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La comisión de Asuntos Económicos avala el marco legal de la futura moneda pública digital, que convivirá con el efectivo, tendrá límites de tenencia y garantizará pagos básicos gratuitos y una privacidad similar a la del dinero en metálico
28 junio 2026. — El proyecto del euro digital ha superado su obstáculo político más importante. El pasado 23 de junio, la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) del Parlamento Europeo aprobó el marco legal que permitirá al Banco Central Europeo (BCE) emitir una versión digital de la moneda única. El texto salió adelante por 43 votos a favor, 14 en contra y 1 abstención, y su ponente, el eurodiputado español Fernando Navarrete Rojas, logró sacar adelante la totalidad de sus enmiendas de compromiso tras un acuerdo entre los principales grupos.
La votación desbloquea el tramo final del proceso legislativo. La comisión ordenó además abrir de inmediato las negociaciones a tres bandas (el llamado "trílogo") entre el Parlamento, los Estados miembros y la Comisión Europea, después de que el Consejo fijara ya su posición en diciembre de 2025. La presidenta de la comisión ECON, la eurodiputada Aurore Lalucq, calificó la jornada como un día histórico para Europa.
Calendario: acuerdo a finales de 2026, piloto en 2027 y emisión en 2029
El objetivo declarado de los legisladores es cerrar la normativa antes de que termine 2026. A partir de ahí, el calendario técnico contempla el arranque de una fase piloto en la segunda mitad de 2027 —coincidiendo con el 25 aniversario de la entrada en circulación de los billetes y monedas de euro—, con pruebas de doce meses junto a comercios y proveedores de pago seleccionados. Si todo avanza según lo previsto, el BCE estaría en disposición de realizar una primera emisión del euro digital en 2029. Conviene subrayar que el reglamento no obliga al BCE a emitir la moneda: crea el marco jurídico imprescindible, pero la decisión final corresponde a la autoridad monetaria.
Qué es —y qué no es— el euro digital
El euro digital sería dinero público en formato electrónico, emitido y respaldado directamente por el BCE, concebido para complementar al efectivo y a los servicios bancarios actuales, no para sustituirlos. A diferencia de las criptomonedas, no se apoyaría en tecnología blockchain y mantendría una paridad absoluta y permanente con la moneda física: un euro digital equivaldría siempre a un euro. Su distribución correría a cargo de intermediarios —bancos, proveedores de servicios de pago, entidades de dinero electrónico y empresas reguladas de criptoactivos—, mientras que el BCE aportaría la infraestructura tecnológica.
El diseño aprobado prevé dos modalidades. La versión en línea funcionaría a través de un sistema basado en cuentas dentro de la infraestructura digital conectada. La versión sin conexión (offline) buscaría replicar las propiedades del efectivo: permitiría pagar de un teléfono a otro sin acceso a internet, ofrecería una privacidad equivalente a la del dinero en metálico —de modo que el BCE no podría ver qué compran los ciudadanos— y, como contrapartida, funcionaría como una cartera física: perder el dispositivo equivaldría a perder ese dinero, sin posibilidad de reembolso.
Lo que cambia para los ciudadanos
Para el usuario de a pie, la propuesta introduce varias garantías pensadas para proteger su bolsillo y su libertad de elección:
- Servicios básicos gratuitos. Abrir una cuenta, mantener y gestionar los fondos y disponer de al menos un instrumento de pago no tendrían coste alguno. Los proveedores podrían cobrar por servicios adicionales, pero no por inactividad ni por la agrupación de servicios.
- Sin intereses ni comisiones de tenencia. El euro digital no remuneraría el saldo ni penalizaría por mantenerlo.
- Límite de tenencia. Cada persona solo podría guardar una cantidad máxima de euros digitales, un tope diseñado para evitar una fuga masiva de depósitos desde la banca comercial. La cifra concreta aún no está fijada: la establecería la Comisión Europea a partir de las recomendaciones del BCE y se revisaría al menos cada dos años. El Parlamento reclama tener plena capacidad de decisión en ese proceso.
- Pagos sin conexión gratuitos y comisiones limitadas tanto para los comercios como entre proveedores, con el compromiso de que los comerciantes no paguen más de lo que abonan hoy.
- Las empresas no podrían acumular euros digitales, salvo para retener pagos entrantes durante un máximo de 24 horas.
El efectivo queda protegido
Uno de los mensajes centrales de los legisladores es que el dinero en metálico no desaparece. La normativa establece que tanto el euro físico como el digital serán de curso legal, y refuerza la obligación de aceptar pagos en efectivo, que solo podrían rechazarse en casos muy limitados.
En palabras de los responsables del expediente, el propósito no es empujar a nadie hacia un medio de pago concreto, sino ampliar las opciones y preservar la libertad de elección: quien quiera seguir pagando en efectivo podrá hacerlo, y quien prefiera lo digital contará con una alternativa pública europea respaldada por el banco central.
Por qué ahora: soberanía monetaria y autonomía estratégica
El impulso final del proyecto responde a una preocupación geopolítica creciente: la dependencia europea de infraestructuras de pago ajenas. Según datos del BCE, las estadounidenses Visa y Mastercard concentran alrededor del 61 % de los pagos con tarjeta en la zona euro y la práctica totalidad de las operaciones transfronterizas.
A ello se suma el auge de las stablecoins privadas ligadas al dólar. Los defensores del euro digital lo presentan como una herramienta de autonomía estratégica: un sistema de pagos minoristas, paneuropeo y de titularidad pública, "totalmente bajo control" europeo. El eurodiputado Markus Ferber resumió el argumento al afirmar que reforzar la resiliencia de los pagos se ha convertido en una necesidad geopolítica.
El movimiento europeo contrasta con la dirección opuesta tomada al otro lado del Atlántico, donde el Senado de Estados Unidos votó a favor de prohibir durante cuatro años una moneda digital de su banco central, mientras la Administración estadounidense apuesta por las stablecoins privadas. Otras potencias, como China con el yuan digital y Rusia con el rublo digital, ya han avanzado en sus propios proyectos.
Cuestiones abiertas
Pese al respaldo, varios puntos sensibles se decidirán en la negociación final. El más relevante es el nivel exacto del límite de tenencia, una decisión política con efectos directos sobre la estabilidad de la banca. También siguen sobre la mesa el coste de implantación tecnológica, el reparto de comisiones con los comercios y las garantías de privacidad, el aspecto que más inquietud despierta entre los sectores críticos.
Próximos pasos
El expediente se someterá al pleno del Parlamento Europeo, previsiblemente en julio, y se negociará en paralelo con los Gobiernos en el trílogo. El proyecto, que el BCE viene desarrollando desde 2021, afecta a los 21 países que hoy comparten el euro dentro de los 27 Estados de la Unión.
Datos clave
- Votación en comisión (ECON): 43 a favor, 14 en contra, 1 abstención (23 de junio de 2026).
- Acuerdo legislativo previsto: finales de 2026.
- Fase piloto: segunda mitad de 2027 (12 meses).
- Posible primera emisión: 2029.
- Paridad: 1 euro digital = 1 euro físico. Sin blockchain.
- Garantías: servicios básicos gratuitos, sin intereses, límite de tenencia por persona, efectivo protegido como curso legal.
