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| Los científicos han encontrado nuevas pruebas de cómo llegaron a la Tierra los ingredientes para la vida. Crédito: NASA |
Un estudio financiado por la NASA y liderado por la Universidad Rice desafía la idea dominante sobre el origen de los elementos esenciales para la vida. El análisis de meteoritos sugiere que el fósforo y el nitrógeno de nuestro planeta procedieron sobre todo del Sistema Solar interior —y no de cometas y asteroides lejanos— y que el crecimiento del gigante Júpiter fue determinante en cómo se repartieron por el joven Sistema Solar.
14 junio 2026.- ¿De dónde salieron los ingredientes químicos que hicieron posible la vida en la Tierra? Es una de las grandes preguntas sin respuesta de la ciencia, y un nuevo trabajo respaldado por la NASA acaba de aportar una pista inesperada. El estudio, liderado por investigadores del Departamento de Ciencias de la Tierra, Ambientales y Planetarias de la Universidad Rice (Houston, EE. UU.) y publicado en la revista Science Advances, propone que parte de esos elementos esenciales no llegaron desde los confines del Sistema Solar, como se pensaba, sino que ya estaban disponibles cerca de la Tierra desde muy temprano. Y apunta a un responsable de peso: el planeta Júpiter.
Toda la vida que conocemos se construye a partir de un puñado de elementos —carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre—, nacidos en el interior de las estrellas y dispersados después por nubes de gas y polvo. Dos de ellos, el nitrógeno y el fósforo, son especialmente críticos: sin ellos no habrían podido formarse las primeras células. La cuestión es cómo y cuándo la joven Tierra reunió su reserva de estos componentes.
La hipótesis que el estudio pone en duda
La explicación más aceptada sostenía que los elementos esenciales para la vida llegaron tarde, transportados hacia el Sistema Solar interior por cuerpos procedentes de las regiones exteriores —los mismos que habrían aportado buena parte del agua de la Tierra—. Esos cuerpos serían el origen de las condritas, meteoritos rocosos que constituyen la mayoría de los que caen hoy sobre nuestro planeta. Sin embargo, las condritas proceden de una segunda generación de planetesimales que se formó entre dos y cuatro millones de años después de los primeros sólidos del Sistema Solar, un retraso que, según los autores, las descarta como la fuente más temprana de estos ingredientes.
Para poner a prueba esta idea, el equipo recurrió a una herramienta poco habitual: los meteoritos de hierro, fragmentos de los núcleos metálicos de los planetesimales más antiguos, formados hace más de 4.500 millones de años. Estos restos son una ventana a una época anterior incluso a la existencia de la Tierra. Los investigadores recrearon en el laboratorio la formación de esos cuerpos primitivos, tanto del Sistema Solar interior como del exterior, "cocinando" su composición química en una instalación de alta presión y alta temperatura. Así pudieron estimar cuánto fósforo y cuánto nitrógeno contenían y dónde se encontraban esos elementos al principio.
Un mapa químico que se invierte en el tiempo
Combinando los experimentos con modelos geoquímicos, el equipo reconstruyó un mapa de la proporción entre fósforo y nitrógeno (la relación P/N) a lo largo del Sistema Solar primitivo, y halló un patrón sorprendente. En la primera generación de planetesimales —la de los meteoritos de hierro— la proporción P/N era más alta en el Sistema Solar exterior y disminuía hacia el interior. En la segunda generación —la de las condritas— la tendencia se invertía: los valores más altos aparecían en el Sistema Solar interior.
Los autores interpretan que, en la primera etapa, la fuerte turbulencia y las altas temperaturas del disco que rodeaba al joven Sol empujaron material rico en fósforo desde las regiones internas y calientes hacia las exteriores y más frías, elevando allí la relación P/N. Después, la situación cambió por completo. Y la causa fue Júpiter.
El papel decisivo de Júpiter
A medida que Júpiter se formaba y alcanzaba su descomunal tamaño y su enorme influencia gravitatoria, el planeta actuó como una barrera que restringió el transporte de fósforo y nitrógeno desde el interior hacia el exterior del Sistema Solar. Por eso, cuando apareció la segunda generación de planetesimales, los del Sistema Solar interior quedaron con una relación P/N más alta que los situados más allá del gigante gaseoso.
Pese a esa inversión entre ambas generaciones, los investigadores destacan un punto común y revelador: en los dos casos, la proporción de fósforo y nitrógeno más parecida a la que sostiene la vida en la Tierra se localizaba en el Sistema Solar interior. Los modelos de acreción geoquímica refuerzan la conclusión, ya que la "huella" actual de P/N de nuestro planeta se reproduce mejor a partir de planetesimales del Sistema Solar interior, estén relacionados con meteoritos de hierro o con condritas.
Qué significa el hallazgo
La principal conclusión, según el autor principal del estudio, Debjeet Pathak, estudiante de doctorado en la Universidad Rice, es que la Tierra adquirió su reserva de fósforo y nitrógeno esenciales para la vida fundamentalmente del Sistema Solar interior, sin necesidad de una aportación significativa de condritas procedentes del exterior. Es decir, los ingredientes no habrían viajado de fuera hacia dentro, como se creía, sino que ya estaban disponibles cerca de donde se formó la Tierra desde los primeros compases del Sistema Solar.
El trabajo añade además una dimensión que va más allá de nuestro vecindario cósmico. Según el autor sénior, Rajdeep Dasgupta, de la Universidad Rice, la presencia de Júpiter y su historia de crecimiento parecen haber sido determinantes a la hora de distribuir los ingredientes químicos básicos necesarios para que existan mundos habitables. Queda abierta, advierte, una pregunta de enorme calado para la búsqueda de vida en otros sistemas: si es posible reunir una dotación de elementos esenciales para la vida similar a la de la Tierra sin la presencia de un planeta de tipo joviano. En otras palabras, la existencia de un "Júpiter" podría ser una de las claves para que un planeta llegue a ser habitable.
Referencia: Pathak, D. et al. (2026). Science Advances. DOI: 10.1126/sciadv.aed8749. Investigación respaldada por la NASA y desarrollada en el Departamento de Ciencias de la Tierra, Ambientales y Planetarias de la Universidad Rice (Houston, EE. UU.).
Comunicado elaborado a partir de información de la NASA y de la Universidad Rice.


