naturaleza, lago Poopó, Bolivia, Urus Murato
31 mayo 2026.- Un bote de madera reposa sobre una costra de barro resquebrajado. A su alrededor no hay agua: solo una llanura blanquecina de sal y polvo que se pierde hasta el horizonte, batida por el viento helado del altiplano. Donde antes navegaban los pescadores había, hasta hace poco, el segundo lago más grande de Bolivia. Hoy hay un desierto.
Esta es la historia de cómo desapareció el lago Poopó.
Un mar a 3.700 metros de altura
A casi 3.700 metros sobre el nivel del mar, en el departamento de Oruro, se extendía un cuerpo de agua salada que llegó a medir 84 kilómetros de largo por 55 de ancho, con una superficie de 2.337 km²: era el segundo lago más grande del país, después del Titicaca. En sus momentos de máxima expansión —1986— llegó a cubrir 3.500 km², una lámina de agua tan vasta que desde sus orillas no se veía la opuesta.
El Poopó era, sin embargo, un lago engañosamente frágil. Era una cuenca endorreica: el agua entraba, pero solo salía por evaporación hacia el aire. Y era extraordinariamente somero: tenía típicamente menos de tres metros de profundidad, y era salino porque la evaporación superaba a los aportes. Funcionaba como el sumidero terminal de todo un sistema hidrológico andino, el llamado TDPS (Titicaca–Desaguadero–Poopó–Salares). Recibía su caudal del río Desaguadero, que a su vez se nutre del lago Titicaca. Esa dependencia de un solo grifo lejano sería, andando el tiempo, su sentencia.
Hijo de lagos gigantes desaparecidos
Para entender el Poopó hay que mirar decenas de miles de años atrás. La cuenca se asienta sobre una fosa tectónica del altiplano, formada por el hundimiento del terreno durante el levantamiento de los Andes y rellenada después por sedimentos a lo largo de cientos de miles de años. Durante el Pleistoceno, el altiplano albergó lagos mucho mayores —los paleolagos Minchin y Tauca—, de los que el Poopó y el Titicaca son los restos.
Aquellos lagos ancestrales eran auténticos mares interiores. El lago Minchin alcanzó 45 metros de profundidad y el Tauca, 100 metros; durante la fase Tauca, hace entre 26.000 y 15.000 años, la parte baja del altiplano constituyó un único gran lago que incluía los actuales salares y el Poopó, y que llegaba casi hasta el Titicaca. Cuando el clima se volvió más seco, aquel paleolago se fragmentó en lo que hoy son el Poopó y los dos grandes salares de Uyuni y Coipasa. El Poopó, en otras palabras, era ya de nacimiento el residuo agonizante de un mundo más húmedo: un superviviente geológico.
La vida en el agua salada
Pese a su salinidad y su escasa profundidad —o precisamente gracias a ellas—, el Poopó era un hervidero de vida adaptada a condiciones extremas. Albergaba la mayor concentración de flamencos del altiplano boliviano y, posiblemente, de toda la región altoandina de Sudamérica, y se habían registrado allí aproximadamente 200 especies de animales y plantas, entre ellas aves endémicas y migratorias.
Tres especies de flamencos —incluidos el andino y el de James, ambos amenazados— filtraban con sus picos las aguas someras en busca de microorganismos. El conjunto de los lagos Uru Uru y Poopó llegó a acoger unos 120.000 flamencos de tres de las seis especies que existen en el mundo. El lago era además una escala crucial para las aves migratorias que cruzan el continente de norte a sur, y hogar de especies singulares como la keñola (Rollandia microptera), un zambullidor andino en peligro de extinción. En sus orillas crecían totorales —cañaverales de junco— y entre ellos cazaba el puma andino.
La base de toda esa pirámide trófica era, en buena medida, microscópica: pequeños crustáceos de salmuera como la artemia, adaptados a vivir donde casi nada más puede. De ellos comían los peces; de los peces, las aves y las personas.
Los Hombres del Agua
Porque en las orillas del Poopó vivía gente, y vivía de él desde hacía milenios. Los Uru Murato —"la gente del agua", uno de los pueblos originarios más antiguos de Bolivia— habían hecho del lago su mundo entero. Maestros de la pesca y la caza de aves como los flamencos, vivieron durante siglos en islas flotantes y balsas de junco hasta que se asentaron en la orilla.
Su identidad era inseparable del lago. "Desde nuestros ancestros nos denominamos cazadores, pescadores y recolectores. Por eso nos llamamos Hombres del Lago", explicaba Simiano Valero, autoridad uru, en 2016. Su frase contenía ya una premonición sombría: "Si el lago se va, nosotros también".
La memoria de los más viejos guarda un Poopó pletórico. Félix Mauricio, pescador retirado de 82 años, recuerda entre sollozos que "los pescados eran grandes, un pescadito eran tres kilos". Su familia se había mudado a la aldea de Puñaca Tinta María en 1915, cuando el lago, entonces generoso, inundó las chozas donde vivían.
![]() |
| Imágenes de la NASA |
Las señales y el final
El Poopó ya había muerto antes. A lo largo del siglo XX estuvo completamente seco entre 1939 y 1944 y entre 1994 y 1997, y entre 1969 y 1973 quedó reducido a unos charcos salados. Cada vez había vuelto. Por eso, cuando llegaron las nuevas señales, muchos confiaron en que el ciclo se repetiría.
La primera gran alarma sonó en noviembre de 2014, cuando las comunidades de la ribera occidental denunciaron la muerte de millones de peces en las orillas del lago. Un año después llegó el desenlace. En diciembre de 2015, el lago Poopó desapareció. De los 2.337 km² que tenía una década antes, quedaron tres parches húmedos que sumaban un kilómetro cuadrado, de apenas treinta centímetros de profundidad.
Esta vez, los peces no tuvieron escapatoria. Las aves, los mamíferos y los reptiles pudieron desplazarse a otras zonas; los peces, en cambio, murieron en el sitio al no poder migrar. Se estima que la sequía afectó a unas 200 especies de aves, peces, mamíferos y reptiles. Desaparecieron también los totorales, los musgos y las hierbas de la ribera. "Antes venían aves de todas las especies, se podía ver al puma andino, pero ahora todo ha cambiado: no hay animales, no hay vida", lamentaba un comunario. En enero de 2016 el gobierno boliviano declaró la zona área de desastre.
¿Por qué murió el Poopó?
Aquí está el corazón del reportaje, y también su parte más incómoda. Durante años, las autoridades bolivianas señalaron al fenómeno de El Niño y al calentamiento global de los países industrializados como principales culpables. Pero la realidad es más sucia y más cercana.
La muerte del Poopó fue el resultado de una conjunción de causas, casi todas ellas con la huella humana:
El clima, amplificado. La crisis climática golpea al altiplano con sequías más intensas y temperaturas crecientes, agravadas por el deshielo de los glaciares andinos que alimentan el sistema. El dato es revelador: mientras la temperatura media global subió 0,8 °C, en el lago Poopó el incremento fue de 2,5 °C.
El desvío del agua. El lago dependía de un único afluente, y ese afluente fue exprimido. Una de las causas fundamentales de la desaparición fue el desvío de sus principales afluentes para la actividad minera y agrícola, sobre todo en el río Desaguadero, que aporta cerca del 90 % del caudal. Cuando el nivel del Titicaca baja, el Desaguadero ya no compensa lo que el sol evapora.
La minería. Oruro es un departamento minero, y eso —como subrayan los expertos— "no es un dato menor". El uso excesivo e indebido de los recursos hídricos por parte de la actividad minera contribuyó a vaciar el lago, que además se fue contaminando con metales pesados. A las aguas llegaban plásticos, aguas residuales y desechos mineros.
La sedimentación. Al ser una cuenca cerrada y casi plana, el lago se fue colmatando: los sedimentos se quedaban dentro sin salida, reduciendo aún más su escasa profundidad.
Hay un paralelismo que se repite, ineludible, en boca de los científicos: la sobreexplotación hídrica, la sequía y el exceso de uso son los mismos tres factores que firmaron la sentencia del mar de Aral en Asia Central. El Poopó se ha convertido en el Aral de los Andes.
Refugiados de un lago que ya no existe
La predicción de Simiano Valero se cumplió. Sin lago, los Uru Murato perdieron su razón de ser económica y cultural. Antes dedicados a la pesca, se vieron obligados a migrar para trabajar en las minas, convertidos en "refugiados climáticos".
El vaciamiento de los pueblos es brutal. En Puñaca Tinta María, antes de que el lago se secara vivían 84 familias; hoy quedan siete. "Hartos vivíamos aquí antes. Ahora se han salido, no hay trabajo", resume Cristina Mauricio. La carga, además, recae de forma desigual: "Las mujeres indígenas y campesinas vivimos y sentimos los efectos de la contaminación y desaparición del lago, porque somos nosotras las responsables del sostenimiento y la alimentación de nuestras familias", denuncia Margarita Aquino, de la Red Nacional de Mujeres Defensoras de la Madre Tierra.
¿Hay vuelta atrás?
El Poopó fue reconocido en 2002, junto al vecino lago Uru Uru, como Humedal de Importancia Internacional bajo la Convención Ramsar, por su biodiversidad de aves endémicas y migratorias y su excepcional concentración de flamencos. Esa protección, sin embargo, no impidió la catástrofe. Comunidades y organizaciones como CEPA, CENDA y AIDA han solicitado misiones de asesoramiento internacional para intentar la restauración ecológica del humedal.
Las lluvias estacionales devuelven, año tras año, una fina película de agua a partes del lecho. Pero es demasiado llana para navegar y casi sin peces ni aves: un espejismo más que una resurrección. Y aquí reside la diferencia con las muertes anteriores del lago. Por su naturaleza, el Poopó está destinado a convertirse en salar dentro de muchos siglos —los modelos apuntan a su desaparición natural dentro de entre 1.500 y 2.000 años—. Lo que la mano humana ha hecho es adelantar ese reloj geológico de milenios a apenas unas décadas.
Quizá lo más perturbador de la historia del Poopó no sea su final, sino el modo en que ocurrió. Como escribió un cronista, todo sucedió "a la vista de todos": un lago del tamaño de una pequeña nación que se evaporó lentamente, año tras año, entre advertencias desoídas, mientras el agua que debía alimentarlo se desviaba hacia las minas y los campos. No fue un cataclismo súbito. Fue una agonía anunciada.
El bote sigue ahí, varado sobre el barro, esperando un agua que probablemente no volverá.
Ficha del espacio natural
- Nombre: Lago Poopó (lagos Poopó y Uru Uru, sitio Ramsar n.º 1181, designado en 2002)
- Ubicación: Departamento de Oruro, altiplano boliviano, ~3.686 m de altitud
- Tipo: Lago salino endorreico (cuenca cerrada)
- Superficie histórica: hasta 2.337–3.500 km² (segundo de Bolivia)
- Profundidad media: menos de 3 metros
- Cuenca: sistema TDPS (Titicaca–Desaguadero–Poopó–Salares); afluente principal, el río Desaguadero
- Biodiversidad destacada: hasta 120.000 flamencos (andino, de James y chileno), keñola (Rollandia microptera), ~200 especies de fauna y flora, totorales, artemia
- Pueblos: Uru Murato ("gente del agua"), aymaras y quechuas
- Estado actual: desaparecido en diciembre de 2015; recuperación estacional mínima; zona declarada área de desastre en 2016
Fuentes: Mongabay, AIDA (Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente), swissinfo/AFP, La Razón (Bolivia), OCMAL, Fundación Aquae, NASA Earth Observatory; estudios en Journal of Hydrology: Regional Studies e Hydrological Sciences Journal*; Convención Ramsar.*




