Astrónomos detectan helio escapando de LHS 1140 b: primera evidencia de atmósfera en un exoplaneta rocoso de la zona habitable, a 49 años luz.
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| LHS 1140 b orbita su estrella, con otro planeta rocoso en la distancia, en esta representación artística. Melissa Weiss/CfA |
20 julio 2026.- Un equipo liderado por Collin Cherubim (Harvard), con investigadores de Carnegie Science y otras instituciones, publicó en Science (julio de 2026) la detección de helio escapando de la atmósfera de LHS 1140 b. El planeta orbita a unos 49 años luz de la Tierra y su densidad es ligeramente menor que la terrestre, lo que sugiere que posee una atmósfera sustancial, una envoltura de agua o hielo, o una mezcla de ambas cosas. Tiene un periodo orbital de 24,7 días y recibe el 42 % de la irradiación estelar que recibe la Tierra, lo que le da una temperatura de equilibrio de 226 K (unos −47 °C).
Lo interesante es que fue una predicción teórica confirmada. Cherubim había construido un modelo de evolución atmosférica que analizaba cómo los elementos ligeros —hidrógeno y helio— tienden a ascender a la atmósfera exterior y ser los primeros en evaporarse por el calor y las erupciones de la estrella anfitriona, dejando los gases pesados como nitrógeno y oxígeno enriquecidos en capas inferiores. Uno de sus propios asesores, David Charbonneau, era escéptico de que una predicción basada en cálculos matemáticos pudiera confirmarse alrededor de un mundo rocoso.
Cómo se hizo la observación
Se usó el espectrógrafo WINERED (Warm Infrared Echelle Spectrograph to Realize Extreme Dispersion) instalado en el telescopio Magallanes-Clay del Observatorio Las Campanas, en Chile, sensible a la línea del helio en el infrarrojo cercano.
El control experimental es elegante: en 2024 el equipo observó el sistema una noche en que LHS 1140 b y el planeta interior más pequeño, LHS 1140 c, transitaban ambos frente a su estrella; durante el tránsito del planeta grande vieron caer el brillo estelar en la longitud de onda absorbida por el helio, y durante el del pequeño no vieron señal alguna. El contraste importa: LHS 1140 c orbita mucho más cerca y recibe unas cinco veces más radiación, además de ser más pequeño y retener peor los gases por gravedad, condiciones que deberían facilitar —no dificultar— la detección de gas escapando. No encontrar nada allí sugiere que su atmósfera fue arrancada hace mucho, mientras que LHS 1140 b, más lejos y en condiciones más frías, ha logrado conservar la suya.
El argumento clave: una atmósfera reabastecida
Este es el punto que muchos titulares pierden. No se ha "visto" la atmósfera baja: se ha visto helio fugándose. La edad del planeta implica que se habría quedado sin helio hace mucho a menos que estuviera reponiendo su propio suministro, lo que apunta a la existencia de un reservorio atmosférico. El modelado de las tasas de pérdida impulsadas por rayos X implica un aporte continuo de helio, incompatible con una roca desnuda.
Combinando esto con observaciones previas y modelos de evolución planetaria, los investigadores interpretan que el planeta tiene una atmósfera fuertemente estratificada: una alta atmósfera dominada por helio y pobre en hidrógeno, con otras especies químicas debajo. Cherubim predice dióxido de carbono como segundo gas más abundante, presencia de monóxido de carbono, pequeñas cantidades de oxígeno molecular y, según su modelización climática, mucha agua.
La complicación: la señal desapareció
Las observaciones de 2025 no revelaron helio escapando, de modo que el escape parece ser variable en el tiempo. Las explicaciones posibles incluyen que la atmósfera responda a distintos niveles de temperatura a lo largo de la órbita o cambios en la actividad magnética de la estrella; Cherubim considera más probable que el helio solo sea detectable en estado excitado, de modo que en 2025 podría haber estado escapando la misma cantidad sin que se poblara igual ese estado excitado. René Doyon (Universidad de Montreal), ajeno al estudio, resume bien la postura de la comunidad: es un resultado extraordinario si se confirma, aunque la señal está claramente ahí.
Por qué importa
1. Cierra una pregunta de décadas. Como lo plantea Robin Wordsworth (Harvard): hace veinte años nos preguntábamos si existían otros planetas terrestres; luego supimos que son comunes y hallamos algunos en la zona habitable; la siguiente pregunta era si alguno había conservado una atmósfera. Ahora sabemos que al menos uno sí.
2. Resuelve (parcialmente) el problema de las enanas rojas. Las enanas M son las estrellas más abundantes y sus planetas los más fáciles de estudiar, pero emiten intensa radiación X y ultravioleta durante cientos de millones de años, y la hipótesis dominante era que esterilizan atmosféricamente a sus planetas. LHS 1140 c parece confirmar ese destino; LHS 1140 b muestra que no es universal. Laura Kreidberg (Max Planck de Astronomía) califica la detección de hito, precisamente porque la atmósfera es esencial para la habitabilidad tanto por lo que retiene —agua líquida en superficie— como por lo que bloquea —radiación.
3. Abre una técnica nueva y barata. El hallazgo sugiere que las observaciones desde tierra buscando gases en fuga pueden convertirse en una herramienta importante para estudiar atmósferas de exoplanetas rocosos. Detectar helio en fuga desde un telescopio terrestre de 6,5 m es órdenes de magnitud más accesible que competir por tiempo del JWST, y sirve como criba previa para decidir qué mundos merecen observación espacial.
4. Valida un modelo predictivo. Que un modelo señalara el objetivo antes de mirar significa que ahora existe una lista priorizada de candidatos. Cherubim elaboró una lista de todos los planetas conocidos que cumplían ciertos criterios de masa, radio y temperatura; LHS 1140 b era una de las predicciones de probabilidad relativamente alta.
Qué falta
El helio es químicamente inerte: no dice nada sobre biología. Lo que se necesita es detectar los gases pesados subyacentes —CO₂, H₂O, N₂—, que son los que revelarían un clima estable y agua líquida. LHS 1140 b es objetivo del programa Rocky Worlds DDT (iniciativa conjunta JWST-Hubble), y Dittmann estima que ese programa debería poder probar o refutar la existencia de la atmósfera en los próximos cuatro o cinco años. El propio Cadieux et al. ya habían señalado que LHS 1140 b es probablemente el mejor planeta templado en tránsito para inferir indirectamente agua líquida superficial mediante la detección de CO₂ atmosférico.
Dicho de otro modo: esto no es la detección de una biosfera ni de un análogo terrestre. Es la primera evidencia de que la casilla previa —"¿pueden estos mundos siquiera tener aire?"— tiene respuesta afirmativa, lo cual convierte la búsqueda de bioseñales en un programa observacional razonable en lugar de una apuesta ciega.
