La Tribuna, geopolítica, UE, acuerdo comercial UE-EE.UU.
26 marzo 2026.- El desigual acuerdo, alcanzado tras semanas de tensiones comerciales provocadas por la agenda nacionalista de la Casa Blanca, impone aranceles estadounidenses del 15% a los productos de la UE, mientras que el bloque acordó eliminar sus propios aranceles sobre la mayoría de bienes industriales estadounidenses.
Es decir: Europa baja sus aranceles a cero para EE.UU., y a cambio EE.UU. se queda con un 15% sobre los productos europeos. Muy poco equilibrado.
¿Por qué lo apoyaron si lo criticaban?
La clave está en que el Parlamento Europeo no votó el acuerdo tal como lo firmó Von der Leyen en Turnberry. Lo votó después de blindarlo con una batería de condiciones propias. El ponente socialista Bernd Lange explicó que se alcanzó "una amplia mayoría en torno a un texto sólido que pretende aportar estabilidad, equidad y firmeza. Nuestro mensaje es claro: no tomaremos ninguna decisión final sin claridad. El Parlamento pretende mantenerse al mando y tener la última palabra sobre la aplicación del acuerdo."
Las cinco "S": el verdadero contenido de lo aprobado
Los eurodiputados añadieron lo que el ponente llamó las cinco "S":
- Solución específica para el acero y el aluminio, sectores con aranceles elevados que Washington no quería tocar.
- Sunset clause (cláusula de caducidad): el acuerdo expira en dos años si no se renueva expresamente, evitando que se perpetúe sin supervisión parlamentaria.
- Standstill (statu quo): EE.UU. no puede subir más los aranceles desde el nivel actual.
- Mecanismo de salvaguardia: si Washington incumple, Europa puede reactivar sus propios aranceles de inmediato.
- Sunrise clause (cláusula de entrada en vigor): las preferencias arancelarias para los productos estadounidenses solo entrarían en vigor cuando los compromisos acordados en Turnberry sean efectivamente respetados por la parte estadounidense. Dicho de otra manera: Europa rebaja sus aranceles solo si EE.UU. hace lo que dijo que haría.
Por qué la votación se retrasó dos veces
Tras su firma el año pasado en Escocia, el acuerdo fue duramente criticado en las capitales europeas y muy mal recibido en el Parlamento Europeo, cuyos diputados reprocharon a la Comisión haber aceptado demasiadas concesiones a EE.UU. Cuando el proceso de aprobación parlamentaria parecía encaminado a comienzos de año, dos acontecimientos volvieron a encallarlo: primero, las declaradas ambiciones de Trump sobre Groenlandia, que provocaron la suspensión de los trabajos en comisión.
El segundo obstáculo fue que el Tribunal Supremo de EE.UU. tumbó los aranceles de Trump, y su administración respondió ignorando la sentencia e imponiendo un nuevo arancel global del 10%, lo que generó nueva incertidumbre.
La presión de Washington como factor de aceleración
El embajador de Estados Unidos ante la UE, Andrew Puzder, advirtió que si el Parlamento Europeo no ratificaba el acuerdo sin enmiendas ni cambios, la UE podría enfrentar aranceles de hasta el 25%, en lugar del tope del 15% contemplado en el pacto, y perdería su acceso preferencial a la energía estadounidense. Esta presión explica parte del cálculo político: votar a favor de un texto muy condicionado es mejor que rechazarlo y arriesgarse a aranceles del 25%.
En resumen
El Parlamento Europeo hizo una maniobra de judo político: aprobó el acuerdo, pero lo blindó tanto con condiciones propias que en la práctica solo entra en vigor si Trump cumple lo que prometió, cosa que hasta ahora no ha hecho con consistencia. La gran mayoría (417 votos) refleja que casi todo el espectro político —desde el PPE hasta los socialistas— encontró ese equilibrio aceptable: se evita la ruptura comercial y el riesgo de aranceles punitivos, pero Europa se reserva el botón de pausa si Washington se desmarca. Lo que queda pendiente es si EE.UU. aceptará ese texto modificado o lo rechazará, lo que convertiría todo esto en un nuevo episodio de la interminable negociación transatlántica.
