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Los pueblos de Oceanía conservan la mayor huella genética denisovana del planeta y revelan que los humanos modernos se mezclaron con al menos tres poblaciones arcaicas distintas
Un estudio internacional liderado por la Universidad de Yale y publicado en Science secuencia 177 genomas de Oceanía Próxima y demuestra que el ADN heredado de los denisovanos sigue activo hoy, sobre todo en la respuesta inmunitaria
22 junio 2026. — Una nueva investigación ha identificado en el ADN de los pueblos de Oceanía la huella genética denisovana más amplia hallada hasta la fecha y concluye que nuestra especie no se cruzó con un único grupo de denisovanos, sino con al menos tres poblaciones emparentadas con estos parientes humanos hoy extintos. El trabajo, publicado el 11 de junio en la revista científica revisada por pares Science, ofrece uno de los retratos más detallados realizados hasta ahora de la diversidad genética del Pacífico y arroja luz sobre uno de los capítulos más enigmáticos de la historia de la humanidad: la relación entre los denisovanos y el Homo sapiens.
El estudio ha sido dirigido por un equipo internacional encabezado por la Universidad de Yale (Estados Unidos), con Serena Tucci, profesora de Antropología e investigadora principal del Laboratorio de Genómica Evolutiva Humana de Yale, como autora principal, y Patrick F. Reilly como primer firmante.
Un archivo genético conservado durante decenas de miles de años
Los primeros humanos modernos llegaron a la región conocida como Oceanía Próxima —que hoy abarca Papúa Nueva Guinea, el archipiélago de Bismarck y las islas Salomón— hace al menos 45.000 años. Los descendientes de aquellos pobladores permanecieron en gran medida aislados durante milenios: los mares y el relieve montañoso separaron unas comunidades de otras, dando lugar a una enorme diversidad de lenguas y culturas. Según los investigadores, ese aislamiento prolongado, junto con severos cuellos de botella demográficos, tuvo también consecuencias genéticas profundas, al preservar en un grado extraordinario fragmentos de ADN procedentes de parientes humanos ya desaparecidos.
Para reconstruir esta historia, el equipo secuenció el genoma de alta resolución de 177 personas pertenecientes a 12 comunidades distintas de Oceanía Próxima y los comparó con 1.284 genomas previamente publicados de poblaciones de todo el mundo. Hasta ahora, estas poblaciones del Pacífico Sur habían estado notablemente infrarrepresentadas en los grandes estudios genómicos, centrados en gran parte en personas de ascendencia europea.
«La drástica infrarrepresentación de los oceánicos limita nuestra comprensión de la evolución humana y podría agravar las desigualdades en salud a medida que la investigación genómica se aplica al desarrollo de nuevos tratamientos médicos», ha señalado Serena Tucci, quien explica que el objetivo del proyecto era precisamente cerrar esa brecha.
Cifras récord de herencia arcaica
Los resultados sitúan a los pueblos de Oceanía como portadores de la mayor cantidad de ADN humano arcaico conocida en la Tierra. Los genomas oceánicos contienen aproximadamente 2,5 veces más secuencias heredadas de homínidos extintos que los europeos. En el caso concreto de los denisovanos, los habitantes de Oceanía Próxima portan unas 14 veces más ADN denisovano por individuo que las poblaciones de Asia oriental, y algunos grupos llegan a multiplicar por 25 esa herencia. Mientras ciertas comunidades de Papúa Nueva Guinea alcanzan hasta un 5 % de ascendencia denisovana —uno de los niveles más altos registrados en el mundo—, las poblaciones de Asia oriental rondan apenas el 0,1 %.
Con estos datos, el equipo ha ensamblado el mayor catálogo de ADN denisovano reunido hasta la fecha, que contiene en torno a tres veces más secuencias de este origen que los conjuntos de datos anteriores. Más del 70 % de esas secuencias solo se han encontrado en poblaciones de Oceanía.
No uno, sino al menos tres grupos denisovanos
Uno de los hallazgos más llamativos es que los antepasados de los pueblos oceánicos no se encontraron con un solo grupo denisovano, sino con al menos tres poblaciones diferentes emparentadas con ellos. El dato sugiere que los denisovanos no formaban una especie única y homogénea, sino un conjunto de linajes repartidos por distintas regiones de Asia, con los que los humanos modernos se cruzaron en momentos y lugares diversos a lo largo de la prehistoria. Dónde y cómo se produjeron exactamente esos contactos sigue siendo una incógnita.
Los denisovanos eran un grupo humano arcaico, estrechamente emparentado con nuestra especie y que compartía un origen común con los neandertales. A diferencia de estos, se conoce muy poco de ellos: se identificaron por primera vez en 2010 a partir de un hueso de dedo hallado en la cueva Denisova, en Siberia, y su registro fósil se limita a unos pocos huesos y dientes. Sin embargo, su legado genético, mucho más rico, indica que se extendieron por amplias zonas del continente asiático.
ADN antiguo que todavía funciona hoy
Más allá de cuantificar esa herencia, el estudio ha comprobado si esos fragmentos de ADN antiguo siguen teniendo efectos biológicos. Mediante una técnica de genómica funcional conocida como «ensayo de informador masivamente paralelo» (massively parallel reporter assay), el equipo puso a prueba más de 22.000 variantes genéticas e identificó 3.127 que continúan alterando la actividad de los genes en las personas actuales, actuando como auténticos interruptores que los activan o silencian.
Muchas de esas variantes se concentran en vías relacionadas con el sistema inmunitario y la defensa antiviral, especialmente la señalización de interferón gamma, e implican a genes como JAK1, GBP2 u OAS1. Según los autores, este patrón sugiere que los genes heredados de los denisovanos reforzaron la inmunidad frente a virus y bacterias que los humanos antiguos encontraron al adentrarse en Oceanía.
«El ADN de homínidos extintos —denisovanos y neandertales— ayudó a la adaptación humana a los diversos entornos que las personas encontraron al migrar a esta región del mundo», ha explicado Patrick Reilly, para quien los patógenos constituyen una de las presiones selectivas más fuertes de toda la evolución humana.
El trabajo también halló variantes denisovanas implicadas en el desarrollo esquelético, en particular en el gen TRPS1, presente a frecuencias muy altas —cercanas al 75 % en algunos grupos— en Oceanía. Curiosamente, ese mismo gen ha sido objeto de fuerte selección natural en poblaciones tan distantes como los cazadores-recolectores de las selvas de África central y los habitantes de las tierras altas de Ecuador, lo que ilustra cómo la evolución puede favorecer de forma recurrente adaptaciones similares en regiones muy diferentes del planeta.
«Aunque los denisovanos desaparecieron de la Tierra hace miles de años, esta investigación demuestra que nuestras historias siguen profundamente entrelazadas», ha resumido Tucci. La investigadora subraya que el estudio supera la simple "resurrección" de este ADN para mostrar cómo activa y desactiva genes de manera todavía hoy relevante: no es un mero vestigio de antiguos encuentros, sino un legado que continúa influyendo en nuestra biología.
Una historia humana más compleja de lo que se creía
En conjunto, los autores sostienen que la evolución de nuestra especie y nuestras relaciones con humanos ya extinguidos fueron mucho más enrevesadas de lo que se pensaba: una red de encuentros, migraciones y legados compartidos antes que una línea recta de reemplazos y extinciones. El estudio reivindica, además, la importancia de incluir a las poblaciones tradicionalmente ausentes de la investigación genética, tanto para entender mejor la historia humana como para evitar que los futuros avances biomédicos profundicen las desigualdades en salud.
Sobre el estudio
- Título: Long-term isolation and archaic introgression shape functional genetic variation in Near Oceania.
- Revista: Science, vol. 392, n.º 6803 (publicado el 11 de junio de 2026).
- DOI: 10.1126/science.adr6749
- Autores principales: Patrick F. Reilly (primer autor) y Serena Tucci (autora de correspondencia), del Laboratorio de Genómica Evolutiva Humana de la Universidad de Yale, junto con un equipo internacional de instituciones de Estados Unidos.
- Muestra: 177 genomas de 12 comunidades de Oceanía Próxima (Papúa Nueva Guinea, archipiélago de Bismarck e islas Salomón), comparados con 1.284 genomas de todo el mundo.
