arqueología, Ojo Guareña, Sala Keimada, Cueva Palomera, pinturas rupestres
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| Panel de ilustraciones en la Sala Keimada de la Cueva Palomera, Burgos, España. Cortesía de Ana Isabel Ortega Martínez |
La Sala Keimada, una de las cámaras más inaccesibles de la Cueva Palomera (Burgos), fue visitada de forma recurrente desde el final del Paleolítico superior hasta la Edad del Hierro. Dieciocho nuevas dataciones por radiocarbono confirman que distintos grupos humanos regresaron a este espacio sagrado durante milenios respetando siempre el arte que habían dejado sus antecesores.
14 junio 2026.- Un equipo de investigación liderado por la arqueóloga Ana Isabel Ortega Martínez, de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes (Institución Fernán González), ha confirmado que la Sala Keimada, una recóndita cámara del sistema de cuevas de Ojo Guareña, fue un santuario frecuentado por el ser humano durante más de once milenios. El estudio, en el que también participa el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), se publicó el pasado mes de mayo en la revista científica internacional Journal of Archaeological Science: Reports.
La investigación aporta dieciocho dataciones inéditas por radiocarbono obtenidas a partir de muestras de carbón, restos de dibujos y huesos dispersos por la sala. La datación más antigua sitúa el primer uso conocido del lugar hace unos 13.700 años, ya en el final del Paleolítico superior. La más reciente, de hace unos 2.100 años, corresponde a los restos de un lechón doméstico —de apenas tres meses de edad— depositado en una pequeña poza natural del centro de la sala, posiblemente como ofrenda ritual poco antes de la llegada del mundo romano a la cordillera Cantábrica, tras las Guerras Cántabras.
Un lugar al que se volvía generación tras generación
Entre esos dos extremos cronológicos, las evidencias apuntan a visitas repetidas durante el Neolítico, el Calcolítico y la Edad del Bronce. En total, los investigadores han identificado ocho fases distintas de frecuentación, un dato notable tratándose de uno de los rincones más escondidos y de más difícil acceso de toda la Cueva Palomera.
Lo más significativo es que cada generación de visitantes parece haber respetado el arte de quienes la precedieron: añadían nuevos trazos, grabados y pinturas sin borrar ni alterar los anteriores. Este comportamiento, mantenido durante miles de años, refuerza la idea de que la Sala Keimada se percibía como un espacio sagrado y compartido a lo largo del tiempo.
Una cámara casi inaccesible
La Sala Keimada se encuentra en el tercer nivel de la cueva, a unos 290 metros de la entrada principal del sistema, y justo enfrente de la conocida Sala de las Pinturas. Para llegar a ella es preciso superar una estrecha gatera de unos 13 metros de anchura y apenas medio metro de altura, lo que la convierte en uno de los puntos más inaccesibles del complejo.
El yacimiento fue descubierto en 1976 por el Grupo Espeleológico Edelweiss, pero había permanecido prácticamente inédito en la literatura científica precisamente por la dificultad de su acceso y por la ausencia de dataciones que permitieran reconstruir su historia. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se centraban en la cercana Sala de las Pinturas.
Una estructura de piedra con forma de animal
Uno de los hallazgos más destacados es una compleja estructura levantada con dos grandes losas de caliza colocadas en vertical y apoyadas una contra otra, reforzadas con piedras de menor tamaño. La losa principal, de 1,5 metros de longitud, presenta un borde superior cuidadosamente retocado que le da un perfil apuntado, con aspecto de figura animal cuyo "hocico" se orienta hacia el panel principal de pinturas.
Tanto esta losa como algunas de las piedras que la sostienen conservan grabados y marcas de carbón, prueba de una intensa actividad humana en torno a la estructura. Por sus características, recuerda a otra losa paleolítica documentada en la cueva asturiana de Tito Bustillo, aunque la de Ojo Guareña es de mayores dimensiones. El conjunto artístico incluye además pinturas negras geométricas, numerosos grabados digitales (realizados con los dedos), la cabeza de un zoomorfo y hoyos excavados con palos.
El valor del hallazgo
La Sala Keimada se suma así a la creciente lista de santuarios subterráneos de la península ibérica a los que las comunidades prehistóricas regresaron durante siglos, e incluso milenios, atraídas por un lugar que consideraban especial. El estudio demuestra que el ser humano no solo habitó las zonas de entrada de Ojo Guareña, sino que se adentró de forma repetida en sus rincones más profundos y peligrosos a lo largo de la prehistoria.
El trabajo forma parte del Proyecto de Dataciones de Ojo Guareña, desarrollado mediante sucesivos convenios de colaboración con la Fundación Atapuerca y autorizado por la Junta de Castilla y León, que a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural ha financiado siete de las dataciones presentadas.
Sobre el Complejo Kárstico de Ojo Guareña
Situado en la Merindad de Sotoscueva (Burgos), en las estribaciones meridionales de la cordillera Cantábrica, Ojo Guareña es uno de los mayores complejos kársticos de Europa y del mundo, con más de 110 kilómetros de galerías topografiadas y cerca de 400 cavidades. Declarado Monumento Natural en 1996, además de Bien de Interés Cultural y Lugar de Importancia Comunitaria, alberga una biodiversidad subterránea excepcional y un riquísimo patrimonio arqueológico, con vestigios de ocupación humana que abarcan desde el Paleolítico medio hasta la Edad Media.
Para leer más sobre el arte rupestre en las cuevas españolas, visitar " Paleo Palette ".
Referencia del estudio: Ortega-Martínez, A. I. et al. (2026). Sala Keimada: another Palaeolithic sanctuary in Cueva Palomera at Ojo Guareña (Burgos, Spain). Journal of Archaeological Science: Reports, 73: 105818. DOI: 10.1016/j.jasrep.2026.105818

