salud, cáncer, vapear, cigarrillos electrónicos
![]() |
| Los cigarrillos electrónicos se introdujeron por primera vez a principios de los años 2000 y sus efectos a largo plazo sobre las tasas de cáncer aún se desconocen. (whitebalance.space/Getty) |
03 abril 2026.- Los "vapes" que contienen nicotina probablemente causen cáncer en humanos, al igual que en ratones, según una revisión de informes de casos, estudios en ratones y estudios de biomarcadores humanos entre 2017 y 2025. Esta es "con diferencia la evidencia más sólida" de que los vapeadores probablemente causan cáncer oral y de pulmón, afirma el investigador oncológico Bernard Stewart, coautor del estudio.
Alrededor del 23% de los ratones que inhalan vapor de cigarrillos electrónicos desarrollan posteriormente cáncer de pulmón. Se ha demostrado que muchos compuestos en los vapeadores son cancerígenos, incluyendo formaldehído, benceno y níquel. Las personas que vapean tienen niveles elevados de sustancias químicas tóxicas en la orina y presentan lesiones tisulares, marcadores de estrés oxidativo y daños en el ADN asociados a tumores.
Hay dos casos reportados de personas que han desarrollado cáncer oral tras el uso crónico de cigarrillos electrónicos.
Vapear probablemente causa cáncer: la evidencia más sólida hasta la fecha
Una revisión científica publicada en Carcinogenesis concluye que los cigarrillos electrónicos con nicotina son agentes cancerígenos para los seres humanos
Una revisión sistemática de más de cien estudios publicados entre 2017 y mediados de 2025 concluye que los vapeadores con nicotina son «probablemente cancerígenos para los humanos», estableciendo el vínculo más sólido documentado hasta la fecha entre el uso de cigarrillos electrónicos y el cáncer oral y pulmonar.
- Título:
- The carcinogenicity of e-cigarettes: a qualitative risk assessment
- Revista:
- Carcinogenesis (Oxford Academic), Vol. 47, N.º 1, 2026
- Investigador principal:
- Prof. Bernard W. Stewart, Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), Sídney
- Coautor destacado:
- Prof. Asociado Freddy Sitas, epidemiólogo, UNSW
- Instituciones:
- UNSW Sydney, Universidad de Queensland, Universidad Flinders, Universidad de Sídney, hospitales Royal North Shore, Prince Charles y Sunshine Coast
- Período analizado:
- 2017 – mediados de 2025
- Publicación:
- 30 de marzo de 2026
Un consenso que se ha ido imponiendo
Los cigarrillos electrónicos llevan algo más de veinte años en el mercado, tiempo insuficiente para contar con estudios epidemiológicos de largo plazo que vinculen directamente su uso con diagnósticos de cáncer en poblaciones. Sin embargo, los autores de esta revisión argumentan que esperar esos datos puede resultar tan costoso para la salud pública como lo fue la demora de casi un siglo en reconocer los efectos cancelígenos del tabaco convencional.
«Los cigarrillos electrónicos se introdujeron hace unos veinte años. No deberíamos esperar otros ochenta para decidir qué hacer.» — Prof. Asociado Freddy Sitas, epidemiólogo, UNSW
El estudio rastrea cómo ha evolucionado la posición científica a lo largo del período analizado. Entre 2017 y 2019 predominaba la cautela: los autores de las publicaciones tenían que referirse a la falta de evidencia suficiente. Para 2024 y 2025, casi sin excepción, los investigadores expresaban una preocupación explícita y creciente sobre la carcinogenicidad de los vapeadores.
Tres pilares de evidencia
Los investigadores estructuraron su análisis en torno a tres categorías de evidencia complementarias entre sí:
Biomarcadores humanos. Análisis de sangre y orina de personas que vapean confirmaron la presencia de compuestos químicos vinculados al cáncer. Se detectaron productos de descomposición de la nicotina, metales cancerígenos procedentes del elemento calefactor del dispositivo y compuestos orgánicos generados al vaporizar los líquidos. Los tejidos orales y pulmonares de los vapeadores presentan lesiones, estrés oxidativo, cambios epigenéticos, inflamación y mutaciones en el ADN, marcadores todos ellos asociados al proceso tumoral.
Experimentación animal. En ensayos con ratones expuestos de forma continuada al aerosol de los cigarrillos electrónicos, aproximadamente el 23 % de los animales desarrollaron adenocarcinoma de pulmón tras 54 semanas de inhalación, a una tasa muy superior a la observada en los grupos de control. También se registraron cambios en la vejiga urinaria compatibles con procesos de carcinogenesis.
Casos clínicos. Se han documentado dos casos de personas que desarrollaron cáncer oral tras el uso crónico de cigarrillos electrónicos sin antecedentes de tabaquismo convencional. Aunque dos casos no establecen causalidad estadística, los autores los consideran señales de alarma clínica tempranas.
«No cabe duda de que las células y tejidos de la cavidad oral y los pulmones resultan alterados por la inhalación de cigarrillos electrónicos.» — Prof. Bernard W. Stewart, investigador oncológico, UNSW Sídney
Los compuestos cancerígenos identificados
El aerosol que inhalan los usuarios no es vapor de agua, como a menudo se ha afirmado en el marketing de estos dispositivos. Se trata de una mezcla compleja de químicos que, según los autores, cumple prácticamente todas las diez «características clave de los cancerígenos» definidas por la Organización Mundial de la Salud. La siguiente tabla recoge los compuestos con mayor relevancia toxicológica identificados en el estudio:
| Compuesto | Origen en el dispositivo | Efecto cancerígeno documentado |
|---|---|---|
| Formaldehído | Degradación térmica del líquido base (glicerina, propilenglicol) | Cancerígeno del Grupo 1 (IARC); daño genómico directo |
| Benceno | Vaporizado desde disolventes orgánicos del e-líquido | Cancerígeno humano conocido; asociado a leucemia |
| Níquel | Liberado por el elemento calefactor metálico | Canceriógeno respiratorio; induce mutaciones en el ADN |
| Acroleinía | Degradación térmica del propilenglicol | Irritante severo del tejido pulmonar; pro-inflamatorio |
| Nitrosaminas derivadas de la nicotina | Metabolismo de la nicotina en el organismo | Carcinogénesis oral y pulmonar; daño en el ADN |
| Compuestos orgánicos volátiles (aromas) | Agentes saborizantes calentados | Estrés oxidativo; cambios epigenéticos en tejido oral |
El riesgo del «uso dual»
Uno de los hallazgos más inquietantes de la revisión concierne a los usuarios que no abandonan el tabaco convencional al iniciarse en el vapeo. Según los datos citados, más de la mitad de las personas que usan cigarrillos electrónicos con fines de abandono tabaco no consiguen dejar ninguno de los dos hábitos. Lejos de reducir el daño, la combinación de ambos resulta particularmente peligrosa.
Implicaciones para la salud pública
La industria del vapeo mueve entre 30.000 y 46.000 millones de dólares anuales a nivel mundial. Grandes empresas tabacaleras —entre ellas Altria, British American Tobacco e Imperial Brands— han invertido fuertemente en cigarrillos electrónicos, posicionándolos como instrumentos de reducción de daños para fumadores. Las conclusiones de este estudio cuestionan esa narrativa de forma directa.
«Siempre hemos asumido que los vapeadores son más seguros que los cigarrillos, pero lo que estamos demostrando es que puede que no sean seguros en absoluto.» — Prof. Asociado Freddy Sitas, UNSW Sídney
Los autores instan a los responsables de política sanitaria a actuar sin esperar a los estudios longitudinales de largo plazo. Entre sus recomendaciones se incluyen restricciones a la comercialización dirigida a jóvenes, etiquetado de advertencia reforzado, limitaciones en concentraciones de nicotina y aromas, y financiación urgente de investigación sobre consecuencias oncológicas a largo plazo. Para los profesionales clínicos, el mensaje es claro: informar a los pacientes de los riesgos reales, sin relativizarlos comparativamente con el tabaco convencional.
El estudio subraya que la mejor elección, tanto para no fumadores como para jóvenes, sigue siendo no iniciar ningún tipo de inhalación de nicotina. Para quienes ya dependen de estos dispositivos, la ayuda médica especializada ofrece la vía más segura hacia el abandono.
«Es peligroso, y ese es el mensaje.» — Prof. Bernard W. Stewart, investigador oncológico, UNSW Sídney
Límites del estudio y voces discrepantes
Los propios autores reconocen que su evaluación es cualitativa y no incluye estimaciones numéricas del riesgo o la carga de enfermedad atribuible. La ausencia de estudios epidemiológicos prospectivos a largo plazo sigue siendo la laguna más importante en este campo. El cáncer puede tardar décadas en manifestarse, y los cigarrillos electrónicos solo llevan dos décadas en el mercado.
Voces críticas, como la del investigador Peter Hajek (Queen Mary University of London), advierten de que exagerar los riesgos del vapeo podría disuadir a fumadores de cambiar a una alternativa que, aunque no exenta de riesgo, puede ser menos dañina que el tabaco combustible. El debate sobre el equilibrio entre precaución y reducción de daños continúa abierto en la comunidad científica y regulatoria.
Lo que esta revisión establece, con la solidez que proporciona la convergencia de tres líneas de evidencia independientes, es que los vapeadores con nicotina no son inocuos y que su potencial cancerígeno es real, incluso si la magnitud exacta del riesgo aún requiere años adicionales de investigación para ser cuantificada con precisión.
