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Dos estudios presentan los genomas caninos más antiguos jamás secuenciados, lo que representa un gran avance en la comprensión científica de los orígenes de este animal.
31 marzo 2026.- Los perros ocupan un lugar especial en la historia de la humanidad. Fueron los primeros animales domesticados y hoy en día son comunes en nuestros hogares. Pero, ¿de dónde vienen los perros? ¿Cómo eran los primeros perros? A pesar de los numerosos estudios exhaustivos realizados en diversas disciplinas, el enigmático origen de estos animales sigue sin estar claro.
En un artículo publicado en Nature , Bergström et al . y Marsh et al . superan esta barrera, acercándose más que nunca al origen de los perros y trazando su evolución temprana en Eurasia occidental.
Paleogenómica · Nature, vol. 651 · Marzo 2026
El perro nació en la Europa glacial
Dos estudios publican los genomas caninos más antiguos jamás secuenciados y reescriben el origen del primer animal domesticado
El perro ocupa un lugar singular en la historia de la humanidad: fue el primer animal en ser domesticado y hoy comparte hogar con cientos de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, y a pesar de décadas de investigación arqueológica y genética, su origen seguía siendo uno de los grandes enigmas de la prehistoria. ¿Cuándo se produjo exactamente la domesticación? ¿Dónde? ¿Fue un proceso único o aconteció de forma paralela en distintos puntos del globo? Dos estudios publicados simultáneamente en Nature el 25 de marzo de 2026 ofrecen las respuestas más precisas obtenidas hasta la fecha, acercándose al origen de los perros con una resolución genómica sin precedentes.
Los trabajos, firmados respectivamente por Anders Bergström, Pontus Skoglund y colaboradores del Instituto Francis Crick de Londres, y por William A. Marsh, Lachie Scarsbrook, Laurent Frantz y colaboradores de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y el Museo de Historia Natural de Londres, presentan los genomas de perros más antiguos jamás secuenciados: restos procedentes del Reino Unido, Suiza y Turquía con una antigüedad de entre 14.000 y 16.000 años, que amplían el registro genético canino en más de 5.000 años de golpe.
Estudio 1 · Marsh et al. · Nature 651, 995–1003
Los genomas más antiguos: de Cheddar Gorge a Anatolia
El equipo liderado por William Marsh (Museo de Historia Natural de Londres) y Lachie Scarsbrook (Universidad Ludwig Maximilian de Múnich) generó secuencias genómicas nucleares y mitocondriales de restos de la cueva de Gough (Cheddar Gorge, Reino Unido, 14.300 años de antigüedad) y del yacimiento de Pınarbaşı (Turquía, 15.800 años), así como de dos sitios mesolíticos de Serbia (Padina y Vlasac). Los análisis demuestran que una población de perros domésticos genéticamente homogénea ya estaba ampliamente distribuida por Europa y Anatolia durante el Paleolítico Superior Tardío, hace al menos 14.300 años.
Estudio 2 · Bergström et al. · Nature 651, 986–994
Doscientos restos escrutados: el perro de Kesslerloch y la huella magdaleniense
El equipo del Instituto Francis Crick, liderado por Anders Bergström y Pontus Skoglund, cribó centenares de restos de supuestos perros y lobos aplicando una técnica de captura de ADN antiguo entre contaminantes microbianos. Lograron distinguir perro de lobo en más de 130 muestras e identificaron 14 perros que vivieron junto a cazadores-recolectores en Europa, incluido un ejemplar de Kesslerloch (Suiza) con 14.200 años de antigüedad. El conjunto de datos dibuja una imagen coherente: una población de perros paleolíticos ampliamente extendida por la Eurasia occidental.
El hallazgo más llamativo de ambos trabajos es la notable similitud genómica entre los dos perros más antiguos, a pesar de estar separados por unos 4.000 kilómetros y por poblaciones humanas con modos de vida muy distintos. El perro de Pınarbaşı acompañaba a grupos que dependían de la pesca y las aves de pequeño tamaño; el de Gough's Cave, a cazadores terrestres de la cultura magdaleniense. Y sin embargo, sus genomas se parecen de forma llamativa, lo que apunta a una difusión rápida de la especie domesticada por toda la Eurasia occidental durante el Paleolítico Superior.
«Cada vez que las personas se desplazan, llevan sus perros consigo. Lo llamamos el perro navaja suiza: pueden adaptarse a todos estos roles culturales.»
Lachie Scarsbrook, Universidad Ludwig Maximilian de Múnich — Nature News, 25 de marzo de 2026Ambos estudios muestran, además, que los humanos de esos grupos paleolíticos trataban a sus perros de un modo sorprendentemente similar al que reservaban para sus propios muertos. El cráneo del perro de Gough's Cave presentaba perforaciones decorativas análogas a las halladas en cráneos humanos del mismo yacimiento —asociadas probablemente a prácticas rituales—. En Pınarbaşı, los restos caninos aparecían enterrados intencionalmente sobre los de humanos fallecidos. Los análisis isotópicos revelan que los perros de ambos lugares consumían la misma dieta que sus dueños humanos.
A 4.000 kilómetros de distancia, estos perros eran tratados de maneras extraordinariamente parecidas, lo que sugiere que el vínculo entre humano y perro ya estaba profundamente arraigado en culturas paleolíticas muy distintas.
| Yacimiento | Ubicación | Antigüedad | Dato singular |
|---|---|---|---|
| Pınarbaşı | Turquía (Anatolia) | ~15.800 años | Genoma canino más antiguo conocido; cachorra hembra identificada por sus dientes |
| Gough's Cave | Cheddar Gorge, Reino Unido | ~14.300 años | Cráneo con perforaciones decorativas; contexto magdaleniense |
| Kesslerloch | Suiza | ~14.200 años | Identificado en el cribado masivo de Bergström et al. |
| Padina / Vlasac | Serbia | 11.500–7.900 años | Sitios mesolíticos que completan la secuencia cronológica |
Antes de estos estudios, el ADN de perro más antiguo recuperado con fiabilidad procedía de restos de unos 11.000 años hallados en el noroeste de Rusia. Los nuevos trabajos amplían ese registro en más de 5.000 años de un solo golpe, situando la presencia genéticamente confirmada del perro doméstico en el tramo final de la última era glacial, cuando el Homo sapiens vivía aún como cazador-recolector y la agricultura no existía. Esto despeja una duda central: los perros no son una consecuencia del sedentarismo agrícola, sino un compañero mucho más antiguo, forjado en la vida nómada de las bandas paleolíticas.
Los estudios no resuelven definitivamente dónde tuvo lugar la domesticación original —la cuestión de si ocurrió en Europa occidental, en Asia oriental o en otro punto de Eurasia sigue abierta—, pero sí acortan el perímetro de búsqueda. La homogeneidad genómica de los perros más antiguos sugiere que el evento de domesticación fue probablemente único o muy localizado en el tiempo, seguido de una dispersión veloz de animales ya domésticos a lo largo de las redes de intercambio de los grupos paleolíticos.
«Cuatro mil kilómetros de separación, y sin embargo vemos a estos perros siendo tratados de maneras muy similares.»
William Marsh, Museo de Historia Natural de Londres — Nature News, 25 de marzo de 2026La técnica de captura de ADN antiguo empleada por el equipo de Bergström, ya aplicada con éxito en la paleogenómica humana, demuestra ahora su potencia en los estudios caninos: permite extraer señal genética de huesos extremadamente fragmentados y contaminados, ampliando enormemente el número de restos que pueden ser analizados con fiabilidad. Esta metodología, combinada con el creciente acervo de genomas modernos de razas y poblaciones caninas de todo el mundo, promete nuevas revelaciones en los próximos años.
Los hallazgos se inscriben en un debate científico de larga data. Estudios previos, como el de Bergström y colaboradores en Science en 2020, ya habían apuntado a que la estructura genómica de los perros se remontaba al Pleistoceno y que al menos cinco linajes principales se habían diversificado hace 11.000 años. Los nuevos datos de 2026 confirman y profundizan esa imagen, añadiendo una dimensión temporal más temprana y una distribución geográfica más amplia de lo que se creía.
Lo que los datos revelan con claridad es que el perro y el ser humano comparten una historia entrelazada que se extiende al menos 15.000 años atrás, en plena era glacial, cuando los glaciares cubrían buena parte del norte de Europa y la megafauna pleistocénica aún poblaba las estepas euroasiáticas. El perro fue, desde el principio, un animal de frontera: capaz de cruzar barreras culturales, adaptarse a ecologías distintas y seguir a los humanos allá donde la especie se aventurara.
