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Cuba se ha quedado sola: el colapso de un régimen sin aliados, sin petróleo y sin salida
Las sanciones de Trump, la caída de Venezuela y el silencioso abandono de sus aliados tradicionales han dejado al castrismo ante la peor crisis de sus 67 años de historia. La pregunta ya no es si habrá cambio en Cuba, sino cómo y bajo qué condiciones.
Análisis basado en: El Orden Mundial · Infobae · CNN en Español · El Independiente · Resumen Latinoamericano · Infobae América · Wikipedia Crisis de Cuba 2026 — Marzo 2026
La magnitud de la crisis
| −15% Caída acumulada del PIB cubano desde 2020, con −5% solo en 2025 | −62% Caída del turismo: de 4,7 millones de visitantes en 2018 a 1,8 millones en 2025 | +240 Nuevas sanciones impuestas por la administración Trump en su segundo mandato | 0 Petroleros extranjeros llegados a Cuba: el primer mes sin crudo desde 2015 |
En diciembre de 2025, la Marina de los Estados Unidos interceptó los últimos cargamentos de petróleo venezolano con destino a La Habana. Un mes antes, Nicolás Maduro había sido capturado tras la intervención militar estadounidense en Venezuela. Con ese doble golpe, Cuba perdió en cuestión de semanas tanto a su principal proveedor de energía como al único líder regional que había apostado sin condiciones por su supervivencia. Los dados quedaron marcados.
Lo que siguió ha sido una espiral de colapso sin precedentes en la historia de la revolución cubana: apagones que duran la mayor parte del día en todas las ciudades del país, hospitales funcionando en condiciones precarias, alimentos echándose a perder por falta de refrigeración, largas colas en gasolineras que venden combustible únicamente en dólares y con un máximo de veinte litros por persona. La contracción del PIB continuó en 2025, con una caída estimada del 5%, sumando más del 15% de descenso acumulado desde 2020.
Y sin embargo, lo más revelador de este momento no es la magnitud de la crisis interna, sino lo que no ha ocurrido fuera de Cuba: prácticamente nadie ha salido a defenderla.
“Con Venezuela fuera de plano, los países amigos desaparecidos, Rusia y China a sus cosas, y el colapso económico en fase aguda, nadie puede parar el efecto de la gravedad: el castrismo cae del árbol.”
— Análisis de Infobae, marzo 2026
I. El torniquete energético: cómo Trump cerró el grifo
La crisis actual tiene una fecha de inicio clara: enero de 2026. Tras el ataque estadounidense a Venezuela y la captura de Maduro, la administración Trump emitió una orden ejecutiva que amenazaba con aranceles a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba. La ecuación es sencilla, pero brutal: Cuba depende del petróleo importado. Durante años, ese suministro estuvo garantizado por Venezuela. Sin embargo, ese flujo se interrumpió. Washington no se limitó a ese golpe estratégico: decidió cerrar el cerco.
El bloqueo económico se ha visto reforzado por la incautación de embarcaciones que transportaban hidrocarburos, como el caso del buque Skipper, y la amenaza de sanciones a cualquier intermediario. Esta escalada ha dejado a la isla sin alternativas inmediatas para cubrir su demanda energética.
El impacto ha sido devastador. Cuba ya producía solo un tercio de la energía que consume; con el corte del suministro externo, la economía ha entrado en una parálisis casi total. Los apagones duran la mayor parte del día en muchas ciudades cubanas, el turismo está disminuyendo y algunas empresas extranjeras han comenzado a retirar a su personal de la isla en medio del deterioro de las condiciones. Cansados de los apagones constantes, los cubanos están saliendo cada vez más a las calles.
El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró estar “extremadamente preocupado” por la situación humanitaria en Cuba, que “empeorará o incluso colapsará” si no se satisfacen las necesidades petroleras del país. Expertos de la ONU han condenado la orden ejecutiva de Trump, describiendo el bloqueo de combustible como “una grave violación del derecho internacional.”
II. El abandono silencioso: por qué nadie defiende a Cuba
En otros momentos de la historia de las crisis cubano-estadounidenses, la respuesta internacional habría sido intensa. En 1962, la Unión Soviética llevó al mundo al borde de la guerra nuclear por Cuba. En los años 90, durante el Período Especial, la solidaridad latinoamericana y el apoyo venezolano permitieron al régimen sobrevivir al colapso del bloque soviético. Esta vez, el silencio es ensordecedor.
De golpe, países que habían ayudado históricamente a Cuba hacían un mutis significativo, especialmente los tres más grandes de la región —Brasil, México y Colombia— que bruscamente dejaron de suministrar petróleo a la isla. Ello es especialmente sensible tratándose de países con líderes de izquierdas que siempre se habían posicionado a favor de la supervivencia del régimen.
Los motivos de este repliegue generalizado son varios y se superponen. El artículo de El Orden Mundial los sistematiza con claridad: la falta de incentivos reales, el desgaste de la retórica internacionalista del castrismo y el coste de enfrentarse a la agresividad de la administración Trump. Analicemos cada uno.
Los cinco frentes del aislamiento cubano
Venezuela: Caída de Maduro y corte del petróleo en enero de 2026. El sostén energético y diplomático histórico ha desaparecido.
México: Suspendió la venta de petróleo bajo amenaza de aranceles estadounidenses. La ayuda humanitaria ofrecida es simbólica, no estructural.
Brasil y Colombia: Lula y Petro —líderes de izquierda— han criticado la política de Washington pero no han actuado, priorizando sus relaciones con EE. UU.
Rusia y China: Condenan las sanciones retóricamente pero no ofrecen apoyo energético sustitutivo. Tienen agendas propias que no incluyen asumir el coste de defender a Cuba.
Ecuador: En marzo de 2026, el presidente Noboa expulsó al embajador cubano y declaró persona non grata a toda la misión diplomática cubana en Quito.
III. Sin recursos estratégicos: Cuba no tiene lo que compra aliados
La diferencia más reveladora entre Cuba y Venezuela —o entre Cuba y Ucrania— es la ausencia de incentivos materiales para defenderla. Venezuela tenía petróleo; quienes la apoyaban recibían crudo a precio subsidiado. Ucrania recibe apoyo occidental porque su derrota modificaría el orden de seguridad de toda Europa. Cuba no ofrece ninguno de estos retornos.
Aunque la isla posee reservas significativas de níquel y cobalto —minerales estratégicos para la transición energética global— y un papel histórico en la producción de azúcar, estos sectores han colapsado por el abandono industrial, la escasez de combustible y la falta de inversión. Estados Unidos, que sería el principal interesado, tiene alternativas mucho menos costosas en Australia, Canadá, Indonesia o la República Democrática del Congo.
Lo que sí tiene Cuba es valor geopolítico negativo para Washington: su proximidad (145 km de Florida), su papel como polo de atracción de migrantes y su histórica conexión con actores hostiles a EE. UU. Pero eso no convierte a nadie más en su aliado natural; al contrario, hace que apoyarla sea costoso para cualquiera que necesite mantener relaciones funcionales con Washington.
Por eso la presión estadounidense tiene, en realidad, motivaciones más domésticas que estratégicas: la influencia electoral de la diáspora cubana en Florida, la confrontación ideológica con el comunismo como activo político interno, y en menor medida la preocupación por la crisis migratoria y la seguridad del entorno inmediato. No es una política diseñada para ganar el mundo; es una política diseñada para ganar el sur de Florida.
IV. El desgaste de la retórica: 67 años de revolución sin resultados
Hay un segundo factor de fondo que explica el abandono: la erosión de la credibilidad del proyecto cubano como modelo político exportable. Durante décadas, el castrismo capitalizó su imagen internacional a través de tres activos: el relato de la resistencia antiimperialista, el prestigio de su sistema de salud y educación, y la solidaridad internacionalista —especialmente sus misiones médicas en América Latina y África.
Los tres se han deteriorado. El relato de la resistencia es difícil de sostener cuando la economía ha caído más del 15% en cinco años y diez millones de personas viven sin electricidad la mayor parte del día. El sistema sanitario que Cuba exportaba como carta de visita —sus misiones médicas en Brasil, Bolivia, Venezuela, incluso en regiones de Italia como Calabria— ha sido sistemáticamente atacado por Washington, que presionó a los gobiernos receptores para cancelar los contratos bajo la acusación de que constituían una forma de trata de personas. Y el internacionalismo solidario resulta difícil de mantener cuando el país que lo predica no puede encender las luces.
El resultado es que muchos gobiernos de izquierda que históricamente habrían defendido a Cuba con vigor han optado por una posición calculadamente ambigua: crítica verbal a las sanciones, silencio ante la represión interna, y cero coste material asumido. Lula condena el bloqueo en los foros internacionales pero no manda petróleo. Boric expresa preocupación pero no actúa. La solidaridad retórica se ha disociado de la solidaridad efectiva.
V. El régimen enrocado: la apuesta por la supervivencia sin reforma
Ante todo esto, la respuesta del régimen ha sido el enrocamiento. Díaz-Canel ha repetido que la rendición no es una opción y que cualquier diálogo deberá realizarse sin presiones y respetando la soberanía de Cuba. Sin embargo, el 14 de marzo de 2026, por primera vez, el presidente cubano reconoció que su gobierno había entablado conversaciones con la administración Trump, después de semanas diciendo que no negociarían mientras eran amenazados por Estados Unidos.
El régimen ha tomado medidas de emergencia: racionalización drástica del combustible, priorización de servicios esenciales como hospitales y producción de alimentos, y algunas señales inéditas de apertura económica, como la autorización parcial para que exiliados cubanos inviertan en la isla. Pero estas medidas llegan muy tarde y son insuficientes ante la magnitud de la crisis.
Las propias y estrictas restricciones de La Habana a la inversión extranjera limitan gravemente las oportunidades de negocio, y el ritmo glacial de la burocracia comunista hace que las transacciones rutinarias tarden años. Esta rigidez estructural no es accidental: es el mecanismo de control sobre el que descansa el poder del aparato militar cubano, el grupo GAESA, que controla la mayor parte de la economía de la isla.
La figura de Díaz-Canel se debilita más cada día: sin liderazgo propio y dependiente del aparato militar que sigue controlado en la sombra por Raúl Castro, el presidente se ha convertido en símbolo de inercia y desgaste. En barrios de La Habana y Santiago ya se escuchan consignas pidiendo libertad y cambio, algo impensable hace apenas unos años. La Asamblea General de las Naciones Unidas pidió en octubre de 2025 por trigésima tercera vez y por aplastante mayoría el fin del embargo. Pero ni esa condena moral universal ha movido a Washington ni a los aliados potenciales de Cuba a actuar.
“La isla ha llegado a ese momento en que el emperador está desnudo. Ya terminamos aquí. Esto se derrumbó, fracasó, pero tenemos una gran oportunidad de rehacerlo.”
— Pedro Freyre, cubanoamericano y presidente de la práctica internacional del bufete Akerman, a CNN (2026)
VI. Los escenarios: ¿qué puede pasar ahora?
La pregunta que vertebra el debate en los círculos diplomáticos y académicos ya no es si habrá cambio en Cuba, sino cómo y bajo qué condiciones. Los analistas manejan fundamentalmente tres escenarios.
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Transición negociada
El régimen acepta reformas profundas a cambio de un alivio gradual de sanciones. Conversaciones en curso entre Washington y La Habana —con Marco Rubio como negociador por el lado estadounidense— apuntan a esta dirección. El modelo que se maneja es “a lo Delcy”, en referencia a la transición venezolana. Implica concesiones que el aparato militar cubano puede no estar dispuesto a aceptar. |
Implosión interna
El colapso económico y los cortes de luz generan una ola de protestas que el régimen no puede contener. El gobierno cubano está bajo más presión para reformar su economía estancada que en cualquier momento desde la caída del Muro de Berlín. La comparación con la Cuba de los años 90, cuando se habló de un “Período Especial”, resulta insuficiente: entonces había petróleo soviético; ahora no hay nada. |
Intervención exterior
Trump ha afirmado que podría “tomar” Cuba o impulsar un “cambio de liderazgo”. Así comenzó su estrategia en Venezuela. Así escaló en Irán. Una operación militar limitada es posible, aunque los analistas la consideran el escenario menos probable por los costes políticos y humanos —y porque Cuba, a diferencia de Venezuela, tiene capacidad de respuesta real. |
Lo que hace especialmente delicada la situación es que estos tres escenarios no son excluyentes: pueden superponerse, encadenarse o derivar el uno en el otro. Una implosión interna puede crear el caos que justifique una intervención exterior. Una negociación mal gestionada puede desembocar en un colapso. Y cualquier resultado que no cuente con una hoja de ruta clara de transición puede derivar en los escenarios que América Latina conoce demasiado bien: intervenciones, guerras civiles o transiciones caóticas.
VII. El dilema mexicano y el silencio europeo
Dos actores merecen una mención especial por lo que representa su posición: México y la Unión Europea. México ha sido históricamente el interlocutor neutral en el conflicto cubano-estadounidense, el país que mantuvo relaciones diplomáticas con La Habana incluso durante los años más duros de la Guerra Fría. Claudia Sheinbaum ha heredado esa tradición, pero también la presión de una administración Trump que amenaza con aranceles a cualquier país que no se alinee.
México ha quedado atrapado en esta ecuación. La suspensión de la venta de petróleo a Cuba, bajo la amenaza de sanciones estadounidenses, refleja los límites de su margen de maniobra. La ayuda humanitaria, aunque simbólicamente relevante, no sustituye la dimensión estructural del problema. La política exterior mexicana enfrenta aquí uno de sus dilemas clásicos: la defensa de la soberanía frente a la realidad del poder.
La Unión Europea, por su parte, ha brillado por su ausencia. Aunque el Parlamento Europeo ha condenado en múltiples ocasiones tanto el embargo estadounidense como las violaciones de derechos humanos del régimen cubano, la UE no ha articulado ninguna respuesta concreta ante la actual crisis humanitaria. El apoyo a Ucrania, la gestión de las relaciones con Washington bajo Trump y las tensiones comerciales internas han desplazado a Cuba muy lejos de la agenda europea.
Conclusión: el final de una era, el comienzo de la incertidumbre
La crisis cubana de 2026 tiene la textura de un momento histórico: la confluencia de un colapso interno estructural con una presión exterior sin precedentes, en un contexto de abandono diplomático total. El régimen que sobrevivió a la invasión de Bahía de Cochinos, a la crisis de los misiles, al Período Especial y al fin de la Unión Soviética se enfrenta ahora a una situación para la que no tiene precedente en su propia historia.
El elemento diferencial no es la agresividad de Trump —otros presidentes estadounidenses fueron igual de agresivos— sino la suma de factores que convergen simultáneamente: la caída de Venezuela, el agotamiento del modelo económico, el abandono de los aliados, la ausencia de recursos estratégicos que generen solidaridad, y el hartazgo de una población que ya sale a la calle a golpear cacerolas. En 67 años de revolución cubana, ninguna de estas variables se había combinado de esta manera al mismo tiempo.
La pregunta que queda sin respuesta —y que determinará el desenlace— es si el aparato militar y la élite del partido que controlan realmente el poder en Cuba tienen la visión histórica para gestionar una transición ordenada antes de que el colapso se haga incontrolable. O si, como ha ocurrido tantas veces en la historia de los regímenes autoritarios, preferirán seguir enrocados hasta que ya no haya nada que defender.
Las claves del aislamiento cubano en 2026
✦ Venezuela ha caído. La captura de Maduro y el corte del petróleo eliminaron el único sostén energético y diplomático real del régimen.
✦ Trump ha cerrado el cerco. Más de 240 nuevas sanciones, bloqueo naval de combustible y amenaza de aranceles a terceros países proveedores.
✦ No hay incentivos para defender a Cuba. Sin petróleo, sin recursos estratégicos codiciables y sin retornos geopolíticos claros, nadie asume el coste.
✦ Los aliados de izquierda se han replegado. Brasil, México, Colombia y la UE condenan de palabra, pero no actúan. El coste de enfrentarse a Trump es demasiado alto.
✦ El régimen se ha enrocado. Cerrado a reformas estructurales, su único margen de maniobra es una negociación con Washington que exige concesiones que el aparato militar no quiere hacer.
✦ La incógnita es la transición. Negociada, por implosión o por intervención exterior: los tres escenarios son posibles, y ninguno garantiza estabilidad.
Fuentes: El Orden Mundial (Felipe Galli, marzo 2026); Infobae América (“El momentum cubano”, marzo 2026); CNN en Español (“Cuba anuncia reformas económicas”, 16 de marzo de 2026); El Independiente México (“La perestroika cubana”, marzo 2026); Resumen Latinoamericano (“Análisis de posibles escenarios Cuba-EE. UU. en 2026”, febrero 2026); Infobae (“Crisis sin precedentes en Cuba”, febrero 2026); Wikipedia ES (“Crisis de Cuba de 2026”); Human Rights Watch, Informe 2026; Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC). Artículo elaborado con fines informativos y de análisis geopolítico a partir de fuentes públicas.
