Del naufragio de 1588 a los homenajes de la Armada en Streedagh: cómo la Invencible tejió lazos entre España e Irlanda en los siglos XX y XXI.
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| Imágenes de 1988 rescatadas del calendario de Tara Mines, el programa «Armada 400» de Sligo, The Irish Times y el catálogo del Instituto Cultural Español de Dublín, con la cronología de 1588 a 2026. |
Alcalá de Henares, 27 de septiembre de 2026
Cuatro siglos después de que una veintena de barcos de la Gran Armada naufragara en sus costas, Irlanda ha convertido aquella catástrofe en un vínculo con España: arqueología compartida, homenajes anuales con la Armada española y hasta un premio universitario.
Las claves
- Los pecios de 1588 pasaron en el siglo XX de ser botín de buscadores de tesoros a patrimonio protegido por el Estado irlandés.
- El IV centenario de 1988 reunió a instituciones de los dos países, aunque el Gobierno español no quería celebrarlo.
- Un pueblo de Sligo, Grange, mantiene viva la memoria y desde 2016 ha recibido en sus homenajes a buques de la Armada española.
- Un estudio premiado en 2024 por la Universidad de Málaga analiza ese legado en conjunto.
Cada septiembre, en la playa de Streedagh, en el condado irlandés de Sligo, los vecinos de Grange clavan en la arena más de mil cruces de madera. Recuerdan a los marinos y soldados que murieron allí el 21 de septiembre de 1588, cuando un temporal destrozó tres barcos de la Armada: unos 1.100, según los organizadores, y entre 800 y 1.300, según otras fuentes. «En espacio de una hora se hicieron todas tres naos pedazos», escribió uno de los pocos supervivientes. En 2024 presidió el homenaje el almirante general Antonio Piñeiro, jefe de Estado Mayor de la Armada española, junto al embajador de España en Irlanda, Ion de la Riva, y el buque Carnota arrojó al mar una corona de flores.
La escena habría sido impensable hace medio siglo. Hasta los años sesenta, los barcos hundidos de 1588 eran en Irlanda cosa de pescadores, chatarreros y leyendas. Lo que cambió por el camino, entre buzos, tribunales, embajadores y asociaciones vecinales, es el asunto del estudio La influencia de la Gran Armada (Invencible) en las relaciones hispano-irlandesas contemporáneas (siglos XX-XXI), de los investigadores Natalia Mateo Ripoll y Juan José Oña Fernández. Esta pieza sigue su hilo con los documentos de la época: prensa irlandesa, programas de actos y el testimonio del diplomático que gestionó el centenario de 1988.
Una costa que había que evitar
Las instrucciones para el regreso eran claras. Tras el choque de Gravelinas, en agosto de 1588, y sin un puerto en Flandes donde embarcar a las tropas del duque de Parma, la flota debía rodear Escocia por el norte y bajar hacia España. El duque de Medina Sidonia, capitán general de la expedición, ordenó expresamente evitar Irlanda, según la versión de Yturriaga, «por temor a los peligros que puedan acecharnos a lo largo de su litoral».
Muchos barcos no pudieron cumplirlo. Llevaban meses en el mar, habían perdido anclas frente a Calais, tenían los cascos dañados y las tripulaciones enfermas. Los temporales de septiembre y octubre los empujaron contra la costa oeste irlandesa. Cuántos naufragaron depende de a quién se pregunte: entre 17 y 24 según las recopilaciones históricas más prudentes, 24 según el equipo de Mateo y Oña, 26 según el diplomático José Antonio de Yturriaga y hasta 31 en la prensa irlandesa de 1999.
El balance humano también varía. Las historiadoras Dolores Iglesias y Pilar San Pío, citadas por Yturriaga, calculan que los naufragios afectaron a unos 6.000 hombres: 3.750 murieron ahogados o por heridas y enfermedades, 1.100 fueron ejecutados por las autoridades inglesas, 400 murieron a manos de irlandeses y unos 750 sobrevivieron.
El peor golpe fue el del Girona, una galeaza que había recogido a los supervivientes de otros barcos, entre ellos al comandante Alonso de Leiva. Se estrelló el 26 de octubre en Lacada Point, junto al castillo de Dunluce (Antrim), con unas 1.300 personas a bordo. Sobrevivieron entre cinco y nueve, según las fuentes.
La acogida en tierra fue desigual. El lord diputado William Fitzwilliam ordenó ejecutar a todos los españoles capturados, y el gobernador de Connacht, Richard Bingham, presumió ante la reina Isabel I de haber ajusticiado a 1.100. Otros jefes gaélicos, como Brian O'Rourke o MacClancy, los escondieron; O'Rourke acabó ejecutado en Londres (Reino Unido) en 1591, acusado de traición. Muchos campesinos robaron a los náufragos y a la vez les dieron comida y techo, como dejó escrito uno de ellos.
«A nosotros nos querían bien estos salvajes porque sabían que veníamos contra los herejes [...] y si no fuer por ellos, que nos guardaban como a sí mismos, por lo más ninguno quedaría de nosotros».
Francisco de Cuéllar, carta escrita en Amberes el 4 de octubre de 1589
Francisco de Cuéllar, el náufrago que lo contó
Capitán del galeón San Pedro, Cuéllar fue condenado a muerte en el canal de la Mancha por adelantarse a la nave capitana. Lo indultaron y lo pasaron a La Lavia, que naufragó en Streedagh. Llegó a tierra agarrado a un escotillón, sin saber nadar, y cruzó Sligo y Leitrim hasta el castillo de Rossclogher, en el lago Melvin, donde el jefe local MacClancy lo acogió. Allí resistió con otros españoles el asedio de las tropas del lord diputado William Fitzwilliam. MacClancy le ofreció a una de sus hermanas en matrimonio; Cuéllar prefirió seguir camino hacia el norte.
Con ayuda del obispo de Derry pasó a Escocia y de allí a Flandes, donde sobrevivió a otro naufragio. El 4 de octubre de 1589 escribió en Amberes (Bélgica) la carta que contaba todo. Su recorrido es hoy la Ruta de Cuéllar (De Cuéllar Trail), que nació con el centenario de 1988 y va del norte de Sligo a la Calzada del Gigante.
Del botín a la arqueología
El saqueo empezó el mismo 1588. Según un artículo publicado en 1975 en el Irish Press, los Burke desvalijaron la Rata Encoronada mientras aún ardía en la bahía de Blacksod, y el jefe Sorley Boy MacDonnell sacó cañones del Girona y, según se decía, «gran cantidad de oro y plata». Siglo y medio después, unos pescadores de Donegal sacaron cañones de bronce de otro pecio y, por consejo de un calderero, los calentaron y los rompieron con agua fría para venderlos como chatarra.
La mirada arqueológica llegó en 1961, cuando el británico Sydney Wignall propuso estudiar los pecios con método científico. Más tarde se le unió el arqueólogo Colin Martin, de la Universidad de St Andrews. Wignall rastreó durante cinco veranos el estrecho de las Blasket, en Kerry, hasta dar en 1968 con la Santa María de la Rosa, de la que solo había sobrevivido un hombre. Encontraron poco: unas 200 toneladas de lastre y parte de la quilla.
El Girona fue lo contrario. El buceador belga Robert Sténuit lo localizó entre 1967 y 1968 y sacó monedas de oro, anillos, cruces y cubiertos de plata, el mayor tesoro de la Armada hallado hasta entonces. Hoy se expone en el Ulster Museum de Belfast (Irlanda del Norte, Reino Unido).
En 1971, el City of Derry Sub-Aqua Club encontró en la bahía de Kinnagoe (Donegal) La Trinidad Valencera, varada con calma y por eso mucho mejor conservada: cañones de bronce, ruedas de cureña y objetos de la vida a bordo. El autor del artículo de 1975 se quejaba de que los hallazgos, aunque sacados de aguas de la República, los estaban custodiando las universidades y museos de Irlanda del Norte por el desinterés de los organismos oficiales del sur.
Streedagh, en los tribunales
El 6 de mayo de 1985, un equipo de buceadores ingleses localizó los tres barcos de Streedagh. Irlanda no tenía entonces una ley pensada para el patrimonio submarino, y el Gobierno protegió el yacimiento extendiendo al fondo del mar la legislación de monumentos. Desmond Branigan, director de la entidad Marine Research Teoranta, lo denunció en una carta a The Irish Times y aprovechó para discutir la palabra «derrotada»:
«Desmoralizada estaba, si una flota puede llegar a ese estado; pero derrotada no lo estaba».
Desmond Branigan, director de Marine Research Teoranta, carta a The Irish Times (20 de junio de 1985)
En 1987 llegó la reforma de la Ley de Monumentos Nacionales, y con ella la negativa del Estado a dar a los descubridores licencia para excavar. Los buzos reclamaron derechos de salvamento, aunque al comienzo del juicio admitieron que los pecios eran propiedad del Estado. En 1994, el juez Barr, del Tribunal Superior irlandés, criticó la actitud «negativa» de la Oficina de Obras Públicas y pidió para ellos una recompensa «generosa». En 1995, el Tribunal Supremo enmendó esa crítica, avaló a la Oficina y dejó en sus manos la recompensa, con el aviso de que no debía fijarse con un «espíritu mezquino».
A mediados de los noventa, Branigan fue más allá. En un congreso en La Coruña organizado por la Asociación Cultural La Armada Invencible de 1588, pidió al entonces ministro irlandés de Cultura, Michael D. Higgins, que después sería presidente de Irlanda (2011-2025), un «gesto generoso» con España: recuperar, restaurar y compartir el material de los pecios. Habló de una «deuda histórica» por las expediciones españolas que acudieron a ayudar a los jefes irlandeses O'Neill y O'Donnell en el siglo XVI.
1988, el centenario que España casi no celebra
Cuando se acercaba el IV centenario, Reino Unido e Irlanda llevaban tiempo preparándolo; Irlanda había creado incluso una comisión conmemorativa. España no. Según José Antonio de Yturriaga, entonces embajador de España en Irlanda, el Gobierno decidió no conmemorar la fecha ni colaborar con el británico, y ordenó a su embajada en Londres mantenerse al margen.
Yturriaga pidió permiso para hacer lo contrario en Dublín (Irlanda). Sus argumentos: Irlanda no era Inglaterra y había tratado relativamente bien a los supervivientes; si España no daba su versión, los irlandeses solo conocerían la inglesa; y no se trataba de celebrar nada, sino de conmemorar. Exteriores le dio el visto bueno, con la recomendación de ser prudente.
Lo que siguió fue un programa de actos repartido por toda la isla. El Instituto Cultural Español de Dublín entró en la comisión irlandesa y organizó la exposición «La Marina española a finales del siglo XVI y las relaciones hispano-irlandesas», con piezas del Museo Naval de Madrid, del Archivo de Simancas y del Museo Nacional de Irlanda: cartas náuticas, un astrolabio, un cañón de La Juliana, balas de la Santa María de la Rosa y la carta de Cuéllar. Se vio en el Museo Cívico de Dublín (1 al 10 de julio), en la biblioteca del University College de Galway (15 al 30 de julio) y en Grange (3 de agosto al 10 de septiembre), y después en Limerick y varios pueblos.
En el catálogo, el primer ministro irlandés, Charles Haughey, escribió que los pecios eran «patrimonio compartido de los pueblos español e irlandés» y que el Gobierno se ocuparía de protegerlos. Yturriaga, por su parte, recordaba que 1588 fue solo un episodio: en 22 años, España envió a Irlanda más de 310 barcos para apoyar a los católicos irlandeses, y la mayoría nunca llegó por culpa del mal tiempo.
El buque escuela Juan Sebastián de Elcano atracó en Dublín. La escuela de verano Cumann Merriman dedicó su curso de agosto, en Lahinch (Clare), a «Irlanda y España». En Sligo, el Consejo del Condado reunió del 5 al 9 de septiembre, con apoyo de la Embajada y del University College Dublin, un simposio internacional, «La Armada española, Irlanda y Europa», con especialistas como Colin Martin, Robert Sténuit o Felipe Fernández-Armesto. El embajador plantó un árbol en Grange y el 11 de septiembre se descubrió una placa conmemorativa en Streedagh. El servicio postal irlandés emitió un sello con la nave Duquesa Santa Ana.
Hubo también autocrítica irlandesa. En la inauguración del monumento de Streedagh, el presidente de Irlanda, Patrick Hillery, reconoció que muchos irlandeses se sumaron a los saqueos y las matanzas de supervivientes, en connivencia con las tropas inglesas o por beneficio propio, según recoge Yturriaga. El diplomático investigó después la cuestión y matizó ese mea culpa en un artículo en la revista The Irish Sword.
En Dún Chaoin, en la península de Dingle, nació en octubre de 1988 la Éigse Mhac Rí na Spáinne, un festival en gaélico cuyo nombre (el «hijo del rey de España») viene de una leyenda local sobre un noble náufrago enterrado allí. El embajador inauguró su exposición, y el programa incluyó una misa bilingüe en gaélico y español y el descubrimiento de una piedra conmemorativa.
Grange, el pueblo que adoptó a los náufragos
Cuando pasó el centenario, la memoria quedó en manos de los vecinos. En 1999, el Grange Armada Group organizó un fin de semana con conferencias, un acto de recuerdo en la playa y tapas y sangría en los bares del pueblo. Su portavoz, Tony Toher, quería que la ruta de Cuéllar se convirtiera en atracción turística compartida con grupos de Derry y Portrush, al otro lado de la frontera.
En 2014, la asociación se refundó como Spanish Armada Ireland. La encabezaba entonces Eddie O'Gorman y hoy la preside la doctora Prannie Rhatigan. Tiene un centro de visitantes en el antiguo juzgado de Grange y organiza cada septiembre el festival «Remembering the Armada». En 2020 colaboró en el documental Armada 1588: Shipwreck and Survival, dirigido por Al Butler, con el actor español Fernando Corral en el papel de Cuéllar. O'Gorman confiaba entonces en que Televisión Española llegara a emitirlo.
En España, el portal divulgativo ArmadaInvencible.org, fundado por Pedro Luis Chinchilla, ejerce de representante informal de la asociación.
La Armada española vuelve a Streedagh
Los temporales del invierno de 2014-2015 dejaron al descubierto La Juliana. Ese año, la Unidad de Arqueología Subacuática del Servicio Nacional de Monumentos recuperó nueve cañones de bronce, una rueda de cureña y un caldero. Uno de los cañones, fundido en 1570 por el genovés Gioardi Dorino, ayudó a confirmar la identidad del barco. Las piezas pasaron a conservación en el Museo Nacional de Irlanda.
También en 2015, el Instituto Cervantes de Dublín reunió en unas jornadas a Leoncio González de Gregorio, duque de Medina Sidonia y descendiente del jefe de la expedición, y al profesor Declan Downey, del University College Dublin.
Desde 2016, según el portal ArmadaInvencible.org, la Armada española envía barcos a la conmemoración de Streedagh. En 2023 fue el patrullero Centinela, con el vicealmirante Enrique Torres Piñeyro, director del Museo Naval, y el embajador Ion de la Riva; los marinos cantaron a capela «La muerte no es el final». En 2024, con el buque multipropósito Carnota, acudió por primera vez el almirante general Antonio Piñeiro, que descubrió junto al embajador un nuevo monolito.
«Solo podemos apoyar con nuestra presencia este homenaje y agradecer de todo corazón lo que esta buena gente celebra cada año».
Almirante general Antonio Piñeiro, jefe de Estado Mayor de la Armada, en Streedagh (2024), según El Debate
A comienzos de julio llegó al puerto de Sligo, para una visita pública de doce días, el galeón Andalucía, de la Fundación Nao Victoria, una réplica de 50 metros de eslora que RTÉ presentó como la mayor del mundo de un galeón español. Antes de atracar se detuvo frente a Streedagh, donde lanzó una corona al mar y disparó una salva de ocho cañonazos. La visita la organizó y pagó el Consejo del Condado de Sligo, con apoyo de la Asociación de Desarrollo Turístico de Sligo y de Fáilte Ireland, la agencia de turismo irlandesa. Thomas Walsh, concejal del Fine Gael en ese consejo, definió la pérdida de los barcos de la Armada como «la mayor tragedia costera en la historia del Estado».
«He crecido con toda la historia de la Armada desde que éramos niños. [...] Teníamos una copia de su relato [el de Cuéllar] en nuestra casa».
Prannie Rhatigan, presidenta de Spanish Armada Ireland, a RTÉ (julio de 2026)
El programa del festival de este año, del 17 al 20 de septiembre, incluía la visita del patrullero Centinela y del buque multipropósito Carnota, un concierto de la banda de música de la Armada y un nuevo monumento en el centro de visitantes, apoyado por la Armada y la Embajada de España.
Mitos que se resisten
El propio nombre de la flota es parte del debate. Su denominación oficial era Grande y Felicísima Armada; «Invencible» fue, según Yturriaga, un apodo irónico de sus detractores. Branigan, Yturriaga y la revisión histórica impulsada por el centenario coinciden en que la mayoría de los barcos se perdió por el mal tiempo y no en combate con la flota inglesa.
En Irlanda circuló durante décadas la idea de que los llamados «irlandeses negros», de pelo y ojos oscuros, descendían de los náufragos. Los historiadores la descartan, aunque en 1969 todavía había familias en Clare y Galway que se presentaban como herederas de aquellos supervivientes.
Y está el contraste que marca todo el legado: la memoria es más intensa en Irlanda que en España. En los años setenta, José Antonio Sierra, jefe de actividades culturales del instituto español en Dublín, advertía en Sligo de que la Armada se había usado a veces «como un fin más que como un medio» para las relaciones entre los dos países, y pedía sumar algo nuevo: conocerse mejor.
La historia llega a la universidad
Esa es la tarea que se han puesto Natalia Mateo Ripoll y Juan José Oña Fernández. Desde 2017 trabajan como equipo, con el nombre de Alada Salamandra, tomado de la joya en forma de salamandra con alas recuperada del Girona que se exhibe en el Ulster Museum. Han rastreado archivos, museos y lugares de memoria en las islas británicas y en España.
Su conclusión es que el legado de la Armada, fuera de lo militar, produce efectos académicos, educativos, turísticos, de cooperación e incluso diplomáticos entre España y las islas británicas, y sobre todo con Irlanda. Allí se sumaron la tensión con Inglaterra del siglo XVI y la experiencia directa de los naufragios. El trabajo recibió el Premio España-Irlanda de 2024 del Aula María Zambrano de Estudios Transatlánticos, que convoca el Centro de Estudios Iberoamericanos y Transatlánticos (CEIT) de la Universidad de Málaga y su fundación general.
Cronología: de 1588 a 2026
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Dónde ver hoy el legado
- Ulster Museum, Belfast: joyas, monedas y objetos del Girona.
- Spanish Armada Visitor Centre, antiguo juzgado de Grange (Sligo): sábados, domingos y festivos de 14.00 a 18.00; visitas concertadas en info@spanisharmadaireland.com.
- Playa de Streedagh: monumento de 1988 y homenaje anual cada septiembre.
- Ruta de Cuéllar: del norte de Sligo a la Calzada del Gigante, en Antrim.
- Museo Nacional de Irlanda, Collins Barracks (Dublín): cañones de la Armada. Los de La Juliana siguen en conservación.
- Museo DNA, Ebrington (Derry): acogerá la colección de La Trinidad Valencera; apertura prevista a principios de 2027.
Qué viene ahora
La próxima cita es la apertura del museo DNA de Derry, prevista para principios de 2027, con los cañones y la rueda de cureña de La Trinidad Valencera tras su restauración. Los pecios de Streedagh siguen bajo la arena, protegidos por ley, y solo se puede bucear en ellos con licencia del Gobierno irlandés. Para los cañones de La Juliana, recuperados hace once años, no hemos encontrado fecha de exposición.
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Fuentes consultadas
- Natalia Mateo Ripoll y Juan José Oña Fernández (Alada Salamandra): The influence of the Spanish Armada (Invincible) on contemporary Spanish-Irish relations (20th and 21st centuries), resumen del estudio premiado (documento aportado por la redacción).
- José Antonio de Yturriaga: «El mito de la victoria inglesa sobre la Gran Armada y sus repercusiones en Irlanda» (6 de junio de 2015) (documento aportado).
- Instituto Cultural Español de Dublín: Spanish Cultural Institute News (enero de 1988) y catálogo de la exposición «The Spanish Navy at the end of the XVI century and Spanish-Irish relations» (1988), con textos de Charles J. Haughey y José A. de Yturriaga (documento aportado).
- Tara Mines Limited: calendario The Spanish Armada and Ireland 1588-1988, con el Ulster Museum y el National Maritime Museum de Greenwich (documento aportado).
- Dosier de prensa y programas aportados: Sligo County Council, programa «Armada 400» (1988); Westport Historical Society, II School of History «The Armada» (1987); programa de la Éigse Mhac Rí na Spáinne, Dún Chaoin (1988); Irish Press (4-XII-1975); The Irish Times (20-VI-1985, 5-V-1987, 26-II-1988, 21-VI-1988, 23-VI-1988, 3-VIII-1995, 17-IX-1999, 21-XII-2001); discurso y nota de José Antonio Sierra, Instituto Cultural Español de Dublín.
- Museo Nacional de Irlanda: Armada Cannons and Carriage Wheel.
- vLex Irlanda: King v. La Lavia (Tribunal Superior, 26 de julio de 1994).
- Wikipedia: Streedagh Armada wrecksite, Girona (ship) y Spanish Armada in Ireland.
- Spanish Armada Ireland: programa 2026 y historia de la asociación; ArmadaInvencible.org: La Spanish Armada Ireland.
- El Debate: homenaje de 2023, homenaje de 2024 con el AJEMA y el galeón Andalucía en Irlanda (17-IX-2026).
- RTÉ, Teresa Mannion: World's largest galleon replica docks in Sligo for visit (2-VII-2026; texto aportado por la redacción).
- Afloat: World's largest replica Spanish galleon to visit Sligo Harbour.
- Fine Gael: ficha del concejal Thomas Walsh.
- El Español: Sólo Irlanda se acuerda ya de los náufragos de la Armada Invencible (18-VIII-2020).
- Derry City and Strabane District Council: Spanish Armada collection on the move from Tower Museum (17-IX-2025).
- Fundación General de la Universidad de Málaga: premio España-Irlanda del Aula María Zambrano; Crónicas de la Emigración: fallo del premio (5-XII-2024).
- Colnect: sello irlandés «Spanish Armada 1588» (1988).
