evolución, genética, ADN, neandertales, Europa
![]() |
| Cueva de Les Cottés en Francia. Crédito: M. Soressi |
Un análisis de 27 genomas recuperados en Bélgica y Francia revela una red de comunidades emparentadas, sin señales de endogamia ni de deterioro genético. El hallazgo cuestiona la idea de que la pérdida de diversidad condenó a la especie a la extinción.
27 junio 2026.- Durante mucho tiempo se ha contado la desaparición de los neandertales como la historia de una especie agotada: poblaciones cada vez más pequeñas, aisladas y empobrecidas genéticamente, abocadas a un callejón sin salida. Un nuevo estudio publicado en Nature el 24 de junio de 2026 complica —y enriquece— ese relato. Lejos de ser un grupo homogéneo y replegado sobre sí mismo, los últimos neandertales del noroeste de Europa formaban una red de comunidades interconectadas que aún conservaba el rastro de distintos linajes ancestrales poco antes de su extinción.
El trabajo, liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig) con la participación de la Universidad de Leiden, ofrece la imagen más detallada hasta la fecha de la diversidad neandertal en Europa occidental en los milenios finales de la especie.
27 individuos, diez yacimientos y un genoma excepcional
El equipo generó datos genéticos de 27 neandertales que vivieron hace menos de unos 52.500 años, procedentes de diez yacimientos arqueológicos de Bélgica y Francia. Buena parte de los restos provienen de la cuenca del río Mosa, en Bélgica, una región con una densidad de yacimientos del Paleolítico medio que ofrece una oportunidad poco común: estudiar varias poblaciones más o menos contemporáneas con gran resolución, casi como una instantánea de un vecindario prehistórico.
La pieza estrella del estudio es un genoma de altísima calidad obtenido de un individuo de unos 45.000 años hallado en Goyet (Bélgica), bautizado por los investigadores como GN1. Con una cobertura media de 22,4 veces, se convierte en el quinto genoma neandertal de alta calidad secuenciado hasta la fecha, un recurso valiosísimo que sirve de punto de referencia para interpretar el resto de las muestras, mucho peor conservadas.
Lograrlo no fue trivial. La mayoría de los restos contenían cantidades ínfimas de ADN original —en muchos casos menos del 1 % de las secuencias correspondían a humano—, contaminadas por ADN microbiano y por material genético humano actual. Para exprimir esas muestras tan degradadas, el equipo diseñó un sistema de captura dirigida (denominado ArchaicPlus) capaz de enriquecer alrededor de 2,3 millones de posiciones del genoma informativas sobre la variación neandertal. El resultado demuestra algo importante para la disciplina: incluso genomas de baja cobertura, combinados con el contexto arqueológico, permiten reconstruir con detalle la diversidad interna de los neandertales.
La conexión de Les Cottés: parientes a miles de kilómetros
Una de las claves del estudio llega de Francia. El individuo recuperado en la cueva de Les Cottés, excavada bajo la dirección de la profesora Marie Soressi, de la Universidad de Leiden, ya había mostrado en análisis previos un perfil genético inesperado, con vínculos hacia poblaciones neandertales situadas mucho más allá de Europa occidental. En este nuevo trabajo, ese individuo funciona como una referencia clave para reconstruir la historia poblacional de los últimos neandertales.
Su linaje materno (mitocondrial) no encaja con el del grueso de los neandertales tardíos del oeste europeo, sino que entronca con un grupo más profundo que incluye individuos de las cuevas de Chagyrskaya y Okladnikov, en Rusia. En otras palabras: hay señales de conexiones de muy largo alcance, que tienden puentes genéticos entre el suroeste de Francia y los confines orientales del territorio neandertal.
No es el único caso. El ADN de un individuo de Couvin (Bélgica) pertenece a un linaje muy divergente, el mismo del célebre neandertal "Thorin" de la Grotte Mandrin, en el valle del Ródano. Y una neandertal de Arcy-sur-Cure (Francia) procede de una población que se separó del tronco común mucho antes que el resto. Todo apunta a un mosaico de linajes coexistiendo en un mismo periodo y una misma región.
Ni clones ni endogamia
Otro de los resultados desmonta una imagen extendida. En el yacimiento de Goyet, todos los individuos secuenciados resultaron no emparentados estrechamente entre sí. No se hallaron las firmas genéticas de cruces entre parientes cercanos que sí caracterizan, por ejemplo, a los neandertales de la cueva de Chagyrskaya, en Siberia. La lectura de los autores es directa: estos neandertales vivían en grupos más grandes o mejor conectados de lo que sugerían estudios anteriores centrados en una única comunidad aislada.
El análisis genético también permitió un curioso trabajo detectivesco de laboratorio: ayudó a corregir el "rompecabezas" de huesos fragmentados, identificando qué fragmentos pertenecían realmente al mismo individuo y rectificando ensamblajes erróneos hechos solo a partir de la morfología.
Goyet, la cueva de los secretos sombríos
Conviene detenerse en Goyet, porque es un lugar excepcional. Se trata de un sistema de galerías subterráneas de unos 250 metros de longitud que perforan la base de un acantilado calizo en el centro de Bélgica. Explorada científicamente desde 1872, ha entregado a lo largo de las décadas miles de objetos y restos humanos, y conserva la mayor colección de fósiles neandertales conocida: solo de neandertal se han recuperado 101 piezas óseas, atribuidas al menos a seis individuos.
Pero Goyet guarda también un secreto incómodo. Muchos de esos huesos aparecen muy fragmentados y presentan marcas de manipulación humana —cortes, fracturas intencionadas— compatibles con canibalismo; algunos fueron incluso reutilizados como herramientas. El contraste con el cercano yacimiento de Spy es llamativo: allí la disposición anatómica de los restos apunta a un posible enterramiento deliberado. Dos comunidades genéticamente próximas y, sin embargo, con tratamientos de sus muertos radicalmente distintos.
El nuevo estudio añade matices reveladores a ese cuadro. Los neandertales de Goyet no eran parientes cercanos entre sí, y los análisis de isótopos sugieren que no eran originarios de la región, sino que procedían de otros lugares. Entre ellos figura un recién nacido cuya madre no aparece representada en las muestras analizadas, un detalle que abre interrogantes sobre la composición y la movilidad de aquellos grupos. El propio genoma de referencia del trabajo, GN1, procede de esta cueva.
Convivieron con nosotros, pero no hay rastro reciente de mezcla
Estos neandertales vivieron en una época —entre unos 49.800 y 40.000 años atrás— en la que los humanos modernos ya estaban presentes en Europa. Sabemos que ambas especies se cruzaron: todos los humanos no africanos actuales llevamos un pequeño porcentaje de ADN neandertal. Cabría esperar, por tanto, encontrar también el flujo inverso: ADN de humano moderno en estos neandertales tardíos.
Sin embargo, el estudio no halló indicios de mestizaje reciente con humanos modernos. Los pocos fragmentos candidatos eran demasiado cortos para corresponder a un cruce reciente y encajan mejor con episodios de mezcla mucho más antiguos. Esta asimetría —el ADN neandertal fluyó hacia nosotros, pero no a la inversa en estas poblaciones tardías— podría explicarse por la dinámica de aquellas primeras interacciones, por sesgos demográficos o porque la descendencia de parejas mixtas quedara integrada sobre todo en grupos de humanos modernos.
Replanteando la causa de la extinción
Quizá la conclusión de mayor calado tiene que ver con el porqué de su desaparición. Los autores midieron varios indicadores de "carga genética" —la acumulación de mutaciones potencialmente dañinas— que tienden a aumentar con el tiempo en especies extintas o en peligro crítico. En estos neandertales esa carga no se incrementó a lo largo del tiempo, ni se observó una caída de la diversidad o un aumento de la consanguinidad.
El resultado es incompatible con la hipótesis de que un deterioro genético progresivo fuera el motor principal de la extinción neandertal. La causa de su desaparición, parece, habrá que buscarla en otra parte.
"Apenas empezamos a descubrir su complejidad"
Para Marie Soressi, cada nuevo genoma de calidad aporta una cantidad extraordinaria de información, y este estudio muestra lo mucho que se puede aprender cuando hay más individuos disponibles para el análisis genético. La investigadora subraya que estos hallazgos revelan cuánto queda por conocer sobre las poblaciones neandertales y sus conexiones sociales.
"Apenas estamos empezando a descubrir la diversidad y la complejidad de las poblaciones neandertales", afirma. A medida que se sumen genomas de más yacimientos de Europa y de otras regiones, dice, será posible pasar de estudiar individuos aislados a reconstruir comunidades enteras, sus relaciones y las redes sociales que las unían.
El retrato que emerge es el de unos neandertales bastante menos solitarios y bastante más sofisticados socialmente de lo que durante décadas imaginamos: no los últimos supervivientes de un linaje moribundo, sino los protagonistas de un mundo poblado y conectado del que aún nos queda casi todo por entender.
Referencia del estudio: Bossoms Mesa, A., Hajdinjak, M. et al. "Genetic diversity of late Neanderthals in northwestern Europe". Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10625-1.
Fuentes: artículo original en Nature*, comunicado de la Universidad de Leiden y el reportaje "What Happened in Goyet Cave?" (Archaeology Magazine, marzo/abril de 2026).*
