La Tribuna, guerra de Irán, petroquímicos, plásticos
10 abril 2026.- Cuando estalla una guerra en Oriente Medio, los titulares hablan de barcos de petróleo, de gasolineras y del precio del barril. Lo que casi nunca aparece en esos titulares es el polietileno. Ni el propileno. Ni la nafta. Y sin embargo, son esos nombres de química de bachillerato los que van a llegar antes que el petróleo al bolsillo de los consumidores de todo el mundo, incluidos los que no tienen coche. Porque el petróleo no solo se quema. Se convierte.
El petróleo que no ves
Aproximadamente el quince o dieciséis por ciento del petróleo que el mundo consume cada año no termina en ningún motor. Se convierte en materia prima para fabricar otra cosa: plásticos, fertilizantes, detergentes, tejidos sintéticos, pinturas, pegamentos, envases, guantes de hospital, piezas de automóvil, cables, juguetes, cosméticos. Los petroquímicos son la parte invisible pero profundamente integrada del sistema de los combustibles fósiles; se fabrican a partir del petróleo y el gas y se usan para producir una amplia gama de productos cotidianos, desde el envase de plástico y la ropa sintética hasta los fertilizantes, las pinturas y los equipos médicos.
La diferencia fundamental con la gasolina es que el plástico no se quema: se queda. Cada bolsa, cada botella, cada carcasa de móvil es petróleo solidificado que permanece en el mundo décadas después de haber sido fabricado. Y para fabricarlos hace falta un ingrediente que en este momento está atrapado en el Golfo Pérsico.
La nafta y el Estrecho de Ormuz
El componente central de esta historia se llama nafta. Es un destilado ligero del petróleo crudo, y es la materia prima principal de la industria petroquímica en Asia y Europa. A partir de la nafta se fabrica etileno, y a partir del etileno se fabrica polietileno, que es el plástico más producido del mundo: el de las botellas de agua, los envases de champú, las bolsas de supermercado y los tubos de las instalaciones.
El problema es que entre el sesenta y el setenta por ciento de la nafta asiática pasa por el Estrecho de Ormuz, el canal marítimo entre Irán y Omán que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Desde que estalló el conflicto bélico en la región, ese paso está efectivamente cerrado al tráfico normal. La nafta, el gas licuado de petróleo y el metanol que el Oriente Medio exporta habitualmente hacia las plantas petroquímicas de China, Corea del Sur, Japón, Tailandia y la India están atrapados al otro lado del estrecho.
Antes de la guerra, unos veintiún millones de barriles diarios de petróleo y productos refinados, aproximadamente el veinte por ciento del suministro mundial, salían del Golfo Pérsico a través del Estrecho de Ormuz cada día.
La mayor perturbación de suministro de la historia
Lo que está ocurriendo en la industria petroquímica no tiene precedente moderno. En la Conferencia Mundial de Petroquímica de S&P Global en Houston, Jim Burkhard, responsable de investigación de mercados del petróleo, dijo sin rodeos: «El uno de marzo publicamos un informe titulado 'La mayor perturbación de suministro de la historia, interrogante'. Pues bien, ese interrogante tiene ya una respuesta definitiva: lo es absolutamente».
Las consecuencias son inmediatas y en cascada. Los precios de plásticos como el polietileno y el polipropileno se han disparado desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio, siguiendo el encarecimiento del crudo y de las materias primas. El CEO de Dow, Jim Fitterling, declaró que hasta el cincuenta por ciento del suministro mundial de polietileno está fuera de línea, limitado o viéndose afectado por los acontecimientos en Oriente Medio.
Unos veintinueve millones de toneladas métricas de capacidad de etileno, de un total mundial de doscientos treinta y dos millones, se encuentran directamente en la zona de conflicto. Asia, el mayor exportador mundial de plásticos procesados, está reduciendo su producción a marchas forzadas. Los productores petroquímicos de Asia están recortando producción y operaciones y declarando fuerza mayor sin parar. La fuerza mayor es la fórmula legal que usan las empresas para avisar a sus clientes de que no podrán entregar lo pactado por causas fuera de su control.
¿Y en Europa y Estados Unidos?
El impacto se distribuye de forma muy desigual. Europa lleva desde 2022 con una industria química debilitada por los precios del gas tras la invasión rusa de Ucrania, y esta nueva crisis llega cuando el sector apenas ha empezado a estabilizarse. Asia sufre la mayor exposición directa.
Estados Unidos, en cambio, se encuentra en una posición radicalmente distinta. Sus plantas petroquímicas usan principalmente etano, que se extrae del gas natural de esquisto, abundante y barato en el país. La escasez de nafta en Asia y Europa está colocando a los productores estadounidenses en una posición de ventaja: con más del cincuenta por ciento del polietileno exportado, los productores norteamericanos están registrando márgenes extraordinarios. Las acciones de gigantes químicos como Dow y LyondellBasell han subido más de un setenta y un ochenta por ciento respectivamente en lo que va de año, mientras el S&P 500 cae.
El retraso que nadie ve
Lo más peculiar de este choque es el desfase entre la crisis en la fábrica y el momento en que el consumidor la percibe. Stanislav Krykun, CEO de DST-Pack, una empresa polaca de envases con clientes en todo el mundo, lo explica con claridad: sus proveedores de plástico en China han subido los precios alrededor de un quince por ciento, y todos los pedidos nuevos de las últimas semanas ya se cotizan a precios más altos. Sin embargo, «el envase tiene que fabricarse, enviarse al fabricante, llenarse de producto y distribuirse al comercio minorista. Así que cualquier cambio de precio suele hacerse visible en las estanterías con retraso, no de forma instantánea».
Ese retraso es real pero temporal. Y cuando desaparezca, llegará a casi todo. Los usos de los petroquímicos son amplísimos e impactan esencialmente en todo lo que consumimos, desde automóviles hasta suministros médicos, textiles, detergentes, alimentos y bebidas.
¿Cuánto puede durar?
Incluso si las hostilidades cesaran mañana, llevaría meses, y posiblemente el resto del año, que el negocio volviera a la normalidad. Los contenedores estarán dislocados por todo el mundo durante trimestres. Y hay un factor adicional que complica la recuperación: los petroquímicos no serán los primeros en salir del Golfo una vez que los barcos puedan circular. Como advirtió el CEO de Dow, los fertilizantes, el petróleo y el gas saldrán antes que los petroquímicos.
La pregunta que la crisis obliga a hacerse
Hay una lectura más larga en todo esto. La industria petroquímica mundial lleva años en un ciclo de sobreoferta: demasiadas plantas, demasiado plástico producido, precios deprimidos. La crisis de Ormuz ha revertido esa ecuación de golpe. Pero el debate de fondo sigue pendiente. Los petroquímicos ya representan entre el quince y el dieciséis por ciento de la demanda de petróleo y son uno de los usos de más rápido crecimiento, con nuevas instalaciones industriales diseñadas cada vez más para maximizar la producción química en lugar de combustibles.
Eso significa que incluso si el mundo avanza hacia coches eléctricos y energías renovables, la demanda de petróleo por la vía de los petroquímicos seguirá creciendo. El plástico no desaparece solo porque el coche ya no use gasolina.
Lo que esta crisis ha hecho, al menos, es hacer visible algo que siempre estuvo ahí: que el petróleo no es solo energía. Es también la materia de la que están hechas las cosas.
Fuentes: Bloomberg/BNEF (marzo 2026), C&EN/ACS (abril 2026), OilPrice.com, CNBC, Associated Press, Hydrocarbon Processing, Coface.
