energía, contaminación ambiental, emisiones CO2
Nuevas investigaciones han demostrado que quemar madera para generar energía puede ser peor para el clima que quemar gas, incluso cuando las emisiones de dióxido de carbono resultantes se capturan y almacenan .
La bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS) se ha promocionado como una forma limpia de producir energía de base, sustituyendo al gas y al carbón, lo que incluso podría resultar en "emisiones negativas", ya que cuando se cultivan bosques de reemplazo, estos absorben CO2 del aire.
Sin embargo, investigadores de Estados Unidos, Reino Unido y China han descubierto que estos sistemas podrían tardar 150 años en ser "carbono negativo", en parte debido al largo tiempo que se necesita para que se regeneren los bosques y al daño que se produce cuando las sabanas, los pastos o las tierras de cultivo existentes se convierten en terrenos para cultivar biomasa destinada a la quema.
20 abril 2026.- Durante décadas, quemar madera y otros residuos orgánicos para producir energía ha sido clasificado como energía renovable y tratado como si sus emisiones de CO₂ fueran cero en las estadísticas oficiales de la Unión Europea y el Reino Unido. Un cuerpo creciente de investigaciones científicas, publicadas entre 2018 y 2026, demuestra que este supuesto es profundamente erróneo: la biomasa forestal emite más CO₂ por unidad de energía que el carbón y más del triple que el gas natural, y la adición de tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS) no basta para revertir ese balance durante décadas. El resultado es que la política climática ha estado subsidiando, en nombre de la sostenibilidad, una fuente de energía que agrava el calentamiento global a corto y medio plazo.
El mito de la biomasa neutra en carbono
La premisa sobre la que se construyó toda la política de biomasas para energía es la siguiente: los árboles absorben CO₂ mientras crecen, por lo que quemarlos libera el mismo carbono que absorbieron, resultando en un balance neto de cero emisiones. Sobre este razonamiento, la Unión Europea incluyó la biomasa en su Directiva de Energías Renovables (RED) y el sector creció de forma explosiva: en 2026, la biomasa forestal representa el 20% de toda la energía de calefacción en la UE, y es la fuente de energía renovable más utilizada en el sector del calor.
El problema fundamental, documentado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y corroborado por múltiples estudios independientes, es que esta lógica ignora el factor tiempo. Una molécula de CO₂ emitida hoy tiene el mismo efecto sobre el calentamiento global tanto si procede del carbón como si procede de la madera. La diferencia es que el CO₂ del carbón viene de depósitos formados hace millones de años —carbono que estaba secuestrado fuera del ciclo activo de la atmósfera—, mientras que el CO₂ de la madera quemada pertenece al ciclo actual, pero su reabsorción por los bosques regresivos puede tardar entre 10 y más de 100 años, dependiendo del tipo de bosque y las condiciones de regeneración. Durante todo ese tiempo, las emisiones adicionales están calentando el planeta.
Los datos: madera versus carbón versus gas
El factor de emisión de la madera según las directrices del IPCC es de 112.000 kg de CO₂ por terajulio de energía en términos de aporte de energía —superior al del carbón (entre 94.600 y 107.000) y muy superior al del gas natural (56.100)—. Esto significa que quemar madera para generar la misma cantidad de energía que el gas natural libera aproximadamente el doble de CO₂ en la chimenea.
El principal estudio de referencia sobre este asunto, publicado en la revista Environmental Research Letters en 2018 por investigadores del MIT, la Universidad de Massachusetts Lowell y Climate Interactive, desarrolló un modelo de análisis del ciclo de vida de la biomasas maderera. Sus conclusiones fueron contundentes: sustituir carbón por pellets de madera en plantas eléctricas europeas aumenta la cantidad de CO₂ en la atmósfera y empeora el cambio climático, a menos y hasta que los bosques talados regeneren completamente su masa, lo que puede requerir entre 44 y 104 años bajo condiciones favorables. La situación es aún peor cuando la madera desplaza al gas natural en lugar del carbón, porque el gas emite menos CO₂ por unidad de energía incluso antes de considerar los tiempos de recuperación forestal.
Indicador |
Gas natural |
Madera/biomasa |
Carbón |
Emisiones CO₂ en chimenea (por MWh) |
~201 kg |
~340 kg |
~820 kg |
Factor emisión IPCC (kg CO₂/GJ) |
56,1 |
74,1 |
112,0 |
Período recuperación carbono |
Inmediato |
10–100 años |
N/A (fósil) |
Emisiones cadena suministro |
Bajas |
Muy altas |
Medias |
Captura posible con CCS |
~90% |
~50–60%* |
~90% |
Efecto neto clima a corto plazo (20 años) |
Positivo |
Negativo/neutro |
Muy negativo |
* El porcentaje de captura con CCS en biomasa se reduce porque una fracción importante de las emisiones se produce fuera de la chimenea (tala, transporte, procesado) y no puede ser capturada. Fuentes: IPCC, MIT/UMass Lowell 2018, NRDC 2021, SIG-GIS 2024.
La trampa del BECCS: captura de carbono que no funciona
El argumento de la industria de la biomasa ha evolucionado: si quemar madera emite CO₂, capturar esas emisiones en la chimenea con tecnología CCS (Carbon Capture and Storage) y almacenarlas bajo tierra convierte el proceso en «carbono negativo» (BECCS, Bioenergy with Carbon Capture and Storage). Este concepto figura en múltiples planes nacionales de descarbonización, incluido el del Reino Unido, y la planta de biomasa de Drax en Yorkshire es su mayor exponente mundial.
Sin embargo, un análisis de ciclo de vida encargado por el NRDC (Natural Resources Defense Council) y publicado en 2021, junto con un nuevo informe del Spatial Informatics Group (SIG-GIS) de octubre de 2024 específicamente sobre Drax, desmonta este argumento: el proceso BECCS basado en pellets de madera procedentes del sureste de Estados Unidos genera aproximadamente el 80% de las emisiones de carbono que genera una planta de carbón convencional por megavatio-hora. La razón es que una parte importante de las emisiones ocurre fuera de la chimenea —en la tala, el secado, el procesado y el transporte transoceánico de los pellets— y por tanto no puede ser capturada por el sistema CCS instalado en la planta.
El informe SIG-GIS concluye que el sistema BECCS de Drax, utilizando pellets de sus propias instalaciones en el sur de EE.UU., aumentaría los niveles de CO₂ atmosférico en lugar de reducirlos hasta aproximadamente el año 2053 —bien pasada la ventana de oportunidad para cumplir los objetivos del Acuerdo de París de 2050—. La brecha respecto a las expectativas oficiales del gobierno británico es enorme: sus planes de carbono esperan que el BECCS elimine 20 millones de toneladas de CO₂ de la atmósfera antes de 2035, pero el análisis independiente sugiere que en ese periodo el sistema añadiría 42 millones de toneladas adicionales.
El colapso de los sumideros forestales de la UE
La presión sobre los bosques europeos como fuente de biomasa energética está teniendo consecuencias medibles. Un estudio publicado en abril de 2025 en la revista GCB Bioenergy, a cargo de la investigadora Mary Booth, documenta que la política energética de la UE está debilitando el sumidero de carbono de sus bosques, y que algunos países con grandes superficies forestales, como Estonia y Finlandia, han perdido completamente su capacidad de absorción neta de carbono forestal. El Instituto Max Planck de Biogeoquímica confirma esta tendencia: entre 2020 y 2022, el sumidero forestal de la UE disminuyó un 27% respecto a la media de 2010-2014, y los datos de 2025 muestran un deterioro aún mayor.
El incremento del uso de biomasa energética para la electricidad en la UE ha aumentado un 1.100% desde 1990. BirdLife Europa, en un informe publicado en julio de 2025, señala que las emisiones de CO₂ ignoradas de la combustión de biomasa en la UE suponen 234 millones de toneladas anuales, más del 15% de todas las emisiones incluidas actualmente en el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (ETS). Esas emisiones no cuentan, no se pagan y no aparecen en los inventarios nacionales.
El impacto en la salud pública
Más allá del clima, quemar madera produce partículas finas, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y carbono negro (black carbon). Investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard publicaron en agosto de 2025 un estudio que concluye que los impactos negativos de la biomasa y el gas natural en salud pública han superado ya a los del carbón en muchos estados de EE.UU. El carbono negro es especialmente preocupante porque, además de sus efectos sobre la salud respiratoria, oscurece las superficies de nieve y hielo, acelerando el deshielo en las regiones árticas. En Europa, la combustión doméstica de madera contribuye con más del 50% de las emisiones de carbono negro del continente.
Lo que sí funciona: las alternativas reales
Las investigaciones son unánimes en señalar que existen alternativas superiores tanto en términos climáticos como económicos y de salud. BirdLife Europa, el NRDC, Ember y el IPCC coinciden en las mismas recomendaciones:
Bombas de calor: cuando se alimentan con electricidad de origen renovable (solar o eólica), son la opción de calefacción con menor huella de carbono disponible hoy. Su eficiencia (coeficiente de rendimiento de 3 a 5) significa que producen entre 3 y 5 unidades de calor por cada unidad de electricidad consumida.
Solar fotovoltaica y eólica para generación eléctrica: garantizan reducciones reales e inmediatas de emisiones sin deuda de carbono, sin tiempos de espera de regeneración forestal y sin emisiones de partículas.
Eficiencia energética y aislamiento: reducir la demanda de calefacción mediante mejor aislamiento de edificios es la medida más costoefectiva disponible. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la renovación energética de edificios puede reducir las necesidades de calefacción en un 50-70%.
Calefacción de distrito con geotermia o calor residual: especialmente eficiente en entornos urbanos, permite aprovechar calor industrial sobrante, fuentes geotérmicas o grandes bombas de calor colectivas, sin combustión alguna.
Biomasa con restricciones estrictas: el uso de residuos agrícolas o forestales de baja densidad energética en contextos muy específicos —especialmente cuando sustituye al carbón en zonas sin acceso a electricidad— puede ser climáticamente justificable, siempre que existan garantías rigurosas de que los bosques no se degradan y que la contabilidad de carbono sea transparente y completa.
Lecciones prácticas para la ciudadanía
Del conjunto de la evidencia científica acumulada, emergen siete lecciones concretas que cualquier ciudadano, empresa o gobierno puede aplicar en sus decisiones energéticas:
No toda energía etiquetada como «renovable» es climáticamente beneficiosa. La biomasa forestal tiene ese sello en la normativa europea, pero la ciencia demuestra que su impacto climático real es negativo durante décadas.
Si tiene calefacción de biomasa en casa, la mejor sustitución ecológica no es otra biomasa, sino una bomba de calor conectada a una tarifa de electricidad renovable.
Desconfíe de las afirmaciones de «carbono negativo» de grandes plantas de biomasa con captura de carbono mientras las cadenas de suministro de madera no sean auditadas de forma independiente.
El gas natural, aunque fósil, tiene un factor de emisión intrínseco casi la mitad del de la madera. A corto plazo (próximos 20-30 años), en muchos contextos emite menos CO₂ que la biomasa forestal.
La inversión pública en biomasa a gran escala debería redirigirse a solar, eólica y bombas de calor, cuyas reducciones de emisiones son inmediatas, verificables y sin efectos secundarios sobre la salud.
Los bosques en pie son el mejor sumidero de carbono disponible. Protegerlos y dejarlos crecer contribuye más al clima que talarlo para quemarlo.
Exija a sus representantes políticos que la política energética se base en contabilidad completa del ciclo de vida de cada fuente, no en exenciones contables que hacen aparecer como cero lo que son cientos de millones de toneladas de CO₂ reales.
— Fin de la nota de prensa —
Principales fuentes científicas citadas:
Sterman et al. (MIT/UMass Lowell, 2018) · NRDC/Sami Yassa (2021/2024) · SIG-GIS / Buchholz & Pritchard (2024) · Mary Booth, GCB Bioenergy (2025) · BirdLife Europa (2025) · Harvard Chan School / Buonocore et al. (2025) · Ember / Harrison (2024-2025) · European Academies Science Advisory Council (2021) · IPCC Guidelines for National GHG Inventories
