cultura, exposiciones, Casa Museo Lope de Vega, Madrid, "Mujeres de ingenio. Plumas de oro en el Siglo de las Letras"
Una exposición para saldar una deuda de cuatro siglos
Casa Museo Lope de Vega · Madrid · Del 29 de mayo al 13 de septiembre de 2026 · Entrada gratuita
27 mayo 2026.- Hay exposiciones que informan y exposiciones que incomodan, en el mejor sentido de la palabra. Mujeres de ingenio. Plumas de oro en el Siglo de las Letras, que abre sus puertas el 29 de mayo en la Casa Museo Lope de Vega de Madrid, pertenece claramente a la segunda categoría. No porque su tesis sea agresiva ni su diseño provocador, sino porque la mera contemplación de lo que reúne —retratos, manuscritos, libros impresos, objetos de época— obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que durante cuatro siglos hayamos hablado del Siglo de Oro sin hablar apenas de ellas?
Un espacio que ya es un argumento
El escenario elegido para la muestra no es neutral. La Casa Museo de la calle Cervantes, 11 —en pleno Barrio de las Letras, a pocos metros del convento de las Trinitarias donde reposan los restos de Cervantes— fue la residencia de Lope de Vega durante los últimos veinticinco años de su vida. En sus paredes, el Fénix de los Ingenios escribió algunas de sus obras más celebradas; por sus puertas pasaron amigos, admiradores y amantes. Y, sin embargo, en ese mismo Madrid barroco y literario, a pocos pasos de donde él componía, vivían, escribían y publicaban mujeres cuya obra ha tardado siglos en encontrar lectores.
Instalar la exposición precisamente aquí tiene algo de acto de justicia poética: se reivindica a las escritoras del Siglo de Oro en la casa del escritor más celebrado de su tiempo, en el barrio donde la historia de la literatura española se escribió, con demasiada frecuencia, en masculino.
Quién hay detrás: Esther Borrego y un proyecto de recuperación
La exposición está comisariada por Esther Borrego Gutiérrez, investigadora especializada en teatro y literatura del Siglo de Oro, cuya trayectoria académica avala la solidez del proyecto. Organizada por la Subdirección General de Bellas Artes de la Comunidad de Madrid, la muestra no es un ejercicio de divulgación superficial: descansa en investigación de archivo, en préstamos de instituciones de primer nivel —la Biblioteca Nacional de España, el Museo del Prado, la Biblioteca del Museo Lázaro Galdiano— y en la colaboración de monasterios como el de las Descalzas Reales (Patrimonio Nacional, Madrid), el de las Carmelitas de Bruselas o los conventos carmelitanos de Valladolid, Sevilla y Ávila. Que muchas de estas piezas salgan de sus custodios habituales para ser vistas por el gran público es, en sí mismo, un acontecimiento.
Tres mundos, tres destinos para la pluma femenina
La estructura de la exposición es a la vez sencilla y reveladora: tres bloques temáticos que corresponden a los tres espacios en los que las mujeres del XVI y el XVII podían, con mayor o menor libertad, escribir.
El palacio. La corte como mecenazgo y como límite
El primer bloque arranca de una figura que sorprenderá a más de un visitante: Isabel la Católica como impulsora de una corte donde la cultura y las letras tenían presencia femenina. La reina se rodeó de mujeres de excepción como Beatriz Galindo, la Latina, humanista y latinista que llegó a ser maestra de la propia reina, o Lucía de Medrano, considerada la primera mujer que impartió clases en una universidad europea, en Salamanca. La exposición traza cómo la Corona —también a través de figuras como Juana de Portugal o María de Austria, que fundaron o consolidaron conventos reales— actuó como mecenas, pero también como frontera: la escritura femenina en los círculos cortesanos existía en la medida en que ornamentaba el poder, rara vez en cuanto expresión autónoma.
La casa. Las que escribieron desde el mundo
El segundo bloque es quizás el más sorprendente por la envergadura de sus protagonistas. María de Zayas y Sotomayor —de quien sabemos que era hija de un capitán de infantería al servicio del Conde de Lemos, que vivió en Nápoles y Zaragoza, y que publicó en 1637 sus Novelas amorosas y ejemplares— alcanzó un éxito internacional que, según los especialistas, solo fue superado entre los novelistas de su época por Cervantes, Mateo Alemán y Quevedo. Era, en otras palabras, una estrella literaria de primer orden. La mayoría de las personas que visiten esta exposición no habrán oído hablar de ella.
A su lado, Ana Caro Mallén —llamada la décima musa andaluza— representa algo casi revolucionario: fue una de las primeras escritoras profesionales de la historia española, una mujer que vivió de encargos literarios, sobre todo de la nobleza sevillana, y cuyos textos teatrales —El conde Partinuplés, Valor, agravio y mujer— se representaron en los corrales de comedias del momento con el mismo aplauso que las obras de sus contemporáneos masculinos. Ambas, Zayas y Caro, eran amigas y se elogiaron mutuamente en los preliminares de sus libros: una red de sororidad literaria que la exposición saca a la luz.
También aparece la inclasificable Catalina de Erauso, la monja alférez, cuya vida desafió todas las categorías de su época y cuya obra autobiográfica circuló con gran difusión, fascinando a una sociedad que no sabía del todo cómo catalogarla.
El claustro. La paradoja de la libertad entre rejas
El tercer bloque aborda quizás la historia más rica en contradicciones. El convento fue, durante los siglos XVI y XVII, el único espacio donde una mujer podía aspirar a una vida intelectual relativamente autónoma: acceso a bibliotecas, tiempo para la escritura, una comunidad de lectoras. La paradoja es tan llamativa que merece detenerse: las mujeres que más escribieron en aquella época fueron, con frecuencia, las que renunciaron a la vida en el mundo.
En el centro de este bloque está Santa Teresa de Jesús, cuya obra vio la luz en la imprenta salmantina ya en 1588 y que es reconocida como la primera escritora española incorporada al canon literario. Pero la muestra va más allá de Teresa: explora cómo sus conventos carmelitanos generaron una cadena de vocaciones literarias, con figuras como Ana de Jesús o Cecilia del Nacimiento.
Y luego está ella, la pieza más emocionalmente poderosa de toda la exposición: sor Marcela de San Félix. Hija ilegítima de Lope de Vega y la actriz Micaela de Luján —en los documentos de su bautismo figura como hija de padres desconocidos—, Marcela del Carpio ingresó con dieciséis años en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, el mismo donde hoy reposan los restos de Cervantes. Allí, bajo el nombre de sor Marcela de San Félix, escribió teatro religioso, loas, romances, coloquios espirituales. Un confesor le ordenó quemar parte de su obra, y así lo hizo. Lo que sobrevivió —y que la exposición pone ante los ojos del visitante— es una escritura sorprendente por su libertad, su humor y su hondura. La escena de su despedida de Lope a través de las rejas del convento, cuando el cortejo fúnebre de su padre pasó por la calle Trinitarias en 1635, fue inmortalizada por el pintor Ignacio Suárez Llanos en un lienzo que hoy custodia el Museo del Prado. Esa imagen —la silueta de una monja en una ventana enrejada dando el último adiós al hombre que la formó como escritora— es uno de los momentos más conmovedores de toda la historia literaria española.
Por qué vale la pena visitar la exposición
Hay al menos cinco razones para visitar esta exposición antes de que cierre el 13 de septiembre.
La primera es la rareza de los materiales expuestos. Manuscritos y primeras ediciones que habitualmente permanecen en reservas de archivo o en clausuras conventuales raramente salen a la luz pública. Ver un manuscrito de una escritora del XVII es una experiencia física que ninguna digitalización reproduce del todo.
La segunda es el espacio en sí: recorrer la Casa Museo Lope de Vega supone adentrarse en una vivienda del Madrid barroco con sus alcobas, su cocina, su pequeño jardín, su oratorio. La exposición se integra en ese contexto como una conversación natural: mientras el visitante descubre a las escritoras del Siglo de Oro, también aprende cómo era el día a día de una ciudad que fue capital cultural de Europa.
La tercera es el programa de actividades paralelas. La muestra incluye visitas guiadas con la propia comisaria, una mesa redonda titulada Mujeres escritoras en los Siglos de Oro, un recital poético-musical centrado en textos de Santa Teresa y un ciclo de cine de verano dedicado a figuras femeninas de la literatura de la época. Todo ello, gratuito hasta completar aforo.
La cuarta razón es de orden personal: descubrir a María de Zayas o a Ana Caro es encontrar escritoras que escribían con una modernidad y una energía desconcertantes. Sus personajes femeninos no son víctimas pasivas: son mujeres que actúan, que se disfrazan de hombre para defender su honra, que discuten y vencen. Leerlas produce la extraña sensación de reconocer algo que creíamos reciente y que llevaba siglos esperando a ser leído.
Y la quinta razón, quizás la más urgente, es que estas escritoras no deberían seguir siendo un secreto académico. La exposición existe para eso: para que la próxima vez que alguien nombre el Siglo de Oro, en el listado figuren también ellas.
Información práctica
| Lugar | Casa Museo Lope de Vega · C/ Cervantes, 11 · Madrid |
| Fechas | 29 de mayo – 13 de septiembre de 2026 |
| Horario | Martes a domingo, 10:00 – 18:00 h |
| Entrada | Gratuita (aforo limitado, se recomienda reserva) |
| Más información | casamuseolopedevega.org |
Reseña elaborada a partir de la nota de prensa oficial de la Comunidad de Madrid (27 de mayo de 2026) y documentación complementaria sobre las escritoras y el espacio expositivo.
