opinión, "costumbre del mar", geopolítica, Trump, Caribe, Venezuela
29 noviembre 2025.- Durante siglos, los marineros vivieron bajo una ley no escrita, brutal y pragmática, conocida como la "costumbre del mar". En situaciones extremas de naufragio, esta norma consuetudinaria permitía lo impensable: sacrificar a uno para salvar a muchos. Era el "canibalismo de supervivencia", una aberración moral disfrazada de necesidad logística. Sin embargo, en 1884, la justicia británica trazó una línea roja definitiva en el célebre caso R v Dudley and Stephens. La sentencia fue clara y resonante: la necesidad no justifica el asesinato. Matar a un inocente, incluso para asegurar la supervivencia del resto, no es un acto de salvamento, es un crimen.
Más de un siglo después, parece que Estados Unidos intenta revivir esta lógica macabra en las aguas del Caribe, aplicando una versión moderna y geopolítica de aquella vieja "costumbre del mar" para justificar su agresión contra Venezuela.
La administración Trump argumenta que sus acciones forman parte de una guerra contra lo que ha denominado "narcoterroristas". Matar a quienes tripulan estas embarcaciones, según ha afirmado, salvará la vida de estadounidenses que, de lo contrario, podrían morir por sobredosis de las sustancias que supuestamente transportan.
La narrativa que emana de Washington bajo la administración Trump —que interceptar, bloquear e incluso abrir fuego contra embarcaciones civiles o comerciales es un acto necesario para "salvar" a la región, proteger la democracia o frenar el narcotráfico— es una falacia moral idéntica a la que usaron Dudley y Stephens en su bote salvavidas. La premisa es la misma: la aniquilación de una parte (la soberanía venezolana, la economía de su pueblo, e incluso vidas humanas en el mar) es el precio aceptable y necesario para la "supervivencia" de un orden hemisférico diseñado a imagen y semejanza de los intereses norteamericanos.
Pero si el tribunal de 1884 dictaminó que el hambre extrema no otorga licencia para matar y comerse al grumete, el derecho internacional moderno establece que ninguna crisis política, real o fabricada, otorga licencia para estrangular a una nación mediante bloqueos navales o intervenciones militares disfrazadas de ayuda humanitaria.
Lo que presenciamos en el Caribe no es una operación de policía internacional; es la resurrección del "asesinato por necesidad". Washington nos pide que aceptemos que hundir la economía venezolana o militarizar sus costas —poniendo en riesgo la vida de migrantes y comerciantes— es un acto de benevolencia. Nos piden que aceptemos que "comerse" la soberanía de Venezuela es vital para que el resto del continente "sobreviva" a la supuesta amenaza socialista.
Aceptar esta lógica es retroceder a tiempos anteriores a la civilización jurídica. Es validar que el más fuerte en el bote salvavidas tiene derecho a decidir quién vive y quién muere. La "necesidad" que alega Trump no es una ley física ineludible, sino una construcción política destinada a legitimar la violencia.
En 1884, la humanidad decidió que la civilización consistía precisamente en no ceder al instinto de devorar al prójimo, incluso en las peores tormentas. Hoy, ante la agresión en el Caribe, debemos recordar ese veredicto: no existe el "asesinato humanitario", ni el "bloqueo salvador". Lo que hay es una potencia aplicando la ley del más fuerte, intentando convencernos de que su apetito imperial es, en realidad, una ineludible costumbre del mar.
Si bien los actuales ataques estadounidenses a barcos en el Caribe y el Pacífico oriental no implican canibalismo, sino ataques militares que han resultado en la muerte de las personas que tripulaban esos barcos, el caso de The Mignonette todavía puede ser relevante.
Al igual que los miembros de la tripulación de The Mignonette, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que matar gente en el mar está justificado porque preservará las vidas de otros. Éste es el mismo razonamiento detrás de la ahora desacreditada “costumbre del mar”.
En lugar de “canibalismo de supervivencia”, esto equivale a “asesinato por supervivencia” basado en el argumento de que otras personas vivirán si quienes están en los barcos mueren.
El caso se enseña en las clases de derecho debido a las difíciles cuestiones que plantea: ¿Cuándo, si alguna vez, se justifica el asesinato? Si está justificado, ¿en qué circunstancias se consideraría la única opción viable?
O bien las normas internacionales regresan a la era de la “costumbre del mar” y consideran legal el asesinato por un bien mayor, o bien confirman el veredicto de R v Dudley and Stephens y consideran las acciones en el Mar Caribe como actos de asesinato injustificados.
La Crónica del Henares

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