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| Personal médico llega para evacuar a los pasajeros del MV Hondius , el crucero afectado por un brote de hantavirus. Crédito: AFP vía Getty Images |
07 mayo 2026.- Un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha puesto de relieve esta infección, rara pero mortal, y la falta de opciones de tratamiento y prevención.
Tres personas que se encontraban a bordo del barco dieron positivo por el virus, incluido un pasajero que falleció. De otras cinco personas con sospecha de infección, dos murieron.
El hantavirus generalmente se transmite por el aire, a través de partículas de orina, excrementos o saliva de roedores. Sin embargo, algunas cepas pueden transmitirse ocasionalmente entre personas que están en contacto cercano. Una de estas cepas, denominada virus de los Andes, es responsable de un brote en curso en Argentina, y el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, confirmó que los pasajeros estaban infectados con esta cepa, para la cual no existen tratamientos ni vacunas específicas. Los científicos sospechan que algunos de los viajeros podrían haberse infectado en Argentina antes de abordar el crucero. Si bien las infecciones por hantavirus son raras, algunas cepas tienen una tasa de mortalidad de hasta el 50 %.
El crucero que nadie quería acoger
El MV Hondius, operado por la compañía Oceanwide Expeditions, zarpó de Ushuaia, Argentina, el pasado 1 de abril para realizar un viaje a través de zonas remotas del Atlántico. Durante el trayecto, varios pasajeros enfermaron con una afección respiratoria de rápida progresión.
Hasta el momento se han identificado siete casos del raro hantavirus transmitido por roedores, incluyendo dos casos confirmados y cinco casos sospechosos, según informó la Organización Mundial de la Salud. Tres personas fallecieron a bordo.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, confirmó que los pasajeros estaban infectados con la cepa denominada virus Andes, la variante más peligrosa del grupo y la única para la que existe evidencia documentada de transmisión entre personas. Los científicos sospechan que algunos de los viajeros podrían haberse infectado en Argentina antes de embarcar.
Mientras el barco permanecía bloqueado frente a Praia, la capital de Cabo Verde, el caso adquirió una dimensión política y diplomática: la OMS acordó con España que el buque siguiera su trayecto hasta Canarias, pero el presidente del archipiélago rechazó recibirlo argumentando riesgos sanitarios, una decisión que la propia OMS calificó de injustificada técnicamente.
Qué es el hantavirus: un virus viejo con un peligro nuevo
El hantavirus no es un patógeno reciente. Se conoce desde los años 50, cuando durante la Guerra de Corea más de 3.000 soldados estadounidenses enfermaron de una extraña fiebre hemorrágica. La familia Hantaviridae agrupa decenas de cepas distintas, transmitidas por diferentes especies de roedores y distribuidas en prácticamente todos los continentes.
Lo que une a casi todas ellas es su mecanismo de transmisión: los seres humanos se infectan a través del contacto con roedores como ratas y ratones, especialmente con su orina, excrementos y saliva, que al secarse liberan partículas microscópicas al aire que son inhaladas. No es necesario tocar al roedor: basta con respirar el polvo de una cabaña cerrada, un almacén o un garaje donde estos animales hayan dejado rastro.
Las consecuencias clínicas dependen de la cepa. En el Viejo Mundo (Europa y Asia) el hantavirus provoca principalmente fiebre hemorrágica con síndrome renal, con tasas de mortalidad que van del 1% al 15% según la variante. En las Américas predomina el llamado síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), mucho más agresivo. Los CDC estiman que cerca del 38% de los pacientes con síndrome pulmonar por hantavirus que desarrollan síntomas respiratorios pueden morir. Algunas cepas americanas, como el virus Sin Nombre, identificado en los EE. UU. en 1993, tienen tasas de mortalidad de hasta el 50%.
Los síntomas del SPH son inicialmente inespecíficos —fiebre, dolores musculares, fatiga— y pueden confundirse con una gripe. Los síntomas iniciales surgen bruscamente una o dos semanas tras la exposición e incluyen dolor de cabeza intenso, dolor en la espalda y abdomen, fiebre, escalofríos, náuseas y visión borrosa. En la fase avanzada aparecen presión arterial baja, shock, hemorragia interna y daño renal agudo. La progresión puede ser fulminante: en días, un paciente aparentemente estable puede necesitar ventilación mecánica.
El virus Andes: la excepción más preocupante
De entre todas las cepas conocidas, el virus Andes merece una mención aparte por una razón que lo convierte en el más vigilado por los epidemiólogos: es el único hantavirus del que existe evidencia de transmisión de persona a persona, algo que no ocurre con ninguna otra cepa del grupo.
Esta capacidad, aunque limitada y documentada solo en exposiciones estrechas y prolongadas, fue el elemento más inquietante del brote del MV Hondius. Un barco es un espacio cerrado, con ventilación compartida y convivencia forzada: el escenario ideal para que una cepa con transmisión interpersonal demuestre todo su potencial. El médico Scott Miscovich declaró que era muy inusual que se produjera un brote de hantavirus en un barco que no hubiera viajado a ningún lugar donde el virus sea endémico.
El virus Andes es endémico de Argentina y Chile, y ha demostrado transmisión persona a persona en brotes previos documentados en 1996, 1997, 2004, 2014 y 2018. En el de Epuyén (Patagonia, 2018-2019), uno de los más graves registrados, se produjeron decenas de infecciones y al menos 11 muertes.
Por qué no existe vacuna: 30 años de investigación sin línea de meta
Aquí es donde entra en escena Jay Hooper, virólogo del Instituto de Investigación Médica del Ejército de EE. UU. para Enfermedades Infecciosas (USAMRIID), en Frederick, Maryland. En una entrevista publicada este 7 de mayo en Nature, Hooper explica por qué, después de tres décadas de trabajo, la vacuna sigue sin estar disponible.
El USAMRIID lleva trabajando en vacunas contra el hantavirus desde los años ochenta, impulsado por el interés militar de proteger a las tropas desplegadas en zonas endémicas. Hooper se incorporó al equipo en los noventa, cuando aparecieron nuevas cepas causantes del síndrome pulmonar, como el virus Sin Nombre y el virus Andes.
Los avances son reales: el equipo ha realizado ensayos clínicos de fase 1 con vacunas para el virus Andes y otras dos cepas (Hantaan y Puumala). En humanos, la vacuna de ADN contra el Andes induce anticuerpos neutralizantes, lo que es importante para la protección, de modo que el candidato parece prometedor.
Pero hay obstáculos formidables. El primero es técnico: la vacuna requiere al menos tres dosis en lugar de una sola inyección o un régimen simple de dos dosis. El segundo es epidemiológico: debido a que los casos humanos del virus Andes son raros y geográficamente dispersos, no existe una región obvia donde llevar a cabo un ensayo clásico de eficacia en fase 3, lo que requiere enfoques más creativos para cumplir los requisitos de autorización.
Y el tercero, quizás el más determinante de todos, es económico: otra barrera importante para el desarrollo de vacunas contra el hantavirus es la financiación. Las enfermedades raras, poco mediáticas y geográficamente concentradas no atraen la inversión farmacéutica privada. Sin grandes mercados potenciales, las compañías no tienen incentivos para llevar una vacuna hasta la fase comercial.
El riesgo futuro: el cambio climático como catalizador
El brote del Hondius podría interpretarse como un accidente puntual. Pero los expertos advierten de que el contexto global podría favorecer más episodios similares.
Hooper apunta que el cambio climático podría alterar las poblaciones de roedores y aumentar el número de personas que viven o entran en zonas donde estos animales están presentes, lo que podría incrementar el número de casos. Como con cualquier virus zoonótico —un virus de origen animal que salta a humanos—, la situación es inherentemente impredecible. El propio Hooper lo resume con una referencia directa: «Mirad lo que pasó con el virus de la viruela del mono».
A esto se suma la expansión de las actividades humanas hacia zonas silvestres, el auge del turismo de aventura en regiones como la Patagonia —exactamente el tipo de destino del MV Hondius— y la posibilidad de que las rutas migratorias de los roedores reservorio cambien a medida que el clima se transforma.
Qué se puede hacer hoy: prevención sin vacuna
En ausencia de vacuna y sin tratamiento antiviral específico, los pacientes reciben cuidados de apoyo y tratamiento intensivo para aliviar síntomas y sostener las funciones vitales. En casos graves, puede ser necesaria ventilación mecánica. El diagnóstico precoz mejora las posibilidades de supervivencia, pero sigue siendo difícil en la fase inicial por la inespecificidad de los síntomas.
La prevención se basa en evitar el contacto con roedores y sus excretas. Las autoridades sanitarias recomiendan precaución especial al limpiar lugares cerrados que estuvieron desocupados, ventilar bien antes de entrar en espacios donde puedan haberse refugiado ratas o ratones, y no dormir en el suelo en zonas rurales o de montaña en regiones endémicas.
Tanto la OMS como los CDC han insistido en que el brote del Hondius no representa una amenaza para la salud pública general y que no hay motivo para el pánico ni para restringir los viajes. Pero la frase de Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, no puede ocultar una realidad que los virólogos conocen bien: cuando un patógeno con una tasa de mortalidad de hasta el 50% llega a un entorno tan propicio para la transmisión como un crucero, y no existe ni vacuna ni tratamiento, el sistema sanitario global opera sin red de seguridad.
El brote del MV Hondius no ha cambiado la epidemiología del hantavirus. Lo que ha cambiado es la atención que el mundo le presta. Y eso, al menos, podría traducirse en financiación para los investigadores que llevan décadas trabajando en la vacuna que aún no existe.
Fuentes principales: Nature (entrevista con Jay Hooper, 7 de mayo de 2026); OMS; CDC; CNN; La Nación; revistas científicas NCBI/PubMed.
