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• Casi la totalidad de estos pacientes tiene dificultades para comer y beber y hasta un 45-75% de los supervivientes de cáncer de cabeza y cuello convive a largo plazo con alguna dificultad a la hora de tragar
• La VIII Jornada de Disfagia del hospital se ha centrado en la importancia de contar con un equipo multidisciplinar de profesionales que facilite la recuperación funcional de estos pacientes y, con ello, la mejora de su calidad de vida
• La Unidad Funcional de Disfagia Orofaríngea del Hospital Príncipe de Asturias fue la primera que se creó en la Comunidad de Madrid e integra a profesionales de endocrinología y nutrición, rehabilitación, otorrinolaringología y cocina
• El cáncer de cabeza y cuello es el noveno tumor más frecuente en España
¿Qué es la disfagia orofaríngea?
La disfagia orofaríngea (DO) es la alteración en el transporte del alimento desde los labios hasta el esófago. Se manifiesta de dos formas: por alteración de la eficacia, cuando el bolo alimenticio no se desplaza correctamente y compromete la nutrición del paciente; y por alteración de la seguridad, cuando el alimento penetra en la vía respiratoria y puede provocar complicaciones graves como la neumonía aspirativa.
Sus causas son múltiples: cirugías de cabeza y cuello, tratamientos oncológicos con radioterapia y quimioterapia, enfermedades neurológicas como el ictus, el párkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o el alzhéimer, así como el envejecimiento en general. En términos de salud pública, se trata de uno de los trastornos más frecuentes y, paradójicamente, más olvidados del sistema sanitario español.
«La disfagia afecta a casi 2,5 millones de españoles, de los cuales el 90% no están diagnosticados.»
Dra. Magdalena Pérez Ortín — SEORL-CCC, 2024El noveno tumor más frecuente en España
El cáncer de cabeza y cuello agrupa tumores de la cavidad oral, la faringe, la laringe y la hipofaringe. Es el noveno tumor más frecuente en España y, aunque supone alrededor del 5% de todos los diagnósticos oncológicos, su impacto sobre la calidad de vida es desproporcionadamente alto al afectar a funciones esenciales como el habla, la respiración y la deglución.
Un tercio de los pacientes ya presenta síntomas de disfagia en el momento del diagnóstico, porque el propio tumor puede obstruir el paso del alimento o dañar los nervios que gobiernan la movilidad y la sensibilidad de la garganta. Sin embargo, es la propia terapia oncológica —cirugía, quimioterapia y, sobre todo, radioterapia— la que con más frecuencia desencadena o agrava el trastorno de la deglución.
Prácticamente la totalidad de los pacientes en fase aguda de radioterapia experimenta alguna dificultad para tragar. Lo que resulta especialmente preocupante es el llamado efecto tardío: la disfagia puede reaparecer o empeorar años después de la remisión tumoral, a causa de la fibrosis progresiva (endurecimiento de los tejidos), consecuencia común e irreversible de la irradiación. A ello se suma la sarcopenia —pérdida de masa y fuerza muscular—, que dificulta aún más la deglución, y alteraciones secundarias en la voz y el habla.
La Unidad Funcional del HUPA: pionera en Madrid
La Unidad Funcional de Disfagia Orofaríngea del Hospital Universitario Príncipe de Asturias fue la primera en constituirse en la Comunidad de Madrid. Su rasgo más diferencial es la integración del personal de cocina en el equipo clínico desde su fundación, superando el modelo tradicional en el que dietética y gastronomía hospitalaria operaban de forma separada.
El enfoque de la Unidad se articula en torno a un objetivo central: preservar la función. Esto significa no limitarse a curar la enfermedad, sino acompañar al paciente en la recuperación de su autonomía para comer, beber y relacionarse socialmente —dimensiones que, en la práctica clínica, determinan en gran medida la percepción de calidad de vida.
El trabajo de los logopedas se concentra en dos objetivos terapéuticos prioritarios: garantizar la seguridad de la vía aérea, evitando que el alimento alcance los pulmones, y mejorar la eficiencia de la ingesta, previniendo que residuos alimenticios queden retenidos en la faringe. Junto a los ejercicios de fortalecimiento muscular, la rehabilitación incluye también la modificación sistemática de la textura de los alimentos y la viscosidad de los líquidos, área en la que el equipo de cocina del hospital lleva trabajando más de una década.
Cómo se trata la disfagia: medios y estrategias
El tratamiento de la disfagia orofaríngea exige una actuación coordinada desde múltiples frentes. La rehabilitación debe iniciarse lo antes posible —idealmente antes de que comience el tratamiento oncológico— en lo que se conoce como prehabilitación: una fase en la que el paciente entrena las estructuras orofaríngeas y automatiza maniobras deglutorias que facilitarán la recuperación funcional tras la cirugía o la irradiación.
«La prehabilitación ayuda a preparar físicamente las estructuras orofaríngeas y permite entrenar y automatizar las diferentes maniobras deglutorias, mejorando así el pronóstico de recuperación funcional.»
Logopeda Cristina Fillola — SEORL-CCC, 2024Los principales recursos terapéuticos que se emplean en el abordaje de la disfagia orofaríngea son los siguientes:
Rehabilitación logopédica: ejercicios de movilidad y fuerza muscular orofaríngea, técnicas compensatorias posturales y maniobras deglutorias específicas.
Modificación de texturas y viscosidades: adaptación de la dieta a las clasificaciones IDDSI (International Dysphagia Diet Standardisation Initiative), que gradúan los alimentos desde purés hasta sólidos normales, y los líquidos desde consistencias néctar hasta agua libre, en función del grado de disfagia.
Soporte nutricional: cuando la ingesta oral resulta insuficiente para cubrir los requerimientos del paciente, se recurre a suplementos nutricionales orales o, en casos más graves, a alimentación enteral mediante sonda nasogástrica o gastrostomía.
Intervención quirúrgica: en situaciones seleccionadas, distintos procedimientos endoscópicos o abiertos pueden mejorar la mecánica deglutoria.
Abordaje psicológico y social: la disfagia tiene un fuerte impacto emocional y en la vida de relación. Comer es un acto profundamente social; su deterioro genera aislamiento, ansiedad y depresión. La atención psicológica forma parte integral del tratamiento multidisciplinar.
Las complicaciones que puede causar la disfagia no tratada o mal controlada incluyen desnutrición, deshidratación, asfixia y neumonía aspirativa —esta última una causa frecuente de ingreso hospitalario urgente con potencial de evolución grave—.
Un problema de salud pública infradiagnosticado
La disfagia orofaríngea afecta en España al 16–30% de los mayores de 65 años, porcentaje que asciende al 40% en pacientes hospitalizados o residentes en centros sociosanitarios. Las personas mayores con disfagia orofaríngea presentan un riesgo 2,7 veces mayor de desnutrición y deshidratación, lo que repercute directamente en su fragilidad y en el uso de recursos sanitarios.
A escala europea, la situación es igualmente heterogénea. El European White Paper on Oropharyngeal Dysphagia in Head and Neck Cancer, consensuado por cinco sociedades científicas europeas con participación del CIBEREHD, constata que la disfagia orofaríngea afecta a más del 50% de los pacientes con cáncer de cabeza y cuello y que su manejo clínico varía enormemente entre países y centros.
En respuesta a este escenario, la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) puso en marcha la Acreditación «Hospitales comprometidos con la disfagia orofaríngea», a la que ya se han adherido unidades de varios centros nacionales, con el objetivo de garantizar estándares de atención homogéneos y de visibilizar la necesidad de protocolos diagnósticos sistemáticos.
El Hospital Universitario Príncipe de Asturias, a través de sus ocho jornadas anuales —que han abordado la disfagia en pacientes con COVID-19, párkinson, población anciana y otros tumores oncológicos—, se ha consolidado como referente de formación e innovación asistencial en este campo dentro de la Comunidad de Madrid.
