geociencia, clima, Corriente Circumpolar Antártica, Polo Sur
07 abril 2026.- El Polo Sur alberga algunas de las mayores poblaciones mundiales de pingüinos, albatros y ballenas. También alberga el mayor flujo de agua del mundo: la Corriente Circumpolar Antártica (ACC), que rodea la Antártida con un volumen de agua 100 veces mayor que todos los ríos de la Tierra juntos. Pero, ¿cómo empezó a moverse esta corriente gigante?
Los científicos han pensado que el ACC comenzó cuando Australia y Sudamérica se desplazaron hacia el norte hace 34 millones de años, abriendo un canal para que toda esa agua fluyera.
El estudio, publicado el 6 de abril de 2026 en PNAS con Hanna Knahl (AWI) como autora principal, aporta tres hallazgos que el artículo desarrolla en detalle. La apertura de los pasos oceánicos por sí sola fue insuficiente: la ACC solo pudo desarrollar sus efectos de enfriamiento climático una vez que los vientos del oeste se alinearon con esos pasos PNAS. Además, la corriente en su infancia influenciaba el clima de manera muy diferente a la ACC plenamente desarrollada de hoy Phys.org.
Y el dato de CO₂ es especialmente relevante para el debate actual: cuando se formó la ACC, los niveles atmosféricos de CO₂ eran de unos 600 ppm, un valor que no se ha vuelto a alcanzar desde entonces, aunque algunos escenarios climáticos futuros apuntan a que podría superarse antes de finales de este siglo.
El origen de la corriente más poderosa del planeta no fue lo que creíamos
La Corriente Circumpolar Antártica mueve 100 veces más agua que todos los ríos de la Tierra juntos. Un nuevo estudio publicado en PNAS revela que su nacimiento fue mucho más complejo y lento de lo que la ciencia suponía.
Hace 34 millones de años, el planeta se enfrió de forma drástica. Los mares caldión de un mundo sin hielo polar cedieron el paso a un clima glacial que persiste hasta hoy. En el corazón de esa transformación, una corriente oceánica empezaba a rodear la Antártida. Pero cómo nació exactamente esa corriente acaba de ser revisado por completo.
La corriente que regula el clima del planeta
El Océano Austral alberga uno de los fenómenos físicos más extraordinarios de la Tierra: la Corriente Circumpolar Antártica (ACC, por sus siglas en inglés). Esta masa de agua fluye de oeste a este rodeando la Antártida de forma continua, sin que ningún continente la interrumpa, lo que la convierte en la corriente oceánica más intensa del planeta. Su fuerza es tal que transporta más de 135 millones de metros cúbicos de agua por segundo, un volumen equivalente a más de 100 veces el caudal combinado de todos los ríos de la Tierra juntos.
Pero la ACC no es solo un récord hidrológico: es una pieza clave del sistema climático global. Al rodear la Antártida, actúa como un escudo que impide que las aguas cálidas subtropicales lleguen al polo sur. Sin esa barrera, el hielo antártico no existiría tal y como lo conocemos, y con él desaparecería buena parte del albedo terrestre que refleja la radiación solar hacia el espacio. La ACC es, en otras palabras, uno de los termostatos del planeta.
La teoría clásica: abrir la puerta basta
Durante décadas, la explicación aceptada era sencilla y elegante: la ACC comenzó a fluir cuando Australia y América del Sur se alejaron de la Antártida hace unos 34 millones de años, abriendo dos grandes pasos oceánicos: la Pasarela Tasmana, entre Australia y la Antártida, y el Paso de Drake, entre Sudamérica y la Península Antártica. Según este modelo, en cuanto esos canales quedaron lo suficientemente abiertos, el agua simplemente empezó a circular en torno al continente helado.
Era una historia limpia y coherente con la tectónica de placas. Pero una nueva investigación liderada por el Instituto Alfred Wegener (AWI) de Alemania y publicada esta semana en las Proceedings of the National Academy of Sciences demuestra que esa historia estaba incompleta.
Lo que revelan las simulaciones: el viento fue determinante
La geóloga climática Hanna Knahl y su equipo reconstruyeron mediante simulaciones informáticas de alta resolución la geografía del planeta tal como era hace unos 33,5 millones de años, durante el llamado Máximo Glacial del Oligoceno Temprano. Por primera vez, acoplaron en un mismo modelo el clima atmósferico, el océano, la superficie terrestre y la capa de hielo antártica, generando así una simulación integrada que captura las interacciones entre todos estos sistemas.
Los resultados son sorprendentes. El modelo muestra que la simple apertura de los pasos oceánicos no fue suficiente para que la ACC se desarrollara plenamente. En sus primeras etapas, la corriente solo era apreciable en los sectores Atlántico e Índico del Océano Austral, pero en el sector Pacífico, simplemente no existía una corriente circumpolar continua. La razón es crítica: los pasos abiertos por la tectónica no estaban todavía alineados con la franja de los vientos del oeste del hemisferio sur.
Fue solo cuando los vientos del oeste se intensificaron y se alinearon con los pasos oceánicos cuando la corriente pudo desarrollar toda su fuerza y comenzar a bloquear el acceso del agua cálida al polo. Solo entonces pudo acumularse hielo y enfriarse el planeta de forma significativa.
El proceso fue, por tanto, gradual y condicionado por una coincidencia en el tiempo de dos factores independientes: la apertura tectónica de los canales y la disposición de los vientos atmosféricos. Ninguno de los dos por sí solo habría sido suficiente.
«Existían ya indicios de que el viento en la Pasarela Tasmana jugó un papel importante en la formación de la ACC. Nuestro estudio confirma ahora con simulaciones acopladas y de alta resolución cómo se produjo realmente ese proceso.»
— Hanna Knahl, modelóloga climática, Instituto Alfred Wegener (AWI)Una corriente «en pañales» que cambiaba el clima de forma diferente
El estudio también revela algo con importantes implicaciones para la climatología: la ACC en su infancia no funcionaba como la ACC de hoy. La corriente primigenia influenciaba el clima de manera distinta a como lo hace la corriente plenamente desarrollada del presente. Esto es crucial a la hora de usar el pasado como espejo del futuro.
Cuando la ACC nació, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de aproximadamente 600 partes por millón (ppm), muy por encima de los niveles actuales, que rondan las 420 ppm. Sin embargo, algunos escenarios de cambio climático proyectan que podrían superarse los 600 ppm antes de que acabe este siglo. Estudiar cómo se comportó el océano y el clima con esas concentraciones de CO₂ es, por tanto, directamente pertinente para entender lo que puede ocurrir en las próximas décadas.
«Para predecir el posible clima futuro es necesario mirar al pasado con simulaciones y datos, para entender nuestra Tierra en estados climáticos más cálidos y ricos en CO₂ que el actual. Pero atención: el clima del pasado no puede proyectarse 1 a 1 sobre el futuro. Nuestro estudio demuestra que la corriente circumpolar en su ‘infancia’ influyó en el clima de forma muy diferente a como lo hace la ACC plenamente desarrollada de hoy.»
— Hanna Knahl, autora principal del estudioUn método pionero: modelos acoplados para el pasado profundo
Una de las aportaciones metodológicas más relevantes del trabajo es precisamente el tipo de simulación empleada. Combinar modelos de clima con modelos de capas de hielo de forma acoplada es un enfoque relativamente nuevo y computacionalmente muy exigente. El equipo integró los datos de un modelo de la capa de hielo antártica publicado en la revista Science en 2024 con un modelo acoplado de océano y atmósfera, y validó los resultados contrastando las simulaciones con reconstrucciones geológicas reales del período.
La colaboración incluyó al Centro Australiano de Excelencia en Ciencias Antárticas y al Centro de Investigación Antártica de Wellington, sumando perspectivas del hemisferio sur que resultan imprescindibles para estudiar el Océano Austral.
«Con este estudio publicado en PNAS mostramos —por primera vez— lo útil e importante que es llevar a cabo estas simulaciones acopladas y de resolución relativamente alta para el clima del pasado profundo. Aunque son muy exigentes computacionalmente, aportan una comprensión nueva de la interacción entre hielo, atmósfera, superficie terrestre y océano.»
— Prof. Gerrit Lohmann, modelólogo paleoclimático, AWI; coautor del estudioImplicaciones para el futuro del Océano Austral
El coautor Johann Klages ha subrayado en un comunicado oficial que este nuevo conocimiento permitirá interpretar con mayor fiabilidad los cambios actuales en la circulación del Océano Austral. No es una cuestión menor: en las últimas décadas, los vientos del oeste del hemisferio sur se han intensificado y desplazado hacia el polo como consecuencia del calentamiento global, y la ACC ha respondido desplazándose y cambiando de intensidad. Comprender cómo se formó esta corriente bajo condiciones de alta concentración de CO₂ proporciona un contexto histórico indispensable para calibrar esos cambios.
«Este nuevo conocimiento nos ayudará a interpretar de forma más fiable los cambios recientes en la circulación del Océano Austral.»
— Johann Klages, coautor del estudio, AWILa Antártida, con sus poblaciones de pingüinos, albatros y ballenas, con sus capas de hielo que almacenan el 70 % del agua dulce del planeta, y con esa corriente gigante que la rodea y la aísla, es mucho más que el extremo sur del mapa. Es uno de los motores fundamentales del sistema climático terrestre. Y entender cómo ese motor se puso en marcha hace 34 millones de años es, hoy más que nunca, una cuestión de presente.
El estudio en cifras
| Dato | Valor | Contexto |
|---|---|---|
| Inicio de la ACC | Hace ∼34 millones de años | Transición Eoceno-Oligoceno |
| CO₂ atmosférico entonces | ∼600 ppm | No se ha vuelto a alcanzar; podría superarse este siglo |
| CO₂ atmosférico actual | ∼420 ppm | Nivel sin precedentes en la era industrial |
| Transporte actual de la ACC | 137 ± 7 Sv | Más de 100 veces todos los ríos de la Tierra |
| Pasos oceánicos clave | Pasarela Tasmana y Paso de Drake | Entre Australia/Antártida y Sudamérica/Antártida |
| Factor decisivo del estudio | Alineación de vientos del oeste con los pasos | La apertura geológica sola no fue suficiente |
| Revista de publicación | PNAS, abril 2026 | DOI: 10.1073/pnas.2520064123 |
