naturaleza, El Banco de Galicia, pesca de arrastre, biodiversidad
09 mayo 2026.- Una montaña submarina que emerge desde 4.000 m de profundidad hasta apenas 650 m de la superficie. Alberga ecosistemas de aguas frías extraordinarios —corales de profundidad, esponjas gigantes, cetáceos— prácticamente desconocidos para el público general a pesar de estar en aguas españolas. Hay debate abierto sobre su protección efectiva frente a la pesca de arrastre.
Espacios naturales olvidados · Océano Atlántico
El Banco de Galicia:
la montaña que nadie ve
A 180 kilómetros de la costa gallega, en pleno Atlántico, existe una cadena montañosa más alta que los Pirineos que nunca ha visto la luz del sol. Alberga más de 790 especies, arrecifes de coral de aguas frías y cetáceos. Y casi nadie sabe que existe.
Si te dijeran que existe en España un sistema montañoso de más de 4.000 metros de desnivel, rico en vida salvaje única, con jardines de coral intactos y una biodiversidad comparable a los arrecifes tropicales más célebres, preguntarías dónde está y por qué no has oído hablar de él. La respuesta es sencilla y desconcertante a la vez: está bajo el agua, y eso parece hacerlo invisible.
Una montaña submarina en mitad del Atlántico
El Banco de Galicia es un monte submarino situado aproximadamente a 180 kilómetros al oeste de Finisterre, en aguas internacionales bajo soberanía española. Su cima —una meseta relativamente plana— se encuentra entre los 650 y los 1.500 metros de profundidad, y sus laderas descienden de forma abrupta hasta las llanuras abisales, a más de 4.000 y 5.000 metros de profundidad. El desnivel total supera con creces el de los Pirineos.
Geológicamente, el banco está formado por lava basáltica y corteza oceánica de origen muy antiguo, recubierta por sedimentos acumulados durante millones de años, principalmente caparazones de foraminíferos. Esta base rocosa, combinada con la particular topografía del monte submarino, es la clave de todo lo que viene a continuación.
La extensión de la zona menos profunda —la plataforma superior del banco— abarca unos 6.200 km², separada de la plataforma continental por un canal de aproximadamente 2.500 metros de profundidad. Estamos hablando de un territorio submarino de dimensiones considerables, y completamente fuera del alcance visual de cualquier observador terrestre.
El mecanismo que lo convierte en un oasis
¿Por qué tanta vida en un lugar tan alejado de la costa y tan profundo? La respuesta está en la física del agua. La presencia del monte submarino perturba las corrientes de fondo del Atlántico Norte, forzando masas de agua profunda a ascender hacia la superficie a través de las laderas del banco. Este proceso, conocido como surgencia o upwelling local, arrastra consigo nutrientes acumulados durante siglos en las capas más profundas del océano.
El resultado es una fertilización continua de las aguas sobre el banco que desencadena una productividad biológica extraordinaria para tratarse de mar abierto. El fitoplancton prolifera, el zooplancton lo sigue, y con él toda la cadena trófica. El banco actúa como un imán para la vida marina, concentrando en un área relativamente pequeña una densidad de organismos que en aguas oceánicas abiertas sería impensable.
A ello se añade la variedad de hábitats que ofrece el propio relieve: arenas y gravas en la cima, paredes rocosas en las laderas, sedimentos blandos en las zonas de transición, y fondos abisales en la base. Esta heterogeneidad topográfica multiplica la diversidad de nichos ecológicos disponibles y, con ella, la biodiversidad que los ocupa.
«Por su localización y morfología, la fauna del Banco de Galicia está compuesta por especies de muy diferente afinidad biogeográfica: puede considerarse un punto caliente de biodiversidad a escala regional.»
— Proyecto LIFE+ INDEMARES, conclusiones científicasBiodiversidad: el catálogo de lo invisible
El proyecto científico LIFE+ INDEMARES, financiado por la Unión Europea y coordinado por la Fundación Biodiversidad, catalogó en el Banco de Galicia más de 790 especies pertenecientes a muy diferentes grupos: moluscos, crustáceos, equinodermos, esponjas, corales, gorgonias, peces y mamíferos marinos. Seis de ellas están catalogadas en peligro de extinción. Veinte resultaron ser completamente nuevas para la ciencia. Y aún quedaban 229 en estudio cuando se publicaron los resultados.
El principal valor ecológico del banco son sus arrecifes de coral de aguas frías, uno de los ecosistemas más desconocidos y amenazados del planeta. Estos corales no necesitan luz solar para vivir —a diferencia de sus parientes tropicales—, y forman estructuras tridimensionales complejas que actúan como refugio, zona de reproducción y área de alimentación para decenas de otras especies. En el Banco de Galicia se extienden sobre las laderas en forma de extensos campos dispersos, y alcanzan su máxima densidad en el monte Rucabado, un pico secundario del sistema.
En las zonas más profundas, donde casi ningún otro ecosistema marino podría prosperar, el banco alberga comunidades de asteroideos —estrellas de mar de profundidad— en densidades notables. La macrofauna bentónica filtradora —organismos que se alimentan capturando partículas en suspensión— aprovecha las corrientes ascendentes para obtener el alimento que el mar abierto lleva hasta ellos. Las esponjas, corales y gorgonias son los grandes protagonistas de este gremio.
El Prestige: una catástrofe que reveló un tesoro
La historia de cómo el Banco de Galicia llegó al conocimiento científico es, paradójicamente, una historia de desastre. El 13 de noviembre de 2002, el buque petrolero Prestige sufrió una vía de agua a 28 millas de la costa de Finisterre. Dos semanas después se partió en dos y se hundió. Y lo hizo precisamente sobre el Banco de Galicia, entonces prácticamente desconocido para la comunidad científica española.
Las investigaciones oceanográficas que se pusieron en marcha para evaluar el impacto ambiental del vertido revelaron un ecosistema inesperadamente rico y frágil. Fue un golpe de atención brutal: España había sido incapaz de proteger un espacio que ni siquiera sabía que existía. El Prestige derramó unas 63.000 toneladas de fuel pesado. El banco sobrevivió, pero la lección quedó grabada.
Las amenazas: protección sobre el papel
El Banco de Galicia lleva la etiqueta de Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) desde 2015. En el papel, es uno de los espacios marinos más protegidos de España. En la práctica, la situación es mucho más compleja y preocupante.
- Pesca de arrastre de fondo La amenaza más grave e inmediata para los ecosistemas de aguas profundas. Las redes de arrastre destruyen los arrecifes de coral en segundos. Un informe de Oceana reveló que el 73% de la actividad pesquera en zonas Natura 2000 españolas corresponde a buques de arrastre, con cientos de horas de actividad detectadas sobre hábitats protegidos, incluido el entorno del banco.
- Ausencia de planes de gestión efectivos Seis años después de su declaración como espacio protegido, el banco seguía sin un plan de gestión aprobado que regulara las actividades humanas en su interior. La declaración formal sin instrumentos de gestión convierte el espacio en lo que los biólogos marinos denominan un «parque de papel».
- Cambio climático y acidificación del océano Los corales de aguas frías son especialmente sensibles al descenso del pH marino provocado por la absorción de CO₂. El calentamiento de las capas profundas del Atlántico Norte también puede alterar las corrientes que alimentan el banco, perturbando toda la cadena trófica que depende del upwelling local.
- Riesgo de contaminación por hidrocarburos El naufragio del Prestige sobre el banco demostró que el tráfico marítimo en la zona representa un riesgo real y permanente. Las rutas de petroleros que discurren por el Atlántico Nororiental sitúan al banco bajo una amenaza latente de vertidos.
- Minería de fondos marinos Aunque no hay proyectos activos en el banco, los nódulos polimetálicos y las costras de ferromanganeso presentes en los montes submarinos del Atlántico son objeto de creciente interés industrial. La extracción minera de fondos marinos profundos destruye de forma irreversible los hábitats bentónicos.
- Contaminación acústica submarina Las prospecciones sísmicas y el tráfico de buques generan una contaminación sonora que afecta directamente a los cetáceos que frecuentan el banco, perturbando su comunicación, navegación y alimentación.
Lo que la ciencia aún no sabe
A pesar de los avances del proyecto INDEMARES, el Banco de Galicia sigue siendo científicamente una frontera apenas explorada. Las campañas oceanográficas han cubierto una fracción pequeña de su superficie real, y las zonas más profundas —por debajo de los 2.000 metros— permanecen prácticamente sin estudiar. De las más de 229 especies que quedaban en proceso de identificación al cierre del proyecto, se desconoce cuántas habrán resultado ser nuevas para la ciencia.
Los montes submarinos son, en general, uno de los ecosistemas más desconocidos del planeta. Se estima que en el Atlántico Nororiental existen alrededor de 557 estructuras con características similares al Banco de Galicia, la mayoría de ellas sin inventario biológico alguno. El banco es, en ese contexto, uno de los más estudiados de la región —lo que da una idea de lo mucho que queda por descubrir en el conjunto.
La tecnología de vehículos submarinos operados remotamente (ROV) y los sistemas de cartografía multihaz han abierto en las últimas décadas una ventana sin precedentes hacia estos mundos sumergidos. Pero la financiación para investigación oceanográfica de profundidad sigue siendo escasa, y la competencia con otras prioridades científicas, feroz.
Un fondo marino que merece superficie mediática
El Banco de Galicia reúne todos los ingredientes de una gran historia periodística: paisajes submarinos de belleza extraordinaria, una biodiversidad excepcional con nuevas especies sin nombre, una catástrofe ecológica que lo sacó del anonimato, una protección legal que no se traduce en protección real y una amenaza silenciosa que avanza mientras el debate público mira a otro lado. Es el tipo de historia que se cuenta una vez y que cambia la forma en que la gente entiende lo que tiene a su lado —aunque, en este caso, esté a cuatro kilómetros de profundidad. La pregunta no es si merece cobertura. La pregunta es por qué no la tiene.
