cultura, teatro, La Abadía, "El jardín quemado", Juan Mayorga
El jardín quemado es, según su propio autor y director, Juan Mayorga, una obra sobre el tiempo y su misterio. El pasado es imprevisible, nadie sabe el pasado que le espera. Por otro lado, es una obra sobre la zona gris, ese espacio moral y teatral donde se desdibuja la inocencia y la culpa. Por último, también trata sobre la locura, porque todas y todos hemos estado alguna vez en ese lugar.
La historia parte de un misterio: durante un periodo de profunda convulsión histórica, varios hombres sanos son internados en el sanatorio de San Miguel. Años después, Garay, directora del centro entonces y ahora, y Benet, su antigua discípula, se enfrentan a ese enigma, abriendo un debate sobre lo que el tiempo oculta, transforma o vuelve imposible de juzgar.
Reseña teatral
Hay textos que un autor no termina de escribir nunca. Concebido entre 1996 y 1997, "El jardín quemado" ha acompañado a Juan Mayorga durante tres décadas antes de que el dramaturgo decidiera, por fin, llevarlo él mismo a escena. Lo hace ahora como cierre de la temporada 2025-26 del Teatro de La Abadía, en lo que supone su cuarto montaje escrito y dirigido desde que asumió la dirección artística del teatro en 2022, tras "María Luisa", "La colección" y "Los yugoslavos". El resultado es una de esas funciones que confirman por qué Mayorga es, hoy, una de las conciencias más afiladas de la escena española.
La obra transcurre en un sanatorio psiquiátrico y gira en torno a un duelo soterrado entre dos mujeres: Garay, directora del centro desde los años de la guerra, y Benet, su discípula más brillante, en una confrontación marcada por el peso de los recuerdos, los silencios y las preguntas que permanecen abiertas. A su alrededor, un puñado de internos —hombres derrotados, refugiados en la fantasía— que funcionan como coro doliente de una España que prefirió no mirarse. El propio Mayorga definió la pieza como "una obra sobre el tiempo y su misterio, sobre la zona gris y también sobre la locura".
Lo que distingue a Mayorga de tanto teatro de la memoria es su negativa a ofrecer consuelo moral. Aquí no hay verdugos cómodos ni víctimas impolutas: hay esa "zona gris" en la que el juicio se vuelve resbaladizo y la culpa se reparte de un modo que incomoda. "El pasado —ha dicho Mayorga— es imprevisible, está no menos abierto que el futuro, y laten en él preguntas que pueden poner en peligro el presente que se arriesga a observarlo". Esa idea, casi un axioma de toda su dramaturgia, es el motor de la función: observar el ayer no es un ejercicio arqueológico, sino un acto peligroso que reordena el presente de quien se atreve a hacerlo.
El reparto sostiene esa exigencia con autoridad. Adriana Ozores y Loreto Mauleón encabezan un elenco completado por Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Joserra Iglesias y Mariano Llorente. Ozores aporta a Garay esa mezcla de firmeza institucional y grieta interior que la actriz domina como pocas; Mauleón le opone una Benet de inteligencia hambrienta, capaz de convertir la admiración en amenaza. El cuarteto de intérpretes que da vida a los internos no es mero acompañamiento: en sus reflexiones durante la presentación, Miguel Hermoso se preguntaba si esos hombres, tras una derrota colosal, "desean ser salvados", y Jesús Barranco confesaba que la "zona gris" le obligaba a preguntarse qué es lo moralmente legítimo. Esa incomodidad fértil atraviesa el escenario.
La dirección de Mayorga, fiel a su poética, apuesta por la palabra y el pensamiento por encima del efecto. Como advirtió Mariano Llorente, el dramaturgo "construye mundos que exigen mucho al espectador", una exigencia "inversamente proporcional al disfrute". Es una declaración de principios: "El jardín quemado" no busca seducir, sino interpelar. Quien acuda esperando una tarde de teatro plácida se equivoca de sala; quien busque que el teatro siga siendo un lugar donde se piensa en voz alta, encontrará aquí una de las propuestas más rigurosas de la cartelera.
La función, producida junto a Lazona y programada en la Sala Juan de la Cruz, no es un estreno cualquiera: es el reencuentro de un autor con un texto que tardó treinta años en sentirse listo para dirigir. Esa demora, lejos de pesar, parece haber decantado la obra. El jardín ardió hace mucho; lo que Mayorga nos invita a hacer es caminar entre sus cenizas y preguntarnos qué crece todavía en ellas.
