos secuenciados hasta ahora —desde la Península Ibérica hasta el Cáucaso— pertenecen a la misma línea de ADN mitocondrial heredado.»
— Prof. Cosimo Posth, Universidad de Tubinga, coautor del estudioLas fechas del análisis apuntan a un proceso en dos fases. Primero, en torno a hace 75.000 años, una gran glaciación comprimió las poblaciones neandertales hacia el suroeste de Europa: los yacimientos arqueológicos de ese período se vuelven más escasos en todo el continente y se concentran progresivamente en el suroeste de Francia, lo que el equipo interpreta como evidencia de una retirada geográfica forzada por el clima. Luego, hace aproximadamente 65.000 años, cuando las condiciones mejoraron ligeramente, un pequeño grupo superviviente de ese refugio glacial comenzó a expandirse de nuevo, repoblando Europa entera. Pero lo hizo desde una base genética extraordinariamente estrecha: la de una única familia materna que había sobrevivido al cuello de botella.
«Hay que haber habido un reemplazo poblacional hacia el final de la historia de los neandertales», concluye Posth. El término técnico que usa la genética para este fenómeno es cuello de botella (bottleneck): una contracción severa de la población que elimina la mayor parte de la diversidad genética acumulada, dejando a los supervivientes con un acervo genético empobrecido que ya no puede recuperarse fácilmente.
El feto de la Sesselfelsgrotte: un mensajero del linaje perdido
Uno de los hallazgos más inesperados del estudio procede no de un adulto sino de un feto. Entre 1968 y 1970, investigadores de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg (FAU) excavaron en el abrigo rocoso de la Sesselfelsgrotte, en el valle del Altmühl (Baviera, Alemania), una docena de fragmentos óseos diminutos: una calota craneal, fragmentos de fémur y peroné, algunas costillas. Medían apenas unos centímetros. Pasaron décadas en colecciones de museo hasta que en 2006 un científico identificó formalmente lo que eran: los restos de un feto neandertal que había muerto hace aproximadamente 55.000 años, poco antes o poco después de nacer.
El arqueogenista Alvise Barbieri, de la Universidad del Algarve (Portugal) y explorador de la National Geographic Society, logró extraer ADN mitocondrial de uno de los fragmentos de fémur del feto, algo extraordinariamente difícil: los fetos no tienen dientes —la fuente habitual de ADN antiguo—, y los huesos del oído interno, otra reserva habitual, nunca fueron recuperados. Solo una fracción de un porcentaje de las muestras óseas del feto proporcionó ADN utilizable.
El resultado de ese esfuerzo fue una sorpresa: el feto no pertenecía al linaje dominante que había sobrevivido el cuello de botella y repoblado Europa, sino a uno de los linajes anteriores, los que se creía extinguidos. Esto convirtió al pequeño feto de Baviera en el segundo representante conocido de ese linaje arcaico, junto a Thorin, el célebre neandertal hallado en la Grotte Mandrin del valle del Ródano (Francia), fechado hace unos 50.000 años y analizado en estudios anteriores.
«Hasta ahora se pensaba que Thorin pertenecía a un grupo aislado que había permanecido en un área muy pequeña. Sin embargo, el análisis genético del feto de la Sesselfelsgrotte muestra que ese grupo era aparentemente más extendido de lo que creíamos. Este hallazgo nos sorprendió realmente.»
— Prof. Thorsten Uthmeier, FAU Erlangen-Núremberg, coautor del estudioEl caso Thorin: el neandertal que no encaja en la historia
Thorin es el único espécimen conocido que no se ajusta al patrón dominante descrito por el estudio. Hallado en la Grotte Mandrin, en el corazón del refugio glacial del sur de Francia, vivió hace unos 50.000 años —ya en el período de expansión del linaje superviviente— pero su ADN mitocondrial lo delata como miembro de uno de los linajes más antiguos que se suponía extintos. La paradoja que esto plantea es inquietante: su población ancestral habría sobrevivido al gran cuello de botella de hace 65.000 años en algún rincón del continente, conviviendo en el tiempo con el linaje dominante sin mezclarse con él.
Lo que hace aún más perturbador el caso de Thorin es la geografía. Según el paleoantropólogo Ludovic Slimak, director de las excavaciones en Grotte Mandrin, el grupo al que pertenecía Thorin y las poblaciones neandertales clásicas con las que nunca se mezcló estaban separadas por apenas dos semanas de camino a pie. ¿Cómo es posible que poblaciones que vivían tan cerca permanecieran genéticamente aisladas durante decenas de miles de años? Es una de las preguntas que el nuevo estudio deja abiertas.
El profesor Posth describe a Thorin como «el único espécimen que no encaja en la historia», un dato atípico que mantiene abierto el final de la narrativa neandertal.
El colapso final: de 45.000 a 42.000 años antes del presente
Si el cuello de botella de hace 65.000 años fue la primera gran sacudida, el estudio documenta una segunda y definitiva: un desplome abrupto de la población neandertal que comenzó hace aproximadamente 45.000 años y alcanzó su mínimo en torno a hace 42.000 años, justo antes de que la especie desapareciera del registro arqueológico.
Los investigadores emplearon modelos estadísticos para estimar si los cambios en la diversidad del ADN mitocondrial a lo largo del tiempo eran compatibles con una población de tamaño constante. La respuesta fue inequívoca: no. Las secuencias revelan una contracción rápida y pronunciada del tamaño efectivo de la población materna en ese intervalo de tres mil años. Fue el golpe de gracia a una especie que ya había perdido la mayor parte de su resiliencia genética.
Precisamente en esa franja temporal, hace entre 45.000 y 40.000 años, el Homo sapiens anatómicamente moderno comenzó a colonizar Europa de forma masiva, procedente de África y Oriente Próximo. La coincidencia temporal entre la llegada de nuestra especie y el colapso final de los neandertales ha alimentado durante décadas uno de los debates más apasionados de la paleoantropología: ¿fueron los humanos modernos directamente responsables de su extinción? El nuevo estudio no zanja ese debate, pero añade un elemento crucial al análisis: los neandertales ya llegaron al encuentro con el Homo sapiens en un estado de debilidad demográfica y genética acumulada desde hacía más de veinte mil años.
| Fecha aprox. (años AP) | Evento | Evidencia principal |
|---|---|---|
| ~500.000 | Divergencia entre la línea neandertal y la del Homo sapiens | Genómica comparada |
| ~100.000 | Primer reemplazo poblacional documentado en Europa | Estudio de 2021 (ADN mitocondrial) |
| ~75.000 | Inicio de la gran glaciación: retracción geográfica al suroeste de Francia | ADN + base de datos arqueológica ROAD |
| ~65.000 | Cuello de botella genético: colapso de la diversidad mitocondrial | Diversificación datada del linaje superviviente (nuevo estudio, PNAS 2026) |
| ~65.000 -- 42.000 | Expansión del linaje superviviente desde el suroeste de Francia hasta el Cáucaso | Homogeneidad mitocondrial en todos los sitios tardíos |
| ~55.000 | Feto de la Sesselfelsgrotte: miembro del linaje arcaico (no del dominante) | Nuevo ADN mitocondrial -- PNAS 2026 |
| ~50.000 | Thorin (Grotte Mandrin): otro superviviente del linaje arcaico | Genoma completo -- Cell Genomics 2024 |
| ~45.000 -- 42.000 | Colapso poblacional rápido y pronunciado; mínimo demográfico | Modelos bayesianos sobre ADN mitocondrial |
| ~40.000 | Extinción: los neandertales desaparecen del registro arqueológico | Dataciones radiocarbónicas y arqueología |
Implicaciones: lo que el estudio cambia y lo que deja pendiente
Una nueva imagen de los neandertales tardíos
El hallazgo más desconcertante de toda la investigación puede ser este: los neandertales tardíos, pese a su homogeneidad genética, no eran culturalmente uniformes. Los yacimientos arqueológicos del período tardío muestran una notable diversidad en sus herramientas, adornos y comportamientos simbólicos. El estudio sugiere, por tanto, que los distintos grupos neandertales que repoblaron Europa a partir del refugio francés no estaban muy conectados entre sí. Se expandieron, pero siguieron viviendo en pequeñas bandas relativamente aisladas, desarrollando culturas locales distintas a pesar de compartir un único acervo genético materno. La diversidad cultural y la uniformidad genética coexistían.
La hipótesis de la trampa genética
La investigadora Tharsika Vimala, de la Universidad de California en Berkeley, que ha participado en estudios anteriores sobre Thorin, señala que los neandertales habitualmente se movían en grupos pequeños: las estimaciones oscilan entre 3 y 60 individuos. En poblaciones tan reducidas y aisladas, la deriva genética actúa con gran rapidez: las variantes perjudiciales se acumulan, la capacidad de adaptación disminuye y cada grupo se vuelve más vulnerable a sucesos aleatorios —una sequía, una epidemia, la irrupción de competidores. «No creemos que haya habido una única razón para la extinción de los neandertales, pero esta falta de diversidad genética los habría predispuesto a no sobrevivir a los cambios climáticos y otras perturbaciones», señalan los autores.
Los neandertales del Altái: un patrón paralelo
El mismo día que se publicó el estudio de Fotiadou y Posth, PNAS publicó otro trabajo sobre los neandertales de las montañas del Altái (Siberia) que llegó a conclusiones paralelas: esos grupos orientales también mostraban baja diversidad genética, vivían en grupos pequeños y estaban más aislados entre sí que cualquier población comparable de humanos modernos. La convergencia entre los dos estudios refuerza la imagen de una especie que, en sus últimas decenas de miles de años de existencia, se fue fragmentando en islas genéticas cada vez más pequeñas y vulnerables.
Lo que falta: ADN nuclear y más yacimientos
El propio equipo investigador reconoce las limitaciones del trabajo. El ADN mitocondrial solo traza el linaje materno; para obtener una imagen completa de la historia genética de los neandertales —incluyendo los linajes paternos y la estructura de parentesco dentro de los grupos— será necesario secuenciar ADN nuclear de muchos más individuos. Charoula Fotiadou, primera autora del estudio, es explícita al respecto: «Necesitaremos más ADN nuclear para mostrar cuán amplio fue realmente el reemplazo poblacional.» La base de datos ROAD, que ya incluye 131 yacimientos, también seguirá ampliándose a medida que se excaven nuevos sitios y se apliquen nuevas técnicas de datación.
Los protagonistas del estudio: yacimientos y voces científicas
Abrigo rocoso excavado por la FAU desde 1964. Proporcionó el feto neandertal de 55.000 años, uno de los diez nuevos genomas del estudio. El análisis genético reveló que el feto pertenecía al linaje arcaico preexistente al cuello de botella, no al linaje dominante posterior.
Abrigo rocoso del que se recuperaron tres restos neandertales incluidos en el estudio. Está ubicado en el área geográfica del refugio glacial que el equipo identifica como origen del linaje superviviente.
Cueva excavada por Ludovic Slimak desde 1998. Aquí fue hallado Thorin, el neandertal de 42.000 años cuyo ADN lo identifica como miembro del linaje arcaico extinguido. Su hallazgo fue publicado en Cell Genomics (2024).
Cueva serbiana cuya imagen de entrada ilustra el estudio publicado en Ancient Origins. Proporcionó un molar neandertal cuyo ADN fue secuenciado para el nuevo análisis.
Investigador principal del estudio, especializado en arqueogenética de homínidos extintos. Su equipo lidera la integración de ADN antiguo con datos arqueológicos a gran escala.
Primera autora del artículo. Investigadora de origen griego, centrada en la genómica de poblaciones paleolíticas.
Por qué importa: los neandertales como espejo de la fragilidad humana
Los neandertales no fueron una especie primitiva. Durante más de 400.000 años habitaron Europa y Asia occidental, sobrevivieron a glaciaciones, enterraron a sus muertos, cuidaron a sus enfermos y produjeron arte rupestre. Sus cerebros eran, en promedio, tan grandes como los nuestros. Se cruzaron con el Homo sapiens en al menos varios episodios, y sus genes siguen presentes hoy en el genoma de cualquier persona no africana —entre el 1 y el 4 por ciento del ADN de la mayoría de los europeos y asiáticos es de origen neandertal.
Y sin embargo se extinguieron. El nuevo estudio sugiere que esa extinción no fue un evento repentino ni tuvo una causa única: fue el resultado de una cadena de contracciones demográficas acumuladas a lo largo de decenas de miles de años. El primer gran cuello de botella de hace 65.000 años los dejó sin la diversidad genética necesaria para absorber nuevas presiones. Las pequeñas bandas aisladas en las que vivieron los últimos neandertales fueron acumulando mutaciones perjudiciales y perdiendo capacidad de adaptación. Cuando el Homo sapiens llegó en masa, los neandertales ya llevaban milenios en una pendiente de la que no podían salir.
Es una historia que invita a la reflexión. Los neandertales eran una especie robusta, adaptada, inteligente. Y bastó una cadena de reducciones poblacionales, de aislamientos, de pérdida de diversidad, para inclinar la balanza de manera irremediable. El estudio de sus últimos capítulos no es solo arqueología: es también una lección sobre los mecanismos por los que una especie puede volverse frágil sin que nadie lo note hasta que ya es demasiado tarde.
«Tenemos evidencia de que los neandertales habitaron Europa continuamente entre hace 400.000 y 40.000 años. Sin embargo, solo tenemos detalles fragmentarios de su historia poblacional. Hasta ahora, sabíamos muy poco sobre los desarrollos evolutivos que precedieron a su extinción.»
— Prof. Cosimo Posth, coautor del estudio (PNAS, 2026)