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Un estudio publicado en Nature Communications revela que el sistema nervioso del pulpo está distribuido en nueve centros de procesamiento independientes, uno por brazo más el cerebro central, desafiando todo lo que creíamos saber sobre cómo funciona la inteligencia animal
24 mayo 2026.- Pocos animales han fascinado tanto a la ciencia como el pulpo. Capaz de abrir frascos con tapa de rosca, de camuflarse en milésimas de segundo, de resolver laberintos y de reconocer caras humanas individuales, este cefalópodo lleva décadas desafiando la idea de que la inteligencia es un privilegio exclusivo de los vertebrados. Pero un estudio publicado en enero de 2025 en la revista Nature Communications acaba de añadir un nuevo capítulo extraordinario a esta historia: cada uno de sus ocho brazos no solo obedece órdenes del cerebro. Piensa. Decide. Actúa por su cuenta.
EL SISTEMA NERVIOSO MÁS INUSUAL DEL REINO ANIMAL
Para entender el hallazgo, hay que partir de una diferencia fundamental entre el pulpo y nosotros. En los seres humanos —y en la mayoría de vertebrados— el cerebro es el cuartel general indiscutible: dicta cada movimiento, procesa cada estímulo y coordina cada acción. A diferencia de mamíferos o aves, donde la mayor parte del procesamiento ocurre en el cerebro, los pulpos distribuyen buena parte de sus neuronas por todo el cuerpo, y especialmente en sus ocho brazos.
El estudio puso el foco en la segmentación de este curioso sistema neuronal, analizando la distribución y función de las neuronas de los brazos, tomando como referencia un pulpo de la especie Octopus bimaculatus. Las neuronas de los brazos suman en conjunto un mayor número que las ubicadas en el cerebro central del animal, el encargado de coordinar las acciones que requieren el uso de diversos brazos a la vez.
Dicho en términos sencillos: hay más «materia gris» repartida entre los ocho brazos que en la propia cabeza del animal.
EL DESCUBRIMIENTO: NUEVE CENTROS NEURONALES, NUEVE «CEREBROS»
El estudio, publicado en Nature Communications, destaca la existencia de «nueve centros» neuronales: el cerebro principal y ocho centros en los brazos. El equipo investigador, liderado por Clifton Ragsdale, profesor de Neurobiología de la Universidad de Chicago, describió con precisión la arquitectura de este sistema.
Cada brazo de un pulpo contiene una cuerda axial nerviosa (ANC), una estructura que recorre toda la extremidad y se conecta directamente con cada una de las ventosas del animal. Este cordón actúa como una especie de médula espinal particular, permitiendo que cada brazo opere de forma independiente. Según la investigadora Cassady Olson, coautora del estudio, este sistema nervioso avanzado permite que los tentáculos se muevan autónomamente, incluso realizando múltiples tareas simultáneamente, y que los brazos puedan reaccionar a estímulos sin necesidad de intervención del cerebro central.
Los científicos describen además una organización segmentada en los brazos, con agrupaciones neuronales en columnas separadas por estructuras anatómicas por donde pasan nervios y vasos sanguíneos. Es, en esencia, una cadena de pequeños centros de procesamiento local a lo largo de cada extremidad.
¿QUÉ PUEDE HACER UN BRAZO «PENSANTE»?
Las implicaciones prácticas de esta arquitectura neuronal son asombrosas. Un brazo puede explorar, sujetar objetos o reaccionar al entorno sin esperar instrucciones constantes del cerebro central. Esta descentralización posibilita que los brazos ejecuten acciones complejas sin depender exclusivamente de órdenes del cerebro central en tiempo real, lo que favorece actividades como la locomoción, la percepción a través de las ventosas, la alimentación y los comportamientos reproductivos.
Imagínese intentar controlar conscientemente, desde el cerebro, el movimiento exacto de cada una de las cientos de ventosas de ocho brazos blandos y flexibles al mismo tiempo, mientras nada, caza y cambia de color. Sería un colapso neuronal. La solución que la evolución encontró para el pulpo fue elegante: delegar. Que cada brazo gestione su propio movimiento local y solo eleve al cerebro central las decisiones que requieren coordinación global.
Clifton Ragsdale explicó que esta característica evolucionó específicamente en los cefalópodos de cuerpo blando. Al dividir el sistema de control en segmentos, el animal logra un manejo preciso de sus brazos, permitiendo una comunicación eficiente entre las distintas partes de la extremidad sin saturar la capacidad de procesamiento del cerebro central.
UNA SOLUCIÓN QUE LA EVOLUCIÓN INVENTÓ DOS VECES DE FORMA DIFERENTE
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la comparación con los calamares, parientes cercanos de los pulpos. Los investigadores compararon los tentáculos de los pulpos con las estructuras nerviosas de los calamares, parientes cercanos que se separaron de los pulpos hace más de 270 millones de años. Aunque ambos comparten ciertas similitudes, como la segmentación en las partes de sus apéndices equipadas con ventosas, los calamares carecen de esta complejidad en los tentáculos que usan para capturar presas en aguas abiertas, lo que sugiere que la segmentación es una adaptación evolutiva directamente relacionada con la necesidad de controlar movimientos precisos y complejos.
Los calamares, que cazan en mar abierto con movimientos más simples y rápidos, no necesitaron este nivel de autonomía local. Los pulpos, que exploran fondos rocosos, manipulan objetos, se cuelan por grietas y deben coordinar ocho extremidades infinitamente flexibles, sí. La evolución los dotó de la herramienta neuronal precisa para cada estilo de vida.
LO QUE ESTO CAMBIA EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Este hallazgo tiene repercusiones que van mucho más allá de la biología marina.
En neurociencia, obliga a repensar los modelos de inteligencia animal: la capacidad cognitiva no requiere necesariamente un cerebro centralizado y grande. Puede emerger de arquitecturas distribuidas, modulares y cooperativas. El pulpo es la prueba más rotunda de ello.
En robótica e ingeniería, las implicaciones son inmediatas. La organización segmentada del sistema nervioso del pulpo podría inspirar avances en tecnologías como la robótica blanda, con sistemas similares aplicados al diseño de extremidades robóticas más precisas y flexibles, abriendo nuevas posibilidades en medicina y exploración submarina. De hecho, los ingenieros que diseñan brazos robóticos de múltiples articulaciones se enfrentan exactamente al mismo problema que resolvió la evolución en el pulpo: cómo coordinar un sistema muy flexible sin colapsar el procesador central. La naturaleza lleva 270 millones de años perfeccionando la respuesta.
EL PULPO: UN EXTRATERRESTRE EN LA TIERRA
Los pulpos son, en muchos sentidos, el animal más alienígena de nuestro planeta. Tres corazones. Sangre azul. Piel que ve sin ojos. Y ahora, nueve cerebros que piensan en paralelo. Entender cómo interactúan estos nueve centros neuronales puede aportar avances en la comprensión de la inteligencia animal y en el desarrollo de tecnologías como la robótica blanda.
El estudio, firmado por Olson, C.S., Schulz, N.G. y Ragsdale, C.W. bajo el título «Neuronal segmentation in cephalopod arms», está disponible en Nature Communications (2025), DOI: 10.1038/s41467-024-55475-5.
