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| El crucero MV Hondius. Imagen de Archivo |
06 mayo 2026.- El hantavirus es un patógeno de origen zoonótico, es decir, transmitido por animales a humanos. Circula en roedores y la transmisión a los humanos ocurre principalmente por inhalación de partículas virales aerosolizadas presentes en la orina, las heces y la saliva de roedores infectados, a menudo durante la limpieza de áreas cerradas e infestadas.
No es un virus nuevo. Los estudios indican que los hantavirus existen desde hace siglos, con brotes documentados en Asia y Europa, vinculados a fiebre hemorrágica e insuficiencia renal. No fue hasta principios de la década de 1990 cuando un grupo de hantavirus, hasta entonces desconocido, surgió en el suroeste de Estados Unidos como causa de una enfermedad respiratoria aguda: el síndrome pulmonar por hantavirus.
El virus provoca dos cuadros clínicos principales: puede causar dificultades respiratorias y cardíacas, así como fiebres hemorrágicas; no existen vacunas ni medicamentos específicos, de modo que el tratamiento se limita a aliviar los síntomas. Los primeros síntomas son engañosamente banales: fiebre, escalofríos, dolores musculares y dolor de cabeza, que pueden progresar con rapidez y volverse potencialmente mortales.
Su riesgo frente a otros virus conocidos
La gran diferencia del hantavirus respecto a amenazas virales más conocidas reside en su perfil de mortalidad. El síndrome pulmonar por hantavirus puede ser mortal: el 38% de las personas que presentan síntomas respiratorios podrían morir a causa de la enfermedad. Para poner esto en perspectiva, la gripe estacional tiene una tasa de mortalidad inferior al 0,1%, y el COVID-19 en su fase más letal rondó el 1-2% en población general. El hantavirus, en su forma pulmonar, resulta exponencialmente más letal para quienes desarrollan la enfermedad grave.
Sin embargo, su peligrosidad pandémica es mucho más limitada que la del COVID-19 o la gripe, por una razón fundamental: por lo general, el virus no se contagia entre personas. La principal vía es de roedor a humano. Esto lo aleja radicalmente del perfil de un agente pandémico. No obstante, existe una excepción que hace especialmente inquietante el caso del crucero: la transmisión de persona a persona solo se ha observado con un único tipo de virus, algo extremadamente inusual. La OMS sospecha que hubo transmisión del hantavirus entre personas a bordo del crucero anclado en Cabo Verde. Esa cepa, el virus Andes, se localiza principalmente en la región andina de Argentina y Chile. El crucero partió precisamente de Ushuaia, en la Patagonia argentina.
El crucero MV Hondius y los hechos
El crucero MV Hondius inició su travesía en Ushuaia, Argentina, dentro de una ruta programada hacia Praia, en Cabo Verde, con destino final en Canarias. La OMS elevó a siete los afectados por el posible brote, de los cuales tres han fallecido. La empresa operadora, la neerlandesa Oceanwide Expeditions, anunció su intención de navegar hacia las Islas Canarias. Catorce españoles —trece pasajeros y un miembro de la tripulación— se encontraban a bordo.
¿Qué riesgos tiene Canarias al acoger a los enfermos?
Desde el punto de vista estrictamente epidemiológico, los riesgos para la población canaria son moderados pero no despreciables. La clave está en si el brote implica transmisión entre personas. La OMS considera que lo más probable es que el brote de hantavirus no se haya originado dentro del barco, sino antes del embarque, dado que el período de incubación puede variar entre una y seis semanas.
Si los casos activos son atendidos con los protocolos de aislamiento adecuados, el riesgo de contagio a la población canaria sería mínimo: los hospitales españoles tienen protocolos de alta contención para virus de este tipo. El verdadero riesgo residiría en que, de confirmarse la transmisión interhumana de la cepa Andes, el manejo clínico exige niveles de bioseguridad más exigentes, y cualquier fallo en el protocolo podría exponer al personal sanitario. El archipiélago tampoco cuenta con las mismas infraestructuras de bioseguridad de nivel 4 que los grandes centros hospitalarios del continente europeo.
¿Tiene razón la OMS en su decisión?
Desde el punto de vista de la salud global, la posición de la OMS tiene una lógica humanitaria y técnica sólida. La OMS supervisa el brote y asegura que no hay riesgo para la población en general. El organismo no pidió que el crucero llegara sin más a un puerto abierto: su postura es que los enfermos reciban atención médica adecuada en el lugar más cercano con capacidad para ello.
La negativa de Cabo Verde a acoger el barco dejó a los enfermos sin opciones geográficas próximas, haciendo de Canarias el destino lógico más cercano con infraestructura hospitalaria de nivel. Desde una perspectiva de derecho marítimo internacional y de ética sanitaria, abandonar a enfermos graves en alta mar o en un puerto sin medios no es una opción aceptable. La OMS actuó, en ese sentido, conforme a sus mandatos. El riesgo para Canarias, bien gestionado, es controlable; el riesgo para los enfermos sin atención inmediata, no.
La polémica política
El caso derivó rápidamente en un choque institucional con claros matices políticos. A pesar de que la OMS apoya el traslado del buque hacia el archipiélago español, el Gobierno de Pedro Sánchez mostró una postura firme de rechazo. El Ministerio de Sanidad propuso que tanto los casos sintomáticos como los contactos de alto riesgo fueran evacuados y atendidos íntegramente en Cabo Verde, permitiendo que el barco siguiera su curso hacia Europa sin escalas en territorio español.
El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, subrayó que el crucero "debe ser atendido donde está", en Cabo Verde, antes de regresar directamente a los Países Bajos. La posición coincidía con la del Gobierno central, aunque por razones en parte distintas: Canarias arrastra una enorme presión migratoria y sanitaria, y sus responsables políticos son especialmente sensibles a cualquier percepción de que el archipiélago se convierte en el "vertedero" de los problemas que el continente no quiere asumir.
El trasfondo político es múltiple. Por un lado, el debate recuerda viejas tensiones sobre el reparto de responsabilidades entre el Estado central y las comunidades autónomas en crisis sanitarias. Por otro, el choque entre España y la OMS pone de manifiesto hasta qué punto las decisiones de organismos internacionales pueden colisionar con la soberanía y las prioridades políticas nacionales. En un contexto de alta polarización en España, el episodio fue aprovechado desde distintos flancos: quienes criticaron al Gobierno por falta de solidaridad internacional, y quienes lo acusaron de ceder finalmente ante presiones externas. Al final, el Ministerio de Sanidad anunció en la noche del martes que el crucero pondría rumbo a Canarias, mientras que un hospital tinerfeño, el de La Candelaria, trataría al médico del barco contagiado.
En definitiva, el caso del MV Hondius ilustra cómo una crisis sanitaria, cuando se superpone a la geografía política, a los intereses locales y a la desconfianza institucional, deja de ser solo un problema de salud pública para convertirse en un termómetro de las tensiones más profundas de un país.
La Crónica del Henares
