editorial, laboral, Día del Trabajo
Un Primero de Mayo con récords de empleo, paro juvenil crónico, vivienda inaccesible y elecciones en Andalucía al fondo. Entre la retórica de la tribuna y los datos del INE, hay un abismo que merece ser nombrado.
Hoy es Primero de Mayo. El día en que las plazas se llenan de proclamas, los sindicatos despliegan sus banderas, los políticos afinan sus micrófonos y la realidad del trabajo —la de verdad, la que empieza a las siete de la mañana y no acaba a las tres— queda enterrada bajo toneladas de adjetivos.
Hoy, en España, hemos escuchado de todo: llamadas a la movilización, promesas de miles de millones «no ejecutados», peticiones de huelga general y exigencias de que se trabaje menos. Todo en el mismo día. Todo ante el mismo auditorio. Y con las elecciones andaluzas en el horizonte como decorado que lo explica casi todo.
Conviene detenerse un momento, apartar el ruido y mirar los datos. Porque los datos de este 1 de mayo son al mismo tiempo mejores de lo que sugiere la izquierda y más preocupantes de lo que reconoce el Gobierno.
Lo que ha mejorado: un mercado laboral diferente al de hace una década
España tiene hoy más de 22 millones de personas trabajando, la cifra más alta de su historia. La reforma laboral de 2021 ha tenido efectos estructurales verificables: el 41,2 % de los contratos firmados en 2025 fueron indefinidos, frente a porcentajes cercanos al 10 % en la década anterior.
El desempleo cerró 2025 en el 9,93 %, el nivel más bajo en quince años. La afiliación a la Seguridad Social marca récords. El Salario Mínimo Interprofesional ha subido de forma sostenida. El empleo a tiempo completo crece; el temporal retrocede. Son avances reales, no cosmética estadística.
En el contexto europeo, España lidera el crecimiento del empleo entre las grandes economías. En cinco años, el modelo laboral ha mejorado su calidad estructural de una manera que pocos habrían anticipado en 2019. Quienes lo niegan, yerran. Y quienes lo atribuyen exclusivamente a la acción política, también: la recuperación postpandemia, el turismo, la construcción y los fondos europeos han sido combustible igualmente determinante.
Lo que no ha mejorado: tres fracturas que las siglas no cierran
El primer trimestre de 2026 trae un dato incómodo: el paro sube en 231.500 personas y la tasa alcanza el 10,83 %. Es la estacionalidad habitual de inicio de año, sí. Pero Andalucía tiene una tasa de paro del 14,66 %, la más alta de España. Una de cada siete personas en edad de trabajar en Andalucía no encuentra empleo. Que los mismos políticos que llevan décadas gobernando esa comunidad —desde uno y otro signo— se llenen la boca el Primero de Mayo con promesas de empleo debería provocar, al menos, una pregunta incómoda en el auditorio.
La segunda fractura es la de los jóvenes. España tiene la tasa de emancipación juvenil más baja de su historia registrada: solo el 15,2 % de los menores de 30 años vive fuera del hogar familiar. No porque no quieran. No porque sean acomodaticios. Sino porque alquilar una vivienda en solitario exige destinar el 92 % del salario juvenil medio. Desde 2008, los salarios de los jóvenes han subido un 10,8 %. Los alquileres, un 54 %. Esta es la verdadera grieta generacional de España: no ideológica, sino aritmética. Y no se cierra ni con más pancarta ni con más prórroga de alquileres. Se cierra con oferta de vivienda asequible, y eso requiere decisiones que incomodan a muchos propietarios que votan.
La tercera fractura es la de la productividad. España tiene más empleo, sí. Pero la OCDE advierte que la productividad por hora trabajada sigue rezagada respecto a la media europea, lastrada por el pequeño tamaño empresarial y la concentración del empleo en servicios de bajo valor añadido. Trabajar menos horas —la reivindicación que más aplausos cosecha hoy en las tribunas— es una medida razonable y socialmente deseable si va acompañada de mayor productividad. Pero si se decreta sin ese requisito en una economía donde muchas pymes operan al límite, el resultado puede ser exactamente el contrario: menos empleo, más economía sumergida y más presión sobre los que sí producen.
Sobre las promesas de hoy: lo que es posible y lo que es retórica
Es legítimo pedir una primera experiencia profesional garantizada para los jóvenes. Es legítimo exigir que el 5G llegue al último municipio. Es legítimo reclamar que la jornada laboral se adapte al siglo XXI. Son reivindicaciones con base empírica y moral.
Lo que no es legítimo —o al menos no es honesto— es prometer «1.500 millones no ejecutados» como si el dinero público fuera un grifo cerrado por negligencia ideológica y no una cadena de licitaciones, controles, plazos y realidades presupuestarias. Tampoco lo es convocar una huelga general por la vivienda sin explicar qué mecanismo de mercado se pretende sustituir ni con qué. Ni apelar a los jóvenes andaluces como si el problema de la emancipación tuviera solución en el programa electoral de una comunidad autónoma que no tiene competencias sobre los tipos de interés, la política fiscal o la oferta monetaria.
El mercado de trabajo no es neutral. Tampoco es el enemigo. Es el mecanismo más eficiente que existe para asignar trabajo y retribuirlo, siempre que opere bajo reglas claras, con competencia efectiva y con una red de protección que impida que los más vulnerables queden sin red. Regularlo inteligentemente —no maximizarlo ni demonizarlo— es la única política laboral que funciona a largo plazo en economías abiertas.
La reflexión que no cabe en 280 caracteres
El trabajo no es solo un contrato. Es identidad, propósito, autonomía económica. Una sociedad que no puede ofrecer trabajo digno a sus jóvenes pierde futuro. Una sociedad que no puede ofrecer vivienda asequible a quien trabaja pierde cohesión. Una sociedad que no invierte en productividad y formación pierde competitividad. Estos son los tres problemas centrales del mercado laboral español en este Primero de Mayo de 2026. Ninguno de los tres se resuelve con un mitin. Ninguno de los tres es insoluble.
Tiene razón Yolanda Díaz en que no da igual quién gobierne. Y tiene razón también, aunque en sentido contrario a lo que ella pretende, quien advierte que gobernar exige más que proclamar. Exige construir consensos, decir verdades incómodas, alinear incentivos y aceptar que en una economía de mercado las empresas no son el problema: son la condición necesaria para que exista el trabajo que se reivindica.
Los trabajadores españoles merecen políticas a la altura de su esfuerzo, no discursos a la altura de una tribuna. Esa es la diferencia entre celebrar el Primero de Mayo y entenderlo.
La Redacción de "La Crónica del Henares"
1 de mayo de 2026
Los datos citados corresponden a fuentes oficiales: EPA T1-2026 (INE, 28 abr-2026); Informe del Mercado de Trabajo Estatal 2026 (SEPE); Observatorio de Emancipación CJE (2.º sem. 2024 y 1.er sem. 2024); EY / BBVA Research — Perspectivas Mercado Laboral 2026; Eurostat — DESI 2024.
